Urtext.p38 Son afirmaciones de la Filiación, que es un estado de compleción y abundancia.

Urtext.p39 El milagro es así un signo que la mente ha elegido para ser guiada por Cristo para su servicio. La abundancia de Cristo es el resultado natural de elegir seguirle a él.

Urtext.p39La mente que ha elegido ser guiada por Cristo para su servicio nunca pierde de vista a Dios y la abundancia es el resultado natural de elegir seguirle a Él.

T1-IV.4:8 Aquellos que dan testimonio de mí están expresando, por medio de los mila­gros que obran, que han dejado de creer en la carencia en favor de la abundancia que han aprendido les pertenece.

T1-V.4:6 Los milagros son afirmaciones de Filiación, que es un estado de com­pleción y abundancia.

T1-V.6:2 La abundancia de Cristo es el resultado natural de haber decidido seguirle.

T4-II.6:1 Sólo aquellos que tienen una sensación real y duradera de abundancia pueden ser verdaderamente caritativos.

T4-II.7:1-3 El ego vive literalmente a base de comparaciones. La igualdad es algo que está más allá de lo que puede entender y, por lo tanto, le es imposible ser caritativo. Lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia porque él fue engendrado precisa­mente como un sustituto de ésta.

T7-VII.7:7-8 Comparte tu abundancia libre­mente y enseña a tus hermanos a conocer la suya. No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, te percibirás a ti mismo como alguien necesitado.

T7-VII.10:1-5 Tu eres la Voluntad de Dios. No aceptes nada más como tu voluntad, pues, de lo contrario, estarás negando lo que eres. Niega lo que eres y atacarás, al creer que has sido atacado. Mas ve el Amor de Dios en ti y lo verás en todas partes porque está en todas partes. Ve Su abundancia en todos y sabrás que estás en Él junto con todos tus hermanos.

T7-VIII.1:1-11 Hemos dicho que sin proyección no puede haber ira, pero también es verdad que sin extensión no puede haber amor. Todo ello refleja una ley fundamental de la mente y, por consiguiente, una ley que siempre está en vigor. Es la ley mediante la cual creas y mediante la cual fuiste creado. Es la ley que unifica al Reino y lo conserva en la Mente de Dios. El ego, sin embargo, percibe dicha ley como un medio para deshacerse de algo que no desea. Para el Espíritu Santo, es la ley fundamental del compartir, mediante la cual das lo que consideras valioso a fin de conservarlo en tu mente. Para el Espíritu Santo, es la ley de la extensión. Para el ego, la de la privación. Produce, por lo tanto, abundancia o esca­sez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. La manera en que eliges aplicarla depende de ti, pero no depende de ti decidir si vas a utilizar la ley o no. Toda mente tiene que proyectar o extender porque así es como vive, y toda mente es vida.

T9-VIII.5:1 Desde tu grandeza tan sólo puedes bendecir porque tu gran­deza es tu abundancia.

T12-III.5:1-5 La salvación es para la mente, y se alcanza por medio de la paz. La mente es lo único que se puede salvar, y sólo se puede salvar a través de la paz. Cualquier otra respuesta que no sea amor, surge como resultado de una confusión con respecto a “qué” es la salva­ción y a “cómo” se alcanza, y el amor es la única respuesta. Nunca te olvides de esto, y nunca te permitas creer, ni por un solo instante, que existe otra respuesta, pues de otro modo te contarás forzosamente entre los pobres, quienes no han entendido que moran en la abundancia y que la salvación ha llegado.

T12-III.5:1-5 Causa y efecto no son dos cosas separadas, sino una sola. Dios dispone que aprendas lo que siempre ha sido verdad: que Él te creó como parte Sí Mismo y que esto no puede sino seguir siendo verdad porque las ideas no abandonan su fuente. Ésta es la ley de la creación: que cada idea que la mente conciba sólo sirva para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que la voluntad dispone verdaderamente.

T26-VII.13:3 Ésta es la ley de la creación: que cada idea que la mente conciba sólo sirva para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que la voluntad dispone verdaderamente

T28-III.8:7 La puerta está abierta para que todos aquellos que no quieran seguir hambrientos y deseen gozar del festín de abundancia que allí se les ha preparado puedan entrar.

L54-5:2 Puesto que reconozco que la naturaleza de mis pensamientos es que los comparto con todo lo que existe, estoy decidido a ver. Veré los testigos que me muestran que la manera de pensar del mundo ha cambiado. Veré la prueba de que lo que se ha obrado por mediación mía ha permitido que el amor reemplace al miedo, la risa a las lágrimas y la abundancia a las pérdidas. Quiero contemplar el mundo real, y dejar que me enseñe que mi voluntad y la Voluntad de Dios son una.

Mateo 12:33-37 Supongan que el árbol es bueno: el fruto también será bueno. Supongan que el árbol es malo: el fruto también será malo. Porque el árbol se conoce por su fruto. Raza de víboras, ¿cómo pueden ustedes decir cosas buenas, siendo malos? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad. Pero les aseguro que en el día del Juicio, los hombres rendirán cuenta de toda palabra vana que hayan pronunciado. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado».

T4.IV.10 El Primer Advenimiento de Cristo no es más que otro nombre para la Creación, pues Cristo es el Hijo de Dios. El Segundo Adve­nimiento de Cristo no significa otra cosa que el fin del dominio del ego y la curación de la mente. Al igual que tú, fui creado en el primero, y te he llamado para que te unas a mí en el segundo. Estoy a cargo del Segundo Advenimiento, y mi juicio, que se usa solamente como protección, no puede ser erróneo porque nunca ataca. El tuyo puede estar tan distorsionado que hasta creas que me equivoqué al escogerte. Te aseguro que eso es un error de tu ego. No lo confundas con humildad. Tu ego está tratando de convencerte de que él es real y de que yo no lo soy, ya que si yo soy real, no puedo ser más real que tú. Ese conocimiento —y te aseguro yo que es conocimiento— significa que Cristo ha venido a tu mente y la ha sanado.

 

T9-IV.9 El ego vive literalmente de tiempo prestado y sus días están contados. No tengas miedo del Juicio Final, sino que por el con­trario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo “toma prestado” de tu eternidad. Éste es el Segundo Advenimiento, el cual se concibió para ti de la misma manera en que el Primero fue creado. El Segundo Advenimiento es simplemente el retorno de la cordura. ¿Cómo iba a ser esto temible?

 

T9-IV.11:10 El Segundo Advenimiento es la conciencia de la realidad, no su retorno.

 

L169-4:3 Te exhortamos, no obstante, a que des testi­monio de la Palabra de Dios para hacer que la experiencia de la verdad llegue más pronto y para acelerar su advenimiento a toda mente que reconozca los efectos de la verdad en ti.

 

L9-?Qué es el Segundo Advenimiento?.1 El Segundo Advenimiento de Cristo, que es tan seguro como Dios, es simplemente la corrección de todos los errores y el resta­blecimiento de la cordura. Es parte de la condición que reins­taura lo que nunca se perdió y reestablece lo que es eternamente verdad. Es la invitación que se le hace a la Palabra de Dios para que ocupe el lugar de las ilusiones: la señal de que estás dis­puesto a dejar que el perdón descanse sobre todas las cosas sin excepción y sin reservas.

 

L9-?Qué es el Segundo Advenimiento?.2 La naturaleza totalmente inclusiva del Segundo Advenimiento de Cristo es lo que le permite envolver al mundo y mantenerte a salvo en su dulce llegada, la cual abarca a todo ser vivo junto contigo. La liberación a la que el Segundo Advenimiento da lugar no tiene fin, pues la creación de Dios es ilimitada. La luz del perdón ilumina el camino del Segundo Advenimiento porque refulge sobre todas las cosas a la vez y cual una sola. Y así, por fin, se reconoce la unidad.

 

L9-?Qué es el Segundo Advenimiento?.3 El Segundo Advenimiento marca el fin de las enseñanzas del Espíritu Santo, allanando así el camino para el juicio Final, en el que el aprendizaje termina con un último resumen que se exten­derá más allá de sí mismo hasta llegar a Dios. En el Segundo Advenimiento todas las mentes se ponen en manos de Cristo para serle restituidas al Espíritu en nombre de la verdadera creación y de la Voluntad de Dios.

 

L9-?Qué es el Segundo Advenimiento?.4 El Segundo Advenimiento es el único acontecimiento en el tiempo que el tiempo en sí no puede afectar. Pues a todos los que vinieron a morir aquí o aún han de venir, o a aquellos que están aquí ahora, se les libera igualmente de lo que hicieron. En esta igualdad se reinstaura a Cristo como una sola Identidad en la Cual los Hijos de Dios reconocen que todos ellos son realmente uno solo. 4Y Dios el Padre le sonríe a Su Hijo, Su única creación y Su única dicha.

 

L9-?Qué es el Segundo Advenimiento?.5 Ora para que el Segundo Advenimiento tenga lugar pronto, pero no te limites a eso. Pues necesita tus ojos, tus oídos, tus manos y tus pies. Necesita tu voz. Pero sobre todo, necesita tu buena voluntad. Regocijémonos de que podamos hacer la Vo­luntad de Dios y unirnos en Su santa Luz. ¡Pues mirad!, el Hijo de Dios es uno solo en nosotros, y podemos alcanzar el Amor de nuestro Padre por medio de él.

 

L10-¿Qué es el Juicio Final?.1:1 El Segundo Advenimiento de Cristo le confiere al Hijo de Dios este don: poder oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad nunca ha cambiado.

 

LR5-In.5 Este Curso nos fue enviado para mostrarnos el camino de luz y enseñarnos —paso a paso— cómo regresar al eterno Yo Que creíamos haber perdido.

 

O3-IV.9 La creación se inclina a través de las barreras del tiempo para aliviar al mundo de su pesada carga. Eleva tu corazón para acoger su advenimiento. Mira las sombras desvanecerse en la bondad, las espinas caer suavemente de la frente sangrante de aquel que es el santo Hijo de Dios. ¡Qué bello eres, Hijo de la Santidad!

T1-III.5 El que obra milagros tan sólo puede bendecirlos, lo cual desvanece sus distorsiones y los libera de su prisión. Urtext.p32Os estaré muy agradecido si bendecís con un milagro en lugar de maldecir con una proyección.

T4.VI.7 Tu gratitud hacia tu hermano es la única ofrenda que quiero. Si le estás agradecido a tu hermano, Le estarás agradecido a Dios por lo que creó. Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre.

T6.I.17 Yo no necesito gratitud Urtext.p247tal como no necesité protección, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. 2Él no necesita que lo aprecies, pero sí. 3No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. 4Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias y, por lo tanto, lo rechazas. 5Como resultado de ello, enseñas rechazo.

T7-V.7 El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus herma­nos, pero él no les está agradecido. 2Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. 3Lo que enseña se ve limitado por lo poco que está aprendiendo. 4Su lección de curación se ve limitada por su propia ingratitud, que es una lección de enfermedad.

T9-II.9 No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. 5Por juzgar se tiene que pagar un precio porque juzgar es fijar un precio. 6Y el precio que fijes es el que pagarás.

T12-I.6 La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. 2Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia.

T13-VI.10 Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. 2Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. 3Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. 4El amor siempre conduce al amor. 5Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agrade­cimiento. 6Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. 7Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti desean conservarla. 8Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. 9Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar.

T17-V.11 Decidisteis de mutuo acuerdo invitar al Espíritu Santo a vues­tra relación. 2De no haber sido así, Él no habría podido entrar a formar parte de ella. 3Tal vez hayas cometido muchos errores desde entonces, pero también has realizado enormes esfuerzos para ayudarle a llevar a cabo Su labor. 4Y Él no ha dejado de apreciar todo lo que has hecho por Él, 5ni se fija en absoluto en los errores que cometes. 6¿Le has estado igualmente agradecido a tu hermano? 7¿Has apreciado sistemáticamente sus meritorios esfuerzos y pasado por alto sus errores? 8¿O ha fluctuado tu aprecio menguando progresivamente a la luz de sus errores? 9Tal vez estés ahora iniciando una campaña para culparle por la inco­modidad de la situación en que os encontráis. 10Y debido a esa falta de aprecio y gratitud te incapacitas a ti mismo para expresar el instante santo, y, de ese modo, lo pierdes de vista.

T19-IV.D.19 El Cielo es el regalo que le debes a tu hermano, la deuda de gratitud que le ofreces al Hijo de Dios como muestra de agradeci­miento por lo que él es y por aquello para lo que su Padre lo creó.

T20-V.4 ¿Cómo podrías estimar la valía de aquel que te ofrece paz? 2¿Qué otra cosa podrías desear, salvo lo que te ofrece? 3Su valía fue establecida por su Padre, y tú te volverás consciente de ella cuando recibas el regalo que tu Padre te hace a través de él. 4Lo que se encuentra en él brillará con tal fulgor en tu agradecida visión, que simplemente lo amarás y te regocijarás. 5No se te ocu­rrirá juzgarlo, pues, ¿quién puede ver la faz de Cristo y aun así insistir en que juzgar tiene sentido? 6Pues esa insistencia es pro­pia de aquellos que no ven. 7Puedes elegir ver o juzgar, pero nunca ambas cosas.

T22-I.10 “Aquello otro” que tú pensabas ser, era sólo una ilusión. 5Y la verdad brotó ins­tantáneamente, para mostrarte dónde se encuentra tu Ser. 6Al negar las ilusiones invitas a la verdad, pues al negarlas reconoces que el miedo no significa nada. 7En el santo hogar donde el miedo es impotente el amor entra dando las gracias, agradecido de ser uno con vosotros que os unisteis para dejarlo entrar.

T22-IV.4 ¡Cuán agradecidos estarán de veros llegar y ofrecer el per­dón de Cristo para desvanecer así la fe que ellos aún tienen en el pecado!

T22-VI.3 No te intranquilices pensando cómo puede el Espíritu Santo intercambiar tan fácilmente los medios y el fin en aquellos que Dios ama y quiere que sean libres para siempre. 2En lugar de ello, siéntete agradecido de poder ser el medio para lograr Su fin.

T22-VI.4 Esta relación santa, hermosa en su inocencia, llena de forta­leza, y resplandeciendo con una luz mucho más brillante que la del sol que alumbra el firmamento que ves, es la que tu Padre ha elegido como uno de los medios para llevar a cabo Su plan. 2Sién­tete agradecido de que no sirva en absoluto para llevar a cabo el tuyo.

T24-VII.3 No trates de hacer que tu especialismo sea la verdad, pues si lo fuese estarías ciertamente perdido. 4En lugar de ello, siéntete agradecido de que se te haya concedido ver la santidad de tu hermano debido a que es la verdad. 5Y lo que es verdad con respecto a él tiene que ser igualmente verdad con respecto a ti.

T25-II.9 Dios se siente feliz y agradecido cuando le das las gracias a Su perfecto Hijo por razón de lo que es.

T25-VIII.2 Siéntete agradecido de que lo único que se te pide es que tengas un poco de fe.

T26-IX.5 El Cielo se siente agradecido por este regalo que por tanto tiempo le había sido negado. 2Pues Ellos han venido a congregar a los Suyos. 3Lo que se había clausurado se abre; lo que se mante­nía oculto de la luz se le entrega a ésta para que pueda iluminarlo sin dejar ningún espacio o distancia entre la luz del Cielo y el mundo.

T30-II.3 Acuérdate de Aquel que te creó, Quien a través de tu voluntad creó todo. 7Todo lo creado te está agradecido, pues nació gracias a tu voluntad. 8Ni una sola luz celestial podría brillar si no fuese por ti, pues fue tu voluntad lo que las ubicó en el Cielo.

T31-IV.11 Perdónate a ti mismo tu locura, y olvídate de todas las jorna­das fútiles y de todas las metas sin objetivo. 2No significan nada. 3No puedes dejar de ser lo que eres. 4Pues Dios es misericordioso, y no permitió que Su Hijo lo abandonara. 5Siéntete agradecido por lo que Él es, pues en ello reside tu escapatoria de la locura y de la muerte. 6No puedes estar en ningún lugar, excepto donde Él está. 7Y no hay camino que no conduzca a Él.

L53-2 Estoy agradecido de que este mundo no sea real, y de que no necesito verlo en absoluto, a menos que yo mismo elija otorgarle valor. 7Elijo no otorgarle valor a lo que es comple­tamente demente y desprovisto de significado.

L98-2 ¡Qué dicha tener certeza! 2Hoy dejamos de lado todas nuestras dudas y nos afianzamos en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de que la duda haya desaparecido y la certeza haya llegado. 3Tenemos una importante función que de­sempeñar y se nos ha provisto de todo cuanto podamos necesitar para alcanzar la meta. 4Ni una sola equivocación se interpone en nuestro camino. 5Hemos sido absueltos de todo error. 6Hemos quedado limpios de todos nuestros pecados al habernos dado cuenta de que no eran sino errores.

L122-5 El plan de Dios para tu salvación no puede cambiar ni fracasar. 2Siéntete agradecido de que siga siendo exactamente como Él lo planeó. 3Su plan se alza inmutable ante ti como una puerta abierta, llamándote desde adentro en cálida bienvenida, exhortán­dote a que entres y a que te sientas como en tu casa, donde te corresponde estar.

L123-2 Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el benefi­cio adicional de poder tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has recibido. 2Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte, ni de que te haya dejado solo vagando en las tinieblas. 3Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su creación. 4Dale gracias hoy.

L123-3 Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míse­ros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y de que excede también los mezquinos juicios que emitiste en contra suya.

L128-6 Permanece muy quedo y en paz por un rato, y observa cuán alto te elevas por encima del mundo cuando liberas a tu mente de sus cadenas y dejas que busque el nivel donde se siente a gusto. 2Tu mente se sentirá agradecida de poder estar libre por un rato.

L152-11 Aquel que nunca nos abandonó volverá de nuevo a nuestra conciencia, agradecido de poder devolverle a Dios Su morada, tal como siempre debió ser.

L154-13 Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cua­les puedo llegar a reconocer que soy libre.

L169-14 Siéntete agradecido de poder regresar, de la misma manera en que te alegró ir por un instante, y acepta los dones que la gracia te otorgó. 2Es a ti mismo a quien se los traes.

L192-9 Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. 2Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera te liberas tú. 3Los pasos a seguir son muy sencillos. 4Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. 5Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. 6Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a volverte iracundo representa al que te ha de salvar de la prisión de la muerte. 7Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor.

L195-1 Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. 2Lo más que pueden hacer es considerar que su situación es mejor que la de los demás. 3Y tratan de contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. 4¡Cuán tristes y lamentables son semejantes pensamientos! 5Pues, ¿quién puede tener motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? 6¿Y quién iba a sufrir menos porque ve que otro sufre más? 7Debes estarle agradecido únicamente a Aquel que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.

L195-2 Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. 2Mas es igualmente absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reempla­zado por la risa y la felicidad. 3Ni siquiera los que están parcial­mente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que Él les señala a fin de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que ahora perciben.

L197-3 El mundo no puede sino darte las gracias cuando lo liberas de tus ilusiones. 2Mas tú debes darte las gracias a ti mismo también, pues la liberación del mundo es sólo el reflejo de la tuya propia. 3Tu gratitud es todo lo que requieren tus regalos para que se conviertan en la ofrenda duradera de un corazón agradecido, liberado del infierno para siempre. 4¿Es esto lo que quieres impe­dir cuando decides reclamar los regalos que diste porque no fue­ron honrados? 5Eres tú quien debe honrarlos y dar las debidas gracias, pues eres tú quien ha recibido los regalos.

L200-11 No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.

L217 ¿Quién debe dar gracias por mi salvación sino yo mismo? 3¿Y cómo sino a través de la salvación puedo encontrar el Ser a Quien debo estarle agradecido?

L234-2 Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. 2Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.

L350-2 Y a medida que hagamos acopio de Sus milagros, estaremos en verdad agradecidos. 2Pues conforme lo recordemos, Su Hijo nos será restituido en la realidad del Amor.

M23-4 La gratitud hacia Dios se convierte en la manera en que Él es recordado, pues el amor no puede estar muy lejos de una mente y un corazón agradecidos. 7Dios puede entonces entrar fácilmente porque éstas son las verdaderas condiciones que hacen posible tu retorno al hogar.

M23-5 Jesús ha señalado el camino. 2¿Por qué no habrías de estarle agradecido? 3Te ha pedido amor, mas sólo para él poder dártelo a ti. 4Tú no te amas a ti mismo. 5Pero para Jesús, tu hermosura es tan absoluta e inmaculada que ve en ella la imagen de su Padre.

P2-VII.9 Siéntete agradecido, terapeuta, de que puedas contemplar cosas como éstas sólo con entender tu verdadero papel. 2 Si no lo haces, habrás negado que Dios te creó y, por ende, no sabrás que eres Su Hijo. 3 ¿Quién es tu hermano ahora? 4 ¿Qué santo puede venir para llevarte con él a casa? 5 Has perdido el rumbo. 6 ¿Cómo puedes ahora esperar ver en él una respuesta que te has negado a dar? 7 Cura y cúrate. 8 No hay otra alternativa que pueda jamás conducir a la paz. 9 Deja entrar a tu paciente, pues viene a ti de parte de Dios. 10 ¿No es acaso su santidad suficiente para despertar en ti tu memoria de Él?

P3-III.4 El derecho a vivir es algo por lo que nadie necesita luchar. 2 Se le ha prometido, y está garantizado por Dios. 3 Por consiguiente, es un derecho que tanto terapeuta como paciente comparten por igual. 4 Si su relación ha de ser santa, lo que uno de ellos necesite el otro se lo dará; lo que a uno le haga falta el otro lo proveerá. 5 Así es como la relación se vuelve santa, pues así es como ambos son sanados. 6 El terapeuta compensa al paciente con su gratitud, lo mismo que el paciente lo compensa a él con la suya. 7 No hay coste para ninguno de los dos. 8 Pero ambos se deben gratitud por su liberación del largo aprisionamiento y de la duda. 9 ¿Quién no estaría agradecido por semejante regalo? 10 ¿Y quién podría ni siquiera imaginar que este regalo se puede comprar?

O3-II.2 Eso es lo que la muerte debe ser: una elección tranquila, hecha con alegría y con una sensación de paz, puesto que el cuerpo se ha usado amablemente para ayudar al Hijo de Dios en el camino que lo lleva a Dios. Agradecemos al cuerpo, entonces, todo el servicio que nos ha prestado. Pero estamos agradecidos, además, de que ha llegado el fin

de la necesidad de transitar por el mundo de los límites, y de alcanzar al Cristo en formas ocultas tras las que vemos a lo sumo en amorosos destellos. Ahora podemos contemplarlo sin vendas en los ojos, en la luz que hemos aprendido a contemplar nuevamente.

O3-IV.3 ¡Piensa en lo que significa ayudar al Cristo a sanar! 2¿Puede algo ser más santo que esto? 3Dios agradece a Sus sanadores, pues Él sabe que la Causa de la sanación es Él Mismo, Su Amor, Su Hijo, restituido como Su completitud que ha regresado a compartir con Él la santa alegría de la creación. 4No pidas sanación parcial, ni aceptes un ídolo en lugar del recuerdo de Aquél Cuyo Amor nunca ha cambiado ni cambiará jamás.

 

T4-IV.2:2-6 Cuando tu estado de ánimo te diga que has elegido equivocadamente, y esto es así siempre que no te sientes contento, reconoce entonces que eso no tiene por qué ser así. 3En cada caso has pensado mal acerca de algún hermano que Dios creó y estás percibiendo imágenes que tu ego forja en un espejo tenebroso. 4Examina honestamente qué es lo que has pensado que Dios no habría pensado y qué no has pensado que Dios habría querido que pensases. 5Examina honestamente tanto lo que has hecho como lo que has dejado sin hacer y cambia entonces de mentalidad para que así puedas pensar con la Mente de Dios. 6Esto puede parecer difícil, pero es mucho más fácil que intentar pensar al revés de como piensa Él.

T18-I.6:4 ¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiera un mundo en el que todo está invertido y al revés?

T18-I.7:4-5 En tu interior se encuentra la cordura, y fuera de ti, la demencia. 5Pero tú crees que es al revés: que la verdad se encuentra afuera, y el error y la culpa dentro.

T23-II.14:1-8 Nadie desea la locura, ni nadie se aferra a su propia locura si ve que eso es lo que es. 2Lo que protege a la locura es la creencia de que es la verdad. 3Usurpar el lugar de la verdad es la función de la demencia. 4Y para poder creer en ella tiene que considerarse la verdad. 5Y si es la verdad, entonces su opuesto, que antes era la verdad, tiene que ser ahora la locura. 6Tal inver­sión, en la que todo está completamente al revés; en la que la demencia es cordura, las ilusiones verdad, el ataque bondad, el odio amor y el asesinato bendición, es el objetivo que persiguen las leyes del caos. 7Esos son los medios que hacen que las leyes de Dios parezcan estar invertidas. 8Ahí las leyes del pecado parecen mantener cautivo al amor y haber puesto al pecado en libertad.

T26-VII.5:2-4 Las leyes de la percepción tie­nen que ser invertidas, pues son una inversión de las Leyes de la Verdad. 3Las Leyes de la Verdad son eternamente ciertas y no se pueden invertir. aNo obstante, se pueden percibir al revés. 4Y esto debe corregirse allí donde se encuentra la ilusión de que han sido invertidas.

L-57.3:3 Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad.

L-328.1:1 Lo que parece ser el segundo lugar es en realidad el primero, pues percibimos todo al revés hasta que decidimos escuchar la Voz que habla por Dios.

LpII-13¿Qué es un milagro?.2:3 El mila­gro invierte la percepción que antes estaba al revés y de esa manera pone fin a las extrañas distorsiones que manifestaba.

T1-II.5 Las revelaciones son indirectamente inspiradas por mí debido a mi proximidad al Espíritu Santo y a que me mantengo alerta para cuando mis hermanos estén listos para recibir la revelación.

T4-III.7:5 Mantente alerta contra los retazos de miedo que aún conservas en tu mente o, de lo contrario, no podrás pedirme que lo transponga.

T4.IV.1:4 Eso es por lo que luchas y lo que procuras proteger manteniéndote alerta. 5Tu mente está repleta de estratagemas para hacer quedar bien al ego, pero no buscas la faz de Cristo.

T4-V.1:3 El ego se mantiene extre­madamente alerta con respecto a lo que permite llegar hasta la conciencia, y ésa no es la manera en que una mente equilibrada se mantiene ecuánime.

T6-V.C.2:8 Mantente alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino.

T6-V.C.4 Mientras que el primer paso parece agudizar el conflicto y el segundo puede, hasta cierto punto, aún entrañar conflicto, el ter­cer paso requiere un constante estado de alerta contra el con­flicto. 2Ya he dicho que puedes estar tan alerta contra el ego como a su favor. 3La última lección enseña no sólo que puedes sino que tienes que estar alerta. 4No se ocupa de la cuestión de los grados de dificultad, sino del hecho de que tu primera prioridad debe ser mantenerte alerta. 5Esta lección es inequívoca, pues enseña que nunca se deben hacer excepciones, aunque no niega que la tentación de hacerlas se presentará. 6Aquí pues, es donde se te pide que seas consistente a pesar del caos. 7Mas la consistencia y el caos no pueden coexistir por mucho tiempo, puesto que se excluyen mutuamente. 8No obstante, mientras tengas que estar alerta contra algo, no estarás reconociendo esta mutua exclusión y seguirás creyendo que puedes elegir la consistencia o el caos.

T6.V.C.7:5 Debes mantenerte alerta en favor de Dios.

T6-V.C.8:2 Tie­nes que estar alerta para mantener su unicidad en tu mente por­que si dejas que te asalte la duda, perderás la conciencia de su plenitud y serás incapaz de enseñarla.

T6-V.C.8:4 Sólo tu conciencia necesita protección, puesto que el estado de ser no puede ser atacado. 5No obstante, no podrás experimentar una auténtica sensación de que existes mientras sigas teniendo dudas con respecto a lo que eres. 6Por eso es por lo que es esencial que te mantengas alerta.

T6-V.C.9:5 Lo que inventaste ha aprisionado tu voluntad y te ha dado una mente enferma, que ahora tiene que ser sanada. 6Mantenerse alerta contra esta enfermedad es la manera de sanarla.

T6-V.C.9:9 Yo tuve que mantenerme tan alerta como tú tienes que hacerlo ahora, y aquellos que eligen enseñar lo mismo tienen que estar de acuerdo con respecto a lo que creen.

T7-I.2:7 Tienes el poder de acrecentar el Reino, aunque no de acrecentar a su Creador. 8Reivindicas ese poder cuando te mantienes alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. 9Al aceptar que tienes ese poder, aprendes a recordar lo que eres.

T7-III.3:4 Si perciben a cualquiera de sus hermanos de cualquier otra forma que no sea con perfecta igualdad es que se ha adentrado en sus mentes la idea de la competencia. 5No subestimes la necesidad que tienes de mantenerte alerta contra esa idea, ya que todos tus conflictos pro­ceden de ella.

T7-VI.7 Si tuvieras presente lo que el Espíritu Santo te ofrece, no po­drías mantenerte alerta excepto en favor de Dios y de Su Reino. 2La única razón por la que te puede resultar difícil aceptar esto es porque tal vez aún creas que hay algo más. 3Las creencias no requieren vigilancia a menos que estén en conflicto. 4Si lo están, es que hay elementos conflictivos en ellas que han desencadenado un estado de guerra, haciendo que sea imprescindible mantenerse alerta. 5Cuando se está en paz no es necesario estar alerta. 6El estado de alerta es necesario contra las creencias que no son cier­tas, y el Espíritu Santo nunca lo habría solicitado si tú no hubieses creído lo falso. 7Cuando crees en algo, haces que sea real para ti. 8Cuando crees en lo que Dios no conoce, tu pensamiento parece contradecir al Suyo y esto hace que parezca que Lo estás atacando.

T10-II.6:5 Al decidir contra tu realidad, has decidido mantenerte alerta contra Dios y Su Reino. 6Y es este estado de alerta lo que hace que tengas miedo de recordarle.

T11-V.7 El ego siempre ataca en defensa de la separación. 2Al creer que tiene el poder de hacer eso no hace otra cosa, ya que su objetivo de autonomía no es otra cosa. 3El ego está totalmente confundido con respecto a la realidad, pero no pierde de vista su objetivo. 4Está mucho más alerta que tú porque está completamente seguro de su propósito. 5Tú estás confundido porque no reconoces el tuyo.

T11-V.18 Cada hermano con quien te encuentras se convierte en un tes­tigo de Cristo o del ego, dependiendo de lo que percibas en él. 2Todo el mundo te convence de lo que quieres percibir y de la realidad del reino en favor del cual has decidido mantenerte alerta.

T15-III.4 No hay duda acerca de cuál es tu función, pues el Espíritu Santo sabe cuál es. 2No hay duda acerca de la grandeza de esa función, pues te llega a través de Él desde la Grandeza. 3No tienes que esforzarte por alcanzarla, puesto que ya dispones de ella. 4Mas debes canalizar todos tus esfuerzos contra la pequeñez, pues para proteger tu grandeza en este mundo es preciso mantenerse alerta. 5Mantenerse continuamente consciente de la propia gran­deza en un mundo en el que reina la pequeñez es una tarea que los que se menosprecian a sí mismos no pueden llevar a cabo.

T15-IV.9:8 Trata solamente de mantenerte alerta contra el engaño, y no trates de proteger los pensamientos que quieres negarte a compartir.

T17-IV.5 El ego siempre se mantiene alerta por si surge cualquier ame­naza, y la parte de tu mente en la que el ego fue aceptado está ansiosa por conservar su propia razón.

 

T31-VII.14 Mantente alerta contra la tentación, recordando que no es más que un deseo demente e insensato de convertirte en algo que no eres.

L71-10:2 Mantente alerta hoy para no caer en la tentación de abri­gar resentimientos.

L136-19 Mas para conservar esta protección es preciso que te manten­gas extremadamente alerta. 2Si permites que tu mente abrigue pensamientos de ataque, juzgue o trace planes para contrarrestar cosas que tal vez puedan pasar en el futuro, te habrás vuelto a extraviar.

P2-VI.1:2 Los que no perdonan están enfermos, pues creen que ellos no han sido perdonados. 3El asirse a la culpa, el abrazarla estrechamente y cuidarla, el protegerla con amor y el mantener en alerta su defensa, todo esto no es otra cosa que una implacable negativa a perdonar.

¿De qué sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? San Lucas 9-25

 

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino». Mateo 16:24-28

 

¿Qué saca un hombre con ganar el mundo entero si con ello pierde su propia alma? T5-II.7

 

El ego está tratando de enseñarte cómo ganar el mundo y per­der tu alma. El Espíritu Santo te enseña que no puedes perder tu alma y que no hay nada que ganar en el mundo, pues, de por sí, no da nada. T12-VI.1

    El milagro es, por lo tanto, un gesto de amor entre iguales. T.1:II:3:4

    El conflicto fundamental en este mundo es, pues, entre la creación y la creación falsa. Todo miedo está implícito en la segunda, y todo amor en la primera. El conflicto es, por lo tanto, entre el amor y el miedo. T.2:VII:3:13-15

    Cuando todo lo que retengas en la memo­ria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación. T.2:VIII:5:10-11

    Todos los pensamientos no amoro­sos tienen que ser deshechos. T.5:VI:9:2

    Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. T.5:VII:5:1

    “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres”. Ésta es la única lección que está perfectamente unifi­cada porque es la única lección que es una sola. La única manera de aprenderla es enseñándola: ” Lo que enseñes es lo que apren­derás.” T.6:III:2:4-7

    Aprendes todo lo que enseñas. Enseña sola­mente amor, y aprende que el amor es tuyo y que tú eres amor. T.6:III:4:8-9

    Crear es amar. El amor se extiende hacia afuera simplemente porque no puede ser conte­nido. Nunca deja de fluir porque es ilimitado. El amor crea para siempre, aunque no en el tiempo. T.7:I:3:3-6

    Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que sí eres. T.7:IV:7:11-12

    El miedo y el amor fabrican o crean, dependiendo de si es el ego o el Espíritu Santo el que los engendra o inspira, pero en cualquier caso retor­nan a la mente del pensador y afectan la totalidad de su percep­ción. T.7:VI:1:5

    El amor es lo único que se puede entender, ya que sólo el amor es real, y, por lo tanto, sólo el amor tiene sentido. T.7:VI:6:7

    Siempre que le niegas la bendición a un hermano te sientes desposeído, ya que la negación es tan total como el amor. T.7:VII:1:1

    La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor. T.8:IX:5:2

    El Espíritu Santo no se engaña con respecto a nada de lo que haces, porque nunca se olvida de lo que eres. El ego se engaña con respecto a todo lo que haces, especialmente cuando respondes al Espíritu Santo, ya que en esos momentos su confu­sión aumenta. Es muy probable, por lo tanto, que el ego te ataque cuando reaccionas amorosamente, ya que te ha evaluado como incapaz de ser amoroso y estás contradiciendo su juicio. El ego atacará tus motivos tan pronto como éstos dejen de estar clara­mente de acuerdo con la percepción que él tiene de ti. En ese caso es cuando pasa súbitamente de la sospecha a la perversidad, ya que su incertidumbre habrá aumentado. Es evidente, no obs­tante, que no tiene objeto devolverle el ataque. Pues ¿qué podría significar eso, sino que estás de acuerdo con su evaluación acerca de lo que eres? T.9:VII:4:3-9

    Si eliges considerarte a ti mismo como incapaz de ser amoroso no podrás ser feliz. T9-VII.5

    Dios creó el amor, no la idolatría. Todas las formas de idolatría son caricaturas de la creación, y las enseñan mentes que están demasiado divididas como para saber que la creación comparte el poder y nunca lo usurpa. La enfermedad es idolatría porque es la creencia de que se te puede desposeer de tu poder. Esto, no obstante, es imposible porque formas parte de Dios, que es todo poder. Un dios enfermo no puede por menos que ser un ídolo, hecho a imagen y semejanza de lo que su hace­dor cree ser. Y esto es exactamente lo que el ego percibe en un Hijo de Dios: un dios enfermo, auto-creado, auto-suficiente, sumamente perverso y extremadamente vulnerable. ¿Es éste el ídolo que quieres adorar? T.10:III:4:2-8

    La arrogancia es la negación del amor porque el amor com­parte y la arrogancia no. T.10:V:14:1

    El universo del amor no se detiene porque tú no lo veas, ni tus ojos han perdido la capacidad de ver por el hecho de estar cerrados. T.11:I:5:10

    Y la negación es tan total como el amor. No puedes negar parte de ti mismo porque el resto parecerá estar separado de ti, y, por lo tanto, desprovisto de significado. Y al no tener significado para ti, no lo entenderás. Negar el significado de algo equivale a no comprenderlo. Únicamente puedes curarte a ti mismo porque únicamente el Hijo de Dios tiene necesidad de curación. Tienes necesidad de ella porque no te entiendes a ti mismo, y por lo tanto, no sabes lo que haces. Puesto que te has olvidado de lo que es tu voluntad, no sabes lo que realmente quieres. T.11:II:3:1-7

    Si pasas por alto el amor estás pasándote por alto a ti mismo, y no podrás sino tener miedo de la irrealidad porque te habrás negado a ti mismo. T.11:V:10:5

    Los pensamientos amorosos que su mente per­cibe en este mundo constituyen la única realidad de éste. T.11:VII:2:2

    No te engañes, pues, con respecto a tu hermano, y considera sus pensamientos amorosos como lo único que constituye su realidad, pues al negar que su mente esté dividida sanarás la tuya. T.11:VIII:9:2

    Cualquier otra respuesta que no sea amor, surge como resultado de una confusión con respecto a “qué” es la salva­ción y a “cómo” se alcanza, y el amor es la única respuesta. T.12:III:5:3

    Sólo el amor es fuerte, puesto que es indiviso. Los fuertes no atacan, pues no ven que haya necesidad de ello. T12-V.1

    Si buscas amor a fin de atacarlo, nunca lo hallarás, pues si el amor es compartir, ¿cómo ibas a poder encontrarlo excepto a través de sí mismo? Ofrece amor, y el amor vendrá a ti porque se siente atraído por sí mismo. Mas ofrece ataque, y el amor permanecerá oculto, pues sólo puede vivir en paz. T.12:VIII:1:4-7

    El amor no mata para salvar. T.13:In:3:3

    El amor y la culpabilidad no pueden coexistir, y aceptar uno supone negar el otro. T13-I.1

    Todo el mundo se acerca a lo que ama, y se aleja de lo que teme. Y tú reaccionas con miedo ante el amor y te alejas de él. T13-V.5

    En el amor no hay cabida para el miedo, pues el amor es inocente. T.13:X:10:4

    Allí donde hay amor, tu hermano no puede sino ofrecértelo por razón de lo que el amor es. Pero donde lo que hay es una petición de amor, tú tienes que dar amor por razón de lo que eres. T.14:X:12:2-3

    Puesto que el amor se encuentra en ti, no tienes otra nece­sidad que extenderlo. T.15:V:11:3

    La ira se manifiesta de muchas formas, pero no puede seguir engañando por mucho tiempo a los que se han dado cuenta de que el amor no produce culpabilidad en absoluto, y de que lo que produce culpabilidad no puede ser amor, sino ira. T15-VII.10

    El amor siempre producirá expansión. T.15:IX:4:2

    Lo que no es amor es siempre miedo, y nada más que miedo. T.15:X:4:5

    Tu confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que te resulta impo­sible concebir el amor sin sacrificio. Y de lo que debes darte cuenta es de lo siguiente: el sacrificio no es amor sino ataque. Sólo con que aceptases esta idea, tu miedo al amor desaparece­ría. T.15:X:5:8-10

    Y allí donde no hay sacrificio, allí está el amor. T.15:XI:3:6

    Tú que crees que el sacrificio es amor debes aprender que el sacrificio no hace sino alejarnos del amor. Pues el sacrificio conlleva culpabilidad tan inevitablemente como el amor brinda paz. T15-XI.4

Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado con­tra él. T16-IV.6

    Si buscas amor fuera de ti, puedes estar seguro de que estás percibiendo odio dentro de ti y de que ello te da miedo. Pero la paz nunca procederá de la ilusión de amor, sino sólo de la realidad de éste. T.16:IV:6:5-6

    ¿No te gustaría poder pasar del miedo al amor? Pues tal parece ser la travesía. El amor te llama, pero el odio quiere retenerte. T.16:IV:11:1-3

    La única emoción en la que la substitución es imposible es el amor. El miedo, por definición, conlleva substitución, pues es el substituto del amor. T:18:I:3:1-2

    Cuando te parezca ver alguna forma distorsionada del error original tratando de atemorizarte, di únicamente: “Dios es Amor y el miedo no forma parte de Él”, y desaparecerá. T.18:I:7:1

    No te das cuenta de que no es del amor de lo que tienes miedo, sino únicamente de lo que tú has hecho de él. T18-III.3:6

    El amor no sabe nada de cuerpos y se extiende a todo lo que ha sido creado como él mismo. T.18:VIII:8:1

    Ninguno de vosotros será capaz de darle la bienve­nida al amor por separado. Es tan imposible que tú puedas conocer a Dios solo como que Él pueda conocerte a ti sin tu her­mano. T.18:VIII:12:3-4

    El amor no es algo que se pueda aprender. Su significado re­side en sí mismo. Y el aprendizaje finaliza una vez que has reco­nocido todo lo que no es amor. T.18:IX:12:1-3

    Lo único que el error pide es corrección, y eso es todo. Lo que pide castigo no está real­mente pidiendo nada. Todo error es necesariamente una petición de amor. T.19:III:4:5-7

    Mientras no lo perdones completamente, tú sigues sin ser perdonado. Tienes miedo de Dios porque tienes miedo de tu hermano. Temes a los que no perdonas. Y nadie alcanza el amor con el miedo a su lado. T.19:IV:D:11:4-6

    Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el “regalo” del miedo. T.20:I:2:5

    En el amor no hay cabida para el miedo. T.20:II:8:9

    En el amor perfecto no hay cabida para el miedo porque el amor perfecto no conoce el pecado y sólo puede ver a los demás como se ve a sí mismo. T.20:III:11:3

    Tu salvador te ofrece sólo amor, pero lo que recibes de él depende de ti. Él tiene el poder de pasar por alto todos tus errores, y en ello reside su propia salvación. Y lo mismo sucede con la tuya. La salvación es una lección en dar. T20-IV.2

    Contempla amorosamente a tu hermano. T.21:IV:8:1

    Entre las mentes amorosas no hay separación. T.22:VI:14:6

    Todo aquel que recorre con inocencia el camino que el amor le muestra, camina en paz. T.23:In:2:5

    La paz es el estado donde mora el amor y donde busca compartirse a sí mismo. T.23:I:12:5

   

    Lo que no es amor es asesinato. Lo que no es amoroso no puede sino ser un ataque. T.23:IV:1:10-11

    El amor es extensión. T.24:I:1:1

    Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. Lo que no das, lo pierdes. T.24:I:7:3-4

    Buscan tu amor a fin de que tú te puedas amar a ti mismo. T.24:III:8:10

    El poder de un deseo apoya a las ilusiones tan fuertemente como el amor se extiende a sí mismo. Excepto que uno de ellos engaña y el otro sana. T.24:V:1:9-10

    En la medida en que atribuyas valor a la culpabilidad, en esa misma medida percibirás un mundo en el que el ataque está justi­ficado. En la medida en que reconozcas que la culpabilidad no tiene sentido, en esa misma medida percibirás que el ataque no puede estar justificado. Esto concuerda con la ley fundamental de la percepción: ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. La percepción no está regida por ninguna otra ley que ésa. Todo lo demás se deriva de ella para sustentarla y darle apoyo. Ésta es la forma que, ajustada a este mundo, adopta la percepción de la ley más básica de Dios: que el amor crea amor y nada más que amor. T25-III.1

   El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente. T26-IX:6

    Has decidido  hacer de tu hermano el símbolo de un “amor­-odioso”, de un “poder-débil”, pero sobre todo, de una “muerte­-viviente”. Y así, él no significa nada para ti, pues representa algo que no tiene sentido. Representa un pensamiento que se com­pone de dos partes, en el que una de ellas anula la otra. Sin embargo, la mitad que fue anulada contradice de inmediato a la otra, de modo que ambas desaparecen. T.27:III:2:1-4

    El amor tiene que extenderse. T.28:II:2:2

    Y todo pensamiento de amor que le ofrez­cas no hace sino acercarte más a tu despertar a la paz eterna y a la dicha infinita. T.29:V:3:5

    No le des la mano con ira, sino con amor, pues su progreso es el tuyo propio. T.31:II:6:8

    Has venido con un solo propósito: poder aprender a amar a tu hermano. T.31:II:10:5

    La espada del juicio es el arma que le entregas a esta ilusión de ti mismo, para que pueda luchar e impedir que el amor llene el espacio que mantiene a tu hermano separado de ti, mientras empuñes esa espada, no obstante, no podrás sino percibirte a ti mismo como un cuerpo, pues te habrás condenado a estar sepa­rado de aquel que sostiene el espejo que refleja otra imagen de lo que él es, y, por ende, de lo que tú no puedes sino ser también. T.31:VII:9:2

Urtext.p30 Los “Príncipes de este mundo” son príncipes sólo porque son ángeles realmente.

T1.4 1 Urtext.p29 La posesión está muy próximamente ligada con la proyección. 2 Posesión realmente significa “No bajo el Control de Cristo”, haciéndote vulnerable a “ser dominado” por los propios “pensamientos” del ego. 3 Esto es posesión del demonio. 4 Después de todo Lucifer cayó, pero todavía era un ángel. 5 Por eso es el símbolo del hombre. 6 La Expiación es el conocimiento de que la creencia en que los ángeles pueden caer es falsa. 7 Es verdad que la mente puede crear proyecciones tanto como milagros, pero no es verdad que las proyecciones sean reales. 8 Esto se debería entender. 9 Esto es lo que quiere decir “La Verdad te hará libre”.

T1.5 21 Urtext.p32 Sois absolutamente encantadores. 22 Un perfecto rayo de pura Luz. 23 Ante vuestro encanto las estrellas se quedan pasmadas y se inclinan al poder de vuestra voluntad. 24 ¿Qué es lo que los Hijos saben de sus infantiles creaciones excepto lo que su Creador les dice? 25 Fuisteis creados por encima de los ángeles porque vuestro papel implica creación tanto como protección. 26 Vosotros, que estáis hechos a imagen del Padre, necesitáis inclinaros sólo ante Él, ante quien yo me arrodillo junto con vosotros.

T2.2 [38] 97 Urtext.p81 De hecho, la Expiación empezó bastante antes que la crucifixión. 98 Muchas Almas ofrecieron sus esfuerzos a favor de los Separados, pero al no poder aguantar la intensidad de los ataques tuvieron que retraerse. 99 Los Ángeles también acudieron, pero la protección que ofrecían no fue suficiente, porque a los Separados no les interesaba la paz. 100 Ya habían dividido sus mentes y estaban empeñados en dividir aún más, en vez de reintegrar. 101 Los niveles que introdujeron en sus mentes hicieron que se atacaran unos a otros, y establecieron diferencias, divisiones, hendiduras, dispersiones, y todos los demás conceptos relacionados con el aumento de las divisiones sucesivas que producían.

T19-IV.C.9 T19.5.3.1 [86] 44 Los ángeles dan sustento al recién nacido propósito de ustedes, el Espíritu Santo lo aprecia, y Dios Mismo vela por él.

T26-IX.7 T26.10 [83] 34 Los ángeles vuelan amorosamente a tu alrededor, a fin de mantener alejado de ti todo sombrío pensamiento de pecado y asegurarse de que la luz permanezca allí donde ha entrado.

L131.13 L131.16 62 Extiende la mano y comprueba con cuanta facilidad se abre la puerta con ese solo intento de entrar más allá del umbral. 63 Allí, ángeles alumbran el camino, disipando toda oscuridad, y tú estás bajo una luz tan brillante y clara que puedes comprender todo lo que ves.

L161.9 L161.9 45 Eso es lo que ven los ojos del cuerpo en uno a quien el Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. 46 Esta es Su Realidad. 47 Y en la visión de Cristo, Su Hermosura se ve reflejada de una manera tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies. 48 Pero, en vez de eso, tomarás su mano, pues en la visión que así lo ve eres semejante a él.

L183.2 L183.2 6 El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una Respuesta, ni pronunciado sin que se produzca un eco en la mente que te exhorta a recordar. 7 Di Su Nombre y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento terrenal que quisiera mancillar tu santidad.

L303.1 L303.1 1 Velad conmigo, ángeles, velad hoy conmigo. 2 Que todos los santos Pensamientos de Dios me rodeen y permanezcan muy tranquilos a mi lado mientras nace el Hijo del Cielo.

L316.1 L316.1 1 Así como cada presente que mis hermanos dan, me pertenece, así también me pertenece cada presente que doy. 2 Cada uno permite que un error pasado desaparezca sin dejar sombra alguna en la santa mente que mi Padre ama. 3 Su gracia me es dada en cada presente que cualquier hermano haya recibido desde los orígenes del tiempo, y más allá del tiempo también. 4 Mis arcas están llenas, y los ángeles vigilan sus puertas abiertas para que no se pierda un solo presente y sólo se añadan más. 5 Llegaré donde se encuentran mis tesoros, y entraré donde soy verdaderamente bienvenido y me siento en casa, rodeado de los dones que Dios me ha dado.

L.Ep.6 L.Ep.6 35 Él ama al Hijo de Dios tal como nosotros queremos amar a nuestro hermano y, por ello, nos enseña cómo mirarlo a través de Sus ojos y cómo amarlo como Él lo ama. 36 No caminan solos. 37 Los ángeles de Dios revolotean cerca de ustedes y sobre todo lo demás. 38 El Amor de Dios los rodea, y pueden estar seguros de esto: yo nunca los dejaré desamparados.

O2-III.7 Pero Él lo sabe y eso es suficiente. 2 El perdón tiene un Maestro que no fracasa en nada. 3 Reflexiona sobre esto por un momento, y no intentes juzgar el perdón ni limitarlo a un marco mundano. 4 Deja que se eleve hasta Cristo, Quien lo recibe como un regalo para Sí. 5 Él no te dejará sin consuelo ni dejará de enviarte Sus ángeles desde lo alto para que te respondan en Su Propio Nombre. 6 Él está junto a la puerta para la cual el perdón es la única llave. 7 Dásela para que Él la use en tu lugar, y verás la puerta abrirse silenciosamente revelándote la radiante faz de Cristo. 8 Contempla a tu hermano ahí, tras la puerta; el Hijo de Dios tal como Él lo creó.

 

Urtext.p75 ¡Hay vosotros de poca fe! ¿Por qué dudáis? Mis apóstoles dudaron de caminar sobre el agua.

T6-I.14 T6.2 [19] 82 Si interpretan la crucifixión de cualquier otra forma, la estarán usando como arma para atacar en vez de como el llamamiento a la paz para el que se concibió. 83 Con frecuencia, los Apóstoles malinterpretaron la crucifixión, y siempre por la misma razón que cualquiera malinterpreta cualquier cosa. 84 Su propio amor imperfecto les hizo ser vulnerables a la proyección y, como resultado de su propio miedo, hablaron de la “ira de Dios” como arma de represalia de Éste. 85 Tampoco pudieron hablar de la crucifixión enteramente sin ira porque sus propios sentimientos de culpa les hacía enojarse.

T6-I.15 T6.2 [20] 86 Hay dos ejemplos obvios del pensar al revés en el Nuevo Testamento, cuyo evangelio en su totalidad es únicamente el mensaje del Amor. 87 Éstos no son como los diversos errores que la impaciencia me empujó a cometer. 88 Yo había aprendido demasiado bien la oración de la Expiación, que también vine a enseñar, como para que yo mismo cayera en el pensar al revés. 89 Si los Apóstoles no se hubieran sentido culpables, nunca me habrían podido atribuir la expresión “No he venido a traer paz, sino espadas”. 90 Esto está en clara oposición a todas mis enseñanzas.

T6.2 [22] 97 Estoy muy agradecido a los Apóstoles por sus enseñanzas y soy muy consciente del alcance de su devoción hacia mí. T6-I.16 98 No obstante, cuando las lean, recuerden que yo mismo les dije que había muchas cosas que no comprenderían hasta más tarde porque, en aquel entonces, aún no estaban completamente dispuestos a seguirme. 99 Enfatizo esto, porque no quiero que permitan que se infiltre ningún vestigio de miedo en el sistema de pensamiento hacia el que los estoy guiando. 100 No ando en busca de mártires, sino de maestros. 101 Nadie es realmente castigado por sus pecados, pues los Hijos de Dios no son realmente pecadores.

 

Al proyectar (“lanzar conjuros”) sobre otros los aprisionas, pero sólo en la medida en que refuerzas los errores que ellos ya han cometido. T1-III.5

 

Los juicios siempre aprisionan. T3-VI.11

 

Mi papel consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan tu voluntad y liberarla. T5-VI.2

 

Siempre que estás con un hermano, estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres. 9Tu hermano reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo. 10Será aprisionado o liberado de acuerdo con tu decisión, al igual que tú. 11Nunca olvides la res­ponsabilidad que tienes hacia él, ya que es la misma responsabili­dad que tienes hacia ti mismo. 12Concédele el lugar que le corresponde en el Reino y tú ocuparás el tuyo. T8-II.5

 

No amas a quien tratas de aprisionar. 4Por lo tanto, cuando tratas de aprisio­nar a alguien, incluyéndote a ti mismo, no le amas y no te puedes identificar con él. 5Cuando te aprisionas a ti mismo pierdes de vista tu verdadera identificación conmigo y con el Padre. T8-IV.8

 

El tiempo puede liberar así como aprisionar, dependiendo de quién es la interpretación de éste que eliges usar. T13-VI.4

 

Procura estar dispuesto, pues, a que todo esto sea deshecho y a sentirte feliz de no ser un prisionero de ello eternamente. 2Pues te has enseñado a ti mismo a aprisionar al Hijo de Dios, lo cual es una lección tan descabellada que sólo un loco, en su delirio más profundo, podía haberla soñado. T14-XI.2

 

Cuando el Hijo de Dios acepta las leyes de Dios como lo que su propia voluntad gustosamente dispone, es imposible que se sienta aprisionado o limitado en forma alguna. 11En ese ins­tante es tan libre como Dios quiere que sea. 12Pues en el instante en que se niega a estar aprisionado, en ese mismo instante deja de estarlo. T15-VI.5

 

Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo.

6Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti

para aprisionarme a mí mismo.

7En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque

reconozco que nos hemos de liberar juntos. T15-XI.10

 

Las ideas son libres, y no pueden ser aprisionadas o limitadas en modo alguno. T19-I.16

 

Los que llevan años aprisionados con pesadas cadenas, ham­brientos y demacrados, débiles y exhaustos, con los ojos aclima­tados a la oscuridad desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdan la luz, no se ponen a saltar de alegría en el instante en que se les pone en libertad. 2Tardan algún tiempo en comprender lo que es la libertad. T20-III.9

 

Los que eligen la libertad experimentarán únicamente sus resultados. 2Pues el poder del que gozan procede de Dios, y sólo le otorgarán ese poder a lo que Dios ha dado, a fin de compartirlo con ellos. 3Nada excepto esto puede afectarles, pues es lo único que ven, y comparten su poder con ello de acuerdo con la Volun­tad de Dios. 4Y de esta manera es como se establece y se mantiene vigente su libertad, 5la cual prevalece por encima de cualquier tentación de querer aprisionar a otros o de ser aprisionados. T20-IV.4

 

¿Por qué te resulta tan extraño que la fe pueda mover monta­ñas? 2En realidad, ésa es una hazaña insignificante para seme­jante poder. 3Pues la fe puede mantener al Hijo de Dios encadenado mientras él crea que lo está. 4Mas cuando se libre de las cadenas será simplemente porque habrá dejado de creer en ellas, al retirar su fe de la idea de que lo podían aprisionar, y depositarla en cambio en su libertad. 5Es imposible tener fe en dos orientaciones opuestas. 6La fe que depositas en el pecado se la quitas a la santidad. 7Y lo que le ofreces a la santidad se lo has quitado al pecado. T21-III.3

 

En el Cielo, el Hijo de Dios no está aprisionado en un cuerpo ni ha sido sacrificado al pecado en soledad. T26-I.7

 

Si eres un pecado, aprisionas a la mente dentro del cuerpo y le adjudicas el propósito de ésta a su prisión, que enton­ces actúa en su lugar. 11Un carcelero no obedece órdenes, sino que es el que le da órdenes al prisionero. T31-III.3

 

Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios.  L57-2

 

Mientras no enseñes lo que has aprendido, la salvación seguirá esperando y las tinieblas mantendrán al mundo inexora­blemente aprisionado. L153-11

 

Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera te liberas tú. L192-9

 

Que no aprisione a Tu Hijo con leyes que yo mismo inventé. L277

 

Si estoy aprisionado, mi Padre no es libre.

 

Si acepto que estoy aprisionado dentro de un cuerpo, en un mundo en el que todo lo que aparentemente vive parece morir, entonces mi Padre está aprisionado al igual que yo. Y esto es lo que creo cuando afirmo que tengo que obedecer las leyes que el mundo obedece, y que las flaquezas y los pecados que percibo son reales e ineludibles. Si de algún modo estoy aprisionado, ello sig­nifica que no conozco ni a mi Padre ni a mi Ser. Y significa asi­mismo que no formo parte de la realidad en absoluto, pues la verdad es libre, y lo que está aprisionado no forma parte de la verdad. L278-1

 

El miedo aprisiona al mundo. El perdón lo libera. L332

 

¿Qué significa realmente la frase “orar por nuestros enemigos”? Significa que debes orar por ti, para que no busques aprisionar a Cristo y así perder el reconocimiento de tu propia Identidad. No traiciones a nadie o te traicionarás a ti mismo. O1-II.4

T3.10 [817] 43 Urtext.p156 Tus padres ciertamente te percibieron erróneamente de muchas maneras, pero su capacidad de percibir estaba bastante deformada y sus percepciones erróneas obstruían su propio conocimiento. 44 No hay razón para que obstruya el tuyo. 45 Todavía es verdad que crees que te hicieron algo a ti. 46 Esta creencia es extremadamente peligrosa para tu percepción y absolutamente destructiva de tu conocimiento. 47 Esto no solo es cierto con respecto a tus actitudes hacia tus padres, sino también con el uso indebido que haces de tus amigos. 48 Todavía piensas que debes responder a sus errores como si fueran reales. 49 Reaccionando de forma autodestructiva estás dándoles la aprobación a sus percepciones erróneas.

 

Urtext.p174 Esto no es menos verdad si tiene miedo de enseñar que si está francamente decidido a dominar mediante la enseñanza. La forma del síntoma es solo un reflejo de su manera particular de manejar la ansiedad de la separación. Toda ansiedad de separación es un síntoma de una voluntad continua de permanecer separado. Algunas personas están asustadas de enseñar solo porque están asustadas de la impresión que la imagen de sí mismos pueda producir en otras imágenes. Creen que la aprobación de su imagen aumentará su ansiedad y la desaprobación los precipitará a la depresión.

 

T31-V.5 T31.5 [47] 25 Tras la cara de inocencia, hay una lección para cuya enseñanza se hizo el concepto del yo. 26 Es una lección acerca de un terrible desplazamiento, y de un miedo tan devastador que la cara que sonríe por delante del concepto del yo tiene por siempre que mirar a lo lejos no sea que perciba la traición que éste oculta. 27 Lo que la lección enseña es esto: “Yo soy lo que tú has hecho de mí y, al mirarme, quedas condenado por lo que soy”. 28 El mundo sonríe con aprobación ante este concepto del yo, pues garantiza que los caminos del mundo se mantengan seguros, y que los que caminan por ellos no puedan escapar.

 

T21-IV.1 T21.5 [41] 1 El Espíritu Santo nunca te va a enseñar que eres pecador. 2 Sí corregirá tus errores, pero eso no le causa miedo a nadie. 3 Pero tú sí que tienes miedo de mirar en tu fuero interno y ver el pecado que crees que se encuentra allí; 4 aunque no tengas miedo de admitirlo. 5 El ego considera muy apropiado que se asocie el miedo con el pecado y, además, sonríe con aprobación. 6 No le importa dejar que te sientas avergonzado. 7 No pone en duda tu creencia y fe en el pecado. 8 Sus templos no se tambalean por eso. 9 Tu fe de que ahí hay pecado no hace sino atestiguar tu deseo de que esté allí para que se pueda ver. 10 Pero esto tan sólo aparenta ser la fuente de tu miedo.

 

L164.9 41 ¿Acaso no es este un propósito digno de ser tuyo? 42 ¿Acaso no vale la pena buscar la visión de Cristo por encima de todas las metas terrenales? L164.9 43 No dejes que este día transcurra sin dar tu aprobación y aceptar los dones que te tiene reservados. 44 Si los reconoces, podemos cambiar el mundo. 45 Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación ofrece al mundo. 46 Pero sin duda, esto es lo que quieres: poder cambiar todo sufrimiento por alegría hoy mismo. 47 Toma en serio tu práctica, y ése será tu don. 48 ¿Es que acaso va Dios a engañarte? 49 ¿Es que va a dejar de cumplir Su promesa? 50 ¿Vas a negarle lo poco que te pide cuando Sus Manos ofrecen a Su Hijo la completa salvación?

    Resulta difícil creer que una defensa que no puede atacar sea la mejor defensa. T.2:II:7:3

 

    La mejor defensa, como de costumbre, consiste en no atacar la posición de otro, sino más bien en proteger la verdad. T.3:I:2:1

 

    Si atacas el error que ves en otro, te harás daño a ti mismo. No puedes conocer a tu hermano si lo atacas. Los ataques siempre se lanzan contra extraños. Al percibir falsamente a tu hermano lo conviertes en un extraño, y, por lo tanto, no puedes conocerlo. Le tienes miedo porque lo has convertido en un extraño. Percíbelo correctamente para que lo puedas conocer. T.3:III:7:1-6

 

    Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. Al percibir eso como un pecado te pones a la defensiva porque pre­vés un ataque. Tú eres el que toma la decisión de reaccionar de ­esa manera, y, por lo tanto, la puedes revocar. No puedes revo­carla arrepintiéndote en el sentido usual de la palabra porque eso implicaría culpabilidad. Si sucumbes al sentimiento de culpabi­lidad, reforzarás el error en vez de permitir que sea deshecho. T.5:VII:5:1-5

 

    La relación que existe entre la ira y el ataque es obvia, pero la relación que existe entre la ira y el miedo no es siempre tan evi­dente. La ira siempre entraña la proyección de la separación, lo cual tenemos que aceptar, en última instancia, como nuestra pro­pia responsabilidad, en vez de culpar a otros por ello. No te puedes enfadar a no ser que creas que has sido atacado, que está justificado contraatacar y que no eres responsable de ello en absoluto. Dadas estas tres premisas completamente irracionales, se tiene que llegar a la conclusión, igualmente irracional, de que un hermano merece ataque en vez de amor. ¿Qué se puede espe­rar de premisas dementes; sino conclusiones dementes? La manera de desvanecer una conclusión demente es analizando la cordura de las premisas sobre las que descansa. Tú no puedes ser atacado, el ataque no tiene justificación y tú eres responsable de lo que crees. T.6:In:1:1-7

 

    Elegí, por tu bien y por el mío, demostrar que el ataque más atroz, a juicio del ego, es irrelevante. Tal como el mundo juzga estas cosas, mas no como Dios sabe que son, fui traicionado, aban­donado, golpeado, atormentado y, finalmente, asesinado. Está claro que ello se debió únicamente a las proyecciones de otros sobre mí, ya que yo no le había hecho daño a nadie y había curado a muchos. T.6:I:9:1-3

 

    Mi función consistió en mostrar que esto es ver­dad en un caso extremo, simplemente para que pudiese servir como un instrumento de enseñanza ejemplar para aquellos que, en situaciones no tan extremas, sienten la tentación de abandonarse a la ira y al ataque. T.6:I:11:6

   

    El mensaje de la crucifixión es inequívoco: enseña solamente amor, pues eso es lo que eres. T.6:I:13:1-2

 

    Si interpretas la crucifixión de cualquier otra forma, la estarás usando como un arma de ataque en vez de como la llamada a la paz para la que se concibió. T.6:I:14:1

 

    Repudias lo que proyectas, por lo tanto, no crees que forma parte de ti. Te excluyes a ti mismo al juzgar que eres diferente de aquel sobre el que proyectas. Puesto que también has juzgado contra lo que proyectas, continúas atacándolo porque continúas manteniéndolo separado dé ti. Al hacer esto de manera incons­ciente, tratas de mantener fuera de tu conciencia el hecho de que te has atacado a ti mismo, y así te imaginas que te has puesto a salvo. T.6:II:2:1-4

 

    La seguridad no es otra cosa que la completa renuncia al ataque. T.6:III:3:7

 

    La mente que acepta el ataque es incapaz de amar. T.7:VI:2:1

 

    Siempre que un hermano ataca a otro, eso es lo que cree. T.7:VII:9:3

 

    Los que percibes como adversarios forman parte de tu paz, a la cual renuncias cuando los atacas. T.8:I:3:4

 

    Los ataques son siempre físicos. Cuando se infiltra en tu mente cualquier forma de ataque es que estás equiparándote con el cuerpo, ya que ésta es la interpretación que el ego hace de él. No tienes que atacar físicamente para aceptar esta interpretación. La aceptas por el mero hecho de creer que atacando puedes obtener lo que deseas. Si no creyeses esto, la idea del ataque no tendría atractivo alguno para ti. Siempre que te equiparas con el cuerpo, experimentas depresión. Cuando un Hijo de Dios piensa así de sí mismo se está menospreciando y está haciendo lo mismo con sus hermanos, y puesto que sólo puede encontrarse a sí mismo en ellos, está, por lo tanto, negándose a sí mismo la salvación. T.8:VII:1:1-8

 

    Los errores que tu hermano comete no es él quien los comete, tal como no eres tú quien comete los tuyos. Considera reales sus errores, y te habrás atacado a ti mismo. Si quieres encontrar tu camino y seguirlo, ve sólo la verdad a tu lado, pues camináis juntos. T9:III:7:1-3

 

    El ego se engaña con respecto a todo lo que haces, especialmente cuando respondes al Espíritu Santo, ya que en esos momentos su confu­sión aumenta. Es muy probable, por lo tanto, que el ego te ataque cuando reaccionas amorosamente, ya que te ha evaluado como incapaz de ser amoroso y estás contradiciendo su juicio. El ego atacará tus motivos tan pronto como éstos dejen de estar clara­mente de acuerdo con la percepción que él tiene de ti. En ese caso es cuando pasa súbitamente de la sospecha a la perversidad, ya que su incertidumbre habrá aumentado. Es evidente, no obs­tante, que no tiene objeto devolverle el ataque. Pues ¿qué podría significar eso, sino que estás de acuerdo con su evaluación acerca de lo que eres? T.9:IV:4:4-9

 

    Cuando atacas te estás negando a ti mismo. T.10:II:4:1

 

    Todo ataque es un ataque contra uno mismo. T.10:II:5:1

 

    Si lo atacas, harás que sea real para ti. T.10:IV:1:8

 

    No puedes llegar a estar en Presencia de Dios si atacas a Su Hijo. T.11:IV:5:6

 

    Sólo un loco elegiría el miedo en lugar del amor, y sólo un loco podría creer que atacando es cómo se alcanza el amor. T.11:V:12:9

 

    El ego cree que el poder, el entendimiento y la verdad radican en la separación, y que para establecer esta creencia tiene que atacar. Al no darse cuenta de que es imposible establecer esa creencia, y obsesionado por la convicción de que la separación es la salvación, el ego ataca todo lo que percibe, desmenuzándolo en partes pequeñas y desconectadas sin ninguna relación significativa entre sí, y desprovistas, por lo tanto, de todo significado. El ego siempre substituirá lo que tiene significado por el caos, pues si la separación es la salva­ción, la armonía es una amenaza. T.11:V:13:4-6

 

    Cada vez que te enfadas con un hermano, por la razón que sea, crees que tienes que proteger al ego, y que tienes que protegerlo atacando. Si es tu hermano el que ataca, estás de acuerdo con esta creencia; si eres tú el que ataca, no haces sino reforzarla. Recuerda que los que atacan son pobres. T.12:III:3:1-3

 

    Identificarte con el ego es atacarte a ti mismo y empobrecerte. T.12:III:6:1

   

    Si reconocieses que cualquier ataque que percibes se encuentra en tu mente, y sólo en tu mente, habrías por fin localizado su origen, y allí donde el ataque tiene su origen, allí mismo tiene que terminar. Pues en ese mismo lugar reside también la salva­ción. T.12:III:10:1-2

 

    Sólo el amor es fuerte, puesto que es indiviso. Los fuertes no atacan, pues no ven que haya necesidad de ello. T.12:V:1:1-2

 

    El amor no mata para salvar. Si lo hiciese, el ataque sería la salvación, y ésta es la inter­pretación del ego, no la de Dios. T.13:In:3:3-4

 

    El miedo al ataque no es nada en comparación con el miedo que le tienes al amor. T.13:III:2:3

 

    Has atacado a tu hermano una y otra vez porque viste en él una sombría figura de tu mundo privado. Y así, no puedes sino atacarte a ti mismo primero, pues lo que atacas no está en los demás. La única realidad de lo que atacas se encuentra en tu propia mente, y al atacar a otros estás literal­mente atacando algo que no está ahí. T.13:V:3:6-8

 

    Elegiste engañarte a ti mismo. Los que eligen dejarse engañar, simplemente atacarán los enfoques directos porque éstos parecen poder adentrarse en el engaño y socavarlo. T.14:I:5:5-6

 

    Todo aquel a quien ofreces curación, te la devuelve. Todo aquel a quien ofreces ataque lo conserva y lo atesora guardán­dote rencor por ello. El que te guarde rencor o no es irrelevante: tú creerás que lo hace. Es imposible ofrecerle a otro lo que no deseas sin recibir esta sanción. El costo de dar es recibir. Recibi­rás o bien una sanción que te hará sufrir, o bien la feliz adquisi­ción de un preciado tesoro. T.14:III:5:4-9

 

    ¿Hay alguien que no desee liberarse del dolor? Tal vez no haya aprendido todavía cómo intercambiar la culpabilidad por la inocencia, ni se haya dado cuenta de que sólo mediante este intercambio se puede liberar del dolor. Aun así, aquellos que no han aprendido necesitan que se les enseñe, no que se les ataque. Atacar a los que necesitan que se les enseñe es perder la oportunidad de poder aprender de ellos. T14-V.5

 

    Cuando una mente cree en la oscuridad y se niega a abando­narla, la luz no puede entrar. La verdad no lucha contra la igno­rancia, ni el amor ataca al miedo. T.14:VII:5:1-2

 

    Cuando te sientas tentado de atacar a un hermano, recuerda que su ins­tante de liberación es el tuyo. T.15:I:12:3

 

    El sacrificio no es amor sino ataque. T.15:X:5:9

 

    Mediante la muerte de tu yo, crees poder atacar al yo de otro, arrebatárselo, y así reemplazar al yo que detestas. T.16:V:10:6

 

    El ataque impide que te veas a ti mismo. Y es imposible que te niegues a ti mismo, y al mismo tiempo puedas reconocer lo que se te ha dado y lo que has recibido. T.17:V:13:4-5

 

    La mente no puede atacar, pero puede forjar fantasías y ordenarle al cuerpo que las exteriorice. Mas lo que el cuerpo hace nunca parece satisfacer a la mente. A menos que la mente crea que el cuerpo está realmente exteriori­zando sus fantasías, lo atacará proyectando aún más culpabili­dad sobre él. T-18.VI.3:5-7

 

Es una locura usar el cuerpo como chivo expiatorio sobre el que descargar tu culpabilidad, dirigiendo sus ataques y culpándolo luego por lo que tú mismo quisiste que hiciese. T-18.VI.6:1

 

El miedo forma parte del ataque. T19-I.10:1

 

¿Quién transmitiría mensajes de odio y de ataque si entendiese que se los está enviando a sí mismo? ¿Quién se acu­saría, se declararía culpable y se condenaría a sí mismo? T19-IV.B.14

 

El ego siempre proyecta sus mensajes fuera de ti, al creer que es otro y no tú el que ha de sufrir por tus mensajes de ataque y culpabilidad. E incluso si tú sufres, el otro ha de sufrir aún más. El supremo engañador reconoce que esto no es verdad, pero como “enemigo” de la paz que es, te incita a que proyectes todos tus mensajes de odio y así te liberes a ti mismo. Y para conven­certe de que esto es posible, le ordena al cuerpo a que busque dolor en el ataque contra otro, lo llame placer y te lo ofrezca como tu liberación del ataque. T-19.IV.B.15:1-4

 

¿Qué peligro puede asaltar al que es completamente inocente? ¿Qué puede atacar al que está libre de culpa? ¿Qué temor podría venir a perturbar la paz de la impecabilidad * misma? T-19.IV.B.10:1-3

T7-V:5:1 El Espíritu Santo no actúa al azar.

 

T17-VI.3 Sin un objetivo constructivo, establecido de antemano y clara­mente definido, la situación simplemente parece ocurrir al azar y no tiene ningún sentido hasta que ya ha ocurrido. 2Entonces miras en retrospectiva, y tratas de reconstruirla para ver qué sentido tuvo. 3Y no podrás sino equivocarte. 4No sólo porque tus juicios están vinculados al pasado, sino porque tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. 5No se estableció ningún objetivo con el que armonizar los medios. 6Y ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no, si es aceptable para él o si clama por venganza. 7La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea du­doso que se pueda entender lo que pasó y que sea imposible evaluarlo.

 

T21-II.3:4 Ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó.

 

T30-I.15 Tu día no transcurre al azar. 2La clase de día que tienes lo deter­mina aquello con lo que eliges vivirlo.

 

L42-2:3 Tu paso por el tiempo y por el espacio no es al azar. 4No puedes sino estar en el lugar perfecto, en el momento perfecto.

 

L158-3:3 No hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino.

 

L158-4:3 El guion ya está escrito.

 

M3-2:3 Los encuentros no ocurren al azar.

 

M3-4:4 Los encuentros no son por casualidad.

  

M9-1.3 Recuerda que nadie está donde está por casualidad y que nada en el plan de Dios es al azar.

 

M16-1:3 Las lecciones no cambian al azar.

 

P3-I.1:3 Nadie viene a ti por error. No hay errores en el plan de Dios.

   

P-3:III:6:2-3 Nadie es enviado a otro por accidente. Las relaciones siempre tienen un propósito.

T4-II.5 Socavar el sistema de pensamiento del ego no puede sino perci­birse como un proceso doloroso, aunque no hay nada que esté más lejos de la verdad. 2Los bebés gritan de rabia cuando se les quita un cuchillo o unas tijeras, a pesar de que, si no se hiciera, podrían lastimarse. 3En este sentido todavía eres un bebé. 4No tienes una idea clara de lo que es el verdadero instinto de conser­vación y probablemente decidirás que necesitas precisamente lo que más daño te haría.

 

T19-IV.C.i.10 ¿Qué peligro puede asaltar al que es completamente inocente? 2¿Qué puede atacar al que está libre de culpa? 3¿Qué temor podría venir a perturbar la paz de la impecabilidad misma? 4Si bien lo que se te ha concedido todavía se encuentra en su infan­cia, está en completa comunicación con Dios y contigo. 5En sus diminutas manos se encuentran, perfectamente a salvo, todos los milagros que has de obrar, y te los ofrece. 6El milagro de la vida es eterno, y aunque ha nacido en el tiempo, se le da sustento en la eternidad. 7Contempla a ese tierno infante, al que diste un lugar de reposo al perdonar a tu hermano, y ve en él la Voluntad de Dios. 8He aquí el bebé de Belén renacido. 9Y todo aquel que le dé abrigo lo seguirá, no a la cruz, sino a la resurrección y a la vida.

 

T22-I.6 De todos los mensajes que has recibido y que no has enten­dido, sólo este curso está al alcance de tu entendimiento y puede ser entendido. 2Éste es tu idioma. 3Aún no lo entiendes porque tu comunicación es todavía como la de un bebé (no nos comunicamos como iguales, sino como separados). 4No se puede dar credibilidad a los balbuceos de un bebé ni a lo que oye, ya que los sonidos tienen un significado diferente para él, según la ocasión (de igual forma no se puede dar credibilidad a los juicios y condenas que cambian según las ocasión). 5Y ni los sonidos que oye ni las cosas que ve son aún estables. 6Pero lo que oye y todavía no comprende será algún día su len­gua materna, a través de la cual se comunicará con los que le rodean y ellos con él. 7Y esos seres extraños y cambiantes que se mueven a su alrededor serán quienes lo consuelen, y él recono­cerá su hogar y los verá allí junto con él.

 

 

Más allá de Edipo, pag.158 Dicha acusación de herejía fue contestada por el cristiano gnóstico Orígenes, quien aseguró que “la mayor parte de los lectores no han descubierto el método correcto de examinar los textos santos”. Y se jactaba afirmando que el gnóstico “avanza de la fe a la gnosis”, mientras “el Cristo crucificado enseña para bebés”. Con ésta afirmación, Orígenes llamó ignorantes a los católicos, puesto que su interpretación literal de la resurrección la tachó como “la fe de los necios”.

Es de importancia capital que cuando le pidamos ayuda al Espíritu Santo, sí o sí, se la pidamos en beneficio de todas las partes implicadas.

A menos que pienses que todos tus hermanos tienen el mismo derecho a los milagros que tú, no reivindicarás tu derecho a ellos, al haber sido injusto con otros que gozan de los mismos derechos que tú. Si tratas de negarle algo a otro, sentirás que se te ha negado a ti. Si tratas de privar a alguien de algo, te habrás pri­vado a ti mismo. Es imposible recibir un milagro que otro no pueda recibir. Sólo el perdón ofrece milagros. Y el perdón tiene que ser justo con todo el mundo. T25-IX.8

Los maestros de Dios sólo pueden triunfar porque nunca hacen su propia voluntad. Eligen por toda la humanidad, por todo el mundo y por todas las cosas que en él habitan. M4-II.2

Cada vez que niegues la bendición a un hermano, te sentirás necesitado. T7.8 [70] 1

 

Cuando un hermano actúa en forma demente, te está ofreciendo una oportunidad para que lo bendigas. T7.8 [72] 17

”No nos dejes caer en la tentación” significa: “Reconoce tus errores y elige abandonarlos siguiendo mi dirección.” T-1.III.4:7

Mi ruego “Haced esto en memoria mía” es una petición a los obradores de milagros para que colaboren conmigo. T-2.V.17:2

Yo oí una sola Voz porque comprendí que era imposible que pudiese expiar únicamente para mí mismo. Escuchar una sola Voz implica que has decidido compartirla para así poderla oír tú mismo. La Mente que estaba en mí se siente todavía irresistible­mente atraída hacia todas las mentes creadas por Dios, porque la Plenitud de Dios es la plenitud de Su Hijo. Nada puede hacerte daño, y no debes mostrarle a tu hermano nada que no sea tu plenitud. Muéstrale que él no puede hacerte daño y que no le guardas rencor, pues, de lo contrario, te estarás guardando ren­cor a ti mismo. Ese es el significado de: “Ofrécele también la otra mejilla”. T-5.IV.4:1-6

Escucha la parábola del hijo pródigo, y aprende cuál es el tesoro de Dios y el tuyo: el hijo de un padre amoroso abandonó su hogar y pensó que había derrochado toda su fortuna a cambio de cosas sin valor, si bien no había entendido en su momento la falta de valor de las mismas. Le daba vergüenza volver a su padre porque pensaba que lo había herido. Más cuando regresó a casa, su padre lo recibió jubilosamente toda  vez que el hijo en sí era su tesoro. El padre no quería nada más. T-8.VI.4:1-4

“Por sus frutos los conoceréis y ellos se conocerán a sí mismos”. Pues es indudable que te juzgas a ti mismo de acuerdo con lo que enseñas. T16-III.2:2

De momento, la confianza que yo tengo en ti es mayor que la que tú tienes en mí, pero no siempre será así. Tu misión es muy simple. Se te pide que vivas de tal forma que demuestre que no eres un ego, y yo no me equivoco al elegir los canales de Dios. T4-VI.6

Yo estoy a cargo de la Expiación. Esto es así debido únicamente a que completé mi papel en ella como hombre, y ahora puedo completarla a través de otros. Los canales que he elegido no pueden fallar porque les prestaré mi fortaleza mientras la suya sea insuficiente. T4-VI.6

Dios creó a cada mente comunicándole Su Mente, y estableciéndola así para siempre como un canal para Su Mente y Su Voluntad. T4-VII.3

El constante fluir de Su Amor se obstruye cuando Sus canales están cerrados, y se siente solo cuando las mentes que Él creó no se comunican plenamente con Él. T4-VII.6

Únicamente los santos Hijos de Dios son canales dignos de Su hermosa Dicha. T5-In.3

 

Puedes esclavizar a un cuerpo, pero las ideas son libres, y no pueden ser aprisionadas o limitadas en modo alguno, excepto por la mente que las concibió. 5Pues ésta permanece unida a su fuente, que se convierte en su carcelero o en su libertador, según el objetivo que acepte para sí misma. T19-I.16

 

Los pecados se perciben en el cuerpo, 2no en la mente. 3No se ven como propósitos, sino como acciones. 4Los cuerpos actúan, pero las mentes no. 5Por lo tanto, el cuerpo debe tener la culpa de lo que él mismo hace. 6No se le ve como algo pasivo que simple­mente se somete a tus órdenes sin hacer nada por su cuenta. 7Si tú eres un pecado, no puedes sino ser un cuerpo, pues la mente no actúa. 8Y el propósito tiene que encontrarse en el cuerpo y no en la mente. 9El cuerpo debe actuar por su cuenta y motivarse a sí mismo. 10Si eres un pecado, aprisionas a la mente dentro del cuerpo y le adjudicas el propósito de ésta a su prisión, que enton­ces actúa en su lugar. 11Un carcelero no obedece órdenes, sino que es el que le da órdenes al prisionero. T31-III.3

 

No te das cuenta de lo que has hecho al asignarle al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios. 4¿Qué podría ser entonces sino un mundo depravado y temeroso, amedrentado por las sombras, vengativo y salvaje, desprovisto de razón, ciego y enajenado por el odio? L191.1

 

¿Quién puede nacer de nuevo en Cristo sino aquel que ha per­donado a todos los que ve, o en los que piensa o se imagina? 2¿Quién que mantenga a otro prisionero puede ser liberado? 3Un carcelero no puede ser libre, pues se encuentra atado al que tiene preso. 4Tiene que asegurarse de que no escape, y así, pasa su tiempo vigilándolo. 5Y los barrotes que mantienen cautivo al preso se convierten en el mundo en el que su carcelero vive allí con él. 6Sin embargo, de la liberación del preso depende que el camino de la libertad quede despejado para los dos. L192.8

 

Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. 2Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera te liberas tú. 3Los pasos a seguir son muy sencillos. 4Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. 5Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. 6Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a volverte iracundo representa al que te ha de salvar de la prisión de la muerte. 7Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor. L192.9

 

La culpa se debe abandonar, no ocultar. 2Esto no se puede hacer sin cierto dolor, y un vislumbre de la naturaleza misericordiosa de este paso puede verse seguido por un profundo retroceso hacia el miedo durante algún tiempo. 3Pues las defensas del temor son temibles en sí mismas, y cuando se las reconoce, traen consigo su propio miedo. 4Pero ¿qué ventaja ha traído nunca a un prisionero la ilusión del escape? 5Su escape real de la culpa sólo puede venir del reconocimiento de que la culpa se ha ido. 6Y cómo puede reconocerse esto mientras la esconda en otro, y no la vea como suya? 7El miedo al escape hace difícil dar la bienvenida a la libertad, y convertir a un enemigo en carcelero aparenta ser seguridad. 8¿Cómo, entonces, puede él ser liberado sin un miedo demente de ti mismo? 9Has hecho de él tu salvación y escape de la culpa. 10Tu inversión en este escape es grande, y fuerte tu miedo de soltarla. O1-III.4

 

Aquiétate un instante, ahora, y piensa en lo que has hecho. 2No olvides que fuiste tú quien lo hizo, y quien puede por lo tanto soltarlo. 3Extiende tu mano. 4Este enemigo ha venido a bendecirte. 5Recibe su bendición, y siente cómo tu corazón se eleva y tu miedo es soltado. 6No te aferres al miedo, ni a él. 7Él es un Hijo de Dios, junto contigo. 8No es un carcelero, sino un mensajero de Cristo. 9Sé esto para él, para que puedas verlo así. O1-III.5

 

No es fácil darse cuenta de que orar para pedir cosas, posición social, amor humano, “regalos” externos de la clase que sean, se hacen siempre para establecer carceleros y esconderse de la culpa. 2Estas cosas se emplean como metas que sustituyen a Dios y, por lo tanto, distorsionan el propósito de la oración. 3Desearlas es orar por ellas. 4Uno no necesita pedir explícitamente. 5La meta de alcanzar a Dios se pierde de vista cuando se va en pos de metas menores de la clase que sea, y la oración se convierte en pedir enemigos. 6El poder de la oración puede ser reconocido con gran claridad incluso en esto. 7Nadie que desee un enemigo dejará de encontrarlo. 8Pero con igual seguridad perderá la única meta verdadera que se le ofrece. 9Piensa en el coste, y entiéndelo bien. 10El coste de todas las demás metas es Dios. O1-III.6

Urtext.p36 La furia proviene de tu toma de conciencia de que no amas como debieras, y estrechas tu falta de amor centrando tu odio en el comportamiento trivial de tu hermano. Proyectas tu falta de amor sobre otros y los castigas por pequeñeces que tú mismo has hecho durante años. Esto debiera afrontarse con gran caridad más que con gran furia.

T2-V.9 Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separa­ción, antes de la cual era innecesaria. 2Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio. 3Mientras el tiempo continúe, no obstante, la curación seguirá siendo necesaria como medio de protección. 4Esto se debe a que la curación se basa en la caridad, y la caridad es una forma de perci­bir la perfección en otro aun cuando no puedas percibirla en ti mismo. 5La mayoría de los conceptos más elevados que ahora eres capaz de concebir dependen del tiempo. 6La caridad, en realidad, no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador, el cual está mucho más allá de cualquier forma de caridad que te hayas podido imaginar hasta ahora. 7La caridad es esencial para la mentalidad recta aun en la pequeña medida en que ahora puedas alcanzarla.

T2-V.10 La caridad es una manera de ver a otro como si ya hubiese llegado mucho más allá de lo que en realidad ha logrado en el tiempo hasta ahora. 2Puesto que su pensamiento tiene fallos, no puede ver que la Expiación es para él, pues, de otro modo, no tendría necesidad de caridad. 3La caridad que se le concede es a la vez una confirmación de que necesita ayuda, así como el reco­nocimiento de que la aceptará. 4Estas dos percepciones denotan claramente su dependencia del tiempo, haciendo patente el hecho de que la caridad opera todavía dentro de las limitaciones de este mundo. 5Dije anteriormente que sólo la revelación trans­ciende el tiempo. 6El milagro, al ser una expresión de caridad, tan sólo puede acortarlo. 7Hay que entender, no obstante, que cuando le ofreces un milagro a otro estás acortando su sufri­miento y el tuyo. 8Esto corrige tanto retroactivamente como pro­gresivamente.

T4.II.4:4 La manera en que reaccionas ante tu ego es similar a como Dios reacciona ante Sus Creaciones: con amor, con protec­ción y con caridad.

T4-II.6 Sólo aquellos que tienen una sensación real y duradera de abundancia pueden ser verdaderamente caritativos. 2Esto resulta obvio cuando consideras lo que realmente quiere decir ser carita­tivo.

T4-II.7:1-2 El ego vive literalmente a base de comparaciones. La igualdad es algo que está más allá de lo que puede entender y, por lo tanto, le es imposible ser caritativo.

T16-II.7:7-8 Dios dispone para ti algo mejor. ¿No podrías contemplar con más caridad a quien Dios ama con perfecto amor?

T20-III.11:4-5 Si mira dentro de sí mismo con caridad, ¿qué podría inspirarle temor afuera? Los inocentes ven seguridad.

T22-VI.9:1-4 ¿Qué otra cosa podría ser contemplar con caridad aquello que tu Padre ama, sino una bendición universal? Extender el perdón es la función del Espíritu Santo. Deja eso en Sus manos. Ocúpate únicamente de entregarle aquello que se puede extender.

T26-IV.1:4 Lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia.

T27-II.1:4-10 ¿Quién que haya sido herido por su hermano podría amarlo aún y confiar en él? Pues su hermano lo atacó y lo volverá a hacer. No lo protejas, ya que tu cuerpo lesionado demuestra que es a ti a quien se debe proteger de él. Tal vez perdonarlo sea un acto de caridad, pero no es algo que él se merezca. Se le puede compadecer por su culpabilidad, pero no puede ser eximido. Y si le perdonas sus transgresiones, no haces sino añadir otro fardo más a la culpabilidad que realmente ya ha acumulado.

T27-VII.16:3-4 Ve todos los regalos que tu hermano te hace a la luz de la caridad y bondad que se te ofrece. Y no dejes que ningún dolor perturbe tu sueño de profunda gratitud por los regalos que te hace.

LpI-126.3:1-2 Cuando “perdonas” un pecado, no ganas nada con ello directa­mente. Es una ofrenda de caridad a alguien que no se la merece, a fin de demostrar simplemente que tú eres mejor y que te encuen­tras en un plano superior a él.

O2-II.1:1-2 El perdón para destruir toma muchas formas, pues es un arma del mundo de la forma. No todas ellas son obvias, y algunas se ocultan cuidadosamente bajo lo que aparenta ser caridad.

O2-II.4:2-5 La meta de aquellos que buscan el papel de ser mártires a manos de otro. El objetivo tiene que verse claramente, pues esto puede pasar por mansedumbre y caridad en vez de crueldad. ¿No es amable aceptar el rencor de otro, y no responder excepto con silencio y una dulce sonrisa? Contempla lo bueno que eres tú que soportas con paciencia y santidad la ira y el daño que otro te inflige, y no muestras el amargo dolor que sientes.

O3-I.5:2-3 El mundo de los opuestos es el lugar de la sanación, pues ¿qué podría necesitar sanación en el Cielo? Tal como la oración en el mundo puede pedir equivocadamente y la aparente caridad puede perdonar para matar, la sanación puede ser tanto falsa como verdadera; testigo del poder del mundo o del interminable Amor de Dios.

FRASES RELACIONADAS

T25-II.8:7 Por mucho que él pase por alto la obra maestra en sí mismo y vea sólo un marco de tinieblas, tu única función sigue siendo ver en él lo que él no ve. T25-II.8:7

Apóstol Juan, Cumbre y llanuras, p.890 La caridad con el prójimo. Vista a través de la mente divina del Cristo, Señor nuestro. No es la moneda en la mano tendida a nuestro paso, ni la túnica nueva para quien la lleva desgarrada, ni el pan y el vino sobre la mesa, ni la lumbre en el hogar. Es ante todo y por encima de todo la palabra suave que consuela y alienta, la piedad misericordiosa que perdona y oculta los pecados del hermano para que el mundo malévolo no le arroje piedras ni lo lleve al patíbulo; es el abrirle camino de justicia y rectitud iluminado por el amor y la fe, florecido de esperanza y alegría para desenvolver su vida en el marco sagrado y bendito de la Eterna Ley. Es apartarle las piedras del camino cuando las fuerzas no le alcanzan para saltar las barreras que se le oponen al deber; es arrojarle una tabla al mar de su vida borrascosa para salvarle del naufragio; es tenderle las manos para sacarle de un abismo sin avergonzarle por haber caído en él. Es entonces cuando se cumple la palabra del Santo entre los santos, cuando dijo: “buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás vendrá por añadidura.” Es, una palabra, el Amor que se da generosamente en pensamiento, palabras y acciones sin pedir nada y sin esperar ninguna recompensa.

Si se examina la crucifixión desde un punto de vista inver­tido, parece como si Dios hubiese permitido, e incluso fomentado, el que uno de Sus Hijos sufriese por ser bueno. 6Esta desafortu­nada interpretación, que surgió como resultado de la proyección, ha llevado a muchas personas a vivir sumamente atemorizadas de Dios. 7Tales conceptos antirreligiosos se infiltran en muchas reli­giones Urtext.p128y esto no es por casualidad ni coincidencia. 8El auténtico cristiano, sin embargo, debería hacer una pausa y preguntarse: “¿Cómo iba a ser posible esto? 9¿Cómo iba a ser posible que Dios Mismo fuese capaz de albergar el tipo de pensamiento que Sus Propias palabras han señalado claramente que es indigno de Su Hijo?” T3.I.1

Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. 2Es imposible que él mismo no haya ele­gido las cosas que le suceden. 3Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. 4Y ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó, fuera del cual no existe nada. T21-II.3

El plan dispone que cada maestro de Dios establezca contactos muy específicos. 6En la salvación no hay coincidencias. 7Los que tienen que conocerse se conocerán, ya que juntos tienen el potencial para desarrollar una relación santa. 8Están listos el uno para el otro. M3.1

Cada situación de enseñanza-aprendizaje es máxima, en el sen­tido de que cada persona involucrada aprende lo máximo que puede de la otra en ese momento. 2En ese sentido, y sólo en ese sentido, podemos hablar de niveles de enseñanza. 3Si usamos esta definición de niveles de enseñanza, el segundo nivel es una rela­ción más prolongada en la que, por algún tiempo, dos personas se embarcan en una situación de enseñanza-aprendizaje bastante intensa, y luego parecen separarse. 4Al igual que en el primer nivel, estos encuentros no son por casualidad, ni lo que aparenta ser el final de la relación es realmente un final. 5Una vez más, cada uno de ellos aprendió lo máximo posible durante el tiempo que estuvieron juntos. 6Los que se han conocido, no obstante, volverán algún día a encontrarse, pues el destino de toda relación es hacerse santa. 7Dios no se equivoca con respecto a Su Hijo. M3.4

Donde se requieren cambios es en las mentes de los maestros de Dios. 2Esto puede entrañar o no cambios en las condiciones externas. 3Recuerda que nadie está donde está por casualidad y que nada en el plan de Dios es al azar. M9.1

Hay una regla que siempre debe observarse: no se debe rechazar a nadie porque no pueda pagar. 2 Nadie es enviado a otro por casualidad. 3 Las relaciones siempre tienen un propósito. P3-III.6

El obrador de milagros debe poseer un genuino respeto por la verdadera ley de causa y efecto como condición previa para que se produzca el milagro. T2-VII.2

 

En realidad, “Causa” es un término que le corresponde propiamente a Dios, y Su “Efecto” es Su Hijo. T2-VII.3

 

No te permitas sufrir por causa de las consecuencias imaginarias de lo que no es real. T8-VII.16

 

El ego no convoca testigos que disientan de su causa, de la misma manera en que el Espíritu Santo tampoco lo hace. T8-VIII.4

 

El miedo no puede ser real sin una causa, y Dios es la única Causa. Dios es

Amor y Él es ciertamente lo que tú deseas. Ésa es tu voluntad. Pide esto y se te concederá porque estarás pidiendo únicamente lo que ya es tuyo. T9-I.9

 

Nada externo a ti puede hacerte temer o amar porque no hay nada externo a ti. Tanto el tiempo como la eternidad se encuentran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eternidad. No podrás hacer esto mientras sigas creyendo que la causa de cualquier cosa que te esté ocurriendo se encuentra en factores externos a ti. T10-In.1

 

El miedo es un síntoma de tu profunda sensación de pérdida. Si al percibirlo en otros aprendes a subsanar la sensación pérdida, se elimina la causa básica del miedo. T12-I.9

 

El Padre jamás cesa de mantener vivo en Él el recuerdo de Su Hijo, y el Espíritu Santo jamás cesa de mantener vivo en el Hijo el recuerdo de su Padre. Dios está en tu memoria por causa de Él. Tú decidiste olvidar a tu Padre, pero eso no es realmente lo que quieres

hacer, por lo tanto, puedes decidir de otra manera. T12-VI.2

 

El Padre ha ocultado a Su Hijo dentro de Sí Mismo, manteniéndolo a salvo y alejado de tus pensamientos destructivos, por causa de los cuales no conoces al Padre ni al Hijo. T12-VIII.1

 

Es inevitable que quienes experimentan culpabilidad traten de desplazarla, pues creen en ella. Sin embargo, aunque sufren, no buscan la causa de su sufrimiento dentro de sí mismos para así poder abandonarla. No pueden saber que aman ni pueden entender lo que es amar. Su mayor preocupación es percibir la fuente de la culpabilidad fuera de sí mismos, más allá de su control. T13-X.3

 

El milagro no es causa, sino efecto. T14-III.5

 

Nadie puede hacerle daño al Hijo de Dios. Su culpabilidad es totalmente infundada, y al no tener causa, no puede existir. T14-III.7

 

Dios es la única Causa, y la culpa es algo ajeno a Él. No le muestres a nadie que te ha hecho daño, pues si lo haces, te estarás enseñando a ti mismo que lo que es ajeno a Dios tiene poder sobre ti. Lo que no tiene causa no puede existir. No des testimonio de ello ni fomentes el que ninguna mente lo crea. Recuerda siempre que la mente es una y que la causa es una. No aprenderás a comunicarte con esta unicidad hasta que no

aprendas a negar lo que no tiene causa y a aceptar como tuya la Causa que es Dios. El poder que Dios le ha dado a Su Hijo es suyo y no hay nada más que él pueda ver o elija contemplar sin imponerse a sí mismo la pena de la culpabilidad, en lugar de la feliz enseñanza que gustosamente le ofrecería el Espíritu Santo. T14-III.8

 

Tú que perteneces a la Primera Causa, que fuiste creado por Él a Su Semejanza y como parte de Él, eres mucho más que simplemente inocente. T14-IV.2

 

Cada uno es causa y efecto del otro, de forma tal que donde uno de ellos está ausente, el otro no puede estar. T14-XI.12

 

 

Causa y efecto están claramente definidos en el sistema de pensamiento del ego, pues todo tu aprendizaje ha estado encauzado a establecer la relación que hay entre ellos. T16-III.2

No es lo mismo el concepto de Causa-Efecto del ego que el del Espíritu Santo.

Concepto del ego: tú me atacas (causa), yo te ataco (efecto).

Concepto del Espíritu Santo: tú me atacas (causa), yo te perdono (efecto).

 

 

Has tenido sumo cuidado en evitar lo obvio y en no ver la verdadera relación que existe entre causa y efecto, la cual es perfectamente evidente. Dentro de ti, no obstante, se encuentra todo lo que has enseñado. T16-III.4

 

Lo que nunca existió no tiene causa ni está ahí para obstruir a la verdad. La falta de fe no tiene causa; la fe, en cambio, sí tiene Causa. Esa Causa ha entrado a formar parte de toda situación que comparta Su propósito. La luz de la verdad brilla desde el centro de la situación y ejerce influencia sobre todos aquellos a quienes el propósito de la situación llama.  Y llama a todo el mundo. T17-VII.8

 

Lo que Dios ha dado obedece Sus Leyes y sólo Sus Leyes. Es imposible que aquellos que las obedecen puedan sufrir las consecuencias de cualquier otra causa. T20-IV.3

 

La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. a Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por ende, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de parecer acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. T21-In.1

 

Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo independiente, capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente hablamos de tu deseo de crear tu propio Creador, y de ser Su padre y no Su Hijo. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el Efecto que quiere negar su Causa. Y así, él parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efectos sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos. T21-II.10

 

No olvides que la elección entre el pecado y la verdad o la impotencia y el poder, es la elección entre atacar y curar. Pues la curación emana del poder, y el ataque, de la impotencia. Es imposible que quieras curar a quien atacas. Y el que deseas que sane tiene que ser aquel que decidiste que estuviese a salvo del ataque. ¿Y qué otra cosa podría ser esta decisión sino la elección entre verle a través de los ojos del cuerpo o bien permitir que te sea revelado a través de la visión? La manera en que esta decisión da lugar a sus efectos no es tu problema. Pero tú decides lo que quieres ver. Éste es un curso acerca de causas, no de efectos. T21-VII.7

 

En los sueños, causa y efecto se intercambian, pues en ellos el hacedor del sueño cree que lo que hizo le está sucediendo a él. No se da cuenta de que tomó una hebra de aquí, un retazo de allá y que tejió un cuadro de la nada. Mas las partes no casan, y el todo no les aporta nada que haga que tengan sentido. T24-V.2

 

El estado de impecabilidad es simplemente esto: todo deseo de atacar ha desaparecido, de modo que no hay razón para percibir al Hijo de Dios de ninguna otra forma excepto como es. La necesidad de que haya culpa ha desaparecido porque ya no tiene propósito, y sin el objetivo de pecado no tiene sentido. El ataque y el pecado son una misma ilusión, pues cada uno es la causa, el objetivo y la justificación del otro. T25-V.1

 

Sin amor, la justicia está llena de prejuicios y es débil. Y el amor sin justicia es imposible. Pues el amor es justo y no puede castigar sin causa. ¿Y qué causa podría haber que justificase un ataque contra los que son inocentes? El amor, entonces, corrige todos los errores con justicia, no con venganza. Pues eso sería injusto para con la inocencia. T25-VIII.11

 

Toda enfermedad tiene su origen en la separación. Cuando se niega la separación, la enfermedad desaparece. Pues desaparece tan pronto como la idea que la produjo es sanada y reemplazada por la cordura. Al pecado y a la enfermedad se les considera causa y consecuencia respectivamente, en una relación que se mantiene oculta de la conciencia a fin de excluirla de la luz de la razón. T26-VII.2

 

La Respuesta de Dios está allí donde se encuentra la creencia en el pecado, pues sólo allí se pueden cancelar sus efectos completamente y dejárseles sin causa. T26-VII.5

 

Causa y efecto no son dos cosas separadas, sino una sola. T26-VII.13 Curar un efecto y no su causa tan sólo puede hacer que el efecto cambie de forma. T26-VII.14

 

Una causa futura aún no tiene efectos. Por lo tanto, eso quiere decir que si sientes temor, su causa se encuentra en el presente. Y es esa causa la que necesita corrección, no un estado futuro. T26-VIII.4

 

Todos los planes que haces para tu seguridad están centrados en el futuro, donde no puedes planificar. Todavía no se le ha asignado ningún propósito al futuro, y lo que va a ocurrir aún no tiene causa. ¿Quién puede predecir efectos que no tienen causa? ¿Y quién podría tener miedo de dichos efectos a no ser que pensara que éstos ya han sido causados y los juzgara como desastrosos ahora? La creencia en el pecado da lugar al miedo y, al igual que su causa, mira hacia adelante y hacia atrás, pero pasa por alto lo que se encuentra aquí y ahora. Su causa, sin embargo, sólo puede estar aquí y ahora si sus efectos ya se han juzgado como temibles. Mas cuando esto se pasa por alto se protege la causa y se la mantiene alejada de la curación. Pues el milagro es algo que es ahora. Se encuentra ya aquí, en gracia presente, dentro del único intervalo de tiempo que el pecado y el miedo han pasado por alto, pero que, sin embargo, es el único tiempo que hay. T26-VIII.5

 

Tu función consiste en mostrarle a tu hermano que el pecado carece de causa. T27-I.9

 

Tu cuerpo puede ser el medio para demostrarle que nunca ha sufrido por su causa. T27-II.5

 

Mas le puedes mostrar que su sufrimiento no tiene ningún propósito ni causa alguna. T27-II.8

 

La imagen no tiene causa en absoluto. ¿Quién puede percibir efectos sin causa? ¿Qué puede ser aquello que carece de causa sino la nada? T27-III.3

 

El “razonamiento” que da lugar al mundo, sobre el que descansa y mediante el cual se mantiene vigente es simplemente éste: “Tú eres la causa de lo que yo hago. Tu sola presencia justifica mi ira, y existes y piensas aparte de mí. Yo debo ser el inocente, ya que eres tú el que ataca. Y lo que me hace sufrir son tus ataques”. Todo el que examina este “razonamiento” exactamente como es se da cuenta de que es incongruente y de que no tiene sentido. Sin embargo, da la impresión de ser razonable, ya que ciertamente parece como si el mundo te estuviese hiriendo. Y así, no parece necesario buscar la causa más allá de lo obvio. T27-VII.3

 

Los testigos del pecado ocupan un reducido espacio. Y es ahí donde encuentras la causa de la perspectiva que tienes acerca del mundo. Hubo un tiempo en que no eras consciente de cuál era la causa de todo lo que el mundo parecía hacerte sin tú haberlo pedido o provocado. De lo único que estabas seguro era de que entre las numerosas causas que percibías como responsables de tu dolor y sufrimiento, tu culpabilidad no era una de ellas. Ni tampoco eran el dolor y el sufrimiento algo que tú mismo hubieses pedido en modo alguno. Así es como surgieron todas las ilusiones. El que las teje no se da cuenta de que es él mismo quien las urde ni cree que la realidad de éstas dependa de él. Cualquiera que sea su causa, es algo completamente ajeno a él y su mente no tiene nada que ver con lo que él percibe. No puede dudar de la realidad de sus sueños porque no se da cuenta del papel que él mismo desempeña en su fabricación y en hacer que parezcan reales. T27-VII.7

 

Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y atroz. Mas bajo este sueño yace otro, en el que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del mundo. He aquí la causa del sufrimiento, la brecha entre tus míseros sueños y tu realidad. La pequeña grieta que ni siquiera ves, la cuna de las ilusiones y del miedo, el momento de terror y de un odio ancestral, el instante del desastre, están todos aquí. He aquí la causa de la irrealidad. Mas es aquí donde se deshará. T27-VII.12

 

Tú eres el soñador del mundo de los sueños. Éste no tiene ninguna otra causa ni la tendrá jamás. T27-VII.13

 

 

T4.V.5 Ésta es la pregunta que debes hacerte: “¿A dónde debo acudir en busca de protección?” 2“Busca y hallarás” no significa que tengas que buscar ciega y desesperadamente algo que no podrías reconocer. 3La búsqueda que tiene sentido se emprende consciente­mente, se organiza conscientemente y se dirige conscientemente.

Urtext.p208 La rehabilitación, como movimiento, ha sido una mejora sobre la manifiesta negligencia, pero es a menudo poco más que un doloroso intento por parte del cojo de guiar al ciego. Tenéis miedo de los cuerpos rotos porque vuestro ego no puede tolerarlos.

T7.VI.11 Cuando percibes a la Creación como que tú no formas parte de ella, la consideras débil, y los que se consideran a sí mismos débi­les no pueden sino atacar. 2Mas el ataque tiene que ser ciego porque no hay nada que atacar. 3Por lo tanto, inventan imágenes, las perciben como despreciables y luego las atacan por su falta de valor.

T8-VI.2:1 El mundo no puede añadirle nada al poder y a la gloria de Dios y de Sus santos Hijos, pero si Sus Hijos ponen su atención allí, el mundo puede cegarlos e impedir que vean al Padre.

T11-III.1:7 El conflicto es la raíz de todos los males, pues al ser ciego no ve a quien ataca. 8Siempre ataca, no obstante, al Hijo de Dios, y el Hijo de Dios eres tú.

T12-VI.4 La corrección es para todos aquellos que no pueden ver. 2La misión del Espíritu Santo es abrirle los ojos a los ciegos, pues Él sabe que no han perdido su visión, sino que simplemente duer­men.

T13-II.3 La más tenebrosa de las piedras angulares que ocultas, man­tiene tu creencia en la culpabilidad fuera de tu conciencia, 2pues en ese lugar tenebroso y secreto yace el reconocimiento de que has traicionado al Hijo de Dios al haberlo condenado a muerte. 3Tú ni siquiera sospechas que esta idea asesina, aunque demente, yace ahí oculta, pues las ansias destructivas del ego son tan inten­sas que sólo la crucifixión del Hijo de Dios puede, en última ins­tancia, satisfacerle. 4No sabe quién es el Hijo de Dios porque es ciego. 5Mas permítele percibir inocencia en cualquier parte, y tra­tará de destruirla debido a su miedo.

T13-IX.7 La culpabilidad te ciega, pues no podrás ver la luz mientras sigas viendo una sola mancha de culpabilidad dentro de ti.

T13-IX.8 No tengas miedo de mirar en tu interior. 2El ego te dice que lo único que hay dentro de ti es la negrura de la culpabilidad, y te exhorta a que no mires. 3En lugar de eso, te insta a que contemples a tus hermanos y veas la culpabilidad en ellos. 4Mas no puedes hacer eso sin condenarte a seguir estando ciego, 5pues aquellos que ven a sus hermanos en las tinieblas, y los declaran culpables en las tinieblas en las que los envuelven, tienen demasiado miedo de mirar a la luz interna.

T15-II.5:4 Puedes practicar el mecanismo del instante santo y aprender mucho de ello. 5Mas no puedes suplir su deslumbrante y reluciente fulgor, que literalmente te cegará sólo con que lo veas, impidiéndote ver este mundo.

T15-III.1:6 Cuando te lanzas en pos de cualquier cosa en este mundo creyendo que te ha de brindar paz, estás empequeñeciéndote y cegándote a la gloria.

T15-VII.3:4 La atracción de la culpabilidad es algo valioso para ti debido únicamente a que no has examinado lo que es y, por lo tanto, la has juzgado completa­mente a ciegas.

T16-II.8 No hagas interpretaciones que se opongan al Amor de Dios, pues tienes muchos testigos que hablan de él tan claramente que sólo los ciegos y los mudos podrían no verlos ni oírlos.

T18-VIII.13 Has llegado al final de una jornada ancestral, y aún no te has dado cuenta de que ya concluyó. 2Todavía estás exhausto, y el polvo del desierto aún parece empañar tus ojos y cegarte. 3Pero Aquel a Quien has dado la bienvenida ha venido a ti y quiere darte la bienvenida.

T19-III.10:6 Las barreras que impiden el paso al Cielo de­saparecerán ante tu santa mirada, pues a ti que eras ciego se te ha concedido la visión y ahora puedes ver.

T19-III.11 Mira a tu Redentor y contempla lo que Él quiere que tú veas en tu hermano, y no permitas que el pecado vuelva a cegar tus ojos.

T20-III.7:10 A lo único que es ciego en todo el universo vidente de la verdad le preguntas: “¿Cómo debo contemplar al Hijo de Dios?”

T21-I.1:1 No te olvides nunca de que el mundo que “ven” los ciegos tiene que ser imaginario, pues desconocen el verdadero aspecto del mundo. 2Tienen que inferir lo que se puede ver basándose en datos que son siempre indirectos y reformular sus deducciones según tropiezan y se caen debido a lo que no reconocieron, o bien pasar sin sufrir daño alguno a través de puertas abiertas que ellos creían cerradas.

T20-I.4 Los ciegos se acostumbran a su mundo adaptándose a él. 2Creen saber cómo desenvolverse en él. 3Han aprendido a hacerlo, pero no a través de lecciones gozosas, sino a través de la dura necesidad impuesta por las limitaciones que no creían poder superar. 4Y como todavía lo siguen creyendo, tienen en gran estima a esas lecciones y se aferran a ellas porque no pueden ver. 5No entienden que son las lecciones en sí las que los mantienen ciegos. 6Eso no lo creen. 7Y así, conservan el mundo que apren­dieron a “ver” en su imaginación, creyendo que sólo pueden ele­gir entre eso o nada. 8Odian el mundo que aprendieron a conocer mediante el dolor. 9Y todo lo que creen que habita en él sólo sirve para recordarles que están incompletos y que se les ha privado injustamente de algo.

T21-III.12 El cuerpo se concibió para que sirviese de sacrificio al pecado, y así es como aún se le considera en las tinieblas. 2A la luz de la visión, no obstante, se le considera de manera muy distinta. 3Pue­des confiar en que servirá fielmente al propósito del Espíritu Santo, y puedes conferirle poder para que se vuelva un instru­mento de ayuda a fin de que los ciegos puedan ver.

T21-IV.2 Recuerda que el ego no está solo. 2Su dominio está circunscrito, y teme a su “enemigo” desconocido, a Quien ni siquiera puede ver. 3Te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará.

T24-II.12 El deseo de ser especial es el sello de la traición impreso sobre el regalo del amor. 2Todo lo que apoya sus propósitos no tiene otro objetivo que el de matar. 3Todo regalo que lleve impreso su sello no ofrece otra cosa que traición al que lo da y al que lo recibe. 4Ni una sola mirada de los ojos que él ciega deja de con­templar escenas de muerte.

T24-VI.6:4 En la santidad de tu hermano -el marco perfecto para tu salva­ción y para la salvación del mundo- se encuentra el radiante recuerdo de Aquel en Quien tu hermano vive y en Quien tú vives junto con él. 5No te dejes cegar por el velo del deseo de ser espe­cial que oculta la faz de Cristo de los ojos de tu hermano, así como de los tuyos.

T25-VIII.4:6 El sacrificio es el pago que se ofrece por el costo del pecado, pero no es el costo total. 7El resto se toma de otro y se deposita al lado de tu pequeño pago, para así “expiar” por todo lo que quieres conservar y no estás dispuesto a abandonar. 8De esta forma consideras que tú eres en parte la víctima, pero que alguien más lo es en mayor medida. 9Y en el costo total, cuanto más grande sea la parte que el otro pague, menor será la que pagues tú. 10Y la justicia, al ser ciega, queda satisfecha cuando recibe su pago, sin que le importe quién es el que paga.

T28-V.4:4 Los panoramas y los sonidos que el cuerpo percibe no significan nada. 5El cuerpo no puede ver ni oír. 6No sabe lo que es ver, ni para qué sirve escuchar. 7Es tan incapaz de percibir como de juz­gar; de entender como de saber. 8Sus ojos son ciegos; sus oídos, sordos. 9No puede pensar y, por lo tanto, no puede tener efectos.

T31-II.11:7 Hay Alguien a tu lado que ilu­mina tu camino, de modo que puedas dar cada paso con certeza y sin ninguna duda con respecto a qué camino seguir. 8Tener los ojos vendados puede ciertamente cegarte, mas no puede hacer que el camino en sí sea oscuro. 9Y Aquel que viaja contigo tiene la luz.

L78-4 Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. 2No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resenti­mientos. 3Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo.

L95-2 Crees ser una ridícula parodia de la creación de Dios: débil, perverso, lleno de fealdad y de pecado, abatido por la miseria y agobiado por el dolor. 2Tal es la versión que tienes de ti mismo: un ser dividido en muchas partes conflictivas y separadas de Dios que a duras penas se mantienen unidas por su errático y capri­choso hacedor, a quien rezas. 3Él no oye tus rezos, pues es sordo. 4No ve tu unidad, pues es ciego. 5No entiende que tú eres el Hijo de Dios, pues es insensato y no comprende nada.

L130-2 Sin embargo, ¿quién puede odiar y al mismo tiempo amar? 2¿Quién puede anhelar aquello que él no desea que sea real? 3¿Quién puede elegir ver un mundo del que tiene miedo? 4El miedo no puede sino cegar, pues ésta es su arma: que no puedes ver aquello que temes ver. 5El amor y la percepción, por lo tanto, van de la mano, pero el miedo oculta en las tinieblas lo que se encuentra ahí.

L130-3 ¿Qué puede, entonces, proyectar el miedo sobre el mundo? 2¿Qué puede verse en las tinieblas que sea real? 3La verdad se ve eclipsada por el miedo, y el resto es todo imaginado. 4Mas ¿qué puede ser real en las ciegas imaginaciones nacidas del pánico? 5¿Qué es lo que quieres para que sea esto lo que se te muestra? 6¿Qué ibas a querer conservar de un sueño así?

L136-10 Tal es el plan que has elaborado para tu propia defensa. 2Y crees que el Cielo se estremece ante ataques tan irracionales como éstos, en los que Dios queda cegado por tus ilusiones, la verdad transformada en mentiras y todo el universo hecho esclavo de las leyes que tus defensas quieren imponerle. 3Mas ¿quién podría creer en ilusiones salvo el que las inventa?. 4¿Quién más podría verlas y reaccionar ante ellas como si fuesen la verdad?

L151-3 ¿Cómo ibas a poder juzgar? 2Tus juicios se basan en el testimo­nio que te ofrecen los sentidos. 3No obstante, jamás hubo testi­monio más falso que ése. 4Mas ¿de qué otra manera excepto ésa, juzgas al mundo que ves? 5Tienes una fe ciega en lo que tus ojos y tus oídos te informan. 6Crees que lo que tus dedos tocan es real y que lo que encierran en su puño es la verdad. 7Esto es lo que entiendes, y lo que consideras más real que aquello de lo que da testimonio la eterna Voz que habla por Dios Mismo.

L159-5 La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. 2Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón. 3Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, transparentes, apenas visibles, relegadas al olvido a veces e incapaces de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas. 4A la visión se le ha restituido la santidad, y ahora los ciegos pueden ver.

L170-11 No hay duda acerca de la elección que hoy has de llevar a cabo. 2Pues hoy posarás tu mirada por última vez sobre ese bloque de piedra que tú mismo esculpiste, y dejarás de llamarle dios. 3Has llegado hasta este punto antes, pero has elegido que ese dios cruel permanezca contigo en otra forma. 4Y por eso el temor a Dios volvió a apoderarse de ti. 5Pero esta vez lo dejarás allí. 6Y al volver regresarás a un mundo nuevo, aliviado de ese peso; un mundo que no se ve a través de sus ojos ciegos, sino a través de la visión que te ha sido restituida gracias a tu elección.

L184-14 Y si bien utilizamos un nombre distinto para cada aspecto de la conciencia del Hijo de Dios, comprendemos que todos com­parten el mismo Nombre, el cual Él les ha dado. 2Este es el Nom­bre que usamos en nuestras prácticas. 3Y al usarlo, todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos desaparecen. 4Y se nos concede la fortaleza necesaria para poder ver más allá de ellas. 5Ahora nuestra vista queda bendecida con las bendicio­nes que podemos dar según las recibimos.

L189-1 Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir. 2Y con sus ojos no la podrás ver, pues estás cegado por él. 3No obstante, tienes ojos con los que poder verla. 4Está ahí para que la contem­ples. 5No se puso en ti para que se mantuviese oculta de tu vista. 6Esta luz es un reflejo del pensamiento con el que practicamos ahora. 7Sentir el Amor de Dios dentro de ti es ver el mundo reno­vado, radiante de Inocencia, lleno de esperanza y bendecido con perfecta caridad y amor.

L191-1 He aquí la declaración de tu liberación de las cadenas del mundo. 2Y he aquí asimismo la liberación del mundo entero. 3No te das cuenta de lo que has hecho al asignarle al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios. 4¿Qué podría ser entonces sino un mundo depravado y temeroso, amedrentado por las sombras, vengativo y salvaje, desprovisto de razón, ciego y enajenado por el odio?

L218-1:2 Mi condenación nubla mi visión, y a través de mis ojos ciegos no puedo ver la visión de mi gloria. 3Mas hoy puedo contemplar esta gloria y regocijarme.

L247 Sin el perdón aún estaría ciego.

L327-1 No se me pide que acepte la salvación sobre la base de una fe ciega. 2Pues Dios ha prometido que oirá mi llamada y que Él Mismo me contestará.

L352-1:3 Los juicios me vendan los ojos y me ciegan.

M13-5 ¿Cuál es el verdadero significado del sacrificio? 2Es el costo de creer en las ilusiones. 3Es el precio que hay que pagar por negar la verdad. 4No hay placer en el mundo que no exija esto, pues, de otra manera, se vería que el placer es dolor, y nadie pediría dolor si reconociera que eso es lo que está pidiendo. 5La idea de sacrifi­cio es la que lo ciega.

FRASES RELACIONADAS

Mateo 9:27-31 Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David». Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?». Ellos le respondieron: «Sí, Señor». Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído». Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa». Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

Mateo 20:29-30 Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús. Había dos ciegos sentados al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!». La multitud los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!». Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué quieren que haga por ustedes?». Ellos le respondieron: «Señor, que se abran nuestros ojos». Jesús se compadeció de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo siguieron.

Mateo23:26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio.

Tomás89 ¿Por qué laváis el exterior del cáliz? ¿No notáis que quien crea el interior, también es quien crea el exterior?

El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. T1-II.6:9

 

El que obra milagros, por lo tanto, acepta gustosamente el factor de control del tiempo. Reconoce que cada colapso de tiempo nos acerca más a todos al punto en el que finalmente nos podemos liberar de él y en el que el Hijo y el Padre son uno. T1-V.2:3-4

 

No puedo permitir que dejes de vigilar a tu mente, ya que de otro modo no podrías ayudarme. Obrar milagros requiere el que uno se dé cuenta plenamente del poder de los pensamientos a fin de evitar las creaciones falsas. De lo contrario, sería necesario un milagro que rectificase a la mente misma, proceso circular éste que no propiciaría el colapso del tiempo que es para lo que el milagro se concibió. El obrador de milagros debe poseer un genuino respeto por la verdadera ley de causa y efecto como con­dición previa para que se produzca el milagro. T2-VII.2:1-4

 

 

T1.III.6:5 Tú no puedes comportarte de manera apropiada a menos que percibas correctamente, Urtext.p35 porque el comportamiento apropiado depende de la falta de confusión de niveles. La presencia de confusión de niveles siempre da resultados variables en la prueba de la realidad, y de aquí se deduce la variabilidad en la idoneidad del comportamiento. Todas las formas de degradación de la propia imagen son fundamentalmente distorsiones perceptuales. Producen inevitablemente autodesprecio o proyección y habitualmente ambos.

Urtext.p36 La furia proviene de tu toma de conciencia de que no amas como debieras, y estrechas tu falta de amor centrando tu odio en el comportamiento trivial de tu hermano. Proyectas tu falta de amor sobre otros y los castigas por pequeñeces que tú mismo has hecho durante años.

Urtext.p57 Tras la separación, las necesidades se convirtieron en la fuente más potente de motivación de las acciones humanas. Todo comportamiento está esencialmente motivado por necesidades, pero el comportamiento mismo no es un atributo Divino. El cuerpo es el mecanismo para el comportamiento. Nadie se molestaría en cambiar si no pensara que por alguna razón está mejor con el cambio. Esto es muy cierto. Creer que podría “estar mejor” es la razón por la que el hombre tiene el mecanismo del comportamiento a su disposición. Por eso la Biblia dice “Por sus actos los conoceréis”.

Urtext.p82 Solo tras la separación fue necesario dirigir la fuerza creativa al aprendizaje, porque se había vuelto obligatorio un cambio de comportamiento.

T2.V.4 El sanador que confía en su propio estado de preparación pone en peligro su entendimiento. 2Estás perfectamente a salvo siempre que no te preocupes en absoluto por tu estado de prepa­ración, pero mantengas firme confianza en el mío. Urtext.p93 Errores de este tipo introducen inevitablemente ineficiencia en el comportamiento del obrador de Milagros e interrumpen temporalmente su mentalidad milagrosa.

T2-VI.2:2-3 Tú no justificarías un comportamiento demente por tu parte diciendo que no pudiste evitarlo. ¿Por qué, entonces, condonas pensamientos dementes?

T2-VI.3:4 Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo.

T2-VI.5 El miedo es siempre un signo de tensión que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces. 2Esta situación se presenta de dos maneras: Primera, puedes elegir hacer cosas con­flictivas, ya sea simultánea o sucesivamente. 3Esto da lugar a un comportamiento conflictivo, lo cual te resulta intolerable porque la parte de la mente que quiere hacer otra cosa se enfurece. 4Segunda, puedes comportarte de acuerdo a como crees que debes, más sin querer hacerlo realmente. 5Esto da lugar a un com­portamiento congruente, pero conlleva gran tensión. 6En ambos casos, la mente y el comportamiento están en desacuerdo, lo cual da lugar a una situación en la que estás haciendo algo que real­mente no quieres hacer. 7Esto suscita una sensación de coerción que normalmente produce furia, y es muy probable que también dé lugar a proyecciones. 8Siempre que tienes miedo, es porque aún estas indeciso. 9Tu mente se encuentra, por lo tanto, dividida y tu comportamiento inevitablemente se vuelve errático. 10La corrección a nivel de comportamiento puede cambiar el error del primer tipo al segundo, mas no elimina el miedo.

Urtext.p107 La energía puede emanar tanto de la Creación como de la falsa creación y el porcentaje particular entre ellas en un momento determinado determina el comportamiento en ese momento.

Urtext.p117 Vagamente sabes que este Curso está pensado para algún tipo de preparación. Solo puedo decirte que aún no estás preparado, pues hay cosas que aún te asustan y el temor te lleva a mostrar desinterés por aprender. El interés y el miedo no van juntos, como claramente muestra tu comportamiento.

T3-III.2:9 La forma en que percibes en cualquier momento dado determina tu comportamiento, y las acciones sólo pueden ocurrir en el tiempo.

T3-V.3:5 Cuando tu comportamiento es inestable, estás en desacuerdo con la Idea que Dios tiene acerca de tu creación.

T4-IV.1:1-3 Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla. Pero que sí escuchas a la voz de tu ego lo demues­tran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. No obstante, eso es lo que quieres.

Urtext.p218 La psicología se ha convertido en el estudio del comportamiento, pero nadie niega que la ley básica del comportamiento es una respuesta a la motivación, y motivación es voluntad.

T5-V.8:3-6 Cualquier decisión de la mente afecta tanto al comportamiento como a la experiencia. Lo que tú deseas, esperas que tenga lugar. Esto no es algo ilusorio. Tu mente forja tu futuro, y se lo devolverá a la creación plena en cual­quier momento si primero acepta la Expiación.

T6-I.16:6 Todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan.

T7-V.2:4 Ni la enseñanza ni el aprendizaje tienen lugar en el nivel del comportamiento, toda vez que puedes actuar de acuerdo con lo que no crees.

T12-I.2:4 Puedes entonces controlar tus reacciones en lo que respecta a tu comportamiento, pero no en lo que respecta a tus emociones.

T13-II.4:1-2 Gran parte del extraño comportamiento del ego se puede atri­buir directamente a su definición de la culpabilidad. Para el ego, los inocentes son culpables.

T18-I.3 La única emoción en la que la substitución es imposible es el amor. 2El miedo, por definición, conlleva substitución, pues es el substituto del amor. 3El miedo es una emoción fragmentada y fragmentante. 4Parece adoptar muchas formas y cada una parece requerir el que uno actúe de modo diferente para poder obtener satisfacción. 5Si bien esto parece dar lugar a un comportamiento muy variable, un efecto mucho más serio reside en la percepción fragmentada de la que procede dicho comportamiento. 6No se considera a nadie como un ser completo. 7Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de éste, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo.

T23-II.10 Todos los mecanismos de la locura se hacen patentes aquí: el “enemigo” que se fortalece al mantener oculto el valioso legado que debería ser tuyo; la postura que adoptas y el ataque que infli­ges, los cuales están justificados por razón de lo que se te ha negado; y la pérdida inevitable que el enemigo debe sufrir para que tú te puedas salvar. 2Así es como los culpables declaran su inocencia. 3Si el comportamiento inescrupuloso del enemigo no los forzara a este vil ataque, sólo responderían con bondad. 4Pero en un mundo despiadado los bondadosos no pueden sobrevivir, de modo que tienen que apropiarse de todo cuanto puedan o dejar que otros se apropien de lo que es suyo.

LpI-72.3:2-6 Examinemos cuáles son las cosas contra las que tienes la tendencia a abrigar resentimientos. ¿Acaso no están siempre asociadas con algo que un cuerpo hace? Una persona dice algo que no te gusta. O bien hace algo que te desagrada. Dicha persona “delata” sus pensamientos hostiles con su comportamiento.

T21-In.1:7 No trates de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de parecer acerca de él.

El compromiso implica la dedicación y la lealtad hacia una causa, objetivo o persona. Es un vínculo emocional y una promesa de cumplir con lo acordado. Está relacionado con la voluntad de cumplir con los compromisos adquiridos, mantener la palabra y trabajar activamente para alcanzar los objetivos establecidos.

Al comprometernos, ponemos al máximo nuestras capacidades para sacar adelante la tarea encomendada.

Algunos ejemplos: dejar alguna adicción, cuidarse mejor a uno mismo, conciliar el trabajo y la familia, trabajar mucho para conseguir algún deseo material especial, introducir algún cambio grande deseado…

Para comprometerse es indispensable que el propósito se establezca desde la sinceridad con uno mismo y siendo consciente de tus propias limitaciones. El compromiso personal es una declaración de principios. El compromiso, por lo tanto, debe ser humilde y adaptado a tus aptitudes o recursos.

T2.II.7 La Expiación es un compromiso total. 2Puede que aún asocies esto con perder, equivocación ésta que todos los Hijos de Dios separados cometen de una u otra forma.

T7.VI.5 El ego, por consiguiente, se opone a toda muestra de aprecio, a todo reconocimiento, a toda percepción sana, así como a todo conocimiento. 2Percibe la amenaza que todo ello representa como una amenaza total porque sospecha que todos los compromisos que la mente contrae son totales.

T7-VI.9 Tu mente está dividiendo su lealtad entre dos reinos, y tú no te has comprometido completamente con ninguno de ellos.

Te has condenado a ti mismo. T8-VII.15:4

Cuando ves a tu hermano como un cuerpo, lo estás condenando porque te has condenado a ti mismo. T8-VII.15:7

 

Tu hermano tiene tanta razón como tú, y si crees que está equivocado te estás condenando a ti mismo. T9-III.5:6

 

Si eliges considerarte a ti mismo como incapaz de ser amoroso no podrás ser feliz. Te estarás auto condenando y no podrás por menos que considerarte inadecuado. T9-VII.5:1-2

 

¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? ¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? ¿Te gustaría trascen­der tu prisión y ascender hasta el Padre? Estas preguntas son todas la misma y se contestan al unísono. T11-VI.2:1-4

 

Si lo que percibes te ofende, te ofendes a ti mismo y condenas al Hijo de Dios a quien Dios no condena. Deja que el Espíritu Santo elimine todas las ofensas que el Hijo de Dios comete contra sí mismo y no percibas a nadie si no es a través de Su consejo, pues Él quiere salvarte de toda condenación. Acepta Su poder sanador y extiéndelo a todos los que Él te envíe, pues Su Voluntad es sanar al Hijo de Dios, con respecto al cual Él no se engaña. T11-VIII.12:3-5

 

Recuerda, pues, que cada vez que miras fuera de ti y no reaccionas favorablemente ante lo que ves, te has juzgado a ti mismo como indigno y te has condenado a muerte. T12-VII.13:1

 

Si no te sintieses culpable no podrías atacar, pues la condena­ción es la raíz del ataque. La condenación es el juicio que una mente hace contra otra de que es indigna de amor y merecedora de castigo. Y en esto radica la división, pues la mente que juzga se percibe a sí misma como separada de la mente a la que juzga, creyendo que al castigar a otra mente, puede ella librarse del cas­tigo. T13-In.1:1-4

 

Sólo te puedes condenar a ti mismo. T13-I.6:4

 

La más tenebrosa de las piedras angulares que ocultas, man­tiene tu creencia en la culpabilidad fuera de tu conciencia, pues en ese lugar tenebroso y secreto yace el reconocimiento de que has traicionado al Hijo de Dios al haberlo condenado a muerte. T13-II.3:1-2

 

Los que viven engañados pueden ser muy destructivos, pues no se dan cuenta de que se han condenado a sí mismos. No desean morir, sin embargo no dejan de condenar. T13-V.4:1-2

 

Los que se sienten culpables siempre condenan, y una vez que han conde­nado lo siguen haciendo, vinculando el futuro al pasado tal como estipula la ley del ego. T13-IX.1:2

 

No hagas de nadie un ser temible, pues su culpabilidad es la tuya, y al obedecer las severas órdenes del ego, haces que su condena recaiga sobre ti y no podrás escapar del castigo que él inflige a los que lo obedecen. T13-IX.2:2

 

Cuando condenas a un hermano estás diciendo: “Yo que soy culpable elijo seguir siéndolo”. T13-IX.4:4

 

Cada vez que condenas al Hijo de Dios te convences a ti mismo de tu propia culpabilidad. T13-IX.6:2

 

Nunca te olvides de que es imposible condenar al Hijo de Dios parcialmente. Los que consideras culpables se convierten en los testigos de tu culpabilidad, y es en ti donde la verás, pues estará ahí hasta que sea deshecha. La culpabilidad se encuentra siempre en tu mente, la cual se ha condenado a sí misma. T13-IX.6:5-7

 

No puedes condenar sin condenarte. T13-IX.8

 

Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente. T13-X.11:7

 

Nadie le impone sanción alguna al Hijo de Dios, salvo la que él se impone a sí mismo. Cada oportunidad que se le da para sanar es otra oportunidad más de reemplazar las tinieblas por la luz y el miedo por el amor. Si la rechaza, se condena a sí mismo. T14-III.6:1-3

 

Tuviste que haberte condenado a ti mismo primero, o, de lo contrario, nunca habrías podido pensar que necesitabas que tus hermanos fuesen diferentes de como son. T15-V.6:5

 

Es igualmente imposible condenar parte de una relación y encontrar paz en ella. T15-VI.1:2

 

No condenes la salvación, pues ha venido a ti. T17-V.10:6

 

No te vales de nada que tu hermano haya hecho antes para condenarlo ahora. T19-I.9:4

 

¿Quién transmitiría mensajes de odio y de ataque si entendiese que se los está enviando a sí mismo? ¿Quién se acu­saría, se declararía culpable y se condenaría a sí mismo? T19-IV.B.14:11-12

 

Antes de condenar a tu hermano, recuerda Quién es él. T19-IV.D.16:2

 

Libera a tu hermano aquí, tal como yo te liberé a ti. Hazle el mismo regalo, y contémplalo sin ninguna clase de condena. T19-IV.D.18:1-2

 

La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti. Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. T21-In.2:1-6

 

Si eliges el pecado en vez de la curación, estás condenando al Hijo de Dios a aquello que jamás puede ser corregido. Le dices, con tu elección, que está condenado, separado de ti y de su Padre para siempre, y sin esperanza de jamás poder retornar a salvo. Eso es lo que le enseñas, y aprenderás de él exactamente lo que le enseñes. Pues lo único que le puedes enseñar es que él es como tú quieres que él sea, y lo que eliges que él sea es lo que eliges para ti. T21-VI.6:1-4

 

No abandones a tu hermano ahora, pues vosotros que sois lo mismo no decidiréis por separado ni en forma diferente. Os dais el uno al otro o bien vida o bien muerte; sois cada uno el salvador del otro o su juez, y os ofrecéis refugio o condenación. T22-II.7:1-2

 

Un salvador no puede ser un juez ni la miseri­cordia puede ser condenación. Y la visión no puede condenar, sino únicamente bendecir. Aquel Cuya función es salvar, salvará. T22-II.8:3-5

 

Prefieres condenar al sufrimiento Su alegría y hacer que Él sea diferente. Sin embargo, al único sufrimiento al que has dado lugar ha sido al tuyo propio. T22-II.10:4-5

 

¿No te das cuenta de que cada pecado y cada condenación que percibes y justificas es un ataque contra tu Padre? T22-VI.11:3

 

¿Qué forma de condena podría ser una bendición? (…) ¿Quién puede estar a salvo del ataque atacán­dose a sí mismo? T23-II.17:3,7

 

No fue Dios Quien condenó a Su Hijo, sino tú, para salvar su especialismo y matar a su Ser. T24-II.8:7

 

No hay ningún sueño de querer ser especial que no suponga tu propia condenación, por muy oculta o disfrazada que se encuen­tre la forma en que éste se manifiesta. T24-V.2:1

 

¿De dónde podría proceder tu paz sino del perdón? El Cristo en ti contempla solamente la verdad y no ve ninguna condenación que pudiese necesitar perdón. T24-V.3:1-2

 

Mira a tu hermano y ve en él lo opuesto a las leyes que parecen regir este mundo. Ve en su libertad la tuya propia, pues así es. No dejes que su deseo de ser especial nuble la verdad que mora en él, pues no te podrás escapar de ninguna ley de muerte a la que lo condenes. Y un solo pecado que veas en él será suficiente para manteneros a ambos en el infierno. T24-VI.5:1-4

 

Se te ha encomen­dado salvar de la condenación a aquel que se condenó a sí mismo, y a ti junto con él, para que así tanto tú como él os podáis salvar. T24-VI.9:4

 

Si ves (un) propósito en el cuerpo de tu hermano, tal es la condena del tuyo. T24-VII.4:7

 

No puedes sino ver a tu hermano como te ves a ti mismo. Enmarcado en su cuerpo verás su pecaminosi­dad, en la que tú te alzas condenado. T25-I.2:7-8

 

Si lo perdonas, tu salvador te ofrece salva­ción. Si lo condenas, te ofrece la muerte. Lo único que ves en cada hermano es el reflejo de lo que elegiste que él fuese para ti. T25-V.4:5-7

 

Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tam­poco condenaría a otro. T25-VI.1:4

 

Cuando se considera a alguien un perdedor, se le ha condenado. T25-IX.3:8

 

Por mucho que lo quieras condenar, Dios mora en él. T26-IX.1:3

 

No te podrás escapar de la sentencia de muerte a la que lo condenes. T27-I.2:6

 

El papel que juegas en el proceso de salvar al mundo de la condenación es la manera en que te escapas tú. T27-VII.6:1

 

No condenes a tu salvador. T29-III.1:1

 

En el sueño de juicios tú atacas y te condenas a ti mismo. T29-IX.3:7

 

Sólo los que se acusan a sí mismos pueden condenar. T31-III.1:1

 

Yo soy la cosa que tú has hecho de mí, y al contemplarme, quedas condenado por causa de lo que soy”. T31-V.5:3

 

Tu hermano es para ti (…), el símbolo de tus propios pecados, (al condenarlo) silenciosamente. T31-V.6:8

 

La espada del juicio es el arma que le entregas a esta ilusión de ti mismo, para que pueda luchar e impedir que el amor llene el espacio que mantiene a tu hermano separado de ti, mientras empuñes esa espada, no obstante, no podrás sino percibirte a ti mismo como un cuerpo, pues te habrás condenado a estar sepa­rado de aquel que sostiene el espejo que refleja otra imagen de lo que él es, y, por ende, de lo que tú no puedes sino ser también. T31-VII.9:2

 

De la misma manera en que sólo te condenas a ti mismo, de igual modo, sólo te perdonas a ti mismo. LpI-46.1:5

 

El miedo condena y el amor perdona. LpI.46.2:2

 

Cuando miro a mi alrededor, condeno el mundo que veo. A eso es a lo que yo llamo ver. Uso el pasado en contra de todo el mundo y de todas las cosas, convirtiéndolos así en mis enemigos. Cuando me haya perdonado a mí mismo y haya recordado Quién soy, bendeciré a todo el mundo y a todo cuanto vea. LpI-52.2:2-5

 

Dios no perdona porque jamás ha condenado. LpI-60.1:2

 

Cada resentimiento que abrigas pasa por alto completamente lo que tu hermano es (y) lo condena por ello. LpI-72.5:7-8

 

¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su pro­pia condenación? LpI-121.3:2

 

La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor espe­ranza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea desespe­ración. Ve sus juicios con respecto al mundo, no obstante, como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. LpI-121.5:1-2

 

Te parece que los demás están separados de ti, que son capaces de adoptar com­portamientos que no tienen repercusión alguna sobre tus pensa­mientos; y que los que tú adoptas no tienen repercusión alguna sobre los de ellos. Tus actitudes, por lo tanto, no tienen ningún efecto sobre ellos, y sus súplicas de ayuda no guardan relación alguna con las tuyas. Crees además que ellos pueden pecar sin que ello afecte la percepción que tienes de ti mismo, mientras que tú puedes juzgar sus pecados y mantenerte a salvo de cualquier condenación y en paz. LpI-126.2:2-4

 

Examina brevemente todas las cosas negativas que hayas pensado acerca de él (tu hermano) y pregúntate en cada caso: “¿Me condenaría a mí mismo por  haber hecho eso?” LpI-134.15:3

 

Sólo mi propia condenación me hace daño. LpI-198

 

Condena y te vuelves un prisionero. Perdona y te liberas. LpI-198.2:1-2

 

Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar. LpI-228

 

Quiero ser el salvador del mundo que fabriqué. Pues ya que lo condené, quiero liberarlo, de manera que pueda escapar. LpII-296.1:3-4

 

De deseos dementes nace un mundo demente, y de juicios, un mundo condenado. LpII-325.1:4-5

 

Dios ofrece salvación al mundo, tus juicios quieren condenarlo. M11.2:4

 

La Expiación es sencillamente la corrección o anulación de los errores. Cuando se haya alcanzado, el maestro de Dios se habrá convertido, por definición, en un obrador de milagros. Sus pecados le habrán sido perdonados, y él ya no se condenará a sí mismo. ¿Cómo podría entonces condenar a otros? ¿Y habría alguien al que su perdón no pudiese curar? M18.4:6-10

 

El milagro perdona; el ego condena. C2.10:1

¿Por qué condonas pensamientos dementes? T2-VI.2

 

Des-hacer el miedo es tu responsabilidad. (…) Eres demasiado tolerante con las divagaciones de tu mente y condonas pasivamente sus creaciones falsas. T2-VI.4

 

¿Por qué toleran un pensar demente? T2.4 [73] 11

    Todas tus dificultades proceden del hecho de que no te recono­ces a ti mismo, ni reconoces a tu hermano, ni reconoces a Dios. Reconocer significa “conocer de nuevo”, implicando que antes gozabas de conocimiento. T.3:III:2:1-2

    La Biblia te exhorta a que te conozcas a ti mismo. T.3:III:5:1

    Cuando amas a alguien lo has percibido tal como es, y esto te permite conocerlo. Hasta que primero no lo percibas tal como es no lo podrás conocer. T.3:III:5:3-4

    Si atacas el error que ves en otro, te harás daño a ti mismo. No puedes conocer a tu hermano si lo atacas. Los ataques siempre se lanzan contra extraños. Al percibir falsamente a tu hermano lo conviertes en un extraño, y, por lo tanto, no puedes conocerlo. Le tienes miedo porque lo has convertido en un extraño. Percíbelo correctamente para que lo puedas conocer. En la creación de Dios no hay extraños. Para poder crear como Él creó tan sólo puedes crear lo que conoces, y lo que, por lo tanto, aceptas como tuyo. T.3:III:7:1-8

    El ego es un intento erróneo de la mente de percibirte tal como deseas ser, en vez de como realmente eres. Sin embargo, sólo te puedes conocer a ti mismo como realmente eres, ya que de eso es de lo único que puedes estar seguro. Todo lo demás es cuestionable. T.3:IV:2:3-5

    Dios te conoce sólo en paz, y ésa es tu única realidad. T.3:IV:7:16

    La verdad sólo se puede conocer. Toda ella es igualmente verdadera, y, conocer cualquier parte de ella es conocerla en su totalidad. T.3:V:8:3-4

    La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. T.3:VI:2:1

    Conocer a tu hermano es conocer a Dios. Si le estás agradecido a tu hermano, le estarás agradecido a Dios por lo que El creó. Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre. T.4:VI:7:3-5

    Permíteme conocer a este hermano como me conozco a mí mismo. T.5:In:3:8

    Lo que se extiende desde la mente, por lo tanto, se encuentra todavía en ella, y la mente se conoce a sí misma por lo que extiende. T.6:III:1:2

    Los que atacan no saben que son benditos. Atacan porque creen que les falta algo. Por lo tanto, comparte tu abundancia libre­mente y enseña a tus hermanos a conocer la suya. No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, te percibirás a ti mismo como alguien necesitado. T.7:VII:7:5-8

    El objetivo del plan de estudios, independientemente del maestro que elijas, es: “Conócete a ti mismo”. No hay nada más que buscar. Todo el mundo anda buscándose a sí mismo y bus­cando el poder y la gloria que cree haber perdido. Siempre que estás con alguien, tienes una oportunidad más para encontrar tu poder y tu gloria. Tu poder y tu gloria están en él porque son tuyos. El ego trata de encontrarlos únicamente en ti porque no sabe dónde buscar. El Espíritu Santo te enseña que si buscas únicamente en ti no te podrás encontrar a ti mismo porque tú no eres un ente separado. Siempre que estás con un hermano, estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres. Tu hermano reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo. Será aprisionado o liberado de acuerdo con tu decisión, al igual que tú. Nunca olvides la res­ponsabilidad que tienes hacia él, ya que es la misma responsabili­dad que tienes hacia ti mismo. Concédele el lugar que le corresponde en el Reino y tú ocuparás el tuyo. T.8:III:5:1-12

    Puesto que mi voluntad es conocerme a mí mismo, te veo a ti como el Hijo de Dios y como mi hermano. T.9:II:12:6

    Perdonar es pasar por alto. Mira entonces más allá del error, y no dejes que tu percepción se fije en él, pues, de lo contrario, creerás lo que tu percepción te muestre. Acepta como verdadero sólo lo que tu hermano es, si quieres conocerte a ti mismo. Percibe lo que él no es, y no podrás saber lo que eres porque lo estarás viendo falsa­mente. Recuerda siempre que tu Identidad es una Identidad compartida, y que en eso reside Su realidad. T.9:IV:1:2-6

    Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán así mismos. T.9:V:9:6

   

    Pide conocer la realidad de tu hermano porque eso es lo que percibirás en él, y en su belleza verás reflejada la tuya. T.11:VIII:10:6

    Es imposible que tú puedas conocer a Dios solo. T.18:VIII:12:4

    Este hermano que está a tu lado todavía te sigue pareciendo un extraño. No lo conoces, y la interpretación que haces de él es temible. Y lo sigues atacando, para mantener a salvo lo que tú crees ser. Sin embargo, en sus manos está tu salvación. Ves su locura, que detestas porque la compartes con él. Y toda la piedad y el perdón que la curaría dan paso al miedo. Hermano, necesi­tas perdonar a tu hermano, pues juntos compartiréis la locura o el Cielo. Y juntos alzaréis la mirada con fe o no la alzaréis en absoluto. T.19:IV:D:12:1-8

   

    El Hijo de Dios es perfecto, ya que de otro modo no podría ser el Hijo de Dios. Y no lo podrás conocer mientras creas que no merece librarse de todas las consecuencias y manifestaciones de la culpabilidad. De la única forma que debes pensar acerca de él si quieres conocer la verdad acerca de ti mismo es así: Te doy las gracias, Padre, por Tu perfecto Hijo, pues en su gloria veré la mía propia. T.30:VI:9:1-4

   

    Has establecido límites. Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. Sólo tú te has limitado a ti mismo. T.30:VIII:3:6-8

    La creación no conoce opuestos. L.pI:138:2:1

    Estar vivo y no conocerte a ti mismo es creer que en realidad estás muerto. L.pI:139:3:2

    Una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad. L.pI:167:12:7

    Eres libre de elegir. Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor. L.pI:189:5:2-5

   Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamien­tos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperan­zas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él. L.pII:330:12:4:1

    Los que tienen que conocerse se conocerán. M.3:1:7

El Ser que Dios creó no necesita nada. Está eternamente a salvo y es eternamente íntegro, amado y amoroso. Busca compartir en vez de obtener; extender en vez de proyectar. Prefacio

Dios, que abarca todo lo que existe, creó seres que lo tienen todo individualmente, pero que quieren compartirlo para así incrementar su gozo. 2Nada real puede incrementarse excepto compartiéndolo. 3Por eso es por lo que Dios te creó. 4La Abs­tracción Divina se deleita compartiendo. 5Eso es lo que significa la Creación. 6Las preguntas “¿qué?”; “¿cómo?” y “¿con quién?” son irrelevantes toda vez que la verdadera creación lo da todo, ya que sólo puede crear a semejanza propia. 7Recuerda que la diferencia que hay entre tener y ser en la existencia, en el Reino no existe. 8En el estado de ser la mente siempre lo da todo. T4.VII.5

Cada mente que ha sido transformada contribuye a aumentar esta alegría al estar individualmente dis­puesta a compartirla. T4-VII.8

Es imposible que un Hijo de Dios pueda amar a su prójimo de manera diferente de como se ama a sí mismo. T5-In.3

Recuerda que para el Espíritu no hay diferencia alguna entre tener y ser. 6La mente superior piensa de acuerdo con las leyes que el Espíritu obedece, por lo tanto, honra únicamente las Leyes de Dios. 7Para el Espíritu, obtener no significa nada y dar lo es todo. 8Al tenerlo todo, el Espíritu lo conserva dándolo y, de este modo, crea de la misma manera en que el Padre creó. 9Aunque esta manera de pensar no tiene nada que ver con la posesión de bienes materiales, aun a la mente inferior le resulta comprensi­ble en conexión con ideas. 10Si compartes una posesión física, cier­tamente divides su propiedad. 11Mas si compartes una idea, no la debilitas. 12Toda ella te sigue perteneciendo aunque la hayas dado completamente. 13Lo que es más, si aquel a quien se la has dado la acepta como suya, eso la refuerza en tu mente y, por lo tanto, la expande. 14Si puedes aceptar el concepto de que este mundo es un mundo de ideas, la creencia en la falsa conexión que el ego hace entre dar y perder desaparece. T5-I.1

Los pensamientos se expanden cuando se comparten. Cuantos más creen en ellos, más poderosos se tornan. Todo es una idea. ¿Cómo, entonces, puede asociarse dar con perder? T5-I.2

Al compartir este objetivo, aumentaremos su poder para atraer a toda la Filiación y para restituirla nuevamente a la unicidad en la que fue creada. T5-II.11

El Espíritu Santo es la idea de la curación. 2Al ser un pensa­miento, la idea se expande a medida que se comparte. T5-III.2

La idea del Espíritu Santo comparte la propiedad de otras ideas porque obedece las leyes del universo del que forma parte. Se refuerza al compartirse. Se expande en ti a medida que se la ofreces a tu hermano. Tu her­mano no tiene que ser consciente del Espíritu Santo en él o en ti para que se produzca este milagro. T5-III.2

Existen dos formas diametralmente opuestas de ver a tu her­mano. 2Ambas tienen que encontrarse en tu mente porque tú eres el perceptor. 3Tienen que encontrarse también en la suya, puesto que lo estás percibiendo a él. 4Mira a tu hermano a través del Espíritu Santo en su mente y reconocerás al Espíritu Santo en la tuya. 5Lo que reconoces en tu hermano lo reconoces en ti; y lo que compartes, lo refuerzas. T5-III.3

La Voz del Espíritu Santo en ti es débil. 2Por eso es por lo que debes compartirla. 3Tiene que hacerse más fuerte antes de que puedas oírla. T5-III.4

Has cargado con un fardo de ideas que no se pueden compartir y que son demasiado endebles como para poder expandirse. T5-IV.2

Cada pensamiento amoroso que cualquier parte de la Filiación abriga es patrimonio de todas sus partes. 2Se puede compartir porque es amoroso. 3Dios crea compartiendo, y así es como tú creas también. T5-IV.3

Es imposible compartir pensamien­tos que se oponen entre sí. 8Sólo puedes compartir los pensamientos que proceden de Dios, los cuales Él conserva para ti. 9El Reino de los Cielos se compone de pensamientos de esa clase. 10Todos los demás permanecerán contigo hasta que el Espíritu Santo los haya reinterpretado a la luz del Reino, haciendo que sean también dig­nos de ser compartidos. 11Cuando se hayan purificado lo sufi­ciente Él te permitirá compartirlos. 12La decisión de compartirlos es lo que los purifica. Urtext.p225Un día enseñarás tanto como aprendas y esto te mantendrá equilibrado. El momento es ahora porque has permitido que sea ahora. No puedes aprender a menos que enseñes. T5-IV.3

Se puede enseñar de muchas maneras, pero ante todo con el ejemplo. 2Enseñar debe ser curativo, ya que consiste en compartir ideas y en el reconocimiento de que compartir ideas es reforzar­las. 3No puedo olvidar la necesidad que tengo de enseñar lo que he aprendido, la cual surgió en mí precisamente por haberlo apren­dido. 4Te exhorto a que enseñes lo que has aprendido porque al hacerlo podrás contar con ello. T5-IV.5

Aquellos que han sido perdonados deben dedicarse en primer lugar a curar, pues al haber aceptado la idea de la curación deben compartirla para así conservarla. T5-IV.7

Las ideas se expanden sólo al compartirse. T5-VI.7

La salvación es una aventura colaborativa. Permíteme devolverte tus ideas verdaderas para que las puedas compartir y así ayudarme a Mí. Urtext.p239

Deberías recordar que yo fui perseguido de acuerdo con el pensar del mundo, y que no compartí esa interpretación. 4Y puesto que no la compartí, no la reforcé. 5Ofrecí, por consiguiente, una interpretación diferente del ataque que deseo compartir contigo. 6Si la crees, me ayuda­rás a enseñarla. T6-I.5

El Espíritu Santo comienza percibiendo tu perfección. 2Como sabe que esa perfección es algo que todos comparten, la reconoce en otros, y así la refuerza tanto en ti como en ellos. 3En vez de ira, esto suscita amor tanto en ellos como en ti porque establece el estado de inclusión. T6-II.5

No puedes enseñar lo que no has aprendido; y lo que enseñas lo refuerzas en ti al compartirlo. 10Cada lección que enseñas es una lección que tú mismo estás aprendiendo. T6-III.1

Puesto que no puedes dejar de enseñar, tu salvación radica en enseñar exactamente lo opuesto a lo que el ego cree. 2Así es como aprenderás la verdad que te hará libre y que te mantendrá libre a medida que otros la aprendan de ti. 3La única manera de tener paz es enseñando paz. 4Al enseñarla, no puedes sino aprenderla, pues no puedes enseñar aquello de lo que todavía te disocias. 5Sólo así podrás recobrar el conocimiento que desechaste. 6Para poder compartir una idea tienes primero que disponer de ella. 7Dicha idea despierta en tu mente mediante la convicción que nace de enseñarla. 8Aprendes todo lo que enseñas. 9Enseña sola­mente amor, y aprende que el amor es tuyo y que tú eres amor. T6-III.4

El Espíritu Santo te dice siempre que sólo la mente es real porque es lo único que se puede compartir. T6-V.A.3

No pierdes lo que comunicas. El ego se vale del cuerpo para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse. La locura de esta percepción la convierte en algo verdaderamente temible. El Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación y, puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión. T6-V.A.5

Lo que tienes que reco­nocer es que cuando no compartes un sistema de pensamiento, lo debilitas. T6-V.B.1

Pensar como Dios es compartir Su certeza acerca de lo que eres, y crear como Él es compartir el Amor perfecto que Él com­parte contigo. T7-I.6

Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de tu her­mano y la tuya compartiendo con él el Espíritu Santo. T7-II.2

Los que tienen certeza gozan de perfecta calma porque no tienen dudas. 7No cuestionan nada porque en sus mentes no entra nada que sea cuestionable. 8Esto los mantiene en un estado de perfecta serenidad, ya que al saber lo que son, eso es lo que comparten. T7-III.5

No puedes separar tu Ser de tu Creador, Quien te creó al compartir Su Ser contigo. T7-V.6

La mente que tú y yo compartimos la compartimos con todos nues­tros hermanos, y a medida que los vemos tal como verdadera­mente son, ellos se curan. 3Deja que tu mente brille junto con la mía en sus mentes, y que mediante el agradecimiento que senti­mos hacia ellos, cobren conciencia de la luz que hay en ellos. T7-V.11

Comparte tu abundancia libre­mente y enseña a tus hermanos a conocer la suya. 8No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, te percibirás a ti mismo como alguien necesitado. T7-VII.7

La ley mediante la cual creas (…) es la ley fundamental del compartir, mediante la cual das lo que consideras valioso a fin de conservarlo en tu mente. Para el Espíritu Santo, es la ley de la extensión. Para el ego, la de la privación. Produce, por lo tanto, abundancia o esca­sez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. La manera en que eliges aplicarla depende de ti, pero no depende de ti decidir si vas a utilizar la ley o no. Toda mente tiene que proyectar o extender porque así es como vive, y toda mente es vida. T7-VIII.1

Ésta es la ley de la creación: cada idea que la mente concibe sólo sirve para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que se desea verdaderamente. T26-VII.13

Se ha dicho correctamente que a aquel que tiene se le dará. Porque tiene, puede dar. Y porque da, se le dará. P3-III.5

Quien tiene en su mano, a él se dará más. Y quien no tiene, se le quitará aún lo poco que tiene. Tomás 41

Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». Él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo poco que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

Por más que oigan, no comprenderán,

por más que vean, no conocerán.

Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido,

tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos,

para que sus ojos no vean,

y sus oídos no oigan,

y su corazón no comprenda,

y no se conviertan,

y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Mateo 13:10-17

Crear es lo opuesto a perder, tal como la bendición es lo opuesto al sacrificio. 6El Ser tiene que ser extendido. 7Así es como conserva el conocimiento de sí mismo. 8El espíritu anhela compartir su Ser tal como su Creador lo compartió. 9Puesto que el espíritu fue creado como resultado de un acto de compartir, su voluntad es crear. 10No desea limitar a Dios, sino que su voluntad es extender Su Ser. T7-IX.2

Compartes para tener, pero no renuncias a lo que compartes. T8-I.3

Mi fortaleza estará siempre disponible y si eliges compartirla dispondrás de ella. 10Te la doy gustosamente y de todo corazón porque te necesito tanto como tú me necesitas a mí. T8-V.6

La Expiación es una lección acerca de cómo compartir, que se te da porque te has olvidado de cómo hacerlo. T9-IV.3

El sanador no sanado no sabe, por lo tanto, cómo dar, y, consecuentemente, no puede compartir. T9-V.5

La creación comparte el poder y nunca lo usurpa. T10-III.4

Si Dios no tiene más que un solo Hijo, no puede haber más que un solo Dios. Tú compartes la realidad con Él porque la realidad no está dividida. T10-III.10

En la Mente de Dios no hay imágenes extrañas, y lo que no está en Su Mente no puede estar en la tuya, porque tú tienes una sola mente y esa mente le perte­nece a Él. 3Es tuya precisamente porque le pertenece a Él, ya que para Él ser propietario de algo es compartirlo. 4Y si esto es así para Él, también lo es para ti. 5Sus definiciones son Sus leyes, pues mediante ellas estableció el universo tal como éste es. 6Los falsos dioses que tratas de interponer entre tu realidad y tú no afectan a la verdad en absoluto. 7Tuya es la paz porque Dios te creó. 8Y Él no creó nada más. T10-IV.6

Si la creación es compartir, no puede crear lo que no es igual a ella misma. 7Sólo puede compar­tir lo que ella es. T10-V.5

El amor no limita, y lo que crea no está limitado. 7 Dar sin límites es lo que Dios ha dispuesto para ti porque eso es lo único que puede brindarte Su dicha, la cual es Su Voluntad compartir contigo. T11-I.6

Se te pide que confíes en el Espíritu Santo únicamente porque Él habla por ti. 2Él es la Voz que habla por Dios, pero nunca olvi­des que Dios no dispuso estar solo. 3Él comparte Su Voluntad contigo, no te la impone. 4Recuerda siempre que lo que Dios da, Él lo conserva, de modo que nada que Él dé puede contradecirle. 5, que compartes Su Vida, tienes que compartirla para poder conocerla, pues compartir es conocer. T11-I.11

Bendito es el Hijo de Dios cuyo resplandor es el de su Padre, y cuya gloria él quiere compartir tal como su Padre la comparte con él. 2No hay condenación en el Hijo, puesto que no hay conde­nación en el Padre. 3Dado que el Hijo comparte el perfecto Amor del Padre, no puede sino compartir todo lo que le pertenece a Él, pues de otra manera, no podría conocer ni al Padre ni al Hijo. 4¡Que la paz sea contigo que descansas en Dios, y en quien toda la Filiación descansa! T11-IV.8

Tuya es la independencia de la creación, no la de la autonomía. 2Tu función creativa radica en tu completa dependencia de Dios, Quien comparte Su función contigo. 3Al estar dispuesto a compartirla, Él se volvió tan dependiente de ti como tú lo eres de Él. T11-V.6

Despertarás a tu propia llamada, pues la Llamada a despertar se encuentra dentro de ti. 2Si vivo en ti, tú estás despierto. 3No obstante, tienes que ver las obras que llevo a cabo a través de ti, o, de lo contrario, no percibirás que las he llevado a cabo en ti. 4No pongas límites a lo que crees que puedo hacer a través de ti, o no aceptarás lo que puedo hacer por ti. 5Esto, no obstante, ya ha tenido lugar, y a menos que des todo lo que has recibido, no sabrás que tu redentor vive y que has despertado con él. 6La redención se reconoce únicamente compartiéndola. T11-VI.9

Es únicamente pidiendo como aprenderás que lo que procede de Dios no te exige nada en absoluto. 9Dios sólo da, nunca quita. 10Cuando te niegas a pedir, es porque crees que pedir equivale a quitar en vez de a compartir. T11-VIII.5

Los Hijos de Dios no tienen nada que no compartan. T11-VIII.8

Dije anteriormente que lo que proyectas o extiendes depende de ti, pero tienes que hacer una u otra cosa, ya que ello es una ley de la mente, y antes de mirar afuera tienes que mirar adentro. 2Al mirar adentro eliges al guía cuya visión deseas compartir. 3Y luego miras afuera y contemplas sus testigos. 4Por eso es por lo que siempre encuentras lo que buscas. T12-VII.7

El milagro te permite ver a tu hermano libre de su pasado, y así te permite percibirlo como que ha renacido. 2Sus errores se encuentran en el pasado, y al percibirlo sin ellos lo liberas. 3Y puesto que su pasado es también el tuyo, compartes esa libera­ción. T13-VI.5

En cualquier unión con un hermano en la que procures descar­gar tu culpabilidad sobre él, compartirla con él o percibir su culpabilidad, te sentirás culpable. T13-X.3

Quiero aceptar mi inocencia poniéndola de manifiesto y compartiéndola. T14-III.3

Él no excluye a nadie de ti. 3Por lo tanto, te da lo que es tuyo porque tu Padre quiere que lo compartas con Él. 4Deja que el Espíritu Santo sea tu guía en todo, y no te vuelvas atrás. T14-III.17

La única parte de tu mente que es real es la parte que aún te vincula con Dios. 2¿Te gustaría que toda ella fuese transformada en un radiante mensaje del Amor de Dios para ser compartido con todos los que se sienten solos por haber negado a Dios? T14-V.1

A todo aquel que ves, o bien lo ubicas dentro del santo círculo de la Expiación o bien lo dejas afuera, juzgándolo como que merece ser crucificado o redimido. 2Si lo incluyes dentro del cír­culo de pureza, descansarás allí con él. 3Si lo excluyes, te quedas afuera con él. 4No juzgues, excepto desde una quietud que no emana de ti. 5Niégate a aceptar que alguien pueda estar exento de la bendición de la Expiación y condúcelo a ésta bendiciéndolo. 6La santidad tiene que ser compartida, pues en ello radica todo lo que la hace santa. T14-V.11

Lo que se mantiene fuera del alcance del amor no puede compartir su poder curativo, pues ha sido separado de él y se ha mantenido en la oscuridad. T14-VI.2

Uniéndote a Su manera de ver es como aprendes a compartir con Él. T14-VII.7

Los reflejos se ven en la luz. 2En las tinieblas es difícil verlos, y su significado parece encontrarse únicamente en interpretaciones cambiantes en lugar de en sí mismos. 3El reflejo de Dios no necesita interpretación. 4Es claro. 5Limpia el espejo, y no habrá nadie que no pueda entender el mensaje que refulge desde él para que todos lo vean. 6Ese mensaje es el que el Espíritu Santo pone frente al espejo que se encuentra en todos. 7Todos lo reconocen porque se les ha enseñado que tienen necesidad de él, pero no saben dónde buscar para encontrarlo. 8Deja, por lo tanto, que lo vean en ti y que lo compartan contigo. T14-IX.6

En el Cielo la realidad no se refleja, sino que se comparte. 2Al compartir su reflejo aquí, su verdad se vuelve la única percep­ción que el Hijo de Dios acepta. T14-X.2

Toda separación desaparece conforme se comparte la santidad. 2Pues la santidad es poder, y cuando se comparte, su fuerza aumenta. T15-VI.3

Dios es una idea, y, por consiguiente, tu fe en Él se fortalece al compartirla. T15-VI.4

No hay nada del pasado que desees compartir, pues no hay nada del pasado que desees conservar. T16-I.3

Ofrécele tu capacidad de sen­tir empatía, pues lo que deseas compartir es Su percepción y Su fortaleza. 9Y permite que Él te ofrezca Su fortaleza y Su percep­ción, para que puedan ser compartidas a través de ti. T16-I.5

En el demente mundo de afuera nada se puede compartir, sino únicamente sustituir. aEn la realidad, compartir y sustituir no tienen absolutamente nada en común. T18-I.9

Será un sueño feliz, y uno que compartirás con todo aquel que se cruce en tu camino. T18-II.7

Deseo que éste sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo. T18-V.7

Toda situación que se perciba correctamente se convierte en una oportunidad para sanar al Hijo de Dios. 2Y éste se cura porque tú tuviste fe en él, al entregárselo al Espíritu Santo y liberarlo de cualquier exigencia que tu ego hubiese querido imponerle. 3Ves, por consiguiente, que es libre, y el Espíritu Santo comparte esa visión contigo. 4Y puesto que la comparte, la ha dado, y así, Él cura a través de ti. T19-I.2

Tener fe es sanar. 2Es la señal de que has aceptado la Expiación, y, por consiguiente, de que deseas compartirla. T19-I.9

Durante estas Pascuas contempla a tu hermano con otros ojos. 2Tú me has perdonado ya. 3Sin embargo, no puedo hacer uso de tu regalo de azucenas, mientras tú no las veas. 4Ni tú puedes hacer uso de lo que yo te he dado mientras no lo compartas. T20-II.6

El hogar que compartimos es un estado de quietud donde moramos dulcemente y en paz como uno solo. T20-II.8

Tus desquiciadas leyes fueron promulgadas para garantizar que cometieses errores y que éstos tuviesen poder sobre ti al aceptar sus consecuencias como tu justo merecido. 2¿Qué puede ser esto sino una locura? 3¿Y es esto acaso lo que quieres ver en aquel que te puede salvar de la demencia? 4Él está tan libre de ello como tú, y en la libertad que ves en él ves la tuya. 5Pues la libertad es algo que compartís. T20-IV.3

Los que son incapaces de pecar dan tal como han recibido. 2Ve en tu hermano, pues, el poder de la impecabilidad, y comparte con él el poder que le has concedido para que se libere del pecado. 3A todo el que camina por la tierra en aparente soledad se le ha dado un salvador, cuya función especial aquí es liberarlo, para así liberarse él a sí mismo. 4En el mundo de la separación se le asigna esa función a cada uno por separado, aunque todos ellos son uno solo. 5Pero los que saben que todos ellos son uno solo no tienen necesidad de salvación. 6Y cada uno encuentra a su salvador cuando está listo para contemplar la faz de Cristo y ver que Éste está libre de pecado. T21-IV.5

Lo único que necesitas hacer para morar aquí apaciblemente junto a Cristo, es compartir Su visión. T22-II.13

Camina gloriosamente, con la cabeza en alto, y no temas nin­gún mal. 2Los inocentes se encuentran a salvo porque comparten su inocencia. 3No ven nada que sea nocivo, pues su conciencia de la verdad libera a todas las cosas de la ilusión de la nocividad. 4Y lo que parecía nocivo resplandece ahora en la inocencia de ellos, liberado del pecado y del miedo, y felizmente de vuelta en los brazos del amor. 5Los inocentes comparten la fortaleza del amor porque vieron la inocencia. 6Y todo error desapareció porque no lo vieron. 7Quien busca la gloria la halla donde ésta se encuentra. 8¿Y dónde podría encontrarse sino en los que son inocentes? T23-In.3

El ego se une a una ilusión de ti que tú compartes con él. 6Las ilusiones, no obstante, no pueden unirse. 7Son todas lo mismo, y no son nada. T23-I.3

La paz es el estado donde mora el amor y donde busca compartirse a sí mismo. T23-1.12

Dios no comparte Su función con un cuerpo. 2El le encomendó a Su Hijo la función de crear porque es la Suya Propia. 3Creer que la función del Hijo es asesinar no es un pecado, pero sí es una locura. T23-IV.3

Piensa en lo que se les concede a los que comparten el propó­sito de su Padre sabiendo que es también el suyo: 2no tienen necesidad de nada; 3cualquier clase de pesar es inconcebible; 4de lo único que son conscientes es de la luz que aman y sólo el amor brilla sobre ellos para siempre. 5El amor es su pasado, su pre­sente y su futuro: siempre el mismo, eternamente pleno y com­pletamente compartido. T23-IV.8

¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. T24-I.6

Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. T24-I.7

Por mucho que él pase por alto la obra maestra en sí mismo y vea sólo un marco de tinieblas, tu única función sigue siendo ver en él lo que él no ve. 8Y al hacer esto, compartes la visión que contempla a Cristo en lugar de a la muerte. T25-II.8

Dios Mismo ofrece Su gratitud libre­mente a todo aquel que comparte Su propósito. 12Su Voluntad no es estar solo. 13Ni la tuya tampoco. T25-II.9

Se os ha otor­gado a cada uno de vosotros el poder de salvar, para que escapar de las tinieblas a la luz sea algo que podáis compartir. T25-II.11

El Hijo de Dios crea para ser feliz, puesto que comparte con su Padre el propósito que Éste tuvo al crearlo a fin de que su alegría fuese cada vez mayor y la de Dios junto con la suya. T25-IV.2

Corregir es la función que se os ha dado a ambos, pero no a ninguno de vosotros por separado. 2Y cuando la lleváis a cabo reconociendo que es una función que compartís, no puede sino corregir los errores de ambos. 3No puede dejar errores sin corre­gir en uno y liberar al otro. 4Eso sería un propósito dividido, que, por lo tanto, no se podría compartir. T27-II.15

Tener una identidad carece de significado en los sueños porque el soñador y el sueño son lo mismo. 5El que comparte un sueño no puede sino ser el sueño que comparte porque el acto de compartir es lo que produce la causa. T28-IV.5

Como consecuencia de compartir confusión estás confundido, pues en la brecha no existe un yo estable. T28-IV.6

Si tú no compartes con tu hermano su sueño de maldad, ésa es la imagen con la que el milagro llenará la diminuta brecha, la cual quedará así libre de todas las semillas de enfermedad y de pecado. T28-IV.8

Nada puede existir a menos que tú compartas su existencia. 11Y tú existes porque Dios compartió Su Voluntad contigo para que Su creación pudiese crear. T28-V.1

Lo que les confiere realidad a los perniciosos sueños de odio, maldad, rencor, muerte, pecado, sufrimiento, dolor y pérdida es el hecho de compartirlos. 2Si no se comparten, se perciben como algo sin sentido. T28-V.2

Si perdonas al soñador, y percibes que él no es el sueño que él mismo tejió, no estás compartiendo con él su nefasto sueño. 2Por lo tanto, él no puede ser parte del tuyo, del cual ambos os libe­ráis. 3El perdón separa al soñador del sueño nefasto, y así, lo libera. 4Recuerda que si compartes un sueño de maldad, creerás ser ese sueño que compartes. 5Y al tener miedo de él, no desearás conocer tu verdadera Identidad porque pensarás que es temible. T28-V.3

La muerte no existe porque todo lo que vive comparte la función que su Creador le asignó. 10La función de la vida no puede ser morir. 11Tiene que ser la extensión de la vida, para que sea eternamente una para siempre y sin final. T29-VI.4

No puedes ser libre estando separado de Aquel Cuya santa Voluntad compartes. T30-II.4

Dios se dirige a ti y te pide que salves al mundo, pues mediante tu propia salvación el mundo sana. 2Y todo el que camina sobre la faz de la tierra depende de tu decisión, para aprender que la muerte no tiene ningún poder sobre él, toda vez que comparte tu libertad y tu voluntad. T30-II.5

Cuando dos o más hermanos comparten un mismo propósito en el mundo del miedo, se encuentran ya en el umbral del mundo real. T30-V.7

La Voluntad de Dios reside para siempre en aquellos cuyas manos están unidas. 2Hasta que se unieron, pensaban que Él era su enemigo. 3Mas cuando se unieron y compartieron un mismo propósito, les fue posible entender que su voluntad es una. T30-V.11

Librarte de juzgar radica simplemente en esto: todas las cosas tienen el mismo propósito, el cual tú compartes con todo el mun­do. T30-VII:5

Traigo a vuestros cansados ojos la visión de un mundo diferente, tan nuevo, depurado y fresco que os olvidaréis de todo el dolor y miseria que una vez visteis. 5Mas tenéis que compartir esta visión con todo aquel que veáis, pues, de lo contrario, no la contemplaréis. 6Dar este regalo es la manera de hacerlo vuestro. T31-VIII.8

¡Qué gozo tan inmenso compartir el propósito de la salvación! M4-V.1

La confianza es parte esencial del acto de dar; de hecho, es la parte que hace posible el compartir; la parte que garantiza que el dador no ha de perder sino que únicamente ganará. M6-3

Una lec­ción que verdaderamente se ha enseñado no puede conducir sino a la liberación del maestro y del alumno que han compartido un mismo propósito. M17-3

Contemplarás aquello que sientas en tu interior. L.pI:189:5:3

L73.5 23 Tu imagen del mundo tan sólo puede reflejar lo que llevas por dentro.

Recuerda que lo que yo signifique para ti es lo que verás dentro de ti mismo. T19-IV.B.6:7

Elige, pues, lo que deseas ver: su cuerpo o su santidad; y lo que elijas será lo que contemplarás. T24-VI.7:1

La percepción te dice que te pones de manifiesto en lo que ves. (…) El mensaje y el mensajero son uno. Y no puedes sino ver a tu hermano como te ves a ti mismo. Enmarcado en su cuerpo verás su pecaminosi­dad, en la que tú te alzas condenado. En su santidad, el Cristo en él se proclama a Sí Mismo como lo que eres tú. T25-I.2

 

Lo que percibes es parte de lo que tienes como propósito contemplar, pues los medios y el fin no están nunca separados. T25-I.3:5

Cada vez que contemplas a tu hermano, Cristo se halla ante ti. T25-V.2:9

Nada podría contener lo que tú crees que el cuerpo contiene dentro de sí. T27-VI.4

 

Nadie esconde un objeto grande y precioso en un gran recipiente, sino que muchas veces se guardan tesoros sin cuento en un cofre que no vale más de un maravedí. Esto ocurre con el alma: es un objeto precioso que ha venido a caer en un cuerpo despreciable. Evangelio de Felipe. Dicho 22.

 

Si el espíritu nació debido al cuerpo, es una maravilla de maravillas. A decir verdad, me asombra ver cómo esta gran riqueza (el espíritu) ha construido su hogar en esta gran pobreza (el cuerpo). Dicho 29 Evangelio Tomas.

 

He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. T21-I.9

 

El reconocimiento de que la parte es igual al todo y de que el todo está en cada parte es perfectamente natural, pues así es como Dios piensa, y lo que es natural para Él es natural para ti. T16-II.3

 

 

    Los pensamientos pueden re­presentar el nivel inferior o corporal de experiencia, o el nivel superior o espiritual de experiencia. Uno de ellos da lugar a lo físico, el otro crea lo espiritual. T.1:I:12:2-3

    Tú mismo eres un milagro, capaz de crear a semejanza de tu Creador. T.1:I:24:2

    Eres libre de creer lo que quieras, y tus actos dan testimonio de lo que crees. T.1:II:1:9

    La mente, si así lo elige, puede convertirse en el medio a través del cual el espíritu crea en conformidad con su propia creación. T.1:V:5:4

    Creer en algo produce la aceptación de su existencia. Por eso puedes creer lo que nadie más piensa que es verdad. Para ti es verdad porque tú lo fabricaste. T.1:VII:4:4-6

    Sólo la mente puede crear porque el espíritu ya fue creado, y el cuerpo es un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. T.2:IV:3:1

    Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. T.2:V:A:12:1

    El hecho mismo de que tengas miedo hace que tu mente sea vulne­rable a crear falsamente. T.2:V:2:3

    Tal vez creas que eres responsable de lo que haces, pero no de lo que piensas. La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es sola­mente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decisión. Tus acciones son el resultado de tus pensamientos. T.2:VI:2:5-7

    Siempre que tienes miedo es señal inequívoca de que le has permitido a tu mente crear falsamente. T.2:VI:2:10

    Son muy pocos los que aprecian el verdadero poder de la mente, y nadie permanece totalmente consciente de él todo el tiempo. T.2:VI:9:3

    La mente es muy poderosa y jamás pierde su fuerza creativa. Nunca duerme. Está creando conti­nuamente. Es difícil reconocer la oleada de poder que resulta de la combinación de pensamiento y creencia, la cual puede literalmente mover montañas. T.2:VI:9:5-8

    No hay pensamien­tos fútiles. Todo pensamiento produce forma en algún nivel. T.2:VI:9:13-14 

   

    Cuando creas falsamente no puedes sino sufrir. T.2:VII:3:9

    La mente es capaz de crear realidad o de fabricar ilusiones. T.5:V:4:4

    El miedo y el amor fabrican o crean (…), y los pensamientos retor­nan a la mente del pensador y afectan a la totalidad de su percep­ción. T.7:VI:1:5

    Al proyectar tu propio rechazo, crees entonces que son otros los que te lo están quitando a ti. T.7:VII:8:3

   

    Tu mente es capaz de crear mundos, pero puede también negar lo que crea porque es libre. T.10:V:9:11

    Fuiste creado sólo para crear, no para ver ni para fabricar nada. T.14:I:4:4

    Ningún pensamiento puede tener efectos aislados. Cada decisión que se toma afecta a una constelación mucho mayor que nada que jamás hayas podido concebir. T.14:III:9:4-5

   

    Todavía queda una pregunta por contestar, la cual es muy sim­ple. ¿Te gusta lo que has fabricado? Un mundo de asesinatos y de ataque por el que te abres paso tímidamente en medio de cons­tantes peligros, solo y temeroso, esperando a lo sumo a que la muerte se demore un poco antes de que se abalance sobre ti y desaparezcas. Todo eso son fabricaciones tuyas. Es un cuadro de lo que tú crees ser: de cómo te ves a ti mismo. Los asesinos están aterrorizados y los que matan tienen miedo de la muerte. Todas estas cosas no son sino los temibles pensamientos de aquellos que se amoldan a un mundo que se ha vuelto temible debido a los ajustes que ellos mismos hicieron. Y lo contemplan, con pesar desde su propia tristeza interior, y ven la tristeza en él. T.20:III:4:1-7

    Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. Es imposible que él mismo no haya ele­gido las cosas que le suceden. Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. Y ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó. T.21:II:3:1-4

La Biblia dice: hasta los pelos de tu cabeza están contados. Mateo 10:30, Lucas 12:7 Y UCDM nos enseña que, el nivel más simple de enseñanza aparenta ser bastante super­ficial. Consiste en lo que parecen ser encuentros fortuitos: el encuentro de dos supuestos extraños en un ascensor “por casua­lidad”; el niño que sin mirar adónde va se tropieza con un adulto “por accidente”; dos estudiantes que “de pronto” se encuentran caminando juntos a casa. Estos encuentros no ocurren al azar. Cada uno de ellos tiene el potencial de convertirse en una situa­ción de enseñanza-aprendizaje: Quizá los dos supuestos extra­ños en el ascensor se sonrían el uno al otro; tal vez el adulto no reprenda al niño por haber tropezado con él, y tal vez los estu­diantes se hagan amigos. M.3:2:1-5

    Lo que deseas es verdad para ti. Pues es imposible desear algo y no tener fe de que ello es real. Desear otorga realidad tan irreme­diablemente como ejercer la voluntad crea. El poder de un deseo apoya a las ilusiones tan fuertemente como el amor se extiende a sí mismo. Excepto que uno de ellos engaña y el otro sana. T.24:V:1:6-10

El Hijo otorga Paternidad a su Creador y recibe el regalo que le ha dado. Y puesto que es el Hijo de Dios, tiene que ser a su vez un padre, que crea tal como su Padre lo creó a él. El círculo de creación no tiene fin. T28-II.1

    Tu día no transcurre al azar. La clase de día que tienes lo deter­mina aquello con lo que eliges vivirlo. Nadie puede escaparse de lo que inevitable­mente ha de ocurrir. Y si tú crees que puedes, estás equivocado. T.30:I:15:1-2,5-6

    Ni una sola chispa de vida fue creada sin tu grato consentimiento, tal como tú quisiste que fuese. T.30:II:1:9

    El mundo no ha experimentado todavía ningún despertar o renacimiento com­pleto. Un renacer así es imposible mientras sigas proyectando o creando falsamente. T.2:I:3:7-8

 

    La auténtica negación es un poderoso mecanismo protector. Puedes y debes negar toda creencia de que el error puede hacerte daño. Esta clase de negación no oculta sino que corrige. Tu mente recta depende de ella. Negar el error es una sólida defensa en favor de la verdad, pero negar la verdad da lugar a creaciones falsas: las proyecciones del ego. La negación del error, puesta al servicio de la mente recta, libera a la mente y reestablece la liber­tad de la voluntad. Cuando la voluntad es realmente libre no puede crear falsamente porque sólo reconoce la verdad. T.2:II:1:7

 

    Sólo la mente puede errar. El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos. Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsa­mente en la mente. Cuando se comprende que la mente -el único nivel de creación- no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse. T2-IV.2:4-10

 

    La magia es el uso insensato o mal creativo de la mente. Los medicamentos físicos son una forma de “hechizo”; pero si tienes miedo de usar la mente para curar, no debes intentar hacerlo. El hecho mismo de que tengas miedo hace que tu mente sea vulne­rable a crear falsamente.  T.2:V:2:1-3

 

    Debe subrayarse nuevamente que al cuerpo le resulta tan impo­sible aprender como crear. En cuanto que recurso de aprendizaje se deja llevar simplemente por el estudiante, más si se le dota falsamente de iniciativa propia, se convierte en una seria obstruc­ción para el mismo aprendizaje que debería facilitar. Sólo la mente es capaz de iluminación. El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capaci­dad de aprender. Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que ésta ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz. T.2:V:6:1-6

 

    Tal vez creas que eres responsable de lo que haces, pero no de lo que piensas. La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es sola­mente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decisión. Tus acciones son el resultado de tus pensamientos. No puedes separarte de la verdad “otorgándole” autonomía al comporta­miento. Éste lo controlo yo automáticamente tan pronto como pongas tu pensamiento bajo mi dirección. Siempre que tienes miedo es señal inequívoca de que le has permitido a tu mente crear falsamente y de que no me has permitido guiarla. T.2:VI:2:5-10

 

    Tanto el milagro como el miedo proceden de pensamientos. Si no eres libre de elegir uno, tampoco serás libre de elegir el otro. Al elegir el milagro, rechazas el miedo aunque sólo sea temporal­mente. Te has sentido temeroso de todo el mundo y de todas las cosas. Tienes miedo de Dios, de mí y de ti mismo. Nos has percibido erróneamente o creado falsamente, y crees en lo que has fabricado. No habrías podido hacer nada de eso si no hubieses tenido miedo de tus propios pensamientos. Los temerosos no pueden sino crear falsamente, puesto que perciben erróneamente la creación. Cuando creas falsamente no puedes sino sufrir. T.2:VII:3:1-9

 

    La inocencia no es un atributo parcial. No es real hasta que es total. Los que son parcialmente inocentes a veces tienden a actuar neciamente. Su inocencia no pasa a ser sabiduría hasta que no se convierte en un punto de vista de aplicación universal. La per­cepción verdadera, o percepción inocente, significa que nunca percibes falsamente y que siempre ves correctamente. T.3:II:2:1-5

 

    Tienes miedo de la Voluntad de Dios porque has usado tu mente, que Él creó a semejanza de la Suya Propia, para crear falsa­mente. La mente sólo puede crear falsamente cuando cree que no es libre. Una mente “aprisionada” no es libre porque está poseí­da, o refrenada, por sí misma. Está, por lo tanto, limitada, y la voluntad no es libre de afirmarse a sí misma. Ser uno es ser de una misma mente o voluntad. T.3:II:4:1-5

 

    Si atacas el error que ves en otro, te harás daño a ti mismo. No puedes conocer a tu hermano si lo atacas. Los ataques siempre se lanzan contra extraños. Al percibir falsamente a tu hermano lo conviertes en un extraño, y, por lo tanto, no puedes conocerlo. Le tienes miedo porque lo has convertido en un extraño. Percíbelo correctamente para que lo puedas conocer. En la creación de Dios no hay extraños. T.3:III:7:1-7

 

    Lo que percibes en otros lo refuer­zas en ti. Puedes permitir que tu mente perciba falsamente, pero el Espíritu Santo le permite reinterpretar sus propias percepciones falsas. T.5:III:9:5-6

 

    Como ya dije anteriormente: “Lo que enseñes es lo que apren­derás”. Si reaccionas como si te estuvieran persiguiendo, estarás enseñando persecución. No es ésta la lección que el Hijo de Dios debe enseñar si es que ha de alcanzar su propia salvación. Enseña más bien tu perfecta inmunidad, que es la verdad acerca de ti, y date cuenta de que no puede ser atacada. No trates de protegerla, pues, de lo contrario, creerás que es susceptible de ser atacada. No se te pide ser crucificado, lo cual fue parte de lo que yo aporté como maestro. Se te pide únicamente que sigas mi ejemplo cuando te asalten tentaciones mucho menos extremas de percibir falsamente, y que no las aceptes como falsas justificacio­nes para desatar tu ira. No puede haber justificación para lo injustificable. No creas que la hay, ni enseñes que la hay. Recuerda siempre que enseñas lo que crees.  T.6:I:6:1-10

 

   

Prefacio-¿Qué postula? El mundo de la percepción por otra parte, es el mundo del tiempo, de los cambios, de los comienzos y de los finales. Se basa en interpretaciones, no en hechos. Es un mundo de nacimientos y muertes, basado en nuestra creencia en la escasez, en la pérdida, en la separación y en muerte. Es un mundo que aprendemos, en vez de algo que se nos da; es selectivo en cuanto al énfasis perceptual, inestable en su modo de operar e inexacto en sus interpretaciones.

 

Prefacio-¿Qué postula? Del conocimiento y de la percepción surgen dos sistemas de pensamiento distintos que se oponen entre sí en todo. En el ámbito del conocimiento no existe ningún pensamiento aparte de Dios porque Dios y Su creación comparten una sola Voluntad. El mundo de la percepción, por otra parte, se basa en la creencia en opuestos, en voluntades separadas y en el perpetuo conflicto que existe entre ellas, y entre ellas y Dios.

 

Prefacio-¿Qué postula? La visión de Cristo es el don del Espíritu Santo, la alternativa que Dios nos ha dado contra la ilusión de la separación y la creencia en la realidad del pecado, la culpabilidad y la muerte.

 

T1.I.22 Los milagros se asocian con el miedo debido únicamente a la creencia de que la oscuridad tiene la capacidad de ocultar. 2Crees que lo que no puedes ver con los ojos del cuerpo no existe, Urtext.p17más tus ojos físicos no pueden ver en la oscuridad. 3Esta creencia te lleva a negar la visión espiritual, la cual depende siempre de la luz. Lo segundo es inherente a lo primero, porque la luz no puede tolerar una completa oscuridad. Por definición la luz disipa automáticamente la oscuridad.

 

T1.III.9 Los milagros son selectivos únicamente en el sentido de que se canalizan hacia aquellos que pueden usarlos en beneficio propio. 2Puesto que esto hace que sea inevitable el que los extiendan a otros, se suelda una fuerte cadena de Expiación. 3Esta selectivi­dad, sin embargo, no toma en cuenta la magnitud del milagro mismo, ya que el concepto de tamaño existe en un plano que de por sí es irreal. 4Dado que el milagro tiene como objeto restable­cer la conciencia de la realidad, no sería eficaz si estuviese limi­tado por las leyes que gobiernan el error que tiene como objeto corregir. Urtext.p60Solo el hombre comete este tipo de error. Como las guerras preventivas que se inician para prevenir las mismas guerras que pretendían evitar. Es un ejemplo de la “tonta consistencia” que sus propias falsas creencias han engendrado.

 

T1.IV.3 La oscuridad es falta de luz de la misma manera en que el pecado es falta de amor. 2No tiene cualidades únicas propias. 3Es un ejemplo de la creencia en la “escasez”, de la cual sólo se pueden derivar errores. 4La verdad es siempre abundante. 5Los que perci­ben y reconocen que lo tienen todo no tienen necesidades de ninguna clase. En este mundo de separación, una rosa roja nunca podrá experimentar ser una rosa amarilla y viceversa, pero en la Realidad de Dios, donde Todos y Somos es igual a Uno y lo Mismo, no hay necesidad de experimentar ser algo diferente puesto que la rosa es roja y amarilla simultáneamente. Dicho de otro modo, si en la Unicidad de Dios soy Uno con Todo, no me falta nada, por lo tanto lo tengo todo, y cuando lo soy todo, estoy completo. Esto es lo que significa no tener necesidades de ninguna clase. 6El propósito de la Expiación es devolvértelo todo o, más bien, devolvérselo a tu conciencia. 7Se te dio todo cuando fuiste creado, exactamente como se les dio a todos los demás.

 

T1.IV.4:6 Te aseguro que daré testimonio a través de todo aquel que me lo permita y en la medida en que me lo permita. 7Aquello de lo que das fe demues­tra tus creencias y, de esta manera, las refuerza. 8Aquellos que dan testimonio de mí están expresando, por medio de los mila­gros que obran, que han dejado de creer en la carencia en favor de la abundancia que han aprendido les pertenece. Urtext.p38La frase bíblica: “aquellos que me representan ante los hombres, serán representados por mí ante Dios”, lo que significa es que tú representas la autoridad en la que crees.  

 

T1.VII.3:8 Crees en lo que inventas. 9De igual modo, si ofreces milagros creerás en ellos con igual intensidad. 10La fuerza de tu convicción sostendrá entonces la creencia del que reciba el milagro.

 

Urtext.p29La posesión está muy próximamente ligada con la proyección. Posesión realmente significa “No bajo el Control de Cristo”, haciéndote vulnerable a “ser dominado” por los propios “pensamientos” del ego. 3Esto es posesión del demonio. Después de todo Lucifer cayó, pero todavía era un ángel. Por eso es el símbolo del hombre. La Expiación es el conocimiento de que la creencia en que los ángeles pueden caer es falsa. Es verdad que la mente puede crear proyecciones tanto como milagros, pero no es verdad que las proyecciones sean reales. Esto se debería entender. Esto es lo que quiere decir “La Verdad te hará libre”.

 

T2.II.2:2 Puedes y debes negar toda creencia de que el error puede hacerte daño.

 

T2.II.4:4 Antes de la separación los actos eran innecesa­rios porque no existía la creencia en el tiempo ni el espacio.

 

T2.II.5:1 La Expiación se instituyó dentro de la creencia en el tiempo y en el espacio para fijar un límite a la necesidad de la creencia misma y, en última instancia, para completar el aprendizaje.

 

T2-III-1:3 Generalmente las defensas se manifiestan como una necesidad de proteger el cuerpo. 4Las múltiples fantasías sexuales a las que las mentes se entregan proceden de la creencia distorsionada de que el cuerpo puede usarse como un medio para alcanzar la Expiación.

 

T2.IV.2 Un paso importante en el plan de la Expiación es deshacer el error en todos los niveles. 2La enfermedad o “mentalidad-no-recta” es el resultado de una confusión de niveles, pues siempre com­porta la creencia de que lo que está mal en un nivel puede afectar adversamente a otro. 3Nos hemos referido a los milagros como un medio de corregir la confusión de niveles, ya que todos los errores tienen que corregirse en el mismo nivel en que ocurrieron. 4Sólo la mente puede errar. 5El cuerpo sólo puede actuar equivo­cadamente cuando está respondiendo a un pensamiento falso. 6El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede —error básico— ­da lugar a todos los síntomas físicos. 7Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. 8La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. 9Este error puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsa­mente en la mente. 10Cuando se comprende que la mente —el único nivel de creación— no puede crear más allá de sí misma, ninguno de esos dos tipos de confusión tiene por qué producirse.

 

T2.IV.4 Todos los remedios materiales que aceptas como medicamentos para los males corporales son reafirmaciones de principios mági­cos. 2Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. 3El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creati­vos. 4Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales agentes con propósitos correctivos sea malo. 5A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. 6En ese caso, tal vez sea pru­dente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. 7Esto se debe a que lo que menos puede ayudar al que no está en su mente recta o al enfermo es hacer algo que aumente su miedo. 8De por sí ya se encuentra en un estado debili­tado debido a éste. 9Exponerle prematuramente a un milagro podría precipitarle al pánico, 10lo cual es muy probable que ocu­rriese en aquellos casos en que la percepción invertida ha dado lugar a la creencia de que los milagros son algo temible.

 

T2.V.1 Urtext.p91Toda la razón de ser del milagro es elevar el nivel de comunicación, no imponer una regresión cuando es usado inapropiadamente. 1Antes de que los obradores de milagros estén listos para emprender su función en este mundo, es esencial que compren­dan cabalmente el miedo que se le tiene a la liberación. 2De lo contrario, podrían fomentar inadvertidamente la creencia de que la liberación significa aprisionamiento, creencia que, de por sí, ya es muy prevaleciente. 3Esta percepción errónea procede a su vez de la creencia de que el daño puede limitarse sólo al cuerpo.

 

T2.V.9 Curar es una habilidad que se desarrolló después de la separa­ción, antes de la cual era innecesaria. 2Es temporal al igual que todos los aspectos de la creencia en el tiempo y en el espacio.

 

Urtext.p108 El hombre cree en lo que ha creado en su propio inconsciente, y naturalmente cree que es real porque él lo ha creado. Así, se coloca a sí mismo en una posición en la que lo temible se hace real. Mientras se sostenga esta creencia, lo único que puede resultar es una confusión de niveles. El conflicto no puede desaparecer hasta que se haya reconocido completamente que la falsa creación no es real, y por lo tanto no hay conflicto.

 

T2.VII.4 Urtext.p111Ya hemos dicho que el conflicto básico es entre amor y miedo, y que la adecuada organización de la psique descansa en una falta de confusión de niveles. 1También hemos dicho que crees que no puedes controlar el miedo porque tú mismo lo inventaste, y tu creencia en él parece ponerlo fuera de tu control.

 

Urtext.p120Las creencias son pensamientos.

 

T3.II.3 Cuando no tienes confianza en lo que alguien va a hacer, estás dando testimonio de tu creencia de que esa persona no está en su mente recta.

 

T3.VI.2:7Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto.

 

T3.VI.2:12Juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca.

 

Toda incerti­dumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar. T3-VI.3

 

T3.VII.1 Todo sistema de pensamiento debe tener un punto de par­tida. 2Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. Urtext.p164Ambos actos son de la voluntad, excepto que fabricar implica hacer y crear implica voluntad activa. 3La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. 4Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. 5Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. 6Creer que un sis­tema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. 7Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. 8Es esen­cial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario Urtext.p164no entenderás porqué tienes tanta dificultad con este Curso ni podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido.

 

T3.VII.5 La mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es lo que es el “diablo”. 2Es una idea poderosa, dinámica y destructiva que está en clara oposición a Dios debido a que literalmente niega Su Paternidad.

 

La muerte no existe; lo que existe es la creencia en la muerte. T3-VII.5

 

Urtext.p156Todavía es verdad que crees que te hicieron algo a ti. Esta creencia es extremadamente peligrosa para tu percepción y absolutamente destructiva de tu conocimiento. Esto no solo es cierto con respecto a tus actitudes hacia tus padres, sino también con el uso indebido que haces de tus amigos. Todavía piensas que debes responder a sus errores como si fueran reales.

 

Urtext.p158Si te encuentras bajo la falsa creencia de que estás haciendo frente al problema del miedo funcionando como administrador, pero no como maestro, te estás engañando a ti mismo.

 

Urtext.p159Perderás todo tu miedo a enseñar y a relacionarte en cualquier forma una vez que sepas quién eres. No tiene ningún sentido permanecer aprisionado en la creencia de que esto depende de ti. No existes bajo luces diferentes. Esta es la creencia que te ha confundido acerca de tu propia realidad. ¿Por qué querrías permanecer tan desconocido para ti mismo?

 

T4.I.7 El que enseñes o aprendas no es lo que establece tu valía. 2Tu valía la estableció Dios. 3Mientras sigas oponiéndote a esto, todo lo que hagas te dará miedo, especialmente aquellas situaciones que tiendan a apoyar la creencia en la superioridad o en la infe­rioridad. 4Los maestros deben tener paciencia y repetir las lecciones que enseñan hasta que se aprendan.

 

La creencia de que hay otra forma de percibir es la idea más sublime de que es capaz el pensamiento del ego. T4-II.4

 

“Dar para obtener” es una ley ineludible del ego, que siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos. 6Por lo tanto, está siempre obsesionado con la idea de la escasez, que es la creencia que le dio origen. T4-II.6

 

El ego es la creencia de la mente según la cual él tiene que valerse completamente por sí mismo. T4-II.8

 

T4.III.5 Es necesario repetir que tu creencia en la oscuridad y en la ocultación es la razón de que la luz no pueda pasar.

 

T4.III.10 ¿Quién, sino un loco, se empeñaría en creer lo que no es cierto y en defender después esa creencia a expensas de la verdad?

 

T4.IV.7 El hábito de colaborar con Dios y Sus Creaciones se adquiere fácilmente si te niegas diligentemente a dejar que tu mente diva­gue. 2No se trata de un problema de falta de concentración, sino de la creencia de que nadie, incluido tú, es digno de un esfuerzo continuo. 3Ponte de mi parte sistemáticamente contra este engaño y no permitas que esa desafortunada creencia te retrase.

 

T4.IV.8 Vigila tu mente con sumo cuidado contra cualquier creencia que se interponga en el logro de tu obje­tivo, y recházala.

 

T4.V.4 El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. 2Ésta es la única identificación con la que se siente seguro, ya que la vulnera­bilidad del cuerpo es su mejor argumento de que tú no puedes proceder de Dios. 3Ésta es la creencia que el ego apoya ferviente­mente. 4Sin embargo, odia al cuerpo porque no lo considera lo suficientemente bueno como para ser su hogar. 5En este punto es donde la mente queda definitivamente aturdida.

 

T4.VI.4 El ego y el espíritu no se conocen. 2Sólo mediante la disociación puede la mente separada mantener vigente la separación. 3Una vez que ha hecho esto, niega todos los impulsos verdadera­mente naturales, no porque el ego sea una cosa separada, sino porque quieres creer que lo eres. 4El ego es un mecanismo para seguir albergando esta creencia, pero sigue siendo únicamente tu decisión de usar tal mecanismo lo que lo perpetua.

 

Urtext.p208-209Aquellos con cuerpos rotos son a menudo despreciados por el ego por su creencia de que nada excepto un cuerpo perfecto merece ser su propio templo.

 

Si puedes aceptar el concepto de que este mundo es un mundo de ideas, la creencia en la falsa conexión que el ego hace entre dar y perder desaparece. T5-I.1

 

T5.II.4 Tú eres el Reino de los Cielos, pero permitiste que la creencia en la oscuridad se infiltrase en tu mente, por lo que ahora necesitas una nueva luz.

 

T5.III.6 La eternidad es una idea de Dios, por lo tanto, el Espíritu Santo la comprende perfectamente. 4El tiempo es una creencia del ego, por lo tanto, la mente inferior —el dominio del ego— la acepta sin reservas. 5El único aspecto del tiempo que es eterno es el ahora.

 

 T5.III.9 La percepción deriva significado de las relaciones. 2Aquellas que aceptas constituyen los cimientos de tus creencias.

 

El pensamiento que no es natural va siempre acompañado de culpa porque es la creencia en el pecado. T5-V.4

 

T6.In.2 Nadie puede organizar su vida sin un sistema de creencias.

 

Todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan. T6-I.16

 

T6.II.1 Cualquier división en la mente conlleva por fuerza el rechazo de una parte de ella misma, y eso es lo que es la creencia en la separación.

 

T6.II.3 La proyec­ción refuerza tu creencia de que tu propia mente está dividida, creencia ésta cuyo único propósito es mantener vigente la separa­ción.

 

T6.V.A.4 No puedes obrar milagros sin creer en él, ya que es una creencia en la perfecta igualdad. 7El único regalo idéntico que se les puede ofrecer a los Hijos idénticos de Dios, es apreciarlos completamente. 8Ni más ni menos.

 

T6.V.C.6 Es esen­cial, por lo tanto, enseñarte que no puedes sino estar incluido en el Reino, y que lo único que debes excluir es la creencia de que no estás incluido en él.

 

T6.V.C.7 No podrás ir más allá de las creencias hasta que no creas plenamente.

 

En el Reino ni se enseña ni se aprende porque en él no hay creencias. T7-II.3

 

Puesto que los Hijos de Dios gozan de perfecta igualdad, no pue­den competir porque lo tienen todo. 4Sin embargo, si perciben a cualquiera de sus hermanos de cualquier otra forma que no sea con perfecta igualdad es que se ha adentrado en sus mentes la idea de la competencia. 5No subestimes la necesidad que tienes de mantenerte alerta contra esa idea, ya que todos tus conflictos pro­ceden de ella. 6Dicha idea es la creencia de que es posible tener intereses conflictivos, y significa, por lo tanto, que has aceptado que lo imposible es verdad. T7-III.3

 

Curar es la manera de desva­necer la creencia de que existen diferencias. T7-IV.5

 

El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos, pero eso no puede ocurrir a no ser que ya se le haya confundido con la mente. 6Esta situación, no obstante, puede usarse en beneficio de la curación o de la magia, pero debes recordar que la magia siempre implica la creencia de que la curación es algo perjudicial. 7Esta creencia completamente irracional es su premisa y, por consiguiente, no puede sino proceder irracionalmente. T7-V.3

 

Las creencias no requieren vigilancia a menos que estén en conflicto. T7-VI.7

 

El estado de alerta es necesario contra las creencias que no son cier­tas, y el Espíritu Santo nunca lo habría solicitado si tú no hubieses creído lo falso. 7Cuando crees en algo, haces que sea real para ti. 8Cuando crees en lo que Dios no conoce, tu pensamiento parece contradecir al Suyo y esto hace que parezca que lo estás atacando. T7-VI.7

 

Cualquier problema de identificación, in­dependientemente del nivel en que se perciba, no es un problema que tenga que ver con hechos reales. 5Es un problema que pro­cede de una falta de entendimiento, puesto que su sola presencia implica que albergas la creencia de que es a ti a quien le corres­ponde decidir lo que eres. T7-VI.9

 

Es un error la idea de que puedes deshacerte de algo que no deseas dándoselo a otro. 7Dándolo es precisamente como lo conservas. 8La creencia de que viéndolo fuera de ti lo excluyes de tu interior es una distorsión total del poder de la extensión. T7-VIII.3

 

El ego es una creencia tuya. T7-VIII.4

 

El Espíritu Santo te enseñará a percibir más allá de tus creencias porque la verdad está más allá de cualquier creencia, y la percep­ción del Espíritu Santo es verdadera. 2Te puedes olvidar del ego por completo en cualquier momento que así lo elijas porque el ego es una creencia completamente inverosímil, y nadie puede seguir abrigando una creencia que él mismo haya juzgado como increí­ble. 3Cuanto más aprendes acerca del ego, más te das cuenta de que no se puede creer en él. 4Lo inverosímil no se puede entender porque es increíble. 5Es evidente que una percepción basada en lo increíble no tiene sentido, pero tal vez no hayas reconocido que dicha percepción está más allá de lo que se puede creer precisa­mente porque fue concebida por una creencia. T7-VIII.6

 

Sean cuales sean estas creencias, constituyen las premisas que habrán de determinar lo que aceptes en tu mente. T7-X.1

 

Nadie obedece de buen grado a un guía en el que no confía, pero eso no quiere decir que el guía no sea digno de confianza. 9En este caso, siempre significa que el seguidor es el que no lo es. 10Sin embargo, esto también depende de sus propias creencias. 11Al creer que puede traicionar, cree que todo lo puede traicionar a él. T7-X.5

 

El mundo es la creencia de que el amor es imposible. T8-IV.3

 

El pensamiento no se puede convertir en carne excepto mediante una creencia, ya que el pensamiento no es algo físico. T8-VII.7

 

Toda mente es íntegra, y la creencia de que parte de la mente es física, o no mental, es una interpretación fragmentada o enfermiza. T8-VII.10

 

No te permitas sufrir por causa de las consecuencias imagina­rias de lo que no es real. 2Libera tu mente de la creencia de que eso es posible. T8-VII.16

 

Cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. 6Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. 7Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada. T8-IX.1

 

La creencia de que para poder ser feliz tienes que tener lo imposible está en total desacuerdo con el principio de creación. T9-I.11

 

La Expiación es para todos porque es la forma de desvanecer la creencia de que algo pueda ser únicamente para ti. T9-IV.1

 

No dejes que ninguna creencia que afirme que el error es real se infil­tre en tu mente. T9-IV.5

 

La enfermedad es idolatría porque es la creencia de que se te puede desposeer de tu poder. T10-III.4

 

Puesto que el obrador de milagros ha oído la Voz de Dios, la refuerza en sus hermanos enfermos al debilitar su creencia en la enfermedad, que él no comparte. T10-IV.7

 

Tienes miedo de saber cuál es la Voluntad de Dios porque crees que no es la tuya. 4Esta creencia es lo que da lugar a la enfermedad y al miedo. 5Todo síntoma de enfermedad y de miedo emana de ella porque es la creencia que hace que no quieras saber. 6Al creer esto te ocultas en la oscuridad, negando que la luz se encuentre en ti. T11-I.10

 

Toda la falacia de la separación radica en la creencia de que el ego tiene el poder de hacer algo. T11-V.3

 

La creencia en la autonomía del ego te está costando el conocimiento de tu dependencia de Dios, en la cual reside tu libertad. T11-V.6

 

El ego cree que el poder, el entendimiento y la verdad radican en la separación, y que para establecer esta creencia tiene que atacar. 5Al no darse cuenta de que es imposible establecer esa creencia, y obsesionado por la convicción de que la separación es la salvación, el ego ataca todo lo que percibe, desmenuzándolo en partes pequeñas y desconectadas sin ninguna relación significativa entre sí, y desprovistas, por lo tanto, de todo significado. T11-V.13

 

Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposi­ble ver lo que no crees. 2La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. 3La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. T11-VI.1

 

diferentes experiencias conducen a diferentes creen­cias, y a través de éstas, a diferentes percepciones. 5Pues las per­cepciones se aprenden mediante creencias, y la experiencia ciertamente enseña. T11-VI.3

 

Has concebido muchas ideas que has interpuesto entre tu Creador y tú, y estas creencias constituyen el mundo que percibes. T11-VII.4

 

La idea de la culpabilidad da lugar a la creencia de que algunas personas pue­den condenar a otras, como resultado de lo cual, se proyecta sepa­ración en vez de unidad. T13-I.6

 

 La más tenebrosa de las piedras angulares que ocultas, man­tiene tu creencia en la culpabilidad fuera de tu conciencia, 2pues en ese lugar tenebroso y secreto yace el reconocimiento de que has traicionado al Hijo de Dios al haberlo condenado a muerte. T13-II.3

 

La fe sólo se puede recompensar en función de la creencia en la que se depositó. 5La fe le infunde poder a la creencia, y dónde se deposita dicha fe es lo que determina la recompensa, 6pues la fe siempre se deposita en lo que se valora, y lo que valoras se te devuelve. T13-IX.2

 

Al igual que tú, yo deposito mi fe y mi creencia en lo que tengo en gran estima. T13-X.13

 

La verdad yace oculta bajo cada piedra angular de miedo sobre la que has erigido tu demente sistema de creencias. T14-VII.2

 

La creencia en la culpabilidad no puede sino conducir a la creencia en el infierno. T15-I.6

 

La creencia en el infierno es lo que te impide comprender el presente, pues tienes miedo de éste. T15-I.7

 

La pequeñez y la creencia de que ésta te puede satisfacer, son decisiones que tomas con respecto a ti mismo. T15-III.6

 

Te embarca en una interminable e insatisfactoria cadena de relaciones especiales, forjadas con ira y dedicadas exclusiva­mente a fomentar tan sólo la creencia descabellada de que cuanta más ira descargues fuera de ti mismo, más a salvo te encontrarás. T15-VII.4

 

Tu propia creencia en la limitación lo que te ha aprisionado. T15-IX.6

 

Sentirse privado de algo engendra ataque, al ser la creencia de que el ataque está justificado. T15-XI.5

 

Las ilusiones no son sino creencias en algo que no existe. T16-III.4

 

Exigir que se te considere especial, y la creencia de que hacer que otro se sienta especial es un acto de amor, hace del amor algo odioso. T16-V.9

 

El instante santo es lo opuesto a la creencia fija del ego de que la salvación se logra vengando el pasado. T16-VII.6

 

La creencia en un amor limitado fue lo que dio origen al cuerpo, que fue concebido para limitar lo ilimitado. T18-VIII.1

 

La creencia en el pecado está necesariamente basada en la firme convicción de que son las mentes, y no los cuerpos, los que atacan. T19-II.1

 

El pecado exige castigo del mismo modo en que el error exige corrección, y la creencia de que el castigo es corrección es claramente una locura. T19-II.1

 

El pecado es la creencia de que tu percepción es inalterable y de que la mente tiene que aceptar como verdadero lo que le dicta la percepción. T19-III.5

 

Pues la creencia de que los cuerpos limitan a la mente conduce a una percepción del mundo en la que la prueba de la separación parece abundar por todas partes. T19-III.7

 

¿Qué te ha dado realmente el cuerpo que justifique tu extraña creencia de que la salvación radica en él? 7¿No te das cuenta de que eso es la creencia en la muerte? T19-IV.2

 

¿Dónde puede seguir habiendo culpabili­dad una vez que la creencia en el pecado ha desaparecido? T19-IV.7

 

La creencia en el pecado es un ajuste. 2Y un ajuste es un cambio: una alteración en la percepción, o la creencia de que lo que antes era de una manera ahora es distinto. T20-III.1

 

La creencia fija del ego es que todas las relaciones dependen de que se hagan ajustes, para así hacer de ellas lo que él quiere que sean. T20-III.2

 

El mundo cree en el pecado, pero la creencia que lo fabricó tal como tú lo ves no se encuentra fuera de ti. T20-III.6

 

Aquellos que se han unido a sus hermanos han abandonado la creencia de que su identidad reside en el ego. T21-IV.3

 

Tu creencia acerca de quién eres depende ente­ramente de la voz que elijas escuchar y de los panoramas que elijas ver. T21-V.1

 

La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de la verdad. T21-V.8

 

La fe y la creencia están firmemente arraigadas en la locura, y conducen la percepción hacia aquello que la mente ha considerado valioso. T21-V.8

 

La fe y la creencia, apoyadas por la razón, producen forzosamente un cambio en tu percepción. T21-V.10

 

¿No te das cuenta de que todo tu sufrimiento procede de la extraña creencia de que eres impotente? T21-VII.1

 

Lo que le permite al ego seguir existiendo es su creencia de que tú no puedes aprender este curso. 2Si compartes con él esa creencia, la razón será incapaz de ver tus errores y despejar el camino hacia su corrección. T22-III.2

 

La oposición del ego a la corrección conduce a su creencia fija en el pecado y a desenten­derse de los errores. T22-III.2

 

La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. T22-V.2

 

Ninguna clase de ataque está justificado porque no tiene sentido. 4De la única manera en que el ataque se podría justificar es si tú y tu hermano estuvieseis realmente separados el uno del otro, y todo el mundo estuviese separado del Creador. 5Pues sólo entonces sería posible atacar una parte de la creación sin atacarla a toda ella; atacar al Hijo sin atacar al Padre; atacar a otro sin atacarte a ti mismo o herirte a ti mismo sin que otro sufriese dolor. 6Sin embargo, no te quieres deshacer de esa creencia. 7Mas ¿dónde reside su valor, sino en el deseo de poder atacar impunemente? T22-VI.12

 

Si no se atribuyese valor a la creencia en la victoria, la guerra sería imposible. T23-I.1

 

Los pecados no pueden ser perdonados, al ser la creencia de que el Hijo de Dios puede cometer errores por los cuales su propia destrucción se vuelve inevitable. T23-II.4

 

Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. T24-In.2

 

Toda la creación sur­gió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias. T24-In.2

 

Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece. T24-I.1

 

Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. T24-I.2

 

La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. T24-I.3

 

Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. T24-I.8

 

El pecado es la creencia fija de que lo que se percibe no puede cambiar. T25-III.8

 

La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. 2Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. 3Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. 4Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, “El pecado es real y es lo que rige al mundo”? T25-VII.11

 

Tal vez no comprendas el papel que juega el perdón en el proceso de poner fin a la muerte y a todas las creencias que surgen de las brumas de la culpabilidad. T26-VII.8

 

Creerás en aquello que le quieras probar a tu hermano. 4El poder de tu testimonio procede de tus creencias. 5Y todo lo que dices, haces o piensas no hace sino dar testimonio de lo que le enseñas a él. T27-II.5

 

Las semillas de la enfermedad proceden de la creencia de que es posible encontrar felicidad en la separación y de que renunciar a ella sería un sacrificio. T28-IV.10

 

Un ídolo es una falsa impresión o una creencia falsa; alguna forma de anti-Cristo que constituye una brecha entre el Cristo y lo que tú ves. T29-VIII.3

 

Un ídolo se establece creyendo en él, y cuando la creencia se abandona, el ídolo “muere”. T29-VIII.6

 

Los ídolos son límites. 5Representan la creencia de que hay ciertas formas que pueden brindar felicidad, y de que, limitando, se consigue todo. T30-III.1

 

El mundo se convierte en un lugar de esperanza por­que su único propósito es ser un lugar donde la esperanza de ser feliz pueda ser colmada. 8Y nadie está excluido de esta esperanza porque todos se han unido en la creencia de que el propósito del mundo es uno que todos tienen que compartir, si es que dicha esperanza ha de ser algo más que un simple sueño. T30-V.2

 

No hay prueba más contundente de que lo que deseas es la idolatría, que la creencia de que hay algunas clases de enferme­dad y de desdicha que el perdón no puede sanar. T30-VI.6

 

No te dejes engañar con respecto al significado de la creencia fija según la cual algunas apariencias son más difíciles de pasar por alto que otras. 5Pues ello siempre significa que crees que el perdón tiene límites. T30-VI.6

 

El costo de la creencia de que algunas apariencias están más allá de cual­quier esperanza de cambio es que el milagro no se obra a través de ti de manera consistente. T30-VIII.4

 

Alegrémonos de que ves aquello que crees, y de que se te haya concedido poder cambiar tus creencias. T31-III.6

 

Enseñar es demostrar. 2Existen solamente dos sistemas de pen­samiento, y tú demuestras constantemente tu creencia de que uno u otro es cierto. M-In.2

 

La creencia de que existen grados de dificultad es la base de la percepción del mundo. 2Dicha creencia se basa en diferencias. M8-1

 

El origen de las ilusiones es la creencia de que tienen un propósito; que satisfacen alguna necesidad o de que colman un deseo. M14-1

 

Lo que mantiene viva la creencia en la magia es la ilusión simplista de que la magia funciona. M16-11

 

La ira no hace más que proferir a gritos: “¡La culpabilidad es real!” 2La realidad queda obliterada cuando esta creencia demente reemplaza a la Palabra de Dios. M18-3

 

¿Cómo se conserva la Paz de Dios una vez que se ha encon­trado? 2Si la ira retorna, en la forma que sea, el pesado telón volverá a caer una vez más y la creencia de que es imposible que haya paz inevitablemente regresará. M20-4

 

Nuestro curso no se ocupa de ningún concepto que no sea aceptable para cual­quier persona, independientemente de sus creencias previas. M24-3

 

Todas las creencias que facili­tan el progreso se deben respetar. M24-6

 

La creencia fija e inalterable del mundo es que todas las cosas nacen para morir. M27-1

T2-VII.5 Lo que tú crees, es cierto para ti.

 

T7-VI.7 Cuando crees en algo, haces que sea real para ti.

 

T20-II.6:7 Si eso es lo que crees, eso es lo que será para ti.

 

Mateo 8:5-13 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo». Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: Ve, él va, y a otro: Ven, él viene; y cuando digo a mi sirviente: Tienes que hacer esto, él lo hace».

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes». Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento.

 

Mateo 9:20-22 Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada.

 

Mateo 9:27-31 Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David». Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y él les preguntó: «¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?». Ellos le respondieron: «Sí, Señor». Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que suceda como ustedes han creído». Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que nadie lo sepa». Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

 

Mateo 14:22-33 En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman». Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua». «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

 

Mateo 15:21-28 Jesús se dirigió hacia el país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que salió de aquella región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

T3.1 [3] 46 Urtext.p123 Te equivocas disfrutando con la crítica. 47 Puedes reírte con tus hermanos, pero no de ellos. 48 La auténtica cortesía nunca hace esto. 49 Deberías saber que todos los Hijos de Dios son absolutamente merecedores de completa cortesía. 50 Nunca debieras unirte con uno a expensas de otro. (Nos unimos con mucha facilidad para criticar, no tanto para perdonar.) 51 Siempre hay una manera de tratar a los otros en la que sólo se ofrece una cortesía consistente, incluso en las pequeñas cosas. 52 Este es un hábito muy sanador para adquirir. (Trabajo mental.) 53 Siempre que se ofrece de manera cortés cualquier invitación para unirse a otros, debiera siempre afrontarse con respeto, aunque no necesita siempre ser aceptada. (No siempre van a aceptar que no quieras entrar en la crítica.) 54 Sin embargo, si se afronta de manera descortés, el sentimiento resultante puede ser de imposición. 55 Esto siempre es una reacción de voluntad dividida entre la voluntad del ego y la Voluntad de Dios, que es tú voluntad.

T6.6.3 [82] 1 Urtext.p266 Ustedes tienen que ser críticos para su propia salvación, dado que ésta es crítica para toda la Filiación.

T6-V.C.2 T6.6.3 [84] 14 El Espíritu Santo no enseña a la mente de ustedes a criticar a otras mentes, porque no quiere que enseñen el error ni que, al enseñarlo, lo aprendan ustedes. 15 Él dejaría de ser consistente si les permitiera reforzar lo que deben aprender a evitar. 16 Por lo tanto, en la mente del que piensa, el Espíritu Santo ciertamente es enjuiciador, pero sólo para unificar la mente de modo que ésta pueda percibir sin emitir juicios. 17 Esto permite a la mente enseñar sin emitir juicios y, por consiguiente, aprender a estar libre de ellos. 18 El deshacer es necesario sólo en la mente de ustedes, de manera de que no puedan proyectar en falso. 19 Dios Mismo ha establecido lo que pueden proyectar con perfecta seguridad. 20 Por consiguiente: mantente alerta sólo por Dios y por Su Reino (en tu mente, con tus pensamientos).

T9.III.1 T9.1 [1] 1 La vigilancia que el ego ejerce sobre los errores de otros egos no es la clase de vigilancia que el Espíritu Santo quiere que mantengas. 2 Los egos critican basándose en lo que para ellos tiene “sentido”. 3 Entienden este tipo de sentido porque son sensibles a él. 4 Para el Espíritu Santo, esto no tiene ningún sentido. T9.III.2 5 Para el ego, señalar los errores y “corregirlos” es ser caritativo, correcto y bueno. 6 Esto tiene perfecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. Para el Espíritu Santo, no criticar y sí por el contario aceptar los errores de otros como su propia evolución, es ser caritativo, correcto y bueno.

L268.1 L268.1 1 Señor, hoy no Te criticaré ni juzgaré contra Ti. 2 No trataré de interferir en Tu Creación, ni la distorsionaré en formas enfermizas. 3 Hoy me dispondré a retirar mis deseos de Su Unidad para dejarla ser Tal como La creaste. 4 Pues, de esta manera, sabré reconocer a mi Yo Tal como Tú Me creaste. 5 Fui creado en el Amor, y en el Amor permaneceré eternamente. 6 ¿Qué podría asustarme si dejo que todas las cosas sean exactamente como realmente son?

La percepción es una función del cuerpo, y, por lo tanto, supone una limitación de la conciencia. La percepción ve a través de los ojos del cuerpo y oye a través de sus oídos. Produce las limitadas reacciones que éste tiene. Prefacio-xv

 

De por sí, el cuerpo es neutro, como lo es todo en el mundo de la percepción. Utilizarlo para los objetivos del ego o para los del Espíritu Santo depende enteramente de lo que la mente elija. Prefacio-xv

 

El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo. T1-VII.2:4-5

 

El cuerpo no puede crear y la creencia de que puede -error básico- ­da lugar a todos los síntomas físicos. Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar. T2-IV.2:6-8

 

El cuerpo es un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. T2-IV.3:1

 

El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. Se puede exagerar el valor de sus capacidades y con frecuencia se hace. Sin embargo, es casi imposible negar su existencia en este mundo. T2-IV.3:8-10

 

Todos los remedios materiales que aceptas como medicamentos para los males corporales son reafirmaciones de principios mági­cos. Éste es el primer paso que nos conduce a la creencia de que el cuerpo es el causante de sus propias enfermedades. El segundo paso en falso es tratar de curarlo por medio de agentes no-creati­vos. Esto no quiere decir, sin embargo, que el uso de tales agentes con propósitos correctivos sea censurable. A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. En ese caso, tal vez sea pru­dente usar un enfoque conciliatorio entre el cuerpo y la mente en el que a algo externo se le adjudica temporalmente la creencia de que puede curar. T2-IV.4:1-6

 

El cuerpo no existe, excepto como un recurso de aprendizaje al servicio de la mente. Este recurso de aprendizaje, de por sí, no comete errores porque no puede crear. T2-V.1:9-10

 

Al cuerpo le resulta tan impo­sible aprender como crear. En cuanto que recurso de aprendizaje se deja llevar simplemente por el estudiante, más si se le dota falsamente de iniciativa propia, se convierte en una seria obstruc­ción para el mismo aprendizaje que debería facilitar. Sólo la mente es capaz de iluminación. El espíritu ya está iluminado, y el cuerpo, de por sí, es demasiado denso. La mente, sin embargo, puede hacer llegar su iluminación hasta el cuerpo al reconocer que éste no es el estudiante y que, por lo tanto, no tiene la capaci­dad de aprender. Es muy fácil, no obstante, poner al cuerpo en armonía con la mente una vez que ésta ha aprendido a mirar más allá de él hacia la luz. T2-V.6

 

La capacidad de percibir hizo que el cuerpo fuese posible, ya que tienes que percibir algo y percibirlo con algo. T3-IV.6:1

 

La función interpretativa de la percepción, que es una forma de creación distorsionada, te permitió entonces llegar a la conclusión de que tú eres tu cuerpo, en un intento de escapar del conflicto que tú mismo habías provo­cado. T3-IV.6:3

 

Demostré tanto la impotencia del cuerpo como el poder de la mente. T3-IV.7:5

 

Un padre puede dejar su hijo al cuidado de un her­mano mayor que haya demostrado ser responsable, pero esto no entraña confusión alguna acerca de quién es el padre. El her­mano puede proteger el cuerpo y el ego del niño, pero eso no lo lleva a creer que él sea el padre. Me puedes confiar tu cuerpo y tu ego debido únicamente a que eso te permite desentenderte de ellos y me deja mostrarte que no son importantes. Yo no podría entender lo importantes que son para ti si yo mismo no hubiese estado tentado de creer en ellos. Aprendamos juntos esta lección para que juntos podamos liberarnos de tu cuerpo y de tu ego. Necesito maestros dedicados que compartan mi objetivo de sanar a la mente. T4-I.4:2-7

 

El origen de los apetitos corporales no es físico. El ego considera al cuerpo como su hogar, y trata de satisfacerse a sí mismo a través de él. T4-II.7:7-8

 

Cualquier sistema de pensamiento que confunda a Dios con el cuerpo no puede por menos que ser demente. T4-V.3:1

 

El cuerpo es el hogar que el ego ha elegido para sí. T4-V.4:1

 

La mente que está libre de culpa no puede sufrir. Al estar sana, sana a su vez al cuerpo porque ella misma ha sanado. Las enfermedades son inconcebibles para la mente sana. T5-V.5

 

Sólo el cuerpo puede ser agredido. No cabe duda de que un cuerpo puede agredir a otro, y puede incluso destruirlo. Sin embargo, si la destrucción en sí es imposi­ble, cualquier cosa que pueda ser destruida no es real. Su des­trucción, por lo tanto, no justifica tu ira. En la medida en que creas que la justifica, estarás aceptando premisas falsas y enseñán­doselas a otros. El mensaje de la crucifixión fue precisamente enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido. Si reaccionas con ira, tienes que estar equiparándote con lo destructible, y, por lo tanto, viéndote a ti mismo de forma demente. T6-I.4:1-7

 

El ego se vale del cuerpo para conspirar contra tu mente, y puesto que el ego se da cuenta de que su “enemigo” puede acabar con él y con el cuerpo reconociendo simplemente que no for­man parte de él, él y el cuerpo se unen para llevar a cabo un ataque conjunto. Tal vez sea ésta la más extraña de todas las percepciones, si te detienes a considerar lo que ello realmente implica. El ego, que no es real, trata de persuadir a la mente, que sí es real, de que ella es su recurso de aprendizaje, y, lo que es más, de que el cuerpo es más real que ella. Nadie que esté en su mente recta podría creer semejante cosa, y nadie que está en su mente recta lo cree. T6-IV.5:1-4

 

Cuando tu cuerpo, tu ego y tus sueños hayan desaparecido, sabrás que eres eterno. Tal vez pienses que esto se logra con la muerte, pero con la muerte no se logra nada porque la muerte no es nada. Todo se logra con la vida, y la vida forma parte del ámbito de la mente y se encuentra en la mente. El cuerpo ni vive ni muere porque no puede contenerte a ti que eres vida. T6-V.A.1:1-4

 

Los que dicen que primero morirán y luego resucitarán están en un error. En vez de ello, deben recibir la resurrección mientras estén vivos. Es necesario resucitar en esta carne, toda vez que todo existe dentro de ella. Evangelio de Felipe.

 

Dios no creó el cuerpo porque el cuerpo es destructible, y, por consiguiente, no forma parte del Reino. El cuerpo es el símbolo de lo que crees ser. Es a todas luces un mecanismo de separación y, por lo tanto, no existe. T6-V.A.2:1-3

 

Si la mente puede curar al cuerpo, pero el cuerpo no puede curar a la mente, entonces la mente tiene que ser más fuerte que el cuerpo. Todo milagro es una demostración de esto. T6-V.A.2:6-7

 

El cuerpo es algo separado, y, por lo tanto, no puede ser parte de ti. Ser de una sola mente tiene sentido, pero ser de un solo cuerpo no tiene ningún sentido. De acuerdo con las leyes de la mente, pues, el cuerpo no tiene ningún sentido. T6-V.A.3:3-5

 

El ego se vale del cuerpo para atacar, para obtener placer y para vanagloriarse. (…) El Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación, y puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión. T6-V.A.5:3,5

 

El cuerpo no es más que un marco para desarrollar capacida­des, lo cual no tiene nada que ver con el uso que se hace de ellas. T7-V.1:1

 

El ego (…) trata de enseñarte que el cuerpo puede actuar como la mente y que es, por lo tanto, auto­suficiente. T7-V.2:3

 

Las mentes se pueden comunicar, pero no pueden hacer daño. El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos. T7-V.3:4-5

 

Los ataques son siempre físicos. Cuando se infiltra en tu mente cualquier forma de ataque es que estás equiparándote con el cuerpo, ya que ésta es la interpretación que el ego hace de él. No tienes que atacar físicamente para aceptar esta interpretación. La aceptas por el mero hecho de creer que atacando puedes obtener lo que deseas. T8-VII.1:1-4

 

Siempre que te equiparas con el cuerpo, experimentas depresión. T8-VII.1:6

 

Recuerda que para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación. T8-VII.2:1

 

El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de él. T8-VII.2:3-4

 

El cuerpo, de por sí, no tiene ningún valor. T8-VII.2:7

 

Si usas el cuerpo para atacar, éste se convierte en algo perjudicial para ti. Si lo usas con el solo propósito de llegar hasta las mentes de aquellos que creen ser cuerpos para enseñarles a través del mismo cuerpo que eso no es verdad, entenderás el poder de la mente que reside en ti. Si usas el cuerpo con este fin, y sólo con este fin, no lo podrás usar para atacar. T8-VII.3:1-3

 

El Espíritu Santo no ve el cuerpo como lo ves tú porque sabe que la única realidad de cualquier cosa es el servicio que le presta a Dios en favor de la función que Él le asigna. T8-VII.3:6

 

El cuerpo es feo o hermoso, violento o apacible, perju­dicial  o útil, dependiendo del uso que se haga de él. Y en el cuerpo de otro verás el uso que has hecho del tuyo. Si tu cuerpo se convierte en un medio que pones a disposición del Espíritu Santo para que Él lo use en nombre de la unión de la Filiación, no verás lo físico excepto como es. Úsalo para la verdad y lo verás correctamente. Úsalo incorrectamente y lo interpretarás mal, lo cual habrás hecho ya al usarlo incorrectamente. Interpreta cual­quier cosa sin el Espíritu Santo y desconfiarás de ello. Eso te conducirá al odio y al ataque, y hará que pierdas la paz. T8-VII.4:3-9

 

La Biblia dice: “El Verbo (o pensamiento) se hizo carne. Estric­tamente hablando, eso es imposible, puesto que parece implicar que un orden de realidad pasó a ser otro. Los distintos órdenes de realidad, al igual que los distintos grados de dificultad de los milagros, tan sólo dan la impresión de existir. El pensamiento no se puede convertir en carne excepto mediante una creencia, ya que el pensamiento no es algo físico. El pensamiento, no obs­tante, es comunicación, para lo que sí se puede usar el cuerpo. Éste es el único uso natural que se puede hacer de él. T8-VII.7:1-6

 

En este mundo, ni siquiera el cuerpo se percibe como algo ínte­gro. T8-VII.9:1

 

La curación es el resultado de usar el cuerpo exclusivamente para los fines de la comunicación. T8-VII.10:1

 

Es imposible convertir a la mente en algo físico, pero es posible hacer que se manifieste a través de lo físico si usa al cuerpo para ir más allá de sí misma. Al hacer eso la mente se extiende. No se detiene en el cuerpo porque si lo hace su propósito queda obstruido. T8-VII.10:4-6

 

Ayudar y curar son las expresio­nes naturales de la mente que está operando a través del cuerpo, pero no en él. Si la mente cree que su objetivo es el cuerpo distor­sionará su percepción de éste, y al bloquear su propia extensión más allá del mismo, dará lugar a enfermedades, pues estará fomentando la separación. Percibir el cuerpo como una entidad separada no puede sino fomentar la enfermedad, ya que ello no es verdad. Un medio de comunicación deja de ser útil si se emplea para cualquier otra cosa. Usar un instrumento de comunicación como instrumento de ataque es estar confundido con respecto a su propósito. T8-VII.11:2-6

 

El aprendi­zaje tiene que conducir más allá del cuerpo, al restablecimiento del poder de la mente en él. T8-VII.12:6

 

Ver un cuerpo de cualquier otra forma que no sea como un medio de comunicación es limitar a tu mente y hacerte daño a ti mismo. T8-VII.13:3

 

Si se pone al cuerpo en armonía con el propósito de la mente, éste se vuelve íntegro porque la mente sólo tiene un pro­pósito. T8-VII.13:5

 

El ataque tan sólo puede ser un propósito que el cuerpo ha asumido, ya que separado de la mente, el cuerpo no tiene ningún propósito. T8-VII.13:6

 

Tú no estás limitado por el cuerpo, y el pensamiento no puede hacerse carne. La mente, no obstante, puede manifestarse a tra­vés del cuerpo si va más allá de él y no lo interpreta como una limitación. Siempre que ves a alguien limitado a un cuerpo o por un cuerpo, estás imponiéndote a ti mismo ese mismo límite. T8-VII.14:1-3

 

Todo aquel que concibe el cuerpo como un medio de ataque y cree que de ello puede derivar dicha, demuestra inequívocamente que es un mal estudiante. T8-VII.14:5

 

Cuando ves a tu hermano como un cuerpo, lo estás condenando porque te has condenado a ti mismo. T8-VII.15:7

 

Las actitudes que se tienen hacia el cuerpo son las actitudes que se tienen hacia el ataque. T8-VIII.1:1

 

Para el ego el cuerpo es algo con lo que atacar. Puesto que te equiparas con el cuerpo, el ego te enseña que tu propósito es atacar. El cuerpo, pues, no es la fuente de su propia salud. La condición del cuerpo depende exclusivamente de cómo interpretas su función. T8-VIII.1:5-8

 

El ego, como de costumbre, da lugar a una confusión fundamental entre los medios y el fin. Al considerar al cuerpo como un fin, el cuerpo no tiene realmente utilidad para el ego, puesto que el cuerpo no es un fin. Debes haber notado una descollante característica en todo fin que el ego haya aceptado como propio. Cuando lo alcanzas te deja insatisfecho. por eso es por lo que el ego se ve forzado a cambiar incesantemente de un objetivo a otro, para que sigas abrigando la esperanza de que todavía te puede ofrecer algo. T8-VIII.2:3-7

 

Un cuerpo enfermo no tiene sentido. No puede tener sentido porque la enfermedad no es el propósito del cuerpo. T8-VIII.5:5-6

 

El Espíritu Santo te enseña a usar el cuerpo sólo como un medio de comunicación entre tus hermanos y tú, de modo que Él pueda enseñar Su mensaje a través de ti. Esto los curará y, por lo tanto, te curará a ti. T8-VIII.9:1-2

 

No permitas que el cuerpo sea el reflejo de una mente dividida. T8-VIII.9:5

 

La salud es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo sin amor. T8-VIII.9:9

 

Cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada.T8-IX.1:5-7

 

El ego, empeñado siempre en debilitar a la mente, trata de separarla del cuerpo en un intento de destruirla. T8-IX.6:1

 

La enfermedad, no obstante, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente. Toda forma de enfermedad es un signo de que la mente está dividida y de que no está acep­tando un propósito unificado. T8-IX.8:6-7

 

El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloque­cido. Contempla detenidamente este mundo y te darás cuenta de que así es. Pues este mundo es el símbolo del castigo y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte. Los niños vienen al mundo con dolor y a través del dolor. Su crecimiento va acompañado de sufrimiento y muy pronto aprenden lo que son las penas, la separación y la muerte. Sus mentes parecen estar atrapadas en sus cerebros, y sus fuerzas parecen decaer cuando sus cuerpos se lastiman. Parecen amar, sin embargo, abandonan y son abandonados. Parecen perder aquello que aman, la cual es quizá la más descabellada de todas las creencias. Y sus cuerpos se marchitan, exhalan el último suspiro, se les da sepultura y dejan de existir. Ni uno solo de ellos ha podido dejar de creer que Dios es cruel. T13-In.2:2-11

 

Para ti, un trocito de vidrio, una mota de polvo, un cuerpo o una guerra son todos una misma cosa. Pues si valoras una sola cosa que esté hecha de lo que no es nada, habrás creído que lo que no es nada puede ser valioso y que puedes aprender a hacer que lo que no es verdad lo sea. T14-II.1:10-11

 

Para el ego lo único que las relaciones significan es que los cuerpos están juntos. Esto es lo que el ego siempre exige, y no objeta adónde se dirige la mente o lo que piensa, pues eso no parece ser importante. Mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz. Para él la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir. Las ideas son básicamente algo sin importancia, salvo si con ellas se puede atraer o alejar el cuerpo de otro. Y ése es el criterio del que se vale para juzgar si  las ideas son buenas o malas. Todo aquello que hace que el otro se sienta culpable y que le impida irse debido a la culpabilidad es “bueno”. Lo que lo libera de la culpabilidad es “malo”, pues en ese caso dejaría de creer que los cuerpos se pueden comunicar, y, por lo tanto, se “marcharía”. T15-VII.8:2-9

 

Recuerda esto: estar con un cuerpo no es estar en comunicación. T15-VII.10:5

 

Mientras creas que estar con otro cuerpo es tener compañía, te verás obligado a tratar de reducir a tu hermano a su cuerpo y a confinarlo allí mediante la culpabilidad. T15-VII.12:2

 

Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus her­manos se limite a sus cuerpos, de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos, los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. T15-IX.1:1

 

El cuerpo es el símbolo del ego, tal como el ego es el símbolo de la separación. T15-IX.2:3

 

El ego quiere reducir a todo el mundo a un cuerpo para sus propios fines. T15-IX.3:3

 

Si te limitas a ver a tu hermano como un cuerpo, que es lo que harás mientras no quieras liberarlo del mismo, habrás rechazado el regalo que él te puede hacer. Su cuerpo es incapaz de dártelo, y tú no debes buscarlo a través del tuyo. T15-IX.4:4-6

 

El cuerpo es insignificante y limitado, y sólo aquellos que desees ver libres de los límites que el ego quisiera imponer sobre ellos, pueden ofre­certe el regalo de la libertad. T15-IX.5:5

 

Cuando el cuerpo deje de atraerte y ya no le concedas ningún valor como medio de obtener algo, dejará de haber entonces interferencia en la comunicación y tus pensamientos serán tan libres como los de Dios. A medida que le permitas al Espíritu Santo enseñarte a utilizar el cuerpo sólo como un medio de comunicación y dejes de valerte de él para fomentar la separación y el ata­que, que es la función que el ego le ha asignado, aprenderás que no tienes necesidad del cuerpo en absoluto. T15-IX.7:1-2

 

En el instante santo no hay cuerpos, y lo único que se experimenta es la atracción de Dios. T15-IX.7:3

 

Mientras percibas el cuerpo como lo que constituye tu realidad, te percibirás a ti mismo como un ser solitario y desposeído. T15-XI.5:1

 

La relación especial no significa nada sin un cuerpo. Si le atri­buyes valor a la relación especial, tienes que atribuírselo también al cuerpo. T16-VI.4:1-2

 

La relación especial es un recurso para limitar tu Ser a un cuerpo, y para limitar la percepción que tienes de los demás a los suyos. T16-VI.4:4

 

Ves un mundo de cuerpos separados que buscan unirse unos con otros en uniones exclusivas y convertirse en uno solo a costa de la pérdida que ambos sufren. Cuando dos individuos intentan con­vertirse en uno solo están tratando de reducir su grandeza. T16-VI.5:2-3

 

Sólo los cuerpos pueden conside­rarse medios de venganza. T17-III.2:6

 

Los cuerpos son el foco central de todas las relaciones no santas. T17-III.2:7

 

No es con el cuerpo del otro con el que se intenta la unión en la relación no santa, sino con los cuerpos de los que no están ahí. T17-III.3:1

 

Pensar en cuerpos indica falta de fe, pues los cuerpos no pueden solven­tar nada. T17-VII.3:5

 

Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de éste, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo. T18-I.3:7

 

Has transferido la culpabilidad de tu mente a tu cuerpo. El cuerpo, no obstante, no puede ser culpable, pues no puede hacer nada por su cuenta. T18-VI.2:5-6

 

Tú que crees odiar a tu cuerpo, no haces sino engañarte a ti mismo. T18-VI.2:7

 

Las mentes están unidas, los cuerpos no. Sólo al atribuirle a la mente las propiedades del cuerpo parece posible la separación. Y es la mente la que parece ser algo privado, y estar fragmen­tada y sola. Proyecta su culpabilidad, que es lo que la mantiene separada, sobre el cuerpo, el cual sufre y muere porque se le ataca a fin de mantener viva la separación en la mente e impedir que conozca su Identidad. La mente no puede atacar, pero puede forjar fantasías y ordenarle al cuerpo que las exteriorice. Mas lo que el cuerpo hace nunca parece satisfacer a la mente. A menos que la mente crea que el cuerpo está realmente exteriori­zando sus fantasías, lo atacará proyectando aún más culpabili­dad sobre él. T18-VI.3:1-7

 

El cuerpo no es el fruto del amor. Aun así, el amor no lo condena y puede emplearlo amorosamente, respetando lo que el Hijo de Dios engendró y utilizándolo para salvar al Hijo de sus propias ilusiones. T18-VI.4:7-8

 

Es una locura usar el cuerpo como chivo expiatorio sobre el que descargar tu culpabilidad, dirigiendo sus ataques y culpándolo luego por lo que tú mismo quisiste que hiciese. T18-VI.6:1

 

Las fantasías han hecho de tu cuerpo tu “enemigo”; algo débil, vulnerable y traicionero, merecedor del odio que le tienes. T18-VI.6:5

 

El cuerpo es un límite que se le impone a la comunicación universal, la cual es un atributo eterno de la mente. T18-VI.8:3

 

El cuerpo es algo externo a ti, y sólo da la impresión de rodear­te, de aislarte de los demás y de mantenerte separado de ellos y a ellos de ti. Pero el cuerpo no existe. T18-VI.9:1-2

 

El cuerpo no puede limitarte, ya que ésa no es tu voluntad. En realidad no se te “saca” de él, ya que no puede contenerte. T18-VI.13:3-4

 

Tienes todavía demasiada fe en el cuerpo como fuente de for­taleza. ¿Qué planes haces que de algún modo no sean para su comodidad, protección o disfrute? De acuerdo con tu interpreta­ción, esto hace del cuerpo un fin y no un medio, lo cual siempre quiere decir que todavía te atrae el pecado. T18-VII.1:1-3

 

No hay ni un solo instante en el que el cuerpo exista en abso­luto. T18-VII.3:1

 

Son muchos los esfuerzos que se lle­van a cabo tratando de hacer santo aquello que se odia y se abo­rrece. No es necesario tampoco que dediques toda tu vida a la contemplación, ni que te pases largos períodos de tiempo medi­tando con objeto de romper tu atadura al cuerpo. T18-VII.4:8-9

 

Hacer algo siempre involucra al cuerpo. Y si reconoces que no tienes que hacer nada, habrás dejado de otorgarle valor al cuerpo en tu mente. T18-VII.7:1-2

 

El que no tiene que hacer nada no tiene necesidad de tiempo. No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora. Él permanecerá ahí cuando tú te olvides y las actividades del cuerpo vuelvan a abarrotar tu mente consciente. T18-VII.7:6-9

 

Mas este lugar de reposo al que siempre puedes volver siem­pre estará ahí. Y serás más consciente de este tranquilo centro de la tormenta, que de toda su rugiente actividad. Este tranquilo centro, en el que no haces nada, permanecerá contigo, brindán­dote descanso en medio del ajetreo de cualquier actividad a la que se te envíe. Pues desde este centro se te enseñará a utilizar el cuerpo impecablemente. Este centro, del que el cuerpo está ausente, es lo que hará que también esté ausente de tu conciencia. T18-VII.8:1-5

 

Estar consciente del cuerpo es lo único que hace que el amor parezca limitado, pues el cuerpo es un límite que se le impone al amor. La creencia en un amor limitado fue lo que dio origen al cuerpo, que fue concebido para limitar lo ilimitado. No creas que esto es algo meramente alegórico, pues el cuerpo fue concebido para limitarte a ti. ¿Cómo podrías tú, que te ves a ti mismo dentro de un cuerpo, saber que eres una idea? Identificas todo lo que reconoces con cosas externas, con algo externo a ello mismo. Ni siquiera puedes pensar en Dios sin imaginártelo en un cuerpo, o en alguna forma que creas reconocer. T18-VIII.1:1-7

 

¿Cómo podrías tú, que te ves a ti mismo dentro de un cuerpo, saber que eres una idea? T18-VIII.1:5

 

El cuerpo es incapaz de saber nada. T18-VIII.2:1

 

El cuerpo es una diminuta cerca que rodea a una pequeña parte de una idea que es completa y gloriosa. El cuerpo traza un círculo, infinitamente pequeño, alrededor de un minúsculo segmento del Cielo, lo separa del resto, y proclama que tu reino se encuentra dentro de él, donde Dios no puede hacer acto de pre­sencia. T18-VIII.2:5-6

 

Cada cuerpo parece ser el albergue de una mente separada, de un pensamiento desconectado del resto, que vive solo y que de ningún modo está unido al Pensamiento mediante el cual fue creado. T18-VIII.5:2

 

El amor no sabe nada de cuerpos y se extiende a todo lo que ha sido creado como él mismo. T18-VIII.8:1

 

El cuerpo seguirá siendo el mensajero de la culpabilidad y actuará tal como ella le dicte mientras tú sigas creyendo que la culpabilidad es real. T18-IX.5:1

 

El cuerpo se cura porque viniste sin él y te uniste a la Mente en la que reside toda curación. T19-I.2:7

 

El cuerpo no puede curarse porque no puede causarse enfer­medades a sí mismo. No tiene necesidad de que se le cure. El que goce de buena salud o esté enfermo depende enteramente de la forma en que la mente lo percibe y del propósito para el que quiera usarlo. T19-I.3:1-3

 

Percibir a un hermano como si fuese un cuerpo es falta de fe, y el cuerpo no puede ser usado para alcanzar la unión. 3Si ves a tu hermano como un cuerpo, habrás dado lugar a una condición en la que unirse a él es imposible. T19-I.4:2-3

 

La transigencia que inevitablemente se hace es creer que el cuerpo, y no la mente, es el que tiene que ser curado. T19-I.6:1

 

La idea de la separación dio lugar al cuerpo y permanece conectada a él, haciendo que éste enferme debido a la identificación de la mente con él. T19-I.7:7

 

La gracia no se le otorga al cuerpo, sino a la mente. Y la mente que la recibe mira instantáneamente más allá del cuerpo, y ve el santo lugar donde fue curada. T19-I.13:1-2

 

Puedes esclavizar a un cuerpo, pero las ideas son libres, y no pueden ser aprisionadas o limitadas en modo alguno, excepto por la mente que las concibió. T19-I.16:4

 

Mientras creas que tu realidad o la de tu hermano está limi­tada a un cuerpo, seguirás creyendo en el pecado. Mientras creas que los cuerpos se pueden unir, seguirás encontrando atractiva a la culpabilidad y considerando el pecado como algo de inestimable valor. Pues la creencia de que los cuerpos limitan a la mente conduce a una percepción del mundo en la que la prueba de la separación parece abundar por todas partes. T19-III.7:1-3

 

Mi cuerpo no fue más valioso que el tuyo; ni fue tampoco un mejor instrumento para comunicar lo que es la salvación. T19-IV.A.17:7

 

El cuerpo no puede proporcionarte ni paz ni desasosiego, ni alegría ni dolor. Es un medio, no un fin. De por sí no tiene ningún propósito, sino sólo el que se le atribuye. El cuerpo parecerá ser aquello que constituya el medio para alcanzar el objetivo que tú le asignes. Sólo la mente puede fijar propósitos, y sólo la mente puede discernir los medios necesarios para su logro, así como justificar su uso. Tanto la paz como la culpabilidad son estados mentales que se pueden alcanzar. Y esos estados son el hogar de la emoción que los suscita, que, por consiguiente, es compatible con ellos. T19-IV.B.10:4-10

 

El cuerpo aparenta ser el gran trai­dor de la fe. En él residen la desilusión y las semillas de la falta de fe. T19-IV.B.11:4-5

 

Es imposible tratar de obtener placer a través del cuerpo y no hallar dolor. T19-IV.B.12:1

 

El cuerpo, a las órdenes del miedo, irá en busca de culpabilidad. T19-IV.B.13:2

 

El cuerpo, al igual que cualquier otro medio de comunicación, recibe y transmite los mensajes que se le dan. Pero éstos le son completamente indiferentes. T19-IV.B.14:5-6

 

El ego siempre proyecta sus mensajes fuera de ti, al creer que es otro y no tú el que ha de sufrir por tus mensajes de ataque y culpabilidad. E incluso si tú sufres, el otro ha de sufrir aún más. El supremo engañador reconoce que esto no es verdad, pero como “enemigo” de la paz que es, te incita a que proyectes todos tus mensajes de odio y así te liberes a ti mismo. Y para conven­certe de que esto es posible, le ordena al cuerpo a que busque dolor en el ataque contra otro, lo llame placer y te lo ofrezca como tu liberación del ataque. T19-IV.B.15:1-4

 

El cuerpo es tan incapaz de morir como de sen­tir. No hace nada. De por sí, no es ni corruptible ni incorruptible. No es nada. Es el resultado de una insignificante y descabellada idea de corrupción que puede ser corregida. T19-IV.C.5:2-6

 

Si me defiendo he sido atacado. LpI-135

 

El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes. Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. LpII-5.El cuerpo.1:1-2

 

El cuerpo se convertirá para ti en aquello para lo que lo uses. Úsalo para pecar o para atacar, que es lo mismo, y lo verás como algo pecaminoso. Al ser algo pecaminoso es débil, y al ser débil, sufre y muere. Úsalo para llevar la Palabra de Dios a aquellos que no la han oído, y el cuerpo se vuelve santo. Al ser santo no puede enfermar ni morir. Cuando deja de ser útil, se deja a un lado. Eso es todo. La mente toma esta decisión, así como todas las que son responsables de la condición del cuerpo. El maestro de Dios, no obstante, no toma esta decisión por su cuenta. Hacer eso sería conferirle al cuerpo un propósito distinto del que lo mantiene santo. La Voz de Dios le dirá cuándo ha llevado a término su cometido, tal como le dice cuál es su función. Mas él no sufre, tanto si se va como si se queda. Ahora es imposible que pueda enfermar. M12-5:1-12

 

El que transciende el cuerpo transciende también toda limi­tación. M23-3:10

 

El cuerpo es lo único que hace que el mundo parezca real, pues, al ser algo separado, no puede permanecer donde la separación es imposible. C4-5:9

 

El mundo de los cuerpos es el mundo del pecado, pues sólo si el cuerpo existiese sería posi­ble el pecado. C4-5:5

El cuerpo aparenta ser, en gran medida, automotivado e independiente, más en realidad sólo responde a las intenciones de la mente. Si la mente lo utiliza para atacar, sea de la forma que sea, el cuerpo se convierte en la víctima de la enfermedad, la vejez y la decrepitud. Si la mente, en cambio, acepta el propósito del Espíritu Santo, el cuerpo se convierte en un medio eficaz de comunicación con otros -invulnerable mientras se le necesite- que luego sencillamente se descarta cuando deja de ser necesario. Prefacio-xv

 

La mente que sirve al espíritu es invulnerable. T1-IV.2

 

El milagro es en gran medida como el cuerpo, en el sentido de que ambos son recursos de aprendizaje para facilitar un estado en el que finalmente se hacen innecesarios. Cuando se alcanza el estado original de comunicación directa con el espíritu, ni el cuerpo ni el milagro tienen objeto alguno. T1-V.1

 

Tú tienes otra consagración que puede mantener al cuerpo incorrupto y en perfectas condiciones mientras sea útil para tu santo propósito. T19-IV.C.5:1

 

Todo el mundo está seguro de que irá más allá del perdón y de que sólo seguirá aquí hasta que éste se consuma perfectamente en él. T30-V.3:2

 

El perdón permite que el cuerpo sea perci­bido como lo que es: un simple recurso de enseñanza del que se prescinde cuando el aprendizaje haya terminado, pero que es incapaz de efectuar cambio alguno en el que aprende. L-192.4:3

 

La neutralidad del cuerpo lo protege mientras siga siendo útil. 7Una vez que no tenga ningún propósito, se dejará a un lado. 8No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. 9Es que simple­mente no tiene ninguna función, es innecesario y, por consi­guiente, se le desecha. 10Que hoy no vea en él más que esto: algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor. LpII-294.1:6-10

Practicar el “dar la razón” elimina el juicio.

 

Darte la razón es aceptarte tal como eres. No darte la razón, creer que mi razón es más válida que la tuya, implica juicio: el juicio de creer que estás equivocado; el juicio de creer que eres inferior a mí; el juicio de creer que somos diferentes; el juicio de creerme con derecho de señalarte tus errores quitándote tu razón. UCDM nos enseña que:    

 

Lo que es diferente (…) exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es “mejor”, alguien incapaz de ser como aquél a quien con­dena, alguien “superior” a él. El deseo de ser especial (…) no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser “inferiores”, es “natural” y “justo”. T24-I.4:2-4

 

Tu hermano tiene tanta razón como tú, y si crees que está equivocado, te estás condenando a ti mismo. T9-III.5:6

 

Para el ego, lo caritativo, lo correcto y lo apropiado, es señalar­les a otros sus errores y tratar de “corregirlos”. T9-III.2:1

 

Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido. Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. No tienes que decírselo verbal­mente si está diciendo tonterías. T9-III.2:4-7

 

Tu función no es cambiar a tu hermano, sino simplemente acep­tarlo tal como es. T9-III.6:4

 

La razón mora en el otro ser que has excluido de tu conciencia. T21-V.4:2

No condenes a tu salvador porque él crea ser un cuerpo. Pues más allá de sus sueños se encuentra su realidad. Pero antes de que él pueda recordar lo que es, tiene que aprender que es un salvador. Y tiene que salvar a todo aquel que quiera ser salvado. Su felicidad depende de que te salve a ti. Pues, ¿quién puede ser un salvador sino aquel que brinda salvación? De este modo aprende que la salvación es algo que él tiene que ofrecer. Pues a menos que se la conceda a otro no sabrá que dispone de ella, ya que dar es la prueba de que se tiene. Esto no lo pueden entender aquellos que creen que con su fuerza pueden menoscabar a Dios. Pues, ¿quién podría dar lo que no tiene? ¿Y quién podría per­der al dar aquello que, por el hecho de darlo, no puede sino aumentar? T29-III.1

 

Nadie puede dar lo que no ha recibido. Para dar algo es pre­ciso poseerlo antes. En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden. Pero en este punto difieren también. El  mundo cree que para poseer una cosa tiene que conservarla. La salvación enseña lo contrario. Al dar es como reconoces que has recibido. Es la prueba de que lo que tienes es tuyo. L-159.1:1-8

 

Nadie puede dar lo que no tiene. De hecho, dar es la prueba de que se tiene. (…) Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees. L-187.1

Si permitimos que algo nos perturbe, aprendamos a descartarlo y a recobrar la paz. L273.1:3 UCDM

 

Cuando se nos presenten tales pensamientos, tranquilamente nos paramos, los observamos, y luego los dejamos ir. L254.2:6 UCSM

 

Sumérgete en la más profunda quietud por un instante. 2Ven sin ningún pensamiento de nada que hayas aprendido antes, y deja a un lado todas las imágenes que has inventado. 3Lo viejo y decrépito se derrumbará ante lo nuevo tanto si te opones a ello como si lo apoyas. 4Ninguna de las cosas que consideras valiosas y dignas de tus atenciones será atacada. T31-II.8

 

A veces un pecado se comete una y otra vez, con resultados obviamente angustiosos, pero sin perder su atractivo. 19 Y de pronto, cambias su estatus de pecado a equivocación. 20 A partir de ahora, ya no lo seguirás cometiendo; simplemente te detendrás y lo dejarás ir, a menos que todavía te sigas sintiendo culpable. T19.4 [27] 18

 

Dr. David Hawkins Dejamos de luchar contra el conflicto, de resistirnos a él, y simplemente dejamos que se exprese. Al no ponerle energía, el conflicto se desvanece.

La mente es el mecanismo de decisión. T12-III.9

 

No demores esta decisión. T15-I.1

 

La decisión básica del que se ha decidido por el camino de los milagros es no esperar en el tiempo más de lo necesario. T1-V.2

 

El impulso sexual con el enfoque adecuado es un impulso milagroso. Un individuo ve en otro la pareja adecuada para “procrear el ganado” y también para el establecimiento conjunto de un hogar creativo. Esto no implica fantasía en absoluto. Si soy llamado a participar en la decisión, la decisión será también la correcta. Urtext.p54

 

El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. Urtext.p87De hecho, tanto el tiempo como la materia fueron creados para este propósito. 2Tal vez parezca que esto contradice su libre albedrío, dada la inevitabilidad de la decisión final, pero en realidad no es así. Pue­des aplazar lo que tienes que hacer y eres capaz de enormes dila­ciones, pero no puedes desvincularte completamente de tu Creador. T2-III.3

 

Cada vez que tienes miedo es porque has tomado una decisión equivo­cada. T2-VI.3

 

La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. T3-VI.2

 

Esto es una decisión de todo o nada. No puedes hacer distinciones inapropiadas de nivel con esta elección. Eres capaz o no. Esto no significa que puedas hacer todo, pero sí significa que estás totalmente en mentalidad milagrosa o no. Esta decisión no está abierta a ningún tipo de compromiso. Cuando dices que no puedes enseñar, estás cometiendo un error. Urtext.p159

 

Proyectas sobre el ego tu decisión de estar separado, y esto entra en conflicto con el amor que, por ser su hacedor, sientes por él. T4-III.4

 

Recuerda que no careces de nada excepto si tú mismo así lo has decidido, y toma entonces otra decisión. T4-IV.3

 

La pregunta que nunca formulan quienes se embarcan en tales maniobras dilatorias es: “¿Para qué?” Esa es la pregunta que tienes que aprender a plantear en relación con todo Urtext.p198lo que tu mente elija aprender. “¿Qué propósito tiene?” Sea cual fuere, dirigirá tus esfuerzos automáticamente. Cuando tomas una decisión con respecto a un objetivo, tomas una decisión con respecto a los esfuerzos que vas a llevar a cabo en el futuro. Y esta decisión permanecerá en vigor a menos que cambies de parecer. T4-V.6

 

Sigue siendo únicamente tu decisión lo que perpetua en tu vida lo que tú quieres que este e tu vida: ¿de qué te quejas? T4-VI.4

 

El Espíritu Santo es la motivación para alcanzar la mentalidad milagrosa; la decisión de subsanar la separación renunciando a ella. T5-II.1

 

El Espíritu Santo te insta tanto a recordar como a olvidar. 2Has elegido estar en un estado de oposición en el que los opuestos son posibles. 3Como resultado, hay ciertas decisiones que tienes que tomar. 4En el estado de santidad la voluntad es libre, de modo que su poder creativo es ilimitado y elegir no tiene sentido. 5El poder de elegir es el mismo poder que el de crear, pero su aplicación es diferente. 6Elegir implica que la mente está divi­dida. 7El Espíritu Santo es una de las alternativas que puedes elegir. 8Dios no dejó a Sus Hijos desconsolados a pesar de que ellos decidieron abandonarlo. 9La voz que ellos pusieron en sus mentes no era la Voz de Su Voluntad, en favor de la cual habla el Espíritu Santo. Urtext.p216La llamada a regresar es más fuerte que la llamada a irse, pero habla de manera diferente. T5-II.6

 

Tu devoción dividida te ha dado dos voces y ahora tienes que elegir en cuál de los dos altares quieres servir. 10La llamada que contestas ahora es una evaluación porque se trata de una decisión. 11La decisión es muy simple. 12Se toma sobre la base de qué llamada es más importante para ti. T5-II.8

 

Mi mente será siempre como la tuya porque fuimos creados iguales. 2Fue sólo la decisión que tomé lo que me dio plena potes­tad tanto en el Cielo como en la tierra. 3El único regalo que te puedo hacer es ayudarte a tomar la misma decisión. 4Inherente a esta decisión es la decisión de compartirla, pues la decisión en sí es la decisión de compartir. 5Se toma mediante el acto de dar y es, por lo tanto, la. única alternativa que se asemeja a la verdadera creación. 6Yo soy tu modelo a la hora de tomar decisiones. 7Al decidirme por Dios te mostré que es posible tomar esta decisión y que tú la puedes tomar. T5-II.9

 

Cuando te sientas tentado por la voz falsa, recurre a mí para que te recuerde cómo sanar compartiendo mi decisión, haciéndola así aún más firme. T5-II.11

 

La decisión de compartirlos es lo que los purifica. Urtext.p225Un día enseñarás tanto como aprendas y esto te mantendrá equilibrado. El momento es ahora porque has permitido que sea ahora. No puedes aprender a menos que enseñes. T5-IV.3

 

La pregunta: “¿Qué es lo que quiero?” 3La contestas cada minuto y cada segundo, y cada decisión que tomas es un juicio que no puede por menos que tener consecuencias. 4Y éstas continuarán repitiéndose automáticamente hasta que tomes otra decisión. 5Recuerda, no obstante, que las alternativas en sí son inalterables. 6El Espíritu Santo, al igual que el ego, es una elección que uno hace. 7Ambos constituyen las únicas alternativas que la mente puede aceptar y obedecer. T5-V.6

 

La continua decisión de permanecer separado es la única razón posible de que siga habiendo sentimientos de culpabilidad. Cualquier decisión de la mente afecta tanto al comportamiento como a la experiencia. 4Lo que tú deseas, esperas que tenga lugar. 5Esto no es algo ilusorio. 6Tu mente forja tu futuro. T5-V.8

 

El ego dicta sentencia y el Espíritu Santo revoca sus decisiones, en forma similar a como en este mundo un tribunal supremo tiene la potestad de revocar las decisiones de un tribunal inferior. 2Las decisiones del ego son siempre erróneas porque están basa­das en el error para cuya defensa se tomaron. T5-VI.4

 

Siempre que no te sientes completamente dichoso es porque has reaccionado sin amor ante una de las creaciones de Dios. 2Al percibir eso como un pecado te pones a la defensiva porque pre­vés un ataque. 3Tú eres el que toma la decisión de reaccionar de ­esa manera, por lo tanto, la puedes revocar. T5-VII.5

 

Tomar esta decisión no puede ser algo difícil. 2Esto es obvio si te percatas de que si no te sientes completamente dichoso es por­que tú mismo así lo has decidido. 3Por lo tanto, el primer paso en el proceso de deshacimiento es reconocer que decidiste equivocadamente a sabiendas, pero que con igual empeño puedes deci­dir de otra manera. T5-VII.6

 

Espíritu Santo,

debo haber decidido equivocadamente porque no estoy en paz.

8Yo mismo tomé esta decisión, por lo tanto, puedo tomar otra.

9Quiero tomar otra decisión porque deseo estar en paz.

10No me siento culpable porque si Te lo permito,

anularás todas las consecuencias de mi decisión equivocada.

11Elijo permitírtelo, para que decidas en favor de Dios por mí. T5-VII.6

 

 

He dejado perfectamente claro que soy como tú y que tú eres como yo, pero nuestra igualdad fundamental sólo puede demos­trarse mediante una decisión conjunta. 2Eres libre, si así lo eliges, de percibirte a ti mismo como si te estuvieran persiguiendo. 3Mas cuando eliges reaccionar de esa manera, deberías recordar que yo fui perseguido de acuerdo con el pensar del mundo, y que no compartí esa interpretación. 4Y puesto que no la compartí, no la reforcé. 5Ofrecí, por consiguiente, una interpretación diferente del ataque que deseo compartir contigo. 6Si la crees, me ayuda­rás a enseñarla. T6-I.5

 

Lamento cuando mis hermanos no comparten mi decisión de oír solamente una Voz, pues eso los debilita como maestros y como alumnos. T6-I.8

 

La muerte es un intento de resolver conflictos no tomando ninguna decisión. T6-V.A.1

 

No se te pide que tomes decisiones descabelladas aunque tal vez pienses que eso es lo que se te está pidiendo.  T6.V.B.7

 

La muerte de una ilusión no significa nada. Desaparece cuando despiertas y decides no soñar más. Y vosotros todavía ciertamente tenéis el poder de tomar esta decisión tal como yo hice.  Urtext.p295

 

Pide y se te dará, pues ya se te ha dado. 3Pide luz y aprende que eres luz. 4Si quieres tener entendimiento e iluminación aprenderás que eres luz, ya que tu decisión de apren­der esto es la decisión de querer escuchar al Maestro que sabe de luz y que, por lo tanto, puede enseñarte lo que ésta es. T8-III.1

 

Siempre que estás con un hermano, estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres. 9Tu hermano reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo. 10Será aprisionado o liberado de acuerdo con tu decisión, al igual que tú. 11Nunca olvides la res­ponsabilidad que tienes hacia él, ya que es la misma responsabili­dad que tienes hacia ti mismo. 12Concédele el lugar que le corresponde en el Reino y tú ocuparás el tuyo. T8-III.5

 

La Voluntad de Dios es que nadie sufra. 6Él ha dispuesto que nadie sufra por haber tomado una decisión equivocada, y eso te incluye a ti. 7Por eso es por lo que te ha proporcionado los medios para rectificarla. 8Mediante Su poder y Su gloria todas tus decisiones equivocadas se rectifican completamente, y así tu hermano y tú quedáis libera­dos de todo pensamiento opresivo que cualquier parte de la Filia­ción albergue. 9Las malas decisiones no tienen ningún poder porque no son verdaderas. 10El aprisionamiento que parecen pro­ducir es tan falso como ellas mismas. T8-III.7

 

Si aceptases el hecho de que yo estoy contigo estarías negando al mundo y aceptando a Dios. 9Mi voluntad es la Suya, y tu decisión de escucharme es la decisión de escuchar Su Voz y de hacer Su Voluntad. T8-IV.3

 

La curación es un reflejo de nuestra voluntad conjunta. 2Esto resulta obvio cuando se examina el propósito de la curación. 3La curación es la manera de superar la separación. 4La separación se supera mediante la unión. 5No se puede superar separando. 6

 

La decisión de unirse tiene que ser inequívoca, o, de lo contrario, la mente misma estaría dividida e incompleta. 7Tu mente es el medio por el cual determinas tu propia condición, ya que la mente es el mecanismo de decisión. 8Es el poder mediante el que te separas o te unes, y, consecuentemente, experimentas dolor o alegría. 9Mi decisión no puede imperar sobre la tuya porque la tuya es tan poderosa como la mía. 10De no ser así, los Hijos de Dios no goza­rían de perfecta igualdad. 11No hay nada que nuestra voluntad conjunta no pueda lograr, pero la mía sola no puede ayudarte. 12Tu voluntad es tan libre como la mía, y ni siquiera Dios Mismo se opondría a ella. 13Yo no puedo disponer lo que Dios no dis­pone. 14Puedo ofrecerte mi fuerza para hacer que la tuya sea invencible, pero no puedo oponerme a tu decisión sin rivalizar con ella y, consecuentemente, sin violar lo que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti. T8-IV.5

 

Nada que Dios creó puede oponerse a tu decisión, de la misma manera en que nada que Dios creó puede oponerse a Su Volun­tad. T8-IV.6

 

Tú ni te hiciste a ti mismo ni hiciste tu función. 12Lo único que hiciste fue tomar la decisión de ser indigno de ambas cosas. 13Pero no puedes hacerte indigno porque eres el tesoro de Dios, y lo que para Él tiene valor es valioso. T8-VI.5

 

La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla. 8No puede ser más potente sin que viole tu libertad de decisión, que el Espíritu Santo intenta restaurar, no menoscabar. T8-VIII.8

 

La curación es la liberación del miedo a despertar, y la substi­tución de ese miedo por la decisión de despertar. 2La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor. T8-IX.5

 

¿Qué podría ser temible sino las fantasías? a¿Y quién recurre a fantasías a menos que haya perdido toda esperanza de poder encontrar satisfacción en la realidad? 2Es indudable, no obstante, que jamás encontrarás satisfacción en fantasías, de manera que tu única esperanza es cambiar de parecer con respecto a la realidad. 3Únicamente si tu decisión de que la realidad es temible es erró­nea, puede Dios estar en lo cierto. 4Y yo te aseguro que Dios está en lo cierto. T9-IV.10

 

La decisión de recibir es la decisión de aceptar. T9-VI.2

 

Renunciar a tu disociación de la realidad trae consigo más que una mera ausencia de miedo. 2En esa decisión radica la dicha, la paz y la gloria de la creación. T10-II.2

 

Todo ataque es un ataque contra uno mismo. 2No puede ser otra cosa. 3Al proceder de tu propia decisión de no ser quien eres, es un ataque contra tu identidad. 4Atacar es, por lo tanto, la manera en que pierdes conciencia de tu identidad, pues cuando atacas es señal inequívoca de que has olvidado quién eres. 5Y si tu realidad es la de Dios, cuando atacas no te estás acordando de Él. 6Esto no se debe a que Él se haya marchado, sino a que tú estás eligiendo conscientemente no recordarlo. T10-II.5

 

Si te dieses cuenta de los estragos que esto le ocasiona a tu paz mental no podrías tomar una decisión tan descabellada. 2La tomas únicamente porque todavía crees que puede proporcionarte algo que deseas. 3De esto se deduce, por consiguiente, que lo que quie­res no es paz mental sino otra cosa, pero no te has detenido a considerar lo que esa otra cosa pueda ser. 4Aun así, el resultado lógico de tu decisión es perfectamente evidente, sólo con que lo observes. 5Al decidir contra tu realidad, has decidido mantenerte alerta contra Dios y Su Reino. 6Y es este estado de alerta lo que hace que tengas miedo de recordarle. T10-II.6

 

No te das cuenta de cuánto te has negado a ti mismo, ni de cuánto Dios, en Su Amor, desea que no sea así. 2No obstante, Dios no interferiría en tus decisiones porque no podría conocer a Su Hijo si éste no fuese libre. 3Interferir en tus decisiones sería ata­carse a Sí Mismo, y Dios no está loco. 4Cuando tú lo niegas a Él eres tú el que está loco. T10-V.10

 

Toda decisión que tomas es invariablemente la respuesta a la pregunta: “¿Quién es mi padre?” 8Y serás fiel al padre que elijas. T11-In.1

 

Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curado es entonces el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente quieres. 2Todo ataque te aleja de esto, y todo pensamiento curativo te lo acerca. T11-II.1

 

El poder de decisión es la única libertad que te queda como prisionero de este mundo. 2Puedes decidir ver el mundo correc­tamente. 3Lo que hiciste de él no es su realidad, pues su realidad es sólo la que tú le confieres. 4No puedes realmente darle a nada ni a nadie nada que no sea amor, ni tampoco puedes realmente recibir de ellos nada que no sea amor. 5Si crees que has recibido cualquier otra cosa, es porque miraste dentro de ti y creíste haber visto ahí la capacidad de poder dar otra cosa. 6Esa decisión fue la que determinó lo que encontraste, pues fue la decisión que deter­minó lo que tenías que buscar. T12-VII.9

 

Tu decisión determinará lo que veas. 9Y lo que veas dará testimonio de tu decisión. T12-VII.11

 

De las sombrías figuras del pasado es precisamente de las que te tienes que escapar. 2No son reales, y no pueden ejercer ningún dominio sobre ti, a menos que las lleves contigo. 3Pues contienen las áreas de dolor que hay en tu mente, y te incitan a atacar en el presente como represalia por un pasado que no existe. 4Y esta decisión es una que te acarreará dolor en el futuro. T13-IV.6

 

La negación es la decisión de no querer saber. T14-I.2

 

De lo único que dispones es del poder de decisión. 4Aquello entre lo que puedes elegir ya se ha fijado porque aparte de la verdad y de la ilusión no hay ninguna otra alternativa. T14-III.4

 

Siempre que eliges tomar una decisión para ti solo estás pen­sando destructivamente y la decisión será errónea. 2Te hará daño por razón del concepto de decisión que te condujo a ella. 3No es verdad que puedas tomar decisiones por tu cuenta, o para ti solo. 4Ningún pensamiento del Hijo de Dios puede estar separado o tener efectos aislados. 5Cada decisión que se toma, se toma para toda la Filiación, es aplicable tanto a lo interno como a lo externo y afecta a una constelación mucho mayor que nada que jamás hayas podido concebir. T14-III.9

 

Jamás se dará el caso de que tengas que tomar decisiones por tu cuenta. 2No estás desprovisto de ayuda, y de una Ayuda que conoce la solución. 3¿Te conformarías con unas migajas, que es todo lo que por tu cuenta puedes ofrecerte a ti mismo, cuando Aquel que te lo da todo simplemente lo pone a tu disposición? T14-III.11

 

Pregúntaselo todo al Espíritu Santo y no tomes ninguna decisión sin Su dulce consejo. T14-III.12

 

Aquel que conoce el plan que Dios quiere que sigas puede enseñarte lo que éste es. 2Sólo Su Sabiduría puede guiar tus pasos en dicho plan. 3Cada decisión que tomas por tu cuenta significa únicamente que quieres definir la que es la salvación y aquello de lo que debes ser salvado. T14-III.13

 

La salvación está en manos de Aquel a Quien Dios se la confió para ti. 6Él no se ha olvidado de ello. 7No te olvides de Él y Él tomará todas tus decisiones por ti, las cuales serán en favor de tu salvación y de la paz de Dios en ti. T14-III.14

 

Dile únicamente al Espíritu Santo: “Decide por mí”, y está hecho. T14-III.16

 

Antes de tomar cualquier decisión por tu cuenta, recuerda que ya has decidido ir en contra de tu función en el Cielo, y luego reflexiona detenidamente acerca de si quieres tomar decisiones aquí. 2Tu única función aquí es decidir en contra de decidir qué es lo que quieres, reconociendo que no lo sabes. 3¿Cómo ibas a poder, entonces, decidir qué es lo que debes hacer? 4Deja todas las decisiones en manos de Uno que habla por Dios y a favor de tu función tal como Él la conoce. T14-IV.5

 

La invención del tiempo para que ocupase el lugar de lo eterno se basó en tu decisión de no ser como eres. T14-IX.1

 

Tienes una gran responsabilidad para contigo mismo, y es una responsabilidad que tienes que aprender a recordar en todo momento. 2Al principio, la lección tal vez te parezca difícil, pero aprenderás a amarla cuando te des cuenta de que es verdad y de que no es más que un tributo a tu poder. 3Tú que has encontrado la pequeñez que buscabas, recuerda esto: cada decisión que tomas procede de lo que crees ser, y representa el valor que te atribuyes a ti mismo. 4Si crees que lo que no tiene valor puede satisfacerte, no podrás sentirte satisfecho, pues te habrás limitado a ti mismo. 5Tu función no es insignificante, y sólo podrás escaparte de la pequeñez hallando tu función y desempeñándola. T15-III.3

 

“¿Qué prefieres ser, rehén del ego o anfitrión de Dios?” 2Deja que el Espíritu Santo te haga esa pre­gunta cada vez que tengas que tomar una decisión. 3Pues cada decisión que tomas la contesta, y, por lo tanto, le abre las puertas a la tristeza o a la dicha. T15-III.5

 

Cada decisión que tomas es o bien en favor del Cielo o bien en favor del infierno, y te brinda la conciencia de la alternativa que hayas elegido. T15-III.5

 

La pequeñez y la creencia de que ésta te puede satisfacer, son decisiones que tomas con respecto a ti mismo. T15-III.6

 

No antepon­gas ningún plan del ego al plan de Dios, 3pues con tu decisión de formar parte de cualquier otro plan que no sea el Suyo dejas vacante tu lugar en Su plan, que debes ocupar si quieres unirte a mí. T15-IV.3

 

Crees que es posible ser anfitrión del ego o rehén de Dios. 5Éstas son las opciones que crees tener ante ti, y crees asimismo que tu decisión tiene que ser entre una y otra. T15-X.5

 

Las ense­ñanzas del ego producen resultados inmediatos porque aceptas sus decisiones inmediatamente como tu elección. T16-III.2

 

Cuando una alternativa es tan peligrosa como la otra, la decisión tiene que ser una de desesperación. T16-IV.5

 

La separa­ción no es más que la decisión de no conocerte a ti mismo. T16-V.15

 

El himno de la libertad se oye por toda la Filiación, como eco jubiloso de tu decisión. 2Te has unido a muchos en el instante santo, y ellos se han unido a ti. 3No pienses que tu decisión te dejará desconsolado, pues Dios Mismo ha bendecido tu relación santa. T17-V.10

 

El instante santo es el resultado de tu decisión de ser santo. T18-IV.1

 

No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. T18-IV.8

 

Quizá te sientas tentado de coincidir con el ego en que es mucho mejor ser pecador que estar equivocado. 4Mas piensa detenidamente antes de permitirte a ti mismo tomar esa decisión. 5No la tomes a la ligera, pues es la elección entre el Cielo y el infierno. T19-II.8

 

Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. 2Es imposible que él mismo no haya ele­gido las cosas que le suceden. 3Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. 4Y ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó, fuera del cual no existe nada. 5Si sufres es porque decidiste que tu meta era el pecado. 6Si eres feliz, es porque pusiste tu poder de decisión en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por ti. T21-II.3

 

Hay otra visión y otra Voz en las que reside tu libertad que tan sólo están aguardando tu decisión. 2y si depositas tu fe en Ellas, percibirás otro ser en ti. T21-V.3

 

No olvides que la elección entre el pecado y la verdad, o la impotencia y el poder, es la elección entre atacar y curar. 2Pues la curación emana del poder, y el ataque, de la impotencia. 3Es imposible que quieras curar a quien atacas. 4Y el que deseas que sane tiene que ser aquel que decidiste que estuviese a salvo del ataque. 5¿Y qué otra cosa podría ser esta decisión, sino la elección entre verle a través de los ojos del cuerpo, o bien permitir que te sea revelado a través de la visión? 6La manera en que esta deci­sión da lugar a sus efectos no es tu problema. 7Pero tú decides lo que quieres ver. 8Éste es un curso acerca de causas, no de efectos. T21-VII.7

 

¿Es esto lo que quiero ver? ¿Es esto lo que deseo? Ésta es tu única decisión, la base de lo que ocurre. No tiene nada que ver con la manera en que ocurre, pero sí con el por qué. Pues sobre esto tienes control. Y si eliges ver un mundo donde no tienes enemigos y donde no eres impotente, se te proveerán los medios para que lo veas. T21-VII.9

 

Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. T24-In.2

 

Tus decisiones proceden de tus creencias. T24-In.2

 

Una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto. T24-I.2

 

Son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. T24-I.2

 

Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. T24-I.2

 

El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. T24-I.5

 

Se te ha concedido poder tomar otra decisión y usar la percepción para un propósito diferente. 13Y lo que veas servirá debidamente para ese propósito y te demostrará su realidad. T24-VII.11

 

La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha. 2La percepción elige donde crees que reside tu seguridad, de acuerdo con tu decisión. T25-I.3

 

Todo aquel que se encuentra aquí ha venido a las tinieblas, pero nadie ha venido sólo 2ni necesita quedarse más de un ins­tante. 3Pues cada uno ha traído la Ayuda del Cielo consigo, lista para liberarlo de las tinieblas y llevarlo a la luz en cualquier momento. 4Esto puede ocurrir en cualquier momento que él decida, pues la ayuda está aquí, esperando tan sólo su decisión. T25-III.6

 

Dios dispuso que el especialismo que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión. T25-VI.6

 

El Hijo de Dios no puede tomar ninguna decisión que el Espíritu Santo no pueda emplear a su favor, en vez de contra él. T25-VI.7

 

El Hijo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, por el espa­cio ni por ninguna cosa que la Voluntad de Dios no haya dis­puesto. 5No obstante, si se cree que lo que Su Voluntad dispone es una locura, entonces la forma de cordura que la hace más aceptable para los que son dementes requiere una decisión espe­cial. 6Esta decisión no la pueden tomar los que son dementes, cuyo problema es que sus decisiones no son libres, ni las toman guiados por la razón a la luz del sentido común. T25-VII.7

 

Ninguna mente puede estar enferma a menos que otra mente esté de acuerdo en que están separadas. 2Por lo tanto, su decisión conjunta es estar enfermas. T28-III.2

 

La decisión de estar enfermo parece ser una decisión entre diferentes formas de enfermedad. 8Sin em­bargo, la enfermedad es una sola, al igual que su opuesto. 9Por consiguiente, o estás enfermo o estás sano. T28-VII.4

 

Mientras no te des cuenta de que no renuncias a nada y de que es imposible perder, habrá veces en que te arrepentirás de haber elegido este camino. 6Y no verás los muchos beneficios que tu decisión te ha aportado. T29-II.1

 

Tomar decisiones es un proceso continuo, 2pero no siempre te das cuenta de cuándo las estás tomando. T30-I.1

 

Hemos dicho que puedes comenzar el día felizmente si deci­des no tomar ninguna decisión por tu cuenta. 2Esto de por sí parece ser una decisión. 3Sin embargo, tú no puedes tomar decisio­nes por tu cuenta. 4La única cuestión es entonces con quién eliges tomarlas. 5Eso es todo. 6La primera regla, pues, no es una coac­ción, sino la simple afirmación de un simple hecho. 7No tomas decisiones por tu cuenta, independientemente de lo que decidas. 8Pues o bien se toman con ídolos o bien con Dios. 9Y le pides ayuda al anti-Cristo o a Cristo, y aquel que elijas se unirá a ti y te dirá lo que debes hacer. T30-I.14

 

Tu día no transcurre al azar. 2La clase de día que tienes lo deter­mina aquello con lo que eliges vivirlo, y la manera en que percibe tu felicidad el amigo a quien acudes en busca de consejo. 3Siempre pides consejo antes de tomar cualquier decisión. T30-I-15

 

Las decisiones producen resultados precisamente porque no se toman aisladamente. 6Las tomáis tu consejero y tú, y son tanto para ti como para el mundo. T30-I.16

 

Sólo se necesitan dos. 5Estos dos tienen que haberse unido antes de que se pueda tomar una decisión. T30-I.17

 

Dios se dirige a ti y te pide que salves al mundo, pues mediante tu propia salvación el mundo sana. 2Y todo el que camina sobre la faz de la tierra depende de tu decisión, para aprender que la muerte no tiene ningún poder sobre él, toda vez que comparte tu libertad y tu voluntad. 3Tu voluntad es sanarlo, y puesto que esto es una decisión que tomaste con él, él ha sanado. 4Y ahora Dios ha sido perdonado, pues decidiste ver a tu hermano como amigo. T30-II.5

 

¿Qué es la tentación, sino el deseo de tomar una decisión erró­nea con respecto a lo que quieres aprender, y obtener un resul­tado que no deseas? T31-I.11

 

Tú quie­res determinar lo que es verdad, 6y debido a tu deseo, estableces dos alternativas entre las que elegir cada vez que crees que tienes que tomar una decisión. 7Ninguna de ellas es verdad, 8ni tampoco son diferentes entre sí. T31-II.2

 

Sólo los que se acusan a sí mismos pueden condenar. 2Antes de tomar una decisión de la que se han de derivar diferentes resulta­dos tienes que aprender algo, y aprenderlo muy bien. 3Ello tiene que llegar a ser una respuesta tan típica para todo lo que hagas que acabe convirtiéndose en un hábito, de modo que sea tu pri­mera reacción ante toda tentación o suceso que ocurra. 4Aprende lo siguiente, y apréndelo bien, pues con ello la demora en experimentar felicidad se acorta por un tramo de tiempo que ni siquiera pue­des concebir: 5nunca odias a tu hermano por sus pecados, sino únicamente por los tuyos. 6Sea cual sea la forma que sus pecados parezcan adoptar, lo único que hacen es nublar el hecho de que crees que son tus pecados y, por lo tanto, que el ataque es su “justo” merecido. T31-III-1

 

Si eliges ser carne jamás podrás escaparte del cuerpo al verlo como tu realidad, pues tu decisión reflejará que eso es lo que quieres. T31-VI.1

 

Con el tiempo, el maestro de Dios parece comenzar a cambiar de parecer acerca del mundo con una sola decisión. M3-3

 

Ahora el maestro de Dios tiene que pasar por un “período de selección”. 2Este período es siempre bastante difícil, pues al haber aprendido que los cambios que se producen en su vida son siem­pre beneficiosos, tiene entonces que tomar todas sus decisiones sobre la base de si contribuyen a que el beneficio sea mayor o menor. M4-I.4

 

“Renuncia a lo que no quieres y quédate con lo que sí quieres.” 7¡Qué simple es lo obvio! 8¡Y qué fácil! M4-I.6

 

El maestro de Dios está dispuesto a reconsiderar todas sus decisiones pasadas, si éstas le están causando dolor a alguien. M4-VII

 

La curación se logra en el instante en que el enfermo deja de atribuirle valor al dolor. 2¿Quién elegiría sufrir a menos que pen­sase que con ello podría ganar algo, y algo que tiene valor para él? 3Indudablemente cree que está pagando un precio módico por algo de mayor valor, 4pues la enfermedad es una elección, una decisión. M5-I.1

 

Las decisiones son algo propio de la mente, no del cuerpo. 5Si la enfermedad no es más que un enfoque defectuoso de solventar problemas, tiene que ser entonces una decisión. 6Y si es una decisión, es la mente, y no el cuerpo, la que la toma. 7La resistencia a reconocer este hecho es enorme, ya que la existencia del mundo tal como lo percibes depende de que sea el cuerpo el que toma las decisiones.  M5-II.1

 

La base fundamental de la curación es la aceptación del hecho de que la enfermedad es una decisión que la mente ha tomado a fin de lograr un propósito para el cual se vale del cuerpo. M5-II.2

 

¿Recuerdas cuántas veces pensaste que estabas al tanto de todos los “hechos” que necesitabas para juzgar algo y cuán equi­vocado estabas? 2¿Quién no ha tenido esta experiencia? 3¿Tienes idea de cuántas veces pensaste que tenías razón, sin jamás darte cuenta de que estabas equivocado? 4¿Por qué habrías de querer usar una base tan arbitraria para tomar tus decisiones? 5Formar juicios no es muestra de sabiduría; la renuncia a todo juicio lo es. 6Forma, pues, un solo juicio más. 7Y es éste: hay Alguien a tu lado Cuyo juicio es perfecto. 8Él conoce todos los hechos, pasados, pre­sentes y por venir. 9Conoce los efectos que Sus juicios han de tener sobre todas las personas y sobre todas las cosas que de alguna manera estén involucradas. 10Y Él es absolutamente justo con todos, pues en Su percepción no hay distorsiones. M10-4

 

Lo que el mundo es, es un hecho. 10Tú no puedes elegir lo que debe ser. 11Pero sí puedes decidir cómo quieres verlo. 12De hecho, ésa es una decisión que tienes que tomar. M11-1

 

El cuerpo se convertirá para ti en aquello para lo que lo uses. 2Úsalo para pecar o para atacar, que es lo mismo, y lo verás como algo pecaminoso. 3Al ser pecaminoso es débil, y al ser débil, sufre y muere. 4Úsalo para llevar la Palabra de Dios a aquellos que no la han oído, y el cuerpo se vuelve santo. 5Al ser santo no puede enfermar ni morir. 6Cuando deja de ser útil, se deja a un lado. aEso es todo. 7La mente toma esta decisión, así como todas las que son responsables de la condición del cuerpo. 8El maestro de Dios, no obstante, no toma esta decisión por su cuenta. M12-5

 

La auto-con­denación es una decisión acerca de nuestra identidad y nadie duda de lo que cree ser. M13-3

 

Maestro de Dios, no te olvides de lo que realmente es el sacrifi­cio, y recuerda lo que cada decisión que tomas significa en términos de costes. 2Decide en favor de Dios y todo se te dará sin costo alguno. 3Decide contra Él, y estarás eligiendo lo qué no es nada a costa de la conciencia de lo que es todo. M13-8

 

Si pide lo imposible, si desea lo que no existe o si lo que busca en su corazón son ilusiones, eso es lo que tendrá. 5El poder de su decisión se lo ofrece tal como él lo pide. 6En esto estriba el Cielo o el infierno. M21-3

 

Ciertamente no parece que la enfermedad sea una decisión. 2Ni nadie cree realmente que lo que quiere es estar enfermo. 3Tal vez pueda aceptar la idea en teoría, pero rara vez la aplica de manera consistente a todas las clases de enfermedad que percibe en sí mismo o en los demás. 4No es tampoco en este nivel donde el maestro de Dios invoca el milagro de la curación. 5Él mira más allá de la mente y del cuerpo y ve únicamente la faz de Cristo resplandeciendo ante él, corrigiendo todos los errores y sanando toda percepción. 6La curación es el resultado del reconocimiento por parte del maestro de Dios de quién es el que necesita ser curado. 7Este reconocimiento es aplicable sólo a algunas cosas. 8Es verdad con respecto a todas las cosas que Dios creó. 9En dicho reconocimiento se subsanan todas las ilusiones. M22-4

 

El programa de estudios es sumamente individualizado, y todos sus aspectos están bajo el cuidado y la dirección especial del Espíritu Santo. 7Pregunta y Él te contestará. 8Ésa es Su responsabilidad, y sólo Él está capacitado para asumirla. 9Responder es Su función. 10Dirigirle a Él tus preguntas es la tuya. 11¿Querrías ser responsable de decisiones sobre cuyos antecedentes entiendes tan poco? 12Alégrate de tener un Maestro que no puede equivocarse. 13Sus respuestas son siem­pre acertadas. 14¿Podrías tú decir lo mismo de las tuyas? M29-2

 

Hay otra ventaja -y muy importante por cierto- en poner en manos del Espíritu Santo todas las decisiones cada vez más. 2Aunque su importancia es obvia, tal vez no hayas pensado en este aspecto: 3seguir las directrices del Espíritu Santo es permi­tirte a ti mismo quedar absuelto de toda culpa. 4Es la esencia de la Expiación. M29-3

 

El Maestro que conoce la verdad no se ha olvidado de la verdad. 11Sus decisiones benefician a todos por igual al estar totalmente desprovistas de ataque. 12Y son, por lo tanto, incapa­ces de generar culpabilidad. M29-4

La única manera de escaparse del error es deci­diendo que no tienes nada que decidir. T7-X.6

 

Jamás se dará el caso de que tengas que tomar decisiones por tu cuenta. No estás desprovisto de ayuda, y de una Ayuda que conoce la solución. ¿Te conformarías con unas migajas, que es todo lo que por tu cuenta puedes ofrecerte a ti mismo, cuando Aquel que te lo da todo simplemente lo pone a tu disposición? T14-III.11

 

Pregúntaselo todo al Espíritu Santo y no tomes ninguna decisión sin Su dulce consejo.

T14-III.12

 

Dile únicamente al Espíritu Santo: “Decide por mí”, y está hecho. T14-III.16

 

Deja que el Espíritu Santo sea tu guía en todo, y no te vuelvas atrás. Confía en que Él responderá de inmediato y con Amor a todos los que de algún modo se vean afectados por tus decisiones. Y todo el mundo se ve afectado. ¿Te echarías al hombro la responsabilidad de tener que decidir qué es lo único que redundaría en beneficio de todos? ¿Cómo ibas a saberlo? T14-III.18

 

 

Reglas para tomar decisiones

 

Nunca tomas decisiones por tu cuenta, pues o bien las tomas con el ego o bien con el Espíritu Santo. De aquí para atrás a lo que estabas acostumbrado es a tomar las decisiones con el ego, y a lo que te has de acostumbrar de aquí en adelante es a tomar las decisiones con el Espíritu Santo. A esto es a lo que se refiere el Curso cuando habla de una inversión del pensamiento y asevera que el mundo está al revés. Estamos acostumbrados a lo contrario de lo que “es”, cuando lo contrario es justo lo opuesto a la Verdad. 

 

Por la mañana al despertar, piensa en la clase de día que deseas tener, y di:

1 Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta.

 

A lo largo del día, repítete la clase de día que te gustaría tener, y di:

2 Si no tomo ninguna decisión por mi cuenta, ésa es la clase de día que se me concederá.

 

Habrá ocasiones en las que ya habrás juzgado. Entonces recuerda nuevamente la clase de día que deseas tener, reconoce que has ido por tu cuenta y di:

3 No tengo ninguna pregunta. Me olvidé de lo que tenía que decidir.

 

Si estás reacio a cambiar de parecer, di:

4 Por lo menos puedo decidir que no me gusta cómo me estoy sintiendo ahora.

 

5 Por lo tanto, espero haber estado equivocado.

 

6 Quiero ver esto de otra manera.

 

7 Tal vez hay otra manera de ver esto. 4¿Qué puedo perder con preguntar?

 

(Los Maestros de Dios) Sólo pueden triunfar porque nunca hacen su propia voluntad. M4-II.2

 

A medida que el maestro de Dios avanza en su formación, aprende más concienzudamente una lección: a no tomar decisio­nes por su cuenta. M9-2

Nada es de por sí perjudicial o beneficioso a menos que así lo desees. Tu deseo es lo que determina los efectos que ha de tener sobre ti, pues lo elegiste como un medio para obtener esos efectos. T25-IV.2:3-4

 

El miedo es una forma de deseo: el deseo profundo de que algo no suceda; y ese deseo profundo es el que crea.  Jorge Schubert, Despertar en la Tierra.

No eres el que es tan vulnerable y susceptible de ser atacado que basta una palabra, un leve susurro que no te plazca, una circunstancia adversa o un evento que no hayas previsto para trastornar todo tu mundo y precipitarlo al caos. T24-III.3:1

 

Lo que descansa sobre lo que no es nada jamás podrá ser estable. Por muy grande y desmesurado que parezca, se tambaleará, dará vueltas y revoloteará con la más tenue brisa. T24-III.3:6-7

Sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas. Pues Él te provee­rá de todas las cosas que no obstaculizan el camino hacia la luz. ¿Qué otra cosa podrías necesitar? Mientras estés en el tiempo, Él te proveerá de todo cuanto necesites, y lo renovará siempre que tengas necesidad de ello. No te privará de nada mientras lo necesites. Mas Él sabe que todo cuanto necesitas es temporal, y que sólo durará hasta que dejes a un lado todas tus necesidades y te des cuenta de que todas ellas han sido satisfechas. El Espíritu Santo no tiene, por lo tanto, ningún interés en las cosas que te proporciona. Lo único que le interesa es asegurarse de que no te valgas de ellas para prolongar tu estancia en el tiempo. Sabe que ahí no estás en casa, y no es Su Voluntad que demores tu jubiloso regreso a tu hogar. T13-VII.12

 

Una vez que aceptes Su plan como la única función que quieres desempeñar, no habrá nada de lo que el Espíritu Santo no se haga cargo por ti sin ningún esfuerzo por tu parte. 5Él irá delante de ti despejando el camino, y no dejará escollos en los que puedas tropezar ni obstáculos que pudiesen obstruir tu paso. 6Se te dará todo lo que necesites. 7Toda aparente dificultad sim­plemente se desvanecerá antes de que llegues a ella. 8No tienes que preocuparte por nada, sino, más bien, desentenderte de todo. T20-IV.8

 

Los maestros de Dios confían en Él y están seguros de que Su Maestro va delante de ellos, asegurándose de que no les acontezca ningún daño. M4-V.1

 

(El Maestro de Dios) ve desple­garse ante él -seguro y libre de obstáculos- el camino que tiene que recorrer. M16-1

 

Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino. Mateo-11:10

 

    El mundo no ha experimentado todavía ningún despertar o renacimiento com­pleto. T-2.I:3:7

 

    El aprendizaje que verdaderamente corrige comienza siempre con el despertar del espíritu y con el rechazo de la fe en la visión física. T-2.V:7:1

 

    Demos comienzo a nuestro proceso de re-despertar con unos cuantos conceptos simples:

 

Los pensamientos se expanden cuando se comparten.

Cuantos más creen en ellos, más poderosos se tornan.

Todo es una idea.

¿Cómo, entonces, puede asociarse dar con perder? T-5.I:2:1-5

 

 

    El descanso no se deriva de dormir sino de despertar. T-5.II:10:4

 

    Cuando despiertes, verás la verdad a tu alrededor y dentro de ti. T-6.IV:6:7

 

    Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que sí eres. T-7.IV:7:11-12

 

    La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor. T-8.IX:5:2

   

    Todavía no estás despierto, pero puedes aprender a despertar. El Espíritu Santo te enseña a despertar a otros de una manera muy simple. A medida que los veas despertar aprenderás lo que significa despertar, y puesto que has elegido despertarlos, su gra­titud y aprecio por lo que les has dado te mostrará el valor de despertar. T9-VI:5

   

    Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán así mismos. T-9.V:9:6

 

    El ego quiere conservar tus pesadillas e impedir que despiertes y te des cuenta de que pertenecen al pasado. T-13.IV:6:6

 

    A medida que percibas a los santos compañeros que viajan a tu lado, te darás cuenta de que no hay tal viaje, sino tan sólo un despertar. T-13.I:7:1

 

    Ve a tus hermanos libres, y aprende de ellos cómo liberarte de las tinieblas. La luz que refulge en ti los despertará, y ellos no dejarán que sigas durmiendo. T-14.II:8:1-2

 

    El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. T-17.I:1:3

 

    Tú no puedes despertarte a ti mismo. No obstante, puedes permitir que se te despierte. T-29.III:3:2-3

 

        ¿Cómo puede desper­tar el Hijo de Dios de este sueño? Es un sueño de juicios. Para despertar, por lo tanto, tiene que dejar de juzgar. T29-IX:2

Los que llevan años aprisionados con pesadas cadenas, ham­brientos y demacrados, débiles y exhaustos, con los ojos aclima­tados a la oscuridad desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdan la luz, no se ponen a saltar de alegría en el instante en que se les pone en libertad. Tardan algún tiempo en comprender lo que es la libertad. Andabas a tientas en el polvo y encontraste la mano de tu hermano, indeciso de si soltarla o bien asirte a la vida por tanto tiempo olvidada. Agárrate aún con más fuerza y levanta la vista para que puedas contemplar a tu fuerte compa­ñero, en quien reside el significado de tu libertad. Él parecía estar crucificado a tu lado. Sin embargo, su santidad ha perma­necido intacta y perfecta, y, con él a tu lado, este día entrarás en el Paraíso y conocerás la paz de Dios. T20-III.9:1-6

 

 

El sabio gnóstico Silvano, escribió: “considera tu mente como un principio guía”. Citado por Elaine Pagels, Los Evangelios gnósticos, p.184.

 

En el texto gnóstico Testamento de la Verdad, el maestro Jesús le dice a un seguidor: “conviértete en discípulo de tu propia mente”. Citado por Timothy Freke y Peter Gandy, Los misterios de Jesús, p.146.

 

Puede que todavía te quejes de que tienes miedo, pero aun así sigues atemorizándote a ti mismo. He indicado ya que no pue­des pedirme que te libere del miedo. Yo sé que no existe, pero tú no. Si me interpusiese entre tus pensamientos y sus resultados, estaría interfiriendo en la ley básica de causa y efecto: la ley más fundamental que existe. De nada te serviría el que yo menospre­ciase el poder de tu pensamiento. Ello se opondría directamente al propósito de este curso. Es mucho más eficaz que te recuerde que no ejerces suficiente vigilancia con respecto a tus pensamien­tos. Tal vez pienses que a estas alturas sólo un milagro te capaci­taría para hacer eso, lo cual es absolutamente cierto. No estás acostumbrado a pensar con una mentalidad milagrosa, pero se te puede enseñar a pensar de esa manera. Todos los obradores de milagros necesitan este tipo de instrucción. T2-VII.1

 

Es esencial que te des cuenta de que tu pensamiento seguirá siendo errático hasta que te comprometas firmemente con la luz o con la oscuridad. No obstante, un com­promiso firme con la oscuridad o con la nada, es imposible. T3-II.1:5-6

 

La mente que acepta el ataque es incapaz de amar. Ello se debe a que cree que puede destruir el amor, lo cual quiere decir, por lo tanto, que no comprende lo que éste es. Si no comprende lo que es el amor, no se puede percibir a sí misma como amorosa. Esto hace que pierda su conciencia de ser, da lugar a sentimien­tos de irrealidad y lo que resulta de ello es una confusión total. Tu pensamiento ha dado lugar a esto debido a su poder, pero puede también salvarte de ello porque su poder no lo creaste tú. Tu capacidad para dirigir tu pensamiento tal como tú mismo lo determines es parte de ese poder. Si no crees que puedes dirigirlo, es que has negado que tu pensamiento tenga poder, y, por lo tanto, has hecho que sea impotente para ti. T7-VI.2

T1.1.27 [34] 3 A los discípulos se les dijo oficial y específicamente que fueran los médicos del Señor y que curaran a otros. 4 También se les dijo que se curaran a sí mismos, y se les prometió que yo nunca los abandonaría o desampararía.

T6-I.8 T6.2 [12] 57 Tengo que edificar Su Iglesia sobre ustedes, porque al aceptarme como modelo ustedes son, literalmente, mis discípulos. 58 Los discípulos son seguidores, y si el modelo que siguen ha decidido evitarles dolor en todos los sentidos, probablemente sería una insensatez no seguirlo.

T19-IV.B.16 T19.5.2.1 [75] 60 No hagas caso de su locura, ni creas que lo que es imposible es verdad. 61 No olvides que el ego ha dedicado el cuerpo a la meta del pecado y que tiene absoluta fe en que esto se puede lograr. 62 Sus tristes discípulos entonan incesantemente alabanzas al cuerpo, en solemne celebración del poderío del ego. 63 No hay ni uno solo que no crea que sucumbir a la atracción de la culpa es la manera de escaparse del dolor. 64 Ni uno solo de ellos puede dejar de identificarse a sí mismo con su propio cuerpo, sin el cual moriría, pero dentro del cual, su muerte es igualmente inevitable.

T19-IV.B.17 T19.5.2.1 [76] 65 Los discípulos del ego no se dan cuenta de que se han dedicado a sí mismos a la muerte. 66 Se les ha ofrecido la libertad pero no la han aceptado, y lo que se ofrece tiene también que recibirse para que sea dado verdaderamente. 67 Pues el Espíritu Santo es también un medio de comunicación, que recibe del Padre Sus mensajes para luego ofrecérselos al Hijo. 68 Al igual que el ego, el Espíritu Santo es a la vez emisor y receptor. 69 Pues lo que se envía por medio de Él regresa a Él, buscándose a sí mismo en el trayecto, y encontrando lo que busca. 70 De igual manera, el ego encuentra la muerte que él busca, entregándotela a ti.

 

Dios honró incluso las creaciones falsas de sus Hijos porque ellos las habían hecho. T5-I.6

 

Mi decisión no puede imperar sobre la tuya porque la tuya es tan poderosa como la mía. De no ser así, los Hijos de Dios no goza­rían de perfecta igualdad. No hay nada que nuestra voluntad conjunta no pueda lograr, pero la mía sola no puede ayudarte.

 

Tu voluntad es tan libre como la mía, y ni siquiera Dios Mismo se opondría a ella.

 

Yo no puedo disponer lo que Dios no dis­pone. Puedo ofrecerte mi fuerza para hacer que la tuya sea invencible, pero no puedo oponerme a tu decisión sin rivalizar con ella y, consecuentemente, sin violar lo que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti. T8-IV.5

 

Dios le dio a tu voluntad el poder que ella posee, y yo no puedo sino respetarlo en honor de Su poder. T8-IV.6

 

Dios no interfiere en tus decisiones porque no podría conocer a Su Hijo si éste no fuese libre. T10-V.10

 

El poder de tu voluntad no puede ser reducido a menos que Dios intervenga contra él, y cualquier limitación de tu poder no es la Voluntad de Dios. T11-IV.2:4

 

De lo que deseas, Dios no te puede salvar. T12-VII.14

 

A Dios Mismo (…), no lo queda otro remedio que decir: “Hágase tu voluntad” porque tú crees que lo es. T24-III.5:8

 

¿Y hubiese podido Dios dejar a Su Hijo sin lo que éste eligió para sí mismo? T30-II.2:5

 

Dios no podría haber permitido que Su Hijo fuese un prisionero de aquello que no desea. T30-II.2:8

 

Dios te ha concedido su don y no te puede librar de tu elección.

 

Duns Scoto reafirmó el papel de la voluntad. La voluntad es libre. A través de la realización de su voluntad el hombre realiza su yo individual, y tal autorrealización constituye una satisfacción suprema para el individuo. Como es una orden de Dios el que la voluntad sea un acto del yo individual, ni aun Dios posee influencia directa sobre las decisiones humanas. (Citado por Erich Fromm, El miedo a la libertad, pág. 122.)

 

La voluntad del hombre es libre, y (…) Dios no lo hace ni bueno ni malo. (Erich Fromm, Y seréis como dioses, pág.200)

 

Hemos estado haciendo hincapié en el hecho de que lo indesea­ble debe llevarse ante lo deseable, y lo que no se desea ante lo que se desea. Te darás cuenta de que ésta es la manera de alcanzar la salvación si te detienes a considerar lo que es la disociación. La disociación es un proceso de pensamiento distorsionado, en el que se abrigan dos sistemas de creencias que no pueden coexistir. Si se pone uno al lado del otro, resulta imposible aceptarlos a los dos. Pero si uno de ellos se mantiene oculto del otro, su separa­ción parece mantenerlos vigentes a los dos y hace que parezcan ser igualmente reales. Poner uno al lado del otro, por lo tanto, se convierte en motivo de miedo, pues si haces eso, no podrás por menos que dejar de aceptar uno de ellos. No puedes quedarte con los dos, pues cada uno supone la negación del otro. Si se mantienen separados, este hecho se pierde de vista, pues al estar entonces en lugares diferentes es posible creer firmemente en los dos. Ponlos uno al lado del otro, y su absoluta incompatibilidad resultará evidente de inmediato. Uno de ellos tiene que desapa­recer porque el otro se ve en el mismo lugar. T-14.VII:3:1-10

Ustedes han sido escogidos para enseñar la Expiación, justamente porque han sido ejemplos extremos de lealtad a sus sistemas de pensamiento y, por consiguiente, han desarrollado la facultad de la lealtad. T6.1 [3] 12

Cuando condenas a un hermano estás diciendo: “Yo que soy culpable elijo seguir siéndolo”. 5Has negado su liber­tad, y al hacer eso, has negado el testigo de la tuya. 6Con igual facilidad podías haberlo liberado del pasado y haber eliminado de su mente la nube de culpabilidad que lo encadena a él. 7Y en su libertad habrías encontrado la tuya. T13-IX.4

El amor es libertad. Ir en su busca encadenándote a ti mismo es separarte de él. T16-VI.2

El pasado ya pasó. No intentes conservarlo en la relación espe­cial que te mantiene encadenado a él. T16-VII.4

¿Por qué te resulta tan extraño que la fe pueda mover monta­ñas? 2En realidad, ésa es una hazaña insignificante para seme­jante poder. 3Pues la fe puede mantener al Hijo de Dios encadenado mientras él crea que lo está. 4Mas cuando se libre de las cadenas será simplemente porque habrá dejado de creer en ellas. T21-III.3

El poder que ejerces sobre el Hijo de Dios no supone una ame­naza para su realidad. 2Por el contrario, sólo da testimonio de ella. 3Y si él ya es libre, ¿dónde podría radicar su libertad sino en él mismo? 4¿Y quién podría encadenarle, sino él a sí mismo cuando se niega la libertad? 5De Dios nadie se burla, ni tampoco puede Su Hijo ser aprisionado, salvo por su propio deseo. Galatas 6:7-8 No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su carne, de esa misma carne cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. 6Y por su propio deseo es también como se libera. 7En eso radica su fuerza, no su debilidad. 8Él está a merced de sí mismo. 9Y cuando elige ser mise­ricordioso, en ese momento se libera. 10Mas cuando elige conde­narse a sí mismo, se convierte en un prisionero, que encadenado, espera su propio perdón para poderse liberar. T21-VI.11

Tú que has encadenado a tu salvador a tu deseo de ser especial y has otorgado a dicho deseo el lugar de aquel, recuerda esto: tu salvador no ha perdido la capacidad de perdonarte todos los pecados que tú crees haber interpuesto entre él y la función de salvarte que Dios le encomendó. T24-II.7

¡Cuán tenazmente defiende su especialismo -deseando que sea verdad- todo aquel que se encuentra encadenado a este mundo! T24-VII.1

Dios no podría haber permitido que Su Hijo fuese un prisionero de aquello que no desea. 9Él se une a tu voluntad de ser libre. 10Y oponerte a Él es decidir ir en contra de ti mismo y elegir estar encadenado. T30-II.2

Alegrémonos de que ves aquello que crees, y de que se te haya concedido poder cambiar tus creencias. 2El cuerpo simplemente te seguirá. 3Jamás te puede conducir adonde tú no quieres ir. 4No es un centinela de tu sueño, ni interfiere en tu despertar. 5Libera a tu cuerpo del encarcelamiento, y no verás a nadie prisionero de lo que tú mismo te has escapado. 6Tampoco querrás retener en la culpabilidad a aquellos que habías decidido eran tus enemigos, ni mantener encadenados a la ilusión de un amor cambiante a aquellos que consideras amigos. T31-III.6

Protege asimismo tu mente a lo largo del día. 2Y cuando pien­ses que algún aspecto o alguna imagen del mundo tiene valor, niégate a encadenar tu mente de esa manera, y, en lugar de ello, repite para tus adentros con tranquila certeza:

3Esto no me tentará a que me demore.

4El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. L128-8

No tiene que luchar para salvarse. 2No tiene que matar a los dragones que pensaba le perseguían. 3Tampoco tiene que erigir las sólidas murallas de piedra ni las puertas de hierro que pensó que lo mantendrían a salvo. 4Ahora. puede deshacerse de la pesada e inútil armadura que construyó a fin de encadenar su mente a la miseria y al temor. 5Su paso es ligero, y cada vez que alza el pie para dar otro paso hacia adelante, deja tras de sí una estrella para señalarles el camino a aquellos que le siguen. L134-12

Las ilusiones tan sólo dan la impresión de mantener al santo Hijo de Dios encadenado. Es únicamente de las ilusiones de lo que se le salva. A medida que éstas retroceden, él se vuelve a encontrar a sí mismo. L155-8

Tus hermanos tienen que esperar hasta que tú te liberes. 2Permanecen encadenados hasta que tú seas libre. L191-11

Sé libre, de modo que el Espíritu Santo se pueda valer de tu liberación de la esclavitud y poner en libertad a los muchos que se perciben a sí mismos encadenados, indefensos y atemorizados. Permite que el amor reemplace sus miedos a través de ti. Acepta la salvación ahora y entrégale tu mente a Aquel que te exhorta a que le hagas este regalo. L199-7

Se te concede la libertad allí donde no veías más que cadenas y puertas de hierro. 2Mas si quieres hallar escapatoria tienes que cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo. 3Perma­necerás encadenado hasta que veas el mundo como un lugar ben­dito, liberes de tus errores a cada hermano y lo honres tal como es. L200-5

No estás encadenado por nada excepto por tus propias creencias. L277-2

Sin el perdón, la mente se encuentra encadenada, creyendo en su propia futilidad. Mas con el perdón, la luz brilla a través del sueño de tinieblas, ofreciéndole esperanzas y propor­cionándole los medios para que tome conciencia de la libertad que es su herencia. L322-1

 

T5.IV.2:4-5 El nacimiento físico no es un comienzo, es una continuación. Todo lo que continúa ha nacido ya.

 

Urtext.p45 7.AEl sexo fue concebido como un instrumento para la creación física que permitiera a las Almas embarcarse en nuevos capítulos de su experiencia y así mejorar su registro. Así pues, Pistis Sophia 7.Bun Alma viaja de vida en vida adquiriendo experiencias hasta que haya conocido todos sus registros, después de lo cual no entrará más en la carne. Urtext.p45 7.CFue una ayuda al artista en sus propios esfuerzos creativos. 7.DTal como hacía nuevos hogares para las Almas y las guiaba a través del periodo de su propia disponibilidad de desarrollo, él mismo aprendió el papel de padre. 7.ETodo el proceso se estableció como una experiencia de aprendizaje en ganar la Gracia.

 

Urtext.p56 18Recuerda siempre que nunca has sufrido nada por culpa de lo que ningún otro hiciera. 19Conserva tu actitud de percepción milagrosa hacia todo el mundo muy cuidadosamente. 20Puede que alguien te lastimo en otra vida y ahora es tu sirviente, o tu empleado, o tu alumno. 21Pero está bendito pues ve su lugar como una fuente de alegría. 22Contribuir ahora le ayuda a enmendar errores pasados.

 

Urtext.p109La psique de Freud era esencialmente una imagen del bien y el mal, con mucho peso depositado en el mal. Esto es porque cada vez que yo le mencionaba la Expiación, lo que era bastante a menudo, respondía defendiendo su teoría más y más contra ella. Esto resultó en sus intentos, cada vez mayores, de hacer que lo ilógico sonara más y más lógico. Lamenté esto mucho, porque tenía una mente especialmente buena y era una pena desperdiciarla. Sin embargo, el principal propósito de su encarnación no fue desatendido. Tuvo éxito en conseguir el reconocimiento del inconsciente en la visión del hombre acerca de sí mismo, un paso en la dirección correcta que no debiera ser minimizado. Freud fue uno de los hombres más religiosos que he conocido últimamente. Desgraciadamente, estaba tan asustado de la religión, que la única manera que tenía de tratar con ella era contemplándola (no a sí mismo) como algo enfermizo. Esto naturalmente impedía la sanación.

 

Urtext.p56Conserva tu actitud de percepción milagrosa hacia Rosie MUY cuidadosamente. Una vez ella os lastimó a ambos, por eso es vuestra sirviente ahora. Pero está bendita pues ve el servicio como una fuente de alegría. Contribuir a vuestro bienestar ahora le ayuda a enmendar errores pasados.

 

T2.VII.5 Urtext.p111La falta de disponibilidad para mirar o someter el error a la luz, en esta encarnación, puede tomar forma de verdadero miedo a la separación o directamente negar que ocurrió.

El cuerpo aparenta ser, en gran medida, automotivado e independiente, más en realidad sólo responde a las intenciones de la mente. Si la mente lo utiliza para atacar, sea de la forma que sea, el cuerpo se convierte en la víctima de la enfermedad, la vejez, y la decrepitud. Si la mente, en cambio, acepta el propósito del Espíritu Santo, el cuerpo se convierte en un medio eficaz de comunicación con otros -invulnerable mientras se le necesite- que luego sencillamente se descarta cuando deja de ser necesario. Prefacio-¿Qué postula?

Los milagros te capacitan para curar a los enfermos y resucitar a los muertos porque tanto la enfermedad como la muerte son invenciones tuyas. T1.I.24

La enfermedad es una forma de búsqueda externa. La salud es paz interior. T2-I.5

Las enfermedades físicas implican la creencia en la magia. La distorsión que dio lugar a la magia se basa en la creencia de que existe una capacidad creativa en la materia que la mente no puede controlar (T.2:IV:2:7-8).

Las enfermedades son inconcebibles para la mente sana (T.5:V:5:3).

Percibir el cuerpo como una entidad separada no puede sino fomentar la enfermedad, ya que ello no es verdad (T.8:VII:11:4).

El ego tiene un marcado interés por la enfermedad (T.8:VIII:3:2)

Un cuerpo enfermo no tiene sentido. No puede tener sentido porque la enfermedad no es el propósito del cuerpo. La enfermedad tendría sentido sólo si las dos premisas básicas en las que se basa la interpretación que el ego hace del cuerpo fuesen ciertas: que el propósito del cuerpo es atacar, y que tú eres un cuerpo. Sin estas dos premisas la enfermedad es inconcebible (T.8:VII:5:5-8).

    La enfermedad, no obstante, no es algo que se ori­gine en el cuerpo, sino en la mente (T.8:IX:8:6).

    Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curadores, por lo tanto, es el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente quieres (T.11:II:1:1).

    La enfermedad y el remedio se encuentran en el mismo lugar (T.19:I:6:7).

    Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes (T.22:II:3:1).

    Toda enfermedad tiene su origen en la separación. Cuando se niega la separación, la enfermedad desaparece (T.27:VII:2:1-2).

    La enfermedad no es sino una “leve” forma de muerte, una forma de venganza que todavía no es total (T.27:I:4:8).

    El cuerpo se cura gracias a los milagros, ya que éstos demuestran que la mente inventó la enfermedad y que utilizó al cuerpo para ser la víctima, o el efecto, de lo que ella inventó (T.28:II:11:4).

    Unirte a la mente de un hermano bloquea la causa de la enfermedad y sus percibidos efectos. La curación es el efecto de mentes que se unen, tal como la enfermedad es la consecuencia de mentes que se separan (T.28:III:2:5-6).

    Las semillas de la enfermedad proceden de la creencia de que es posible encontrar felicidad en la separación y de que renunciar a ella sería un sacrificio (T.28:IV:10:6).

    La enfermedad no es sino la ira que se ha descargado contra el cuerpo para que sufra. Es la consecuencia natural de lo que se hizo en secreto. T28-VI.5

    La enfermedad es la exigencia de que el cuerpo sea lo que no es. (T.29:II:8:1).

    Lo que percibes como enfermedad, dolor, debili­dad, sufrimiento y pérdida, no es sino la tentación de percibirte a ti mismo indefenso y en el infierno (T.31:VIII:6:2).

    La enfermedad es una elección, una decisión (M.5:I:1:4).

    La base fundamental de la curación es la aceptación del hecho de que la enfermedad es una decisión que la mente ha tomado a fin de lograr un propósito para el cual se vale del cuerpo (M.5:II:2:1).

    La enfermedad es algo propio de la mente, y de que no tiene nada que ver con el cuerpo (M.5:II:3:2).

    Ciertamente no parece que la enfermedad sea una decisión. Ni nadie cree realmente que lo que quiere es estar enfermo. Tal vez pueda aceptar la idea en teoría, pero rara vez la aplica de manera consistente a todas las clases de enfermedad que percibe en sí mismo o en los demás (M.22:4:1-3).

    Tú has tratado de hacer justamente lo contrario, intentando por todos los medios, no importa cuán distorsionados o extrava­gantes, separar la curación de la enfermedad a la que estaba des­tinada, conservando de este modo la enfermedad (L.pI:70:4:1).

    La enfermedad no es un accidente (L.pI:136:2:1).

    La enfermedad es aislamiento (L.pI:137:2:1).

¿Qué postula? xiii El objetivo del Espíritu Santo es ayudarnos a escapar del mundo de los sueños, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores.

Introducción UCDM Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está mucho más allá de que se puede enseñar.

Urtext.p18 El motivo de que te distancies, dudes, o no puedas creer en lo que este Curso enseña, es más bien una reacción defensiva contra una atracción que reconoces que es tan intensa que temes que te desarraigue.

Urtext.p20 Todavía no te has comprometido del todo con el Curso, y por eso todavía tienes más que aprender que enseñar. Cuando alcances tu equilibrio, serás capaz de enseñar tanto como de aprender, lo que te dará la proporción adecuada.

Urtext.p20 Vine a enseñar cómo cancelar vuestros pecados, no a morir por vuestros pecados.

T2.VII.1:9 No estás acostumbrado a pensar con una mentalidad milagrosa, pero se te puede enseñar a pensar de esa manera. 10Todos los obradores de milagros necesitan este tipo de instrucción.

Urtext.p76 La justicia es un expediente temporal, o un intento de enseñarte el significado de la misericordia. La parte enjuiciadora surge solo porque eres capaz de injusticia, si eso es lo que tu mente crea.

Urtext.p157 Un maestro con un problema de autoridad es meramente un alumno que rehúsa enseñar a otros.

Urtext.p157 La única salida de este aspecto particular del desierto sigue siendo abandonarlo. La manera por la que se sale del desierto es liberar a todo el mundo implicado, al rechazar absolutamente involucrarse en ninguna forma de honrar el error. Ni el maestro ni el alumno están aprisionados por el aprendizaje, a menos que se use como un ataque. El que lo hace así, estará aprisionado tanto si de hecho enseña, aprende, o rehúsa involucrarse en el proceso en absoluto.

Urtext.p158 He hecho todo esfuerzo posible para enseñaros enteramente sin miedo. Si no escucháis seréis incapaces de evitar el muy obvio error de percibir la enseñanza como una amenaza.

Urtext.p158 Apenas es necesario decir que enseñar es un proceso cuyo propósito es producir aprendizaje.

Urtext.p158 Cualquier maestro que crea que enseñar es temible no puede aprender porque está paralizado. Y tampoco puede enseñar realmente. El propósito de este Curso es prepararte para el Conocimiento. Ése es el único propósito real de cualquier curso legítimo. Todo lo que se requiere de ti como maestro es que Me sigas.

Urtext.p159 Cuando dices que no puedes enseñar, estás cometiendo un error. Cuando no estés demasiado seguro, concentrate en “Señor, aquí estoy”. Es improbable que un maestro sea efectivo a menos que comience con estar ahí.

Urtext.p159 Perderás todo tu miedo a enseñar y a relacionarte en cualquier forma una vez que sepas quién eres.

T4.I.1 Un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas. 2En el proceso de aprendizaje tanto el maestro como el alumno están a la par. 3Ambos se encuentran en el mismo nivel de aprendizaje, y a menos que compartan sus lecciones les faltará convicción. 4Un buen maestro debe tener fe en las ideas que enseña, pero tiene que satisfacer además otra condición: debe tener fe en los estudiantes a quienes ofrece sus ideas.

T4.I.3 El Espíritu no tiene necesidad de que se le enseñe nada, pero el ego sí.

T4.I.4 Aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora porque te permiten cambiar de mentalidad y ayudar a otros a hacer lo mismo.

Urtext.p174 Algunas personas están asustadas de enseñar solo porque están asustadas de la impresión que la imagen de sí mismos pueda producir en otras imágenes. Creen que la aprobación de su imagen aumentará su ansiedad y la desaprobación los precipitará a la depresión. T4.I.6:6 Yo no podría dedicarme a enseñar si creyese eso y tú no serás un maestro dedicado mientras lo creas.

T4.I.7 El que enseñes o aprendas no es lo que establece tu valía.

T4.I.7:4 Los maestros deben tener paciencia y repetir las lecciones que enseñan hasta que se aprendan.

Urtext.p179 Un ejemplo extremo es una buena ayuda para la enseñanza, no porque sea típico, sino porque es claro. Cuanto más complejo sea el material, más claros debieran ser los ejemplos como recurso de enseñanza. Les pido a mis maestros que recuerden esto cuando enseñen, y que no olviden el dramatismo, pues capta el interés del estudiante precisamente porque es tan aparente que puede ser rápidamente percibido.

T4.VI.5 ¿Cómo puedes enseñarle a alguien el valor de algo que él mismo ha desechado deliberadamente? 2Tiene que haberlo dese­chado porque no le atribuyó ningún valor. 3Lo único que puedes hacer es mostrarle cuánta infelicidad le causa su ausencia e írselo acercando lentamente para que pueda ver cómo mengua su infor­tunio según él se aproxima a ello. 4Esto le enseña a asociar su infelicidad con la ausencia de lo que desechó, y lo opuesto a la infelicidad con su presencia. 5Comenzará a desearlo gradualmente a medida que cambie de parecer con respecto a su valor. 6Te estoy enseñando a que asocies la infelicidad con el ego y la felicidad con el Espíritu. 7Tú te has enseñado a ti mismo lo contrario. 8Sigues siendo libre de elegir, más a la vista de las recompensas de Dios, ¿puedes realmente desear las recompensas del ego?

T5.II.10:10 Escucha sólo esto a través del Espíritu Santo en ti y enseña a tus hermanos a escu­char tal como yo te estoy enseñando a ti.

T5.III.10 El Espíritu Santo es el maestro perfecto. 2Se vale únicamente de lo que tu mente ya comprende para enseñarte que tú no lo comprendes.

T5.IV.1:3 El Espíritu Santo te ayudará a reinterpretar todo lo que percibes como temible y te enseñará que sólo lo que es amoroso es cierto.

Urtext.p225 Un día enseñarás tanto como aprendas y esto te mantendrá equilibrado. El momento es ahora porque has permitido que sea ahora. No puedes aprender a menos que enseñes.

T5.IV.5 Se puede enseñar de muchas maneras, pero ante todo con el ejemplo. 2Enseñar debe ser curativo, ya que consiste en compartir ideas y en el reconocimiento de que compartir ideas es reforzar­las. 3No puedo olvidar la necesidad que tengo de enseñar lo que he aprendido, la cual surgió en mí precisamente por haberlo apren­dido. 4Te exhorto a que enseñes lo que has aprendido porque al hacerlo podrás contar con ello.

T5.IV.6:4 Lo que enseñes es lo que aprenderás.

T5.VI.3:3 Deja que el Espíritu Santo te recuerde siempre Su imparcialidad y déjame enseñarte cómo compartirla con tus hermanos.

T6.In.2 Se te ha pedido que me tomes como modelo para tu aprendi­zaje, ya que un ejemplo extremo es un recurso de aprendizaje sumamente útil. 2Todo el mundo enseña, y enseña continuamente. 3Asumes inevitablemente esta responsabilidad en el momento en que aceptas cualquier premisa, y nadie puede organizar su vida sin un sistema de creencias. 4Una vez que has desarrollado un sistema de pensamiento, sea cual fuere su clase, riges tu vida de acuerdo con él y lo enseñas. 5Tu capacidad para ser fiel a un sistema de pensamiento podrá estar mal situada, pero aun así es una forma de fe y se puede canalizar en otra dirección. Urtext.p241Has sido elegido para enseñar la Expiación precisamente porque has sido un ejemplo extremo de lealtad a tu viejo sistema de pensamiento, y por lo tanto has desarrollado la capacidad de la lealtad. Pero ciertamente has dispuesto esta lealtad de manera equivocada. No puedes dudar de la fuerza de tu devoción si consideras cuán fielmente lo cumpliste. Es evidente que ya has desarrollado la capacidad para seguir un modelo mejor, si sabes aceptarlo.

T6.I.4:6 El mensaje de la crucifixión fue precisamente enseñar que no es necesario percibir ninguna forma de ataque en la persecución, pues no puedes ser perseguido.

T6.I.6 Como ya dije anteriormente: “Lo que enseñes es lo que apren­derás”. 2Si reaccionas como si te estuvieran persiguiendo, estarás enseñando persecución. 3No es ésta la lección que el Hijo de Dios debe enseñar si es que ha de alcanzar su propia salvación. 4Enseña más bien tu perfecta inmunidad, que es la verdad acerca de ti, y date cuenta de que no puede ser atacada. 5No trates de protegerla, ya que de lo contrario creerás que es susceptible de ser atacada. 6No se te pide ser crucificado, lo cual fue parte de lo que yo aporté como maestro. 7Se te pide únicamente que sigas mi ejemplo cuando te asalten tentaciones mucho menos extremas de percibir falsamente, y que no las aceptes como falsas justificacio­nes para desatar tu ira. 8No puede haber justificación para lo injustificable. 9No creas que la hay ni enseñes que la hay. 10Recuerda siempre que enseñas lo que crees. 11Cree lo mismo que yo, y llegaremos a ser maestros de igual calibre.

T6.I.7 Tu resurrección es tu redespertar. 2Yo soy el modelo del renaci­miento, pero el renacimiento en sí no es más que el despuntar en la mente de lo que ya se encuentra en ella. 3Dios Mismo lo puso allí, por lo tanto, es cierto para siempre. 4Yo creí en ello y, por consiguiente, lo acepté como la verdad. 5Ayúdame a enseñárselo a nuestros hermanos en nombre del Reino de Dios, pero cree pri­mero que es verdad, pues de lo contrario enseñarás mal.

T6.I.11:5 La única lección que tengo que enseñar, puesto que la aprendí, es que ninguna percep­ción que esté en desacuerdo con el juicio del Espíritu Santo está jamás justificada.

T6.I.16:5 Cualquier concepto de castigo significa que estás proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro, y ello refuerza la idea de que está justificado culpar. 6El resultado es una lección acerca de cómo culpar, pues todo comportamiento enseña las creencias que lo motivan.

T6.I.17:4 Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias y, por lo tanto, lo rechazas. 5Como resultado de ello, enseñas rechazo.

T6.I.18:3 Ninguna forma de rechazo tiene sentido.

T6.III.1:7 A través del ego puedes oír, enseñar y aprender lo que no es cierto. 8Te has enseñado a ti mismo a creer que no eres lo que eres. 9No puedes enseñar lo que no has aprendido; y lo que enseñas lo refuerzas en ti al compartirlo. 10Cada lección que enseñas es una lección que tú mismo estás aprendiendo.

T6.III.2 Por eso es por lo que debes enseñar solamente una lección. 2Si has de verte libre de conflictos, tienes que aprender únicamente del Espíritu Santo y enseñar únicamente con Él. 3Tú eres única­mente amor, más cuando lo niegas haces de lo que eres algo que tienes que aprender a recordar. 4Dije anteriormente que el men­saje de la crucifixión fue: “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres”. 5Ésta es la única lección que está perfectamente unifi­cada porque es la única lección que es una sola. 6La única manera de aprenderla es enseñándola. 7“Lo que enseñes es lo que apren­derás.” 8Si esto es verdad, como en efecto lo es, no olvides que lo que enseñas te enseña a ti. 9Y no puedes sino creer en lo que proyectas o extiendes.

T6.III.3:9 Si enseñas ataque en cualquier forma que sea, lo habrás aprendido, y ello no podrá sino causarte dolor. 10Con todo, ese aprendizaje no es permanente y puedes desaprenderlo dejándolo de enseñar.

T6.III.4 Puesto que no puedes dejar de enseñar, tu salvación radica en enseñar exactamente lo opuesto a lo que el ego cree. 2Así es como aprenderás la verdad que te hará libre y que te mantendrá libre a medida que otros la aprendan de ti. 3La única manera de tener paz es enseñando paz. 4Al enseñarla, no puedes sino aprenderla, pues no puedes enseñar aquello de lo que todavía te disocias. 5Sólo así podrás recobrar el conocimiento que desechaste. 6Para poder compartir una idea tienes primero que disponer de ella. 7Dicha idea despierta en tu mente mediante la convicción que nace de enseñarla. 8Aprendes todo lo que enseñas. 9Enseña sola­mente amor, y aprende que el amor es tuyo y que tú eres amor.

T6.IV.11:7 He dicho frecuentemente que eres lo que enseñas. 8¿Querrías que Dios te enseñase que has pecado?

T6.IV.12 Dios no enseña, 2pues enseñar implica una insuficiencia que Dios sabe que no existe. 3Dios no está en conflicto. 4El propósito de enseñar es producir cambios, pero Dios sólo creó lo inmuta­ble.

T6.V.1 Como cualquier buen maestro, el Espíritu Santo sabe más de lo que tú sabes ahora, y sólo te enseña para que llegues a ser igual que Él. 2Tú te enseñaste mal a ti mismo al creer lo que no era cierto.

T6.V.3 Un buen maestro enseña mediante un enfoque positivo, no mediante uno negativo. Urtext.p259Un maestro sabio enseña lo que se ha de conseguir, no lo que se ha de evitar. 2No hace hincapié en lo que tienes que evitar para escapar de lo que te puede hacer daño, sino en lo que tienes que aprender para ser feliz. Urtext.p259Esto es cierto incluso para los maestros del mundo.

T6.V.A.4 Para el Espíritu Santo no hay grados de dificultad en los mila­gros. 2A estas alturas, esto debería resultarte ya bastante familiar, aunque no es algo que todavía estés dispuesto a creer. 3Por lo tanto, ni lo entiendes ni puedes hacer uso de ello. 4Es mucho lo que todavía nos queda por hacer en favor del Reino como para pasar por alto este concepto tan crucial. 5Es realmente una de las piedras angulares del sistema de pensamiento que enseño y que quiero que tú enseñes.

T6.V.B.1 Los que creen en la separación tienen un miedo básico a las represalias y al abandono. 2Creen en el ataque y en el rechazo, de modo que eso es lo que perciben, lo que enseñan y lo que apren­den. 3Estas ideas descabelladas son claramente el resultado de la disociación y la proyección. 4Eres lo que enseñas, pero es evidente que puedes enseñar incorrectamente, y, por consiguiente, te pue­des enseñar mal a ti mismo.

T6.V.B.3:10 Puesto que aún eres extremadamente consciente del ego en ti mismo y respondes principalmente al ego de los demás, se te está enseñando a que reacciones ante ambos como si lo que realmente crees no fuera verdad.

T6.V.B.5 La manera de escapar del conflicto que surge de dos sistemas de pensamiento que se oponen entre sí consiste claramente en escoger uno y abandonar el otro. 2Si te identificas con tu sistema de pensamiento, lo cual es inevitable, y aceptas dos sistemas de pensamiento que están en total desacuerdo, es imposible gozar de paz mental. Recuerda que Tomás47una persona no puede montar dos caballos ni tensar dos arcos, y un esclavo no puede servir a dos amos, de otra manera honrará a uno y ofenderá al otro. 3Si enseñas ambos sistemas, que es lo que probablemente harás mientras los aceptes a los dos, estarás ense­ñando conflicto y también aprendiéndolo.

T6.V.B.7:5 Para tener paz, enseña paz para así aprender lo que es.

T6.V.C.2 El Espíritu Santo no te enseña a juzgar a otros porque no quiere que enseñes nada que sea erróneo, y que de esta forma, tú mismo lo aprendas. 2No sería consistente si te permitiera reforzar lo que debes aprender a evitar. 3En la mente del pensador, por lo tanto, el Espíritu Santo es enjuiciador, pero sólo a fin de unificar la mente de modo que pueda percibir sin emitir juicios. 4Esto le permite a la mente enseñar sin emitir juicios y, por consiguiente, aprender a estar libre de ellos.

T6.V.C.6 Aprendes primero que tener se basa en dar y no en obtener. 2Luego aprendes que aprendes lo que enseñas y que quieres aprender a estar en paz. 3Ésta es la condición necesaria para poder identificarte con el Reino, puesto que es la condición del Reino. 4Has creído estar fuera del Reino y, como consecuencia de ello, te has excluido a ti mismo de él en tu pensamiento. 5Es esen­cial, por lo tanto, enseñarte que no puedes sino estar incluido en el Reino, y que lo único que debes excluir es la creencia de que no estás incluido en él.

T6.V.C.9:7 Una vez que tu mente haya sanado irradiará salud, y de este modo enseñará lo que es la curación. 8Esto te consagrará como un maestro que enseña lo mismo que yo. 9Yo tuve que mantenerme tan alerta como tú tienes que hacerlo ahora, y aquellos que eligen enseñar lo mismo tienen que estar de acuerdo con respecto a lo que creen.

Urtext.p296Estas lecciones necesitaban ser enseñadas solo una vez, porque cuando la piedra de la muerte se aparta rodando, ¿qué se puede ver sino una tumba vacía?

 

Éste es un curso de entrenamiento mental. 2Todo aprendizaje requiere atención y estudio en algún nivel. T1.VII.4

 

La transferencia del entrenamiento para adquirir una percep­ción verdadera no procede del mismo modo en que procede la transferencia del entrenamiento del mundo. 2Si se ha logrado una percepción verdadera en conexión con una persona, situación o aconteci­miento, la transferencia total a todo el mundo y a todas las cosas es inevitable. 3Por otra parte, una sola cosa que se excluya de la percepción verdadera imposibilita sus logros en cualquier otra parte. L.In.5

 

T3.In.5 Urtext.p119Debes saber cómo el error interfiere con la preparación. Este es un verdadero curso en entrenamiento mental y todo el valor de esta sección descansa solamente en mostrarte “qué no hacer”.

 

El propósito de esto es entrenarte en los primeros pasos hacia la meta de poder separar lo que no tiene significado de lo que sí lo tiene. 3Representa el primer esfuerzo en el objetivo a largo plazo de aprender a ver que lo que carece de significado se encuentra fuera de ti y lo significativo, dentro. 4Es también el comienzo del entrenamiento que le permitirá a tu mente distinguir entre lo que es lo mismo y lo que es diferente. L4-3

 

Vamos a intentar llegar hasta esa luz. 2Para tal fin, utiliza­remos una forma de ejercicio que ya se sugirió anteriormente y que vamos a utilizar cada vez más. 3Dicha forma de ejercicio es especialmente difícil para la mente indisciplinada y representa uno de los objetivos principales del entrenamiento mental. 4Requiere precisamente lo que le falta a la mente sin entrenar. 5Con todo, si has de ver, dicho entrenamiento tiene que tener lugar. L44-3

 

Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días. 2Trata asi­mismo de fijar esa hora de antemano y de luego  adherirte a ella lo máximo posible. 3El propósito de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persi­gues. 4Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo. L65-4

 

 

M9-¿Se requieren cambios en las condiciones de vida de los maestros de Dios?

  1. Donde se requieren cambios es en las mentes de los maestros de Dios. 2Esto puede entrañar o no cambios en las condiciones externas. 3Recuerda que nadie está donde está por casualidad y que nada en el plan de Dios es al azar. 4Es bastante improbable que en la formación del nuevo maestro de Dios, los primeros pasos a dar no sean cambios de actitud. 5No hay, sin embargo, una norma fija al respecto, toda vez que el entrenamiento es siempre altamente individualizado. 6Hay quienes son llamados a cambiar las circunstancias de sus vidas casi de inmediato, mas éstos son generalmente casos especiales. 7A la gran mayoría se les proporciona un programa de entrenamiento que evoluciona len­tamente, en el que se corrigen el mayor número posible de erro­res previos. 8Las relaciones personales, en especial, tienen que percibirse debidamente, y todas las áreas de falta de perdón se tienen que eliminar. 9De lo contrario, el viejo sistema de pensa­miento mantendría aún una base a la que regresar.
  2. 2. A medida que el maestro de Dios avanza en su formación, aprende más concienzudamente una lección: a no tomar decisio­nes por su cuenta. 2En lugar de ello, le pide a su Maestro Su respuesta, y es ésta la que sigue como guía para sus acciones. 3Esto le resulta cada vez más fácil, a medida que aprende a abandonar sus propios juicios. 4Abandonar todo juicio -el requisito previo para poder oír la Voz de Dios- es normalmente un pro­ceso bastante lento, no porque sea difícil, sino porque se tiende a percibir como una afrenta. 5El entrenamiento del mundo tiene por meta el logro de un objetivo diametralmente opuesto al de nuestro programa. 6El mundo enseña que confiar en nuestro pro­pio juicio es muestra de madurez y fortaleza. 7Nuestro programa enseña que abandonar todo juicio es la condición necesaria para la salvación.

 

“No hay más volun­tad que la de Dios.” 7Sus maestros saben que esto es así y han aprendido que todo lo demás es magia. 8Lo que mantiene viva la creencia en la magia es la ilusión simplista de que la magia funciona. 9Los maestros de Dios deben aprender a detectar las diversas formas de magia a lo largo de todo su entrenamiento, cada día y cada hora, e incluso cada minuto y cada segundo, y a percibir el hecho de que no tienen sentido. 10Cuando se las deja de temer, desaparecen. 11Y así se vuelve a abrir la puerta del Cielo y su luz puede volver a irradiar sobre la mente que se encuentra en paz. M16-11

Las relaciones especiales que se establecen en el mundo son destructivas, egoístas e “infantilmente” egocéntricas. Más si se le entregan al Espíritu Santo, pueden convertirse en lo más sagrado de la tierra: en los milagros que señalan el camino de retorno al Cielo. Prefacio.xv

 

Dios te pide únicamente lo que Él te dio, sabiendo que mediante esa entrega sanarás. T5-VII.2:7

 

Todas las capacidades deben entregársele, por lo tanto, al Espí­ritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. T7-IV.4:1

 

Cuando estés dispuesto a asumir total responsabilidad por la existencia del ego, habrás dejado a un lado la ira y el ataque, pues éstos surgen como resultado de tu deseo de proyectar sobre otros la responsabilidad de tus propios errores. 5Mas una vez que los hayas aceptado como tus propios errores, no te detengas ahí. 6Entrégaselos de inmediato al Espíritu Santo para que Él los des­haga completamente, de manera que todos sus efectos desaparez­can de tu mente y de la Filiación en su totalidad. T7-VIII.5:4-6

 

Comunicar es unir y atacar es separar. 2¿Cómo ibas a poder hacer ambas cosas simultáneamente utilizando el mismo medio y no sufrir por ello? 3La percepción del cuerpo sólo se puede unifi­car cuando se ha aceptado un solo propósito. 4Esto libera a la mente de la tentación de ver al cuerpo bajo distintas luces, y puede entonces entregárselo por completo a la única Luz en la que puede ser realmente entendido. T8-VII.12:1-4

 

Cuando un hermano se comporta de forma demente sólo lo puedes sanar percibiendo cordura en él. 2Si percibes sus errores y los aceptas, estás aceptando los tuyos. 3Si quieres entregarle tus errores al Espíritu Santo, tienes que hacer lo mismo con los suyos. 4A menos que ésta se convierta en la única manera en que lidias con todos los errores, no podrás entender cómo se deshacen. 5¿Qué diferencia hay entre esto y decirte que lo que enseñas es lo que aprendes? 6Tu hermano tiene tanta razón como tú, y si crees que está equivocado te estás condenando a ti mismo. T9-III.5:1-6

 

Dios se dio a Sí Mismo a ti en tu creación, y Sus dones son eternos. 11¿Te negarías acaso a entregarte a Él? T10-V.10:10-11

 

Tu voluntad es entregarte a Él porque, en tu perfecto entendimiento de Él, sabes que no hay sino una sola Voluntad. 6Mas cuando atacas a cualquier parte de Dios o de Su Reino tu entendimiento no es perfecto, y, por consi­guiente, pierdes lo que realmente quieres. T11-II.1:5-6

 

Nos estamos embarcando, por lo tanto, en un programa muy bien organizado, debidamente estructurado y cuidadosamente planeado, que tiene por objeto aprender a entregarle al Espíritu Santo todo aquello que no desees. 2El sabe qué hacer con ello. 3Tú, sin embargo, no sabes cómo valerte de Su conocimiento. 4Cual­quier cosa que se le entregue que no sea de Dios, desaparece. 5No obstante, tú tienes que estar completamente dispuesto a examinar eso que le entregas, ya que de otro modo Su conocimiento no te servirá de nada. 6Él jamás dejará de prestarte ayuda, pues prestar ayuda es Su único propósito. T12-II.10:1-6

 

Te olvidaste de que las relaciones reales son santas, y de que no te puedes valer de ellas en absoluto. 6Son para el uso exclusivo del Espíritu Santo, y esto es lo que hace que sean puras. 7Si descargas tu culpabilidad sobre ellas, el Espíritu Santo no puede entonces usarlas. 8Pues al apropiarte para tus propios fines de lo que deberías haberle entregado a Él, Él no podrá valerse de ello para liberarte. T13-X.2:5-8

 

Si quieres ser un alumno feliz tienes que entregarle al Espíritu Santo todo lo que has aprendido para así desaprenderlo. T14-II.6:1

 

Puedes entregar totalmente sin que ello suponga ninguna pérdida para ti y de ello sólo se puedan derivar ganancias. T15-VI.4:6

 

Si te entregases tal como tu Padre entrega Su Ser, entenderías lo que es la Conciencia de Ser. 4Y con ello entenderías el significado del amor. T15-VI.7:3-4

 

Esta Navidad entrégale al Espíritu Santo todo lo que te hiere. 2Permítete a ti mismo ser sanado completamente para que puedas unirte a Él en la curación, y celebremos juntos nuestra liberación liberando a todo el mundo junto con nosotros. 3Inclúyelo todo, pues la liberación es total, y cuando la hayas aceptado junto conmigo la darás junto conmigo. T15-XI.3:1-3

 

No puedes serle fiel a dos amos que te piden cosas contradicto­rias. 5Lo que usas en beneficio de las fantasías, se lo niegas a la verdad. 6Mas lo que le entregas a la verdad para que ésta lo use en tu beneficio, se encuentra a salvo de las fantasías. T17-I.2:4-6

 

Cuando sostienes que es imposible que no haya grados de difi­cultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. 2Crees que la verdad no podría resolverlas debido únicamente a que prefieres mantenerlas ocultas de la verdad. 3Dicho llanamente, tu falta de fe en el poder que sana todo dolor emana de tu deseo de conservar algunos aspectos de la realidad y reservarlos para la fantasía. T17-I.3:1-3

 

Procura estar dispuesto, pues, a entregarle todo lo que has ocultado de la verdad a Aquel que la conoce, y en Quien todo se lleva ante ella. T17-I.6:1

 

Si pones en duda que alguien pueda desempeñar su papel y desempeñarlo perfecta­mente en cualquier situación entregada de antemano a la verdad, es que la entrega no fue absoluta. T17-VII.6:2

 

Lo que se le entrega a la verdad para que ésta sea su único objetivo, se lleva a la verdad mediante la fe. T19-I.1:3

 

Toda situación que se perciba correctamente se convierte en una oportunidad para sanar al Hijo de Dios. 2Y éste se cura porque tú tuviste fe en él, al entregárselo al Espíritu Santo y liberarlo de cualquier exigencia que tu ego hubiese querido imponerle. T19-I.2:1-2

 

Tu pequeño papel consiste únicamente en entregarle al Espíritu Santo la idea del sacrificio en su totalidad y aceptar la paz que Él te ofrece a cambio. T19-IV.B.9:1-2

 

La razón (…) ve una relación santa como lo que realmente es: un estado mental común, donde ambos gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo. T22-III.9:7

 

Extender el perdón es la función del Espíritu Santo. 3Deja eso en Sus manos. 4Ocúpate únicamente de entregarle aquello que se puede extender. T22-VI.9:2-4

 

El Espíritu Santo puede usar todo lo que le ofreces para tu salvación. 2Pero no puede usar lo que te niegas a darle, ya que no puede quitártelo sin tu consentimiento. 3Pues si lo hiciera, cree­rías que te lo arrebató en contra de tu voluntad. 4Y así, no apren­derías que tu voluntad es no tenerlo. 5Él no necesita que estés completamente dispuesto a entregárselo, pues si ese fuese el caso, no tendrías ninguna necesidad de Él. 6Pero sí necesita que prefieras que Él lo tome a que tú te lo quedes sólo para ti, y que reconozcas que no sabes qué es lo que no supone una pérdida para nadie. 7Eso es lo único que se tiene que añadir a la idea de que nadie tiene que perder para que tú ganes. 8Nada más. T25-VIII.1:1-8

 

Entregarle un problema al Espíritu Santo para que Él lo resuelva por ti, significa que quieres que se resuelva. 6Mas no entregárselo a fin de resolverlo por tu cuenta y sin Su ayuda, es decidir que el problema siga pendiente y sin resolver, haciendo así que pueda seguir dando lugar a más injusticias y ataques. T25-IX.7:5-6

 

Tú que crees que entregarle al Espíritu Santo tan sólo algunos errores y quedarte con el resto te mantiene a salvo, recuerda esto: la justicia es total. 2La justicia parcial no existe. T26-II.5:1-2

 

Es imposible que una sola ilusión sea menos receptiva a la ver­dad que las demás. 2Pero es posible que a algunas se les otorgue más valor, y que haya más renuencia a entregárselas a la verdad a fin de recibir ayuda y curación. T26-VII.6:1-2

 

Lo que el odio reivindicaba se entrega ahora al amor, y la liber­tad ilumina toda cosa viviente y la eleva hasta el Cielo, donde las luces se encienden con mayor fulgor a medida que cada una vuelve al hogar. T26-IX.4:4

 

Lo que se había clausurado se abre; lo que se mante­nía oculto de la luz se le entrega a ésta para que pueda iluminarlo sin dejar ningún espacio o distancia entre la luz del Cielo y el mundo. T26-IX.5:3

 

El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente. (…) 5Lo que el odio le ha entregado al amor, se convierte en la luz más brillante de todo el resplandor del Cielo. T26-IX.6:1,5

 

Tal es la médula de miedo de cada sueño que no se le haya entregado a Aquel que otorga a los sueños una función distinta. T29-V.8:1

 

El concepto que ahora tienes de ti mismo garantiza que tu fun­ción aquí sea por siempre irrealizable e imposible de llevar a cabo. 2Y así, te condena a una amarga y profunda sensación de depresión y futilidad. 3Dicho concepto, sin embargo, no tiene por qué ser fijo e inalterable, a menos que decidas que no hay espe­ranzas de que pueda cambiar y lo mantengas estático y oculto en tu mente. 4En lugar de ello, entrégaselo a Aquel que entiende cuáles son las modificaciones que necesita para que pueda serle útil a la función que se te encomendó a fin de brindarte paz, de modo que puedas ofrecer paz para así gozar de ella. 5Las alterna­tivas están en tu mente para que las uses, y tú puedes verte a ti mismo de otra manera. 6¿No preferirías considerarte a ti mismo alguien que es necesario para la salvación del mundo, en vez de un enemigo de ella? T31-VII.6:1-6

 

La espada del juicio es el arma que le entregas a esta ilusión de ti mismo, para que pueda luchar e impedir que el amor llene el espacio que mantiene a tu hermano separado de ti, mientras empuñes esa espada, no obstante, no podrás sino percibirte a ti mismo como un cuerpo, pues te habrás condenado a estar sepa­rado de aquel que sostiene el espejo que refleja otra imagen de lo que él es, y, por ende, de lo que tú no puedes sino ser también. T31-VII.9:2

 

Exhortas a todos tus hermanos a que se unan a ti en tu descanso, y ellos te oirán y vendrán a ti porque descansas en Dios. 6No oirán ninguna otra voz excepto la tuya porque tú le entregaste tu voz a Dios, y ahora descansas en Él y dejas que Él hable a través de ti. LpI-109.4:5-6

 

No podemos juzgarnos a no­sotros mismos, ni hace falta que lo hagamos. 4Eso no es sino apla­zar la decisión y posponer entregarnos de lleno al ejercicio de nuestra función. 5Nuestro papel no es juzgar nuestra valía, ni tampoco podríamos saber cuál es el mejor papel para nosotros o qué es lo que podemos hacer dentro de un plan más amplio que no podemos captar en su totalidad. 6Nuestro papel se nos asigna en el Cielo, no en el infierno. 7Y lo que pensamos que es debili­dad puede ser fortaleza, y lo que creemos que es nuestra forta­leza a menudo es arrogancia. LpI-154.1:3-7

 

El mensajero no escribe el mensaje que transmite. 2Tampoco cuestiona el derecho del que lo escribe, ni pregunta por qué razón ha escogido aquellos que han de recibir el mensaje del que él es portador. 3Sólo necesita aceptarlo, llevárselo a quienes va destinado y cumplir con su cometido de entregarlo. 4Si trata de determinar cuáles deben ser los mensajes, cuál es su propósito o adónde se deben llevar, no estará desempeñando debidamente su papel de portador de la Palabra. LpI-154.5:1-4

 

Te entregamos todos nuestros errores a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. 6Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. 7Tu Nombre es nuestra salvación y la manera de escapar de lo que noso­tros mismos hemos hecho. LpI-184.15:5-7

 

Cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entre­gado a Él de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tris­teza, del dolor y hasta de la misma muerte. LpI-194.3:4

 

La mente que está al servicio del Espíritu Santo es ilimitada para siempre y desde cualquier punto de vista, transciende las leyes del tiempo y del espacio; está libre de ideas preconcebidas y dispone de la fortaleza y del poder necesarios para hacer cual­quier cosa que se le pida. 2Los pensamientos de ataque no pue­den entrar en una mente así, toda vez que ha sido entregada a la Fuente del amor, y el miedo no puede infiltrarse en una mente que se ha unido al amor. LpI-199.2:1-2

 

Acepta la salvación ahora y entrégale tu mente a Aquel que te exhorta a que le hagas este regalo. LpI-199.7:5

 

Le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener. LpI-Sexto repaso.6:6

 

No nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado. LpI-Sexto repaso.7:4

 

Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. 2No quiero quedarme con ninguno de ellos. 3En su lugar, dame los Tuyos. 4Te entrego asi­mismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. 5Hoy vengo a Ti. 6Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. 7Sé Tú el Guía hoy. L233.1

 

Hoy nos dirige un solo Guía. 2Y mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. LpII-233.2:1-2

 

(Los sueños) se le entregarán a Cristo, para que se des­vanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo. LpII-6¿Qué es el Cristo?.3:4

 

Entrego todo juicio a Aquel que Tú me diste para que juzgara por mí. LpII-347.1:5

 

Padre, hoy le entrego a Cristo todo lo que es mío para que lo utilice de la manera que sea más beneficiosa para el propósito que comparto con Él. LpII-353.1:1

 

A Él le entregamos estas lecciones, y a partir de ahora también le entregamos nuestras vidas. LpII-Lecciones finales.Introducción.1:4

 

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. LpII-361-365

 

Cada vez que un maestro de Dios trató de ser un canal de curación tuvo éxito. 2De sentirse tentado de dudar de ello, no debería repetir su esfuerzo previo. 3Éste ya fue máximo, pues el Espíritu Santo así lo aceptó y así lo utilizó. 4El maestro de Dios tiene ahora ante sí sólo un camino a seguir. 5Tiene que hacer uso de su razón para decirse a sí mismo que le ha entregado el pro­blema a Uno que no puede fallar. M7.2:1-5

 

Dudar de uno mismo es la causa fundamental de que se dude del resultado de cualquier problema que se le haya entregado al Maestro de Dios para que lo resuelva. M7.5:1

 

(El Maestro de Dios) Se entregó a Aquel en Cuyo juicio ha elegido ahora confiar, en lugar del suyo propio. 10Ya no comete errores. 11Su Guía es infalible. 12Y donde vino a juzgar, ahora va a bendecir. 13Donde ahora ríe, antes venía a llorar. M10.5:9-13

 

¿Qué es lo que tienen que hacer para aprender a entregarle el día a Dios? M16.2:3

 

Las capacidades aparentemente nuevas que se pueden adqui­rir en el camino hacia Dios pueden ser muy útiles. 2Cuando se le entregan al Espíritu Santo y se usan bajo Su dirección, se convier­ten en recursos de enseñanza muy valiosos. M25.3:1-2

 

Lo que no se le entrega al Espíritu Santo, no puede sino entre­gársele a la debilidad, pues lo que se le niega al amor se le da al miedo y, como consecuencia de ello, será temible. M25.4:9

 

Los maestros de Dios tienen como meta despertar las mentes de aquellos que duermen y ver la visión de la faz de Cristo ocupar el lugar de lo que ellas sueñan. 4El pensamiento de asesinato es reemplazado por bendiciones. 5Se abandonan los juicios y se le entregan a Aquel cuya función es juzgar. 6Y en Su Juicio Final se restaura la verdad del santo Hijo de Dios. M28.6:3-6

T3-IV.2 T3.6 [40] 22 El consciente fue la primera escisión que el hombre introdujo en sí mismo. 23 Se convirtió en percibidor en vez del creador que es, en el verdadero sentido de la palabra. Urtext.p144 La división de la mente no se produjo de abajo hacia arriba. Eso es imposible porque el inconsciente no puede crear el consciente. No puedes crear algo que no puedes conocer. 24 Por ello, es correcto identificar al consciente como el ámbito del ego. 25 El ego constituye un intento hecho por el hombre para percibirse a sí mismo como deseó ser, en vez de como realmente es.

 

T4-I.4 T4.2 [10] 34 Aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora, porque tienes que cambiar tu forma de pensar y ayudar a los demás a hacer lo mismo. 35 Negarte a cambiar tu forma de pensar no va a probar que la separación no ocurrió. 36 El soñador que duda de la realidad de su sueño mientras todavía está soñando, no está realmente curando el nivel de la escisión. 37 has soñado con un ego separado, y has creído en el mundo que se basa sobre él. 38 Todo esto es muy real para ti. 39 No vas a poder deshacerlo no haciendo nada y negándote a cambiar.

 

T12-I.2 T11.1 [2] 9 Analizar las motivaciones del ego es muy complicado, muy confuso y siempre se corre el riesgo de que tu propio ego se involucre. 10 Todo el proceso representa un intento inequívoco para demostrar tu propia facultad de comprender lo que percibes. 11 Esto lo demuestra el hecho de que reaccionas ante tus interpretaciones como si fuesen correctas y, que controlas tus reacciones relacionadas con el comportamiento, pero no emocionalmente. 12 Esto es evidentemente una escisión mental, en la que has atacado la integridad de tu mente, poniendo a pelear a un nivel de la misma contra otro.

 

T12-III.7 T11.4 [30] 39 Si sólo los pensamientos amorosos del Hijo de Dios constituyen la realidad de este mundo, el mundo real tiene que estar en su mente. 40 Sus pensamientos dementes también tienen que estar en su mente, aunque él no pueda tolerar un conflicto interno de tal magnitud. 41 Una mente escindida es una mente en peligro, y además le es intolerable reconocer que guarda dentro de sí pensamientos completamente opuestos. 42 Por consiguiente, es la mente la que proyecta la escisión, no la Realidad. 43 Todo lo que percibes como mundo externo es sencillamente tu intento de conservar tu identificación con el ego, pues todo el mundo cree que esa identificación es su salvación. 44 No obstante, observa lo que te ha sucedido, pues los pensamientos tienen consecuencias para el que piensa.

 

T12.VII.6 T11.8 [66] 41 La mente siempre se esfuerza por integrarse, pero si está escindida y quiere conservar la escisión seguirá creyendo que sólo tiene una meta, haciendo que sus dos metas parezcan ser una sola.

 

T13.In.1 T11.10 [85] 1 Si no se sintiesen culpables no podrían atacar, pues la condenación es la raíz de los ataques. 2 Es el juicio que emite una mente contra otra, considerándola indigna de amor y merecedora de castigo. 3 Pero justamente en esto radica la escisión. 4 Pues la mente que juzga se percibe a sí misma separada de la mente que está juzgando, creyendo que al castigar a otra mente ella puede librarse del castigo.

 

T16-IV.1 T16.5 [30] 1 No temas examinar la relación especial de odio, pues tu liberación radica en que la mires de frente. 2 De no existir la relación especial, sería imposible no conocer el significado del Amor. 3 Pues la relación especial de amor, en la que el significado del Amor se halla oculto, se emprende solamente para contrarrestar el odio, pero no para abandonarlo. 4 Tu salvación aparecerá claramente ante tus ojos abiertos, a medida que mires esto de frente. 5 No puedes limitar el odio. 6 La relación especial de amor no lo contrarrestará, sino que simplemente lo meterá bajo tierra y fuera del alcance de tu vista. 7 Pero es esencial traerlo a la vista, y no tratar de ocultarlo. 8 Pues el intento de equilibrar odio con Amor es lo que hace que el Amor no tenga ningún significado para ti. 9 No te das cuenta de la magnitud de la escisión que esto representa. 10 Y hasta tanto no te des cuenta, la escisión permanecerá irreconocible y, por consiguiente, sin curarse.

 

T27-II.12 T27.3.1 [24] 16 [La corrección que querrías hacer necesariamente los va a separar, pues ésa es la función que le asignaste. 17 Cuando percibas que corregir es lo mismo que perdonar sabrás también que la Mente del Espíritu Santo y la tuya son realmente Una. 18 Y así hallarás tu verdadera identidad. 19 Pero mientras sigas pensando con tu ego, Él tiene que trabajar con lo que se Le da, y tú Le das acceso sólo a la mitad de tu mente. 20 Y así, Él representa a la otra mitad de tu mente, que parece tener un propósito diferente al que tú das valor y que piensas que es verdaderamente el tuyo. 21 De este modo, tu función parece estar dividida, con la mitad de tu mente opuesta a la otra. 22 Y estas dos mitades parecen representar una escisión dentro de un yo que se percibe como si fuese dos].

 

LE.2.2 LE.2.2 5 El Pensamiento de la Paz fue dado al Hijo en el mismo instante en que su mente pensó en guerrear. 6 Antes de eso, no había necesidad de Él, pues la Paz había sido dada sin opuestos y sencillamente era. 7 No obstante, cuando la mente está escindida, necesita curarse. 8 Y así, el Pensamiento que tiene el poder de curar la escisión, pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo realmente Una, mente que no consiguió reconocer Su Unicidad. 9 Entonces, el fragmento de la mente que no se conocía a sí mismo pensó que había perdido su propia Identidad.

 

M13.7 M13.7 54 No olvides que el sacrificio es total. 55 No hay sacrificios a medias. 56 No puedes renunciar al Cielo parcialmente. 57 No puedes estar en el infierno sólo un poco. 58 La Palabra de Dios no admite excepciones. 59 Esto es lo que La hace santa y que esté más allá del mundo. 60 Es Su santidad la que señala hacia Dios. 61 Es Su santidad la que te pone a salvo. 62 Te es negada cada vez que —por la razón que sea— atacas a un hermano. 63 Pues es cuando esto sucede que te separas de Dios. 64 Una separación que es realmente imposible. 65 Una escisión que no puede suceder. 66 No obstante, una escisión en la que seguramente vas a creer, porque has establecido una situación que es imposible. 67 Y en esa situación, puede que lo imposible parezca suceder. 68 Y parece suceder “a expensas” de la Verdad.

Si decides que alguien está realmente tratando de atacarte, abando­narte o esclavizarte, reaccionarás como si realmente lo hubiese hecho, al haberle otorgado realidad a su error. 8Interpretar el error es conferirle poder, y una vez que haces eso pasas por alto la verdad. T12-I.1

 

¿Cuánto dura un instante? 2Dura tan poco para tu hermano como para ti. 3Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos aquellos que están esclavizados por el tiempo, haciendo así que para ellos éste se convierta en su amigo. T15-I.13

 

Ten piedad de ti mismo, tú que por tanto tiempo has estado esclavizado. T22-In-1

 

Has esclavizado al mundo con todos tus temores, dudas y aflicciones, con todo tu dolor y todas tus lágrimas; y todas tus penas lo oprimen y lo man­tienen prisionero de tus creencias. La muerte lo azota por doquier porque albergas en tu mente amargos pensamientos de muerte. L132-3

 

T3.6 [49] 80-81 “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos” debería leerse “Todos son llamados, pero pocos deciden escuchar, por lo tanto no deciden acertadamente“.

 

T3.6 [50] 82 Los “escogidos” son sencillamente los que deciden acertadamente antes que los demás.

 

T6.1 [3] 12 Ustedes han sido escogidos para enseñar el Redimir, justamente porque han sido ejemplos extremos de lealtad a sus sistemas de pensamiento y, por consiguiente, han desarrollado la facultad de la lealtad.

 

T7.12 [110] 27 Les exhorto una vez más a recordar que los he escogido para enseñar el Reino al Reino.

 

 

La espada del juicio es el arma que le entregas a esta ilusión de ti mismo, para que pueda luchar e impedir que el amor llene el espacio que mantiene a tu hermano separado de ti, mientras empuñes esa espada, no obstante, no podrás sino percibirte a ti mismo como un cuerpo, pues te habrás condenado a estar sepa­rado de aquel que sostiene el espejo que refleja otra imagen de lo que él es, y, por ende, de lo que tú no puedes sino ser también. T31-VII.9

 

Dedica algún tiempo hoy a dejar a un lado tu escudo que de nada te ha servido, y a deponer la espada y la lanza que blandiste contra un enemigo imaginario. LpI-182.11:1

 

No mantengas a nadie prisionero. Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera te liberas tú. Los pasos a seguir son muy sencillos. Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a volverte iracundo representa al que te ha de salvar de la prisión de la muerte. Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor. L-192.9:1-7

No hay nada a tu alrededor que no forme parte de ti. T23-In.6

 

En todo lo que ves no haces sino contemplarte a ti mismo. T30-VIII.6

 

Lo que él (tu  hermano) aparenta ser es la imagen que tú tienes de ti mismo. T30-VIII.6

 

Lo que reconoces en tu hermano lo reconoces en ti, y lo que compartes, lo refuerzas.  T5-III.3

 

No le enseñes a nadie que él es lo que tú no querrías ser. Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que ves de ti mismo. T7-VII.3

 

Tu hermano es el espejo en el que verás reflejada la imagen que tienes de ti mismo. T7.8 [73] 33 

 

Cuando te encuentras con alguien, recuerda que se trata de un encuentro santo. Tal como lo consideres a él, así te considerarás a ti mismo. Tal como lo trates, así te tratarás a ti mismo. Tal como pienses de él, así pensarás de ti mismo. Nunca te olvides de esto, pues en tus semejantes o bien te encuentras a ti mismo o bien te pierdes a ti mismo. Cada vez que dos Hijos de Dios se encuen­tran, se les proporciona una nueva oportunidad para salvarse. No dejes de darle la salvación a nadie para que así la puedas recibir tú. Yo estoy siempre contigo, en memoria tuya. T8-III.4:1-8

   

Las interpretaciones que haces de las necesidades de tu hermano son las interpretaciones que haces de las tuyas propias. T.12:I:7:1

 

Todo lo que ves fuera es el juicio de lo que ves dentro. T12:VII:12:4

 

Recuerda que cada vez que miras fuera de ti y no reaccionas favorablemente ante lo que ves, te has juzgado a ti mismo como indigno…  T.12:VII:13

 

La mente que juzga se cree separada de la mente a la que juzga, creyendo que al castigar a otra mente, puede ella liberarse del castigo. T.13:4:1

   

Cuando te hayas visto a ti mismo en tus hermanos te liberarás y gozarás de perfecto conocimiento. T.13:VIII:8

 

Recuerda que lo que yo signifique para ti es lo que verás dentro de ti mismo. T.19:IV:B:6:6:a

 

Tal como lo consideres, eso es lo que te parecerá que es. T.19:IV:C:6:4

 

Ves su locura, que detestas porque la compartes con él. T.19:IV:D:12:5

 

Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano, y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor. T22-VI.8

 

Tu hermano es el reflejo de ti mismo, donde ves el juicio que has emitido de los dos. T.24:VI:8:6

 

Lo único que ves en cada hermano es el reflejo de lo que elegiste que él fuese para ti. T.25:V.4:7

 

Lo que él hace tú lo haces junto con él. Y tal como lo consideres, así definirás su función con respecto a ti hasta que lo veas de otra manera. T.25:V:5:7-8

 

Tu hermano es el camino al cielo o al infierno, según lo percibas. El papel que le adjudiques se te adjudicará a ti, y por el camino que le señales caminarás tú también porque ése es tu juicio sobre ti mismo. T25-V.6

 

En tu hermano te ves a ti mismo. Si él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. L158-10

 

Solo te puedes condenar a ti mismo. T13-I.6:4

 

Sólo puedes encontrarte con parte de ti mismo. T8-III.7

 

Sólo puedes encontrar parte de ti mismo. T8.4 [23] 50

 

Siempre te encuentras contigo mismo. T13-IV.6:9

 

Tu identidad es una identidad compartida. T9-IV.1:6

 

Has atacado a tu hermano una y otra vez porque viste en él una sombría figura de tu mundo privado. Y así, no puedes sino atacarte a ti mismo primero, pues lo que atacas no está en los demás. T.13:V:3:6-7

 

Los reflejos que aceptas en el espejo de tu mente mientras estás en el tiempo o bien te acercan a la eternidad o bien te alejan de ella. T14-X.1

Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la percepción, queda atrapado en un sueño. No puede escapar sin ayuda, porque todo lo que sus sentidos le muestran dan fe de la realidad del sueño. Dios nos ha dado la Respuesta, el único Medio de escape, el verdadero Ayudante. La función de Su Voz -Su Espíritu Santo- es mediar entre los dos mundos. El Espíritu Santo puede hacer eso porque, si bien por una parte conoce la verdad, reconoce también nuestras ilusiones, aunque no cree en ellas. El objetivo del Espíritu Santo es ayudarnos a escapar del mundo de los sueños, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores. El perdón es el recurso de aprendizaje excelso que el Espíritu Santo utiliza para llevar a cabo ese cambio en nuestra manera de pensar. Prefacio xiii y xiv

 

Para el Espíritu Santo el pecado no es otra cosa que un error que necesita corrección, en vez de algo perverso que merece castigo. Prefacio xiv

 

El Espíritu Santo es el mecanismo de los milagros. Él reconoce las creaciones de Dios así como tus ilusiones. Separa lo verda­dero de lo falso mediante Su capacidad para percibir totalmente en vez de selectivamente.T1-I.38:1-3

 

El Espíritu Santo es el medio de comunicación más elevado. T1-I.46:1

 

El Espíritu Santo es el mediador entre la comunicación superior y la inferior. T1-II.5:3

 

El milagro se une a la Expiación al poner a la mente al servicio del Espíritu Santo. T1-IV.2:6

 

Siempre que tienes miedo, te enga­ñas a ti mismo, y tu mente no puede servir al Espíritu Santo. T2-III.5:9

 

El Espíritu Santo no puede ver errores, y sólo puede mirar más allá de ellos hacia la defensa de la Expiación. T2-V.7:3

 

El Espíritu Santo no puede pedirte que hagas más de lo que estás dispuesto a hacer. T2-VI.6:2

 

En el lenguaje del ego, “tener” y “ser” significan dos cosas distintas, si bien para el Espíritu Santo son exactamente lo mismo. El Espíritu Santo sabe que lo “tienes” todo y que lo “eres” todo. T4-III.9:4-5

 

Ésta es la invitación al Espíritu Santo. T5-I.3:1

 

He dicho ya que puedo ascender hasta lo alto y hacer que el Espíritu Santo descienda hasta ti, más sólo puedo hacer eso a instancia tuya. T5-I.3:2

 

El Espíritu Santo se encuentra en tu mente recta. T5-I.3:3

 

El Espíritu Santo es la única parte de la Santísima Trinidad que tiene una función simbólica. T5-I.4:1

 

El Espíritu Santo es la Mente de Cristo, la cual es consciente del conocimiento que yace más allá de la percepción. T5-I.5:1

 

El Espíritu Santo comenzó a existir como medió de protección al producirse la separación, lo cual inspiró simultáneamente el principio de la Expiación. T5-I.5:2

 

La Voz del Espíritu Santo es la Lla­mada a la Expiación, es decir, a la restitución de la integridad de la mente. T5-I.5:4

 

El Espíritu Santo permanecerá con los Hijos de Dios para bendecir las creaciones de éstos y mantenerlas en la luz de la dicha. T5-I.5:7

 

El Espíritu Santo es la Mente de la Expiación. T5-I.6:3

 

El Espíritu Santo fomenta la curación mirando más allá de ella hacia lo que los Hijos de Dios eran antes de que la curación fuese necesaria, y hacia lo que serán una vez que hayan sanado. T5-II.1:2

 

El Espíritu Santo es la motivación para alcanzar la mentalidad milagrosa; la decisión de subsanar la separación renunciando a ella. T5-II.1:4

 

El Espíritu Santo es el espíritu del júbilo. Es la Llamada a retor­nar con la que Dios bendijo las mentes de Sus Hijos separados. T5-II.2:1-2

 

El Espíritu Santo es la Respuesta de Dios a la separación; el medio a través del cual la Expiación cura hasta que la mente en su totalidad se reincorpore al proceso de creación. T5-II.2:5

 

El Espíritu Santo se encuentra en ti en un sentido muy literal. T5-II.3:7

 

El Espíritu Santo es el resplandor al que debes permitir que desvanezca la idea de la oscuridad. T5-II.4:2

 

Elegir al Espíritu Santo es elegir a Dios. T5-II.5:4

 

El Espíritu Santo te insta tanto a recordar como a olvidar. T5-II.6:1

 

El Espíritu Santo es una de las alternativas que puedes elegir. Dios no dejó a Sus Hijos desconsolados a pesar de que ellos decidieron abandonarlo. T5-II.6:7-8

 

La Voz del Espíritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No vence porque no ataca. Su Voz es simplemente un recorda­torio. Es apremiante únicamente por razón de lo que te recuerda. Le ofrece a tu mente el otro camino, permaneciendo serena aun en medio de cualquier confusión a que puedas dar lugar. La Voz que habla por Dios es siempre serena porque habla de paz. La paz es más poderosa que la guerra porque sana. La guerra es división, no expansión. Nadie gana en la batalla.  T5-II.7:1-10

 

El Espíritu Santo es tu Guía a la hora de elegir. Reside en la parte de tu mente que siempre habla en favor de la elección correcta porque habla por Dios. Él es el último nexo de comuni­cación que te queda con Dios, comunicación que puedes inte­rrumpir, pero no destruir. T5-II.8:1-3

 

El Espíritu Santo es el vehículo mediante el cual la Voluntad de Dios se cumple así en la tierra como en el Cielo. T5-II.8:4

 

El Espíritu Santo es la llamada a despertar y a regocijarse. T5-II.10:5

 

Todos responderán a la Llamada del Espíritu Santo. T5-II.10:8

 

El Espíritu Santo te enseña cómo tenerme a mí de modelo para tu pensamiento y, consecuente­mente, a comportarte como yo. T5-II.12:3

 

La manera de reconocer a tu hermano es reconociendo al Espí­ritu Santo en él. T5-III.1:1

 

El Espíritu Santo es el puente para la transferencia de la percepción al conocimiento. T5-III.1:2

 

El Espíritu Santo forma parte de la Santísima Trinidad porque Su Mente es parcialmente tuya y también parcialmente de Dios. T5-III.1:4

 

El Espíritu Santo es la idea de la curación. Al ser un pensa­miento, la idea se expande a medida que se comparte. T5-III.2:1-2

 

Tu her­mano no tiene que ser consciente del Espíritu Santo en él o en ti para que se produzca este milagro. T5-III.2:8

 

Mira a tu hermano a través del Espíritu Santo en su mente, y reconocerás al Espíritu Santo en la tuya. Lo que reconoces en tu hermano lo reconoces en ti, y lo que compartes, lo refuerzas. T5-III.3:4-5

 

La Voz del Espíritu Santo en ti es débil. Por eso es por lo que debes compartirla. T5-III.4:1-2

 

Si cometes el error de buscar al Espíritu Santo únicamente en ti, tus pensa­mientos te asustarán. T5-III.4:6 Debes buscarlo en tus hermanos para encontrarlo en ti.

 

El Espí­ritu Santo es la Respuesta de Dios al ego. T5-III.5:3

 

La tarea del Espíritu Santo es deshacer lo que el ego ha hecho. Lo deshace en el mismo nivel en que el ego opera, pues, de otro modo, la mente sería incapaz de comprender el cambio. T5-III.5:5-6

 

El Espíritu Santo es el mediador entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del espíritu. T5-III.7:1

 

El Espíritu Santo se encuentra en la luz porque Él está en ti que eres luz, pero tú des­conoces esto. La tarea del Espíritu Santo consiste, pues, en rein­terpretarte a ti en nombre de Dios. T5-III.7:6-7

 

Tú no puedes comprenderte a ti mismo separado de los demás. (…) Esto es lo que el Espíritu Santo te recuerda. T5-III.8:1,4

 

El ego es el símbolo de la separación, tal como el Espíritu Santo es el símbolo de la paz. T5-III.9:4

 

El Espíritu Santo es el maestro perfecto. Se vale únicamente de lo que tu mente ya comprende para enseñarte que tú no lo comprendes. T5-III.10:1-2

 

El ego construyó el mundo tal como lo percibe, pero el Espíritu Santo -el reinterprete de lo que el ego construyó- ve el mundo como un recurso de enseñanza para llevarte a tu hogar. El Espí­ritu Santo tiene que percibir el tiempo y reinterpretarlo como eterno. Tiene que llevar a cabo Su labor mediante el uso de opuestos porque tiene que operar para una mente y con una mente que está en oposición. T5-III.11:1-3

 

El Espíritu Santo está siempre en comunión con Dios, y forma parte de ti. T5-III.11:8

 

El Espíritu Santo te ayudará a reinterpretar todo lo que percibes como temible, y te enseñará que sólo lo que es amoroso es cierto. T5-IV.1:3

 

Nada que sea bueno se puede perder, pues procede del Espíritu Santo, la Voz que habla en favor de la creación. T5-IV.1:7

 

El Espíritu Santo expía en todos nosotros deshaciendo y de esta manera te libera de la carga que le has impuesto a tu mente. Al seguir al Espíritu Santo se te conduce de regreso a Dios, que es donde te corresponde estar. T5-IV.6:1-2

 

Cualquier pensamiento que tengas que no sea a través del Espíritu Santo no es íntegro. T5-IV.7:5

 

El Espíritu Santo deshace lo que tú has hecho. T5-V.2:2

 

La pregunta: “¿Qué es lo que quiero?” La contestas cada minuto y cada segundo, y cada decisión que tomas es un juicio que no puede por menos que tener consecuencias. Y éstas continuarán repitiéndose automáticamente hasta que tomes otra decisión. Recuerda, no obstante, que las alternativas en sí son inalterables. El Espíritu Santo, al igual que el ego, es una elección que uno hace. Ambos constituyen las únicas alternativas que la mente puede aceptar y obedecer. El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones que tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y, por lo tanto, sí puedes. T5-V.6:2-10

 

El ego dicta sentencia y el Espíritu Santo revoca sus decisiones, en forma similar a como en este mundo un tribunal supremo tiene la potestad de revocar las decisiones de un tribunal inferior. T5-VI.4:1

 

Para el Espíritu Santo, “Lo que el hombre sembrare, eso cose­chará” quiere decir que lo que consideres digno de ser cultivado lo cultivarás en ti mismo. T5-VI.6:1

 

El Espíritu Santo te fue dado para recordarte lo que eres. T5-VI.10:8

 

El Espí­ritu Santo, que habla en favor de Dios en el tiempo, sabe también que el tiempo no tiene sentido. T5-VI.12:5

 

Puesto que Dios te dio el Espíritu Santo libremente, tienes que darlo tal como lo recibiste. T5-VI.12:8

 

El Espíritu Santo responderá de lleno a tu más leve invitación. T5-VII.6:6

 

Si eres capaz de oír al Espíritu Santo en otros, puedes aprender de sus experiencias y beneficiarte de ellas sin tener que experimentarlas directamente tú mismo. Eso se debe a que el Espíritu Santo es uno, y todo aquel que le escucha es conducido inevitablemente a demostrar Su camino para todos. T6-I.10:4-6

 

El Espíritu Santo es el vínculo de comunicación entre Dios el Padre y Sus Hijos separados. T6-I.19:1

 

El Espíritu Santo extiende y el ego proyecta. T6-II.4:3

 

El Espíritu Santo hace uso del tiempo, pero no cree en él. T6-II.10:1

 

Sólo el Espíritu Santo puede resolver conflictos porque sólo el Espíritu Santo está libre de conflictos. T6-II.11:8

 

La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. El ego proyecta para excluir y, por lo tanto, para engañar. El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. T6-II.12:1-3

 

El ego es legión, pero el Espíritu Santo es uno. T6-II.13:2

 

Tienes que aprender únicamente del Espíritu Santo y enseñar únicamente con Él. T6-III.2:2

 

La única seguridad radica en extender el Espíritu Santo porque a medida que ves Su mansedumbre en otros, tu propia mente se percibe a sí misma como totalmente inofensiva. T6-III.3:1

 

El Espíritu Santo es la Respuesta, no la pregunta. T6-IV.1:1

 

El Espíritu Santo se alegrará cuando te haya conducido de vuelta a tu hogar y ya no tengas necesidad de que Él te guíe. T6-IV.1:5

 

El Espí­ritu Santo no es el que habla primero, pero siempre contesta. T6-IV.3:2

 

Escucha, pues, la única respuesta del Espíritu Santo a todas las preguntas que el ego plantea: eres una criatura de Dios, una parte de Su Reino de inestimable valor que Él creó como parte de Sí Mismo. Eso es lo único que existe y lo único que es real. Has elegido un sueño en el que has tenido pesadillas, pero el sueño no es real y Dios te exhorta a despertar. Cuando le oigas no quedará ni rastro de tu sueño porque despertarás. Tus sueños contienen muchos de los símbolos del ego y éstos te han confundido. Eso se debe, no obstante, a que estabas dormido y no te dabas cuenta de ello. Cuando despiertes, verás la verdad a tu alrededor y dentro de ti, y ya no creerás en los sueños porque éstos dejarán de ser reales para ti. El Reino, en cambio, y todo lo que allí has creado, será sumamente real para ti porque es hermoso y verdadero. T6-IV.6:1-8

 

El Espíritu Santo jamás da órdenes. Dar órdenes implica desigualdad, y el Espíritu Santo demuestra que la desigualdad no existe. T6-IV.11:1-2

 

Como cualquier buen maestro, el Espíritu Santo sabe más de lo que tú sabes ahora, y sólo te enseña para que llegues a ser igual que Él. T6-V.1:1

 

El Espíritu Santo nunca hace una relación detallada de los erro­res porque Su intención no es asustar a los niños, y los que carecen de sabiduría son niños. Siempre responde, no obstante, a su lla­mada, y el hecho de que ellos puedan contar con Él los hace sen­tirse más seguros. T6-V.4:1-2

 

El Espíritu Santo no hace distinción alguna entre diferentes clases de sueños. T6-V.4:4

 

El Espíritu Santo, como siempre, se vale de lo que tú has hecho y lo transforma en un recurso de aprendi­zaje. T6-V.A.2:4

 

El Espíritu Santo te dice siempre que sólo la mente es real porque es lo único que se puede compartir. El cuerpo es algo separado y, por lo tanto, no puede ser parte de ti. T6-V.A.3:2-3

 

Para el Espíritu Santo no hay grados de dificultad en los mila­gros. T6-V.A.4:1

 

El Espíritu Santo ve el cuerpo solamente como un medio de comunicación, y puesto que comunicar es compartir, comunicar se vuelve un acto de comunión. T6-V.A.5:5

 

El Espíritu Santo comunica únicamente lo que cada uno puede darle a todos. T6-V.A.5:10

 

La primera lección del Espíritu Santo es por consiguiente: “Para poder tener, da todo a todos”. T6-V.B.3:2

 

El ego trata de persuadirte de que es a ti a quien le corresponde decidir cuál de ellas es verdad, más el Espíritu Santo te enseña que la verdad fue creada por Dios, y tu decisión no puede alterarla en absoluto. T6-V.B.6:3

 

Recuérdate a ti mismo permitir que el Espíritu Santo decida en favor de Dios por ti. T6-V.B.6:5

 

El Espíritu Santo te guiará en tu camino. T6-V.B.9:4

 

El Espíritu Santo separa lo verdadero de lo falso en tu mente, y te enseña a juzgar cada pensamiento que dejas que se adentre en ella a la luz de lo que Dios puso allí. T6-V.C.1:2

 

Lo que el Espíritu Santo rechaza el ego lo acepta. T6-V.C.1:7

 

El Espíritu Santo no te enseña a juzgar a otros porque no quiere que enseñes nada que sea erróneo, y que, de este modo, tú mismo lo aprendas. No sería consistente si te permitiera reforzar lo que debes aprender a evitar. T6-V.C.2:1-2

 

La tercera lección del Espíritu Santo reza así: Mantente alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. T6-V.C.2:7-8  

 

El Espíritu Santo acabará por enseñarte que no tienes que elegir en absoluto. Esto finalmente liberará a tu mente de tener que elegir, y la encaminará hacia la creación dentro del Reino. T6-V.C.4:9-10

 

Elegir a través del Espíritu Santo te conducirá al Reino. T6-V.C.5:1

 

El Espíritu Santo, no obstante, tiene la tarea de traducir lo inútil a lo útil, lo que no tiene significado a lo significativo y lo temporal a lo eterno. T7-I.6:5

 

Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de tu her­mano y la tuya compartiendo con él el Espíritu Santo. Esto os sitúa a ambos dentro del Reino y reinstaura la plenitud del mismo en vuestras mentes. T7-II.2:1-2

 

El Espíritu Santo es el traductor de las leyes de Dios para aquellos que no las entienden. T7-II.4:5

 

El propósito del Espíritu Santo al traducir es exactamente el opuesto. Traduce únicamente para conservar -en todos los idio­mas y desde cualquier punto de vista- el significado original. Por consiguiente, se opone a la idea de que las diferencias en lo relativo a la forma sean significativas, subrayando siempre que esas diferencias no importan. T7-II.5:1-3

 

La enseñanza del Espíritu Santo es una lección que enseña a recordar. Dije anteriormente que el Espíritu Santo enseña a recordar y a olvidar, pero olvidar sirve única­mente para que recuerdes de manera más consistente. Olvidas para poder recordar mejor. T7-II.6:3-5

 

El Espíritu Santo enseña sólo una lección, y la aplica a todo el mundo y en toda circunstancia. T7-III.1:1

 

El Espíritu Santo tiene que operar a través de ti para enseñarte que Él mora en ti. T7-IV.2:1

 

Los milagros que el Espíritu Santo inspira no pueden entrañar grados de dificultad porque todas las partes de la creación son de un mismo orden. T7-IV.2:3

 

El Espíritu Santo te enseña a usar lo que el ego ha fabricado a fin de enseñarte lo opuesto a lo que el ego ha “apren­dido”. T7-IV.3:3

 

Todas las capacidades deben entregársele (…) al Espí­ritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. T7-IV.4:1

 

El ego siempre trata de dividir y separar. El Espíritu Santo, de unificar y curar. T7-IV.5:2-3

 

La capacidad de curar es la única capacidad que cada persona puede y debe desarrollar si es que se ha de curar. Curar es el medio de comunicación del Espíritu Santo en este mundo, y el único que acepta. T7-V.3:1-2

 

El miedo y el amor fabrican o crean, dependiendo de si es el ego o el Espíritu Santo el que los engendra o inspira, pero en cualquier caso retor­nan a la mente del pensador y afectan la totalidad de su percep­ción. T7-VI.1:5

 

El Espíritu Santo desvanece las ilusiones sin atacarlas, ya que no puede percibirlas en absoluto. Por consiguiente, no existen para Él. T7-VI.6:1-2

 

Si tuvieras presente lo que el Espíritu Santo te ofrece, no po­drías mantenerte alerta excepto en favor de Dios y de Su Reino. T7-VI.7:1

 

El estado de alerta es necesario contra las creencias que no son cier­tas, y el Espíritu Santo nunca lo habría solicitado si tú no hubieses creído lo falso. T7-VI.7:6

 

Ante esta deprimente situación, el Espíritu Santo te recuerda dulcemente que estás triste porque no estás llevando a cabo tu función de cocreador con Dios, y, por lo tanto, te estás privando a ti mismo de felicidad. T7-VI.13:1

 

La ira y el ataque (…) surgen como resultado de tu deseo de proyectar sobre otros la responsabilidad de tus propios errores. Mas una vez que los hayas aceptado como tus propios errores, no te detengas ahí. Entrégaselos de inmediato al Espíritu Santo para que Él los des­haga completamente, de manera que todos sus efectos desaparez­can de tu mente. T7-VIII.5:4-6 (Entrega a la Expiación)

 

El Espíritu Santo mora en la parte de la mente que yace entre el ego y el espíritu, mediando siempre entre ellos en favor del espíritu. T7-IX.1:5

 

Tus creaciones están protegidas porque el Espíritu Santo, que se encuentra en tu mente, las conoce y las puede llevar a tu conciencia siempre que se lo permitas. T7-IX.5:1

 

El Espíritu Santo te dirigirá sólo a fin de evitarte dolor. T7-X.3:1

 

El problema no estriba en si lo que el Espíritu Santo dice es verdad o no, sino en si quieres escucharle o no. T7-X.3:3

 

El Espíritu Santo siempre se pone de tu parte y de parte de tu fortaleza. Mientras en una u otra forma rehúses seguir las direc­trices que te da, es que quieres ser débil. T7-X.5:1-2

 

El Espíritu Santo nunca exige sacrificios, el ego, en cambio, siempre los exige. T7-X.5:5

 

El Espíritu Santo, al igual que tú, es digno de toda confianza. T7-X.6:1

 

El Espíritu Santo siempre te guiará acertadamente porque tu dicha es la Suya. T7-XI.1:1

 

El Espíritu Santo se opone a cualquier forma de aprisionamiento de la voluntad de un Hijo de Dios porque sabe que la voluntad del Hijo es la Voluntad del Padre. El Espíritu Santo te conduce firmemente por la senda de la libertad, enseñándote cómo descartar o mirar más allá de todo lo que te impediría seguir adelante. T8-II.4:3-4

 

El Espíritu Santo te enseña la diferencia que existe entre el dolor y la dicha. Eso es lo mismo que decir que te enseña la diferencia que hay entre estar aprisionado y ser libre. T8-II.5:1-2

 

Las enseñanzas del Espíritu Santo apuntan en una sola direc­ción y tienen un solo objetivo. Su dirección es la libertad y Su objetivo es Dios. T8-II.6:1-2

 

Las enseñanzas del Espíritu Santo no tienen límites porque Él fue creado para enseñar. T8-III.1:6

 

La Voluntad de Dios no es algo que se te pueda imponer, ya que para experimen­tarla tienes que estar completamente dispuesto mello. El Espíritu Santo sabe cómo enseñar esto, pero tú no. Ésa es la razón por la que lo necesitas, y por la que Dios te lo dio. T8-III.2:3-5

 

El Espíritu Santo te enseña que si buscas únicamente en ti no te podrás encontrar a ti mismo porque tú no eres un ente separado. Siempre que estás con un hermano, estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres. Tu hermano reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo. Será aprisionado o liberado de acuerdo con tu decisión, al igual que tú. Nunca olvides la res­ponsabilidad que tienes hacia él, ya que es la misma responsabili­dad que tienes hacia ti mismo. Concédele el lugar que le corresponde en el Reino y tú ocuparás el tuyo. T8-III.5:7-12

 

El ego te enseña que tu fuerza reside sólo en ti. El Espíritu Santo te enseña que toda fuerza reside en Dios y, por ende, en ti. T8-III.7:3-4

 

Para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación. Al ser el nexo de comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, el Espíritu Santo interpreta todo lo que has hecho a la luz de lo que Él es. El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de él. T8-VII.2:1-4

 

El Espíritu Santo no ve el cuerpo como lo ves tú porque sabe que la única realidad de cualquier cosa es el servicio que le presta a Dios en favor de la función que Él le asigna. T8-VII.3:6

 

El cuerpo es feo o hermoso, violento o apacible, perju­dicial  o útil, dependiendo del uso que se haga de él. Y en el cuerpo de otro verás el uso que has hecho del tuyo. Si tu cuerpo se convierte en un medio que pones a disposición del Espíritu Santo para que Él lo use en nombre de la unión de la Filiación, no verás lo físico excepto como es. Úsalo para la verdad y lo verás correctamente. Úsalo incorrectamente y lo interpretarás mal, lo cual habrás hecho ya al usarlo incorrectamente. Interpreta cual­quier cosa sin el Espíritu Santo y desconfiarás de ello. Eso te conducirá al odio y al ataque, y hará que pierdas la paz. T8-VII.4:3-9

 

He dicho que juzgar es la función del Espíritu Santo, para la cual Él está perfectamente capacitado. T8-VIII.4:7

 

La Voz del Espíritu Santo es tan potente como la buena voluntad que tengas de escucharla. No puede ser más potente sin que viole tu libertad de decisión, que el Espíritu Santo intenta restaurar, no menoscabar. T8-VIII.8:7-8

 

El Espíritu Santo es la Respuesta. Él es la Res­puesta a todo porque conoce la respuesta a todo. T8-IX.1:1-2

 

Cuando el ego te tiente a enfermar no le pidas al Espíritu Santo que cure al cuerpo; pues eso no sería sino aceptar la creencia del ego de que el cuerpo es el que necesita curación. Pídele, más bien, que te enseñe cómo percibir correctamente el cuerpo, pues lo único que puede estar distorsionado es la percepción. Sólo la percep­ción puede estar enferma porque sólo la percepción puede estar equivocada. T8-IX.1:5-7

 

El Espíritu Santo no puede distinguir entre distintos grados de error, pues si ense­ñase que una forma de enfermedad es más grave que otra, estaría enseñando que un error puede ser más real que otro. T8-IX.5:3

 

El Espíritu Santo nunca te pedirá que sacrifiques nada. T9-I.5:1

 

Tal vez insistas en que el Espíritu Santo no te contesta, pero quizá sería más prudente examinar qué clase de peticionario eres. T9-I.7:1

 

Cuando le pides al Espíritu Santo lo que te podría hacer daño Él no puede contestarte porque no hay nada que te pueda hacer daño, y por lo tanto, no estás pidiendo nada. T9-I.10:1

 

El Espíritu Santo no le da importancia a la forma, ya que sólo es consciente de lo que tiene significado. T9-I.10:4

 

El ego no puede pedirle nada al Espíritu Santo porque no existe comunicación entre ellos. Tú, en cambio, puedes pedirle todo. T9-I.10:5-6

 

Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. T9-II.2:1-3

 

La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. T9-II.3:1-3

 

El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. ¿Qué te está diciendo? ¿Qué desearías que te dijese? Lo que hayas decidido acerca de tu hermano determina el mensaje que recibes. Recuerda que el Espíritu Santo mora en él, y Su Voz te habla a través de él. T9-II.5:1-5

 

Sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde Lo reconoces. Si recono­ces al Espíritu Santo en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. T9-II.12:1-2

 

Cuando un hermano se comporta de forma demente sólo lo puedes sanar percibiendo cordura en él. Si percibes sus errores y los aceptas, estás aceptando los tuyos. Si quieres entregarle tus errores al Espíritu Santo, tienes que hacer lo mismo con los suyos. T9-III.5:1-4 Esta frase es para enmarcarla: no sólo nos dice que entreguemos a la expiación nuestros propios errores, además nos dice que debemos entregar a la expiación los errores de los demás. ¡Y tiene todo su sentido! Pues los errores que veo fuera no son sino proyecciones de los errores que niego dentro, por lo tanto, los errores de mi hermano son mis errores manifestados fuera para que yo pueda verlos y sanarlos. Aquí se hace buena la frase: En tu hermano reside tu salvación. T9-II.6 Al corregir los errores en otros estás corrigiendo los tuyos propios.

 

El Espíritu Santo en ti os perdona todo a ti y a él. Sus errores le son perdonados junto con los tuyos.T9-III.7:4-5

 

El Espíritu Santo simplemente te recuerda el uso natural de tus capacidades. T9-IV.3:2

 

Perdonar a través del Espíritu Santo consiste simplemente en mirar más allá del error desde un princi­pio, haciendo que, de esta manera, nunca sea real para ti. T9-IV.5:3

 

Sigue, pues, las enseñanzas de perdón del Espíritu Santo por­que el perdón es Su función y Él sabe cómo llevarla a cabo perfec­tamente. T9-I.6:1

 

Los milagros son simplemente la señal de que estás dispuesto a seguir el plan de salvación del Espíritu Santo, y de que reconoces que no sabes lo que dicho plan es. T9-IV.6:3

 

Todavía no estás despierto, pero puedes aprender a despertar. El Espíritu Santo te enseña a despertar a otros de una manera muy simple. A medida que los veas despertar aprenderás lo que significa despertar, y puesto que has elegido despertarlos, su gra­titud y aprecio por lo que les has dado te mostrará el valor de despertar. T9-VI.5:1-3

 

Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá. T9-VIII.11:6

 

Se te pide que confíes en el Espíritu Santo únicamente porque Él habla por ti. Él es la Voz que habla por Dios. T11-I.11:1-2

 

 El Espíritu Santo no puede hablarle a un anfitrión que no le dé la bienvenida, puesto que no sería oído. T11-II.5:1

 

Siempre que le abres las puertas al ego, menoscabas la bienvenida que le das al Espíritu Santo. Él no sé ausentará, pero habrás hecho una alianza contra Él. Sea cual sea la jornada que decidas emprender, Él irá contigo y esperará. Puedes confiar plenamente en Su paciencia, pues Él no puede abandonar a ninguna parte de Dios. Mas tú necesitas mucho más que paciencia. T11-II.5:5-9

 

El Espíritu Santo se encuentra ahí, pero no puede ayudarte a menos que tú se lo pidas. T11-II.7:5

 

De acuerdo con las enseñanzas del Espíritu Santo, únicamente el propósito de Dios se puede lograr, y ya se ha logrado. T11-V.11:4

 

El ego analiza, el Espíritu Santo acepta. Sólo por medio de la aceptación se puede llegar a apreciar la plenitud, pues analizar significa fragmentar o separar. T11-V.13:1-2

 

El Espíritu Santo te dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específi­cos. T11-VIII.5:5

 

El Espíritu Santo te dará sólo lo que es tuyo, sin pedirte nada a cambio. T11-VIII.6:1

 

Crees que pedirle consejo al Espíritu Santo es pedir que se te prive de algo. T11-VIII.6:6

 

Deja que el Espíritu Santo elimine todas las ofensas que el Hijo de Dios comete contra sí mismo y no percibas a nadie si no es a través de Su consejo, pues Él quiere salvarte de toda condenación. T11-VIII.12:4

 

Puedes, no obstante, aprender del Espí­ritu Santo cuál es la verdad acerca de ti, y Él te enseñará que, al ser tú parte de Dios, el engaño no tiene cabida en ti. T11-VIII.15:3

 

El Espíritu Santo no necesita tu ayuda para interpretar motivos pero es indudable que tú necesitas la Suya. T12-I.5:8

 

Al aplicar cada vez más la interpretación del Espíritu Santo a las reacciones de otros, irás cobrando mayor conciencia de que Su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. T12-I.8:1

 

Nos estamos embarcando, por lo tanto, en un programa muy bien organizado, debidamente estructurado y cuidadosamente planeado, que tiene por objeto aprender a entregarle al Espíritu Santo todo aquello que no desees. Él sabe qué hacer con ello. Tú, sin embargo, no sabes cómo valerte de Su conocimiento. Cual­quier cosa que se le entregue que no sea de Dios, desaparece. No obstante, tú tienes que estar completamente dispuesto a examinar eso que le entregas, ya que de otro modo Su conocimiento no te servirá de nada. Él jamás dejará de prestarte ayuda, pues prestar ayuda es Su único propósito. T12-II.10:1-6

 

El Espíritu Santo te guía hacia la vida eterna, pero tienes que abandonar tu interés por la muerte, o, de lo contrario, no podrás ver la vida aunque te rodea por todas partes. T12-IV.7:6

 

La misión del Espíritu Santo es abrirle los ojos a los ciegos, pues Él sabe que no han perdido su visión, sino que simplemente duer­men. Él los despertará del sueño del olvido y los llevará al recuerdo de Dios. T12-VI.4:2-3

 

A medida que percibas más y más elemen­tos comunes en todas las situaciones, la transferencia del entrena­miento bajo la dirección del Espíritu Santo aumentará y se generalizará. Aprenderás gradualmente a aplicarlo a todo el mundo y a todas las cosas, pues su aplicabilidad es universal. T12-VI.6:5-6

 

Lleva a cabo la labor del Espíritu Santo, pues com­partes Su función. De la misma manera en que tu función en el Cielo es crear, aquí en la tierra es curar. T12-VII.4:6-7

 

la erradicación de la culpabilidad es un aspecto esencial de las enseñanzas del Espíritu Santo. T12-VII.14:3

 

Mas no excluyas a nadie de tu amor, o, de lo contrario, estarás ocultando un tene­broso lugar de tu mente donde se le niega la bienvenida al Espí­ritu Santo. T13-III.9:2

 

El Espíritu Santo te enseña que siempre te encuentras contigo mismo, y el encuentro es santo porque tú lo eres. T13-IV.6:9

 

La interpre­tación que el Espíritu Santo hace de los medios para alcanzar la salvación es la que tienes que aprender a aceptar, si quieres com­partir Su objetivo, que no es otro que tu salvación. T13-IV.8:4

 

El Espí­ritu Santo corrige el mundo de los sueños, en el que reside toda percepción. T13-VII.9:3

 

Sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas. Pues Él te provee­rá de todas las cosas que no obstaculizan el camino hacia la luz. T13-VII.12:1-2

 

El Espíritu Santo te enseñará cómo despertar a lo que nosotros somos y a lo que tú eres. T13-VII.16:5

 

Toda curación es una liberación del pasado. Por eso es por lo que el Espíritu Santo es el único Sanador. T13-VIII.1:1-2

 

Sin el Padre y sin el Hijo el Espíritu Santo no tiene ninguna función. T13-VIII.4:1

 

El Espíritu Santo es un Pensamiento de Dios, y Dios te lo dio porque Él no tiene ningún Pensamiento que no comparta. T13-VIII.4:3

 

La Expiación conlleva una reevaluación de todo lo que tienes en gran estima, pues es el medio a través del cual el Espíritu Santo puede separar lo falso de lo verdadero, lo cual has acep­tado en tu mente sin hacer ninguna distinción entre ambos. T13-IX.4:1

 

No consideres a nadie culpable y te estarás afirmando a ti mismo la verdad de tu inocencia. Cada vez que condenas al Hijo de Dios te convences a ti mismo de tu propia culpabilidad. Si quieres que el Espíritu Santo te libere de ella, acepta Su oferta de Expiación para todos tus hermanos. T13-IX.6:1-3

 

El Espíritu Santo no conserva ilusiones en tu mente a fin de atemorizarte, ni te las enseña con miedo para mostrarte de lo que te ha salvado. Eso de lo que te ha salvado ha desaparecido. No le otorgues realidad a la culpabilidad ni veas razón alguna que la justifique. T13-IX.7:1-3

 

Dios te dio el Espíritu Santo a Quien le enco­mendó la misión de eliminar toda duda y todo vestigio de culpabilidad que Su amado Hijo jamás se hubiese echado encima. T13-XI.5:1

 

No temas que el Espíritu Santo vaya a fracasar en la misión que tu Padre le ha encomendado. La Voluntad de Dios no fracasa en nada. T13-XI.6:8-9

 

El Espíritu Santo restaurará tu cordura por­que la demencia no es la Voluntad de Dios. T13-XI.7:4

 

 

 

 

 

 

Decidisteis de mutuo acuerdo invitar al Espíritu Santo a vues­tra relación. De no haber sido así, Él no habría podido entrar a formar parte de ella. T17-V.11:1-2

Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la percepción, queda atrapado en un sueño. No puede escapar sin ayuda, porque todo lo que sus sentidos le muestran dan fe de la realidad del sueño. Dios nos ha dado la Respuesta, el único Medio de escape, el verdadero Ayudante. La función de Su Voz -Su Espíritu Santo- es mediar entre los dos mundos. El Espíritu Santo puede hacer eso porque, si bien por una parte conoce la verdad, reconoce también nuestras ilusiones, aunque no cree en ellas. El objetivo del Espíritu Santo es ayudarnos a escapar del mundo de los sueños, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores. El perdón es el recurso de aprendizaje excelso que el Espíritu Santo utiliza para llevar a cabo ese cambio en nuestra manera de pensar. Prefacio xiii y xiv

 

 

El Espíritu Santo es el mecanismo de los milagros. Él reconoce las creaciones de Dios así como tus ilusiones. Separa lo verda­dero de lo falso mediante Su capacidad para percibir totalmente en vez de selectivamente.T1-I.38:1-3

 

El Espíritu Santo es el medio de comunicación más elevado. T1-I.46:1

 

El Espíritu Santo es el mediador entre la comunicación superior y la inferior. T1-II.5:3

El ego construyó el mundo tal como lo percibes, pero el Espíritu Santo -el reinterprete de lo que el ego construyó- ve el mundo como un recurso de enseñanza para llevarte a tu hogar. El Espí­ritu Santo tiene que percibir el tiempo y reinterpretarlo como eterno. Tiene que llevar a cabo Su labor mediante el uso de opuestos porque tiene que operar para una mente y con una mente que está en oposición. T5-III.11:1-3

 

Por lo tanto, querida Martina, aun siendo el tiempo una construcción ficticia, debemos aprovecharlo para “entendernos”. 

¿Cómo puedes hacerte cada vez más consciente del Espíritu Santo en ti sino mediante los efectos que Él produce? No puedes verle con tus ojos ni oírle con tus oídos. ¿Cómo puedes, enton­ces, percibirle en absoluto? Si inspiras alegría, y otros reaccionan ante ti con alegría, es que debe haber algo en ti capaz de susci­tarla aunque tú mismo no la estés experimentando. Por lo tanto, si se encuentra en ti y puede suscitar alegría, y ves que cierta­mente la suscita en otros, es que estás separándote de ello dentro de ti. T9-VI.1

 

Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano. T22-VI.8

 

Te parece que el Espíritu Santo no suscita alegría de manera consistente en ti, debido únicamente a que tú no suscitas alegría de manera consistente en otros. Evalúas la consistencia del Espí­ritu Santo basándote en las reacciones de tus hermanos ante ti. Cuando eres inconsistente no siempre produces alegría, y de esta manera no siempre reconoces Su consistencia. Lo que le ofreces a tu hermano se lo ofreces a Él porque lo que Él da no puede exce­der tu ofrecimiento. Esto no se debe a que Él ponga límites en lo que da, sino simplemente a que tú has puesto límites en lo que puedes recibir. La decisión de recibir es la decisión de aceptar. T9-VI.2

La invitación tiene que venir de ti, pues seguramente has aprendido que quien invitas a ser tu huésped va a morar en ti. T10.3 [19] 24

 

Nunca descansarás hasta que conozcas cuál es tu función y la ejerzas, pues sólo cuando lo hagas podrán unirse completamente la Voluntad de tu Padre y la tuya. 35 Tener a Dios en sí mismo es ser como Él, y Él se ha dado a Sí Mismo a Ti. 36 Tú que tienes a Dios en ti, tienes necesariamente que ser como Dios, pues mediante Su don Su Función se convirtió en la tuya. 37

 

Invita este conocimiento a que regrese a las mentes de todos, y no dejes que entre nada que pueda enturbiarlo. 38 El Invitado Que Dios te envió te enseñará cómo hacerlo sólo con que reconozcas a la pequeña chispa y estés dispuesto a dejar que crezca. 39 No es necesario que tu disposición sea perfecta, porque La Suya lo es. 40 Solo tienes que ofrecerle un pequeño lugar y Él lo iluminará tanto que lo extenderás con agrado. 41 Y, mediante esta extensión, comenzarás a recordar a la Creación. T10.3 [21] 37-41

 

¿Qué prefieres ser, rehén del ego o anfitrión de Dios? 43 Aceptarás únicamente a quien invites. 44 Eres libre de determinar quién ha de ser tu invitado y cuánto tiempo ha de permanecer en ti. T10.3 [22] 42-44

 

El Espíritu Santo está ahí aunque no podrá ayudarte a menos que Lo invites. T10.3 [22] 46

Lp2.3¿Qué es el mundo?4:2 Todo sonido se convierte en la llamada de Dios, y Aquel a quien Dios designó como el Salvador del mundo puede conferirle a toda percepción un nuevo propósito.

 

T6-I.10:5 Si eres capaz de oír al Espíritu Santo en otros, puedes aprender de sus experiencias y beneficiarte de ellas sin tener que experimentarlas directamente tú mismo.


Lp2.3¿Qué es el mundo?4:4-5 Oye sólo Su Voz en todo lo que te habla. Y deja que Él te conceda la paz y la certeza que tú desechaste, pero que el Cielo salvaguardó para ti en Él.

T2-V.17:6-7 En el tiempo existimos unos con otros y unos para otros. En la eternidad coexistimos con Dios.

 

T3-VII.3:2 La separación es un sistema de pensamiento que si bien es bastante real en el tiempo, en la eternidad no lo es en absoluto.

 

T4-V.6:2 La eternidad es la única función que el ego ha tratado de desarrollar, si bien ha fracasado repetidamente.

 

T5-III.5:1-2 Las demoras pertenecen al ámbito del ego porque el tiempo es un concepto suyo. En la eternidad, tanto el tiempo como las demoras carecen de sentido.

 

T5-III.6:3 La eternidad es una idea de Dios, por lo tanto, el Espíritu Santo la comprende perfectamente.

 

T5-III.7:3 Su capacidad para mirar más allá de los símbolos hacia la eternidad le permite entender las leyes de Dios, en nombre de las cuales habla.

 

T5-III.8:13  La eternidad y la paz están tan estre­chamente relacionadas como lo están el tiempo y la guerra.

 

T5-III.10:7-8 Tú, que formas parte de Dios, no te sientes a gusto salvo en Su paz. Si la paz es eterna, sólo te puedes sentir a gusto en la eternidad.

 

T5-VI.1:3 En la eter­nidad las demoras no importan, pero en el tiempo son ciertamente trágicas.

 

T5-VI.1:4 Has elegido estar en el tiempo en vez de en la eternidad, y, por consiguiente, crees estar en el tiempo.

 

T5-VI.1:6-7 No te corresponde estar en el tiempo. Te corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios Mismo te ubicó para siempre.

 

T5-VI.12:6 Su función especial consiste en conducirte de regreso a la eternidad.

 

T6-V.1:6 El dar de Su gozo es un proceso continuo, no en el tiempo sino en la eternidad.

 

T7-I.3:9 La eternidad es tuya porque Él te creó eterno.

 

T7-I.5:3 Sólo la dicha aumenta eternamente, pues la dicha y la eternidad son inseparables.

 

T7-I.5:5 La eternidad es el sello indeleble de la creación.

 

T8-VI.2:6 Dios no dispuso la destrucción de Sus creaciones, pues las creó para toda la eternidad.

 

T9-III.8:4 Dios te encomendó la función de crear en la eternidad.

 

T9-IV.9 El ego vive literalmente de tiempo prestado y sus días están contados. 2No tengas miedo del Juicio Final, sino que por el con­trario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo “toma prestado” de tu eternidad.

 

T9-VI.6:1 Los milagros no tienen cabida en la eternidad porque son reparadores.

 

T9-VI.6:4 En el tiempo, dar ocurre primero, pero en la eternidad, donde no pue­den estar separados, dar y recibir ocurren simultáneamente.

 

T9-VI.7:1 La eternidad es un solo tiempo, y su única dimensión es “siem­pre”.

 

T10-In.1:2 Tanto el tiempo como la eternidad se encuen­tran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eterni­dad.

 

T10-V.14:8 El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos rea­les porque se contradicen entre sí.

 

T10-V.14:9 Sólo con que aceptes lo intem­poral como lo único que es real, empezarás a entender lo que es la eternidad y a hacerla tuya.

 

T11-III.8:3-5 Dios bendijo a Su Hijo para siempre. Si tú le bendices mientras estás en el tiempo, morarás en la eternidad. El tiempo no puede separarte de Dios si lo usas en favor de lo eterno.

 

T13-VII.10:3 ¿Qué podrías necesitar en la eternidad?

 

T13-VII.17:6 Tú no moras aquí, sino en la eternidad.

 

T14-IV.1:7 El primero en el tiempo no significa nada, pero el Primero en la eternidad es Dios el Padre, Quien es a la vez Primero y Uno.

 

T14-X.1:2 Los reflejos que aceptas en el espejo de tu mente mientras estás en el tiempo o bien te acercan a la eternidad o bien te alejan de ella.

 

la eternidad en sí está más allá del tiempo. T14-X.1:3

 

La santidad no radica en el tiempo, sino en la eternidad. T15-I.15:4

 

El instante santo se extiende hasta la eternidad y hasta la Mente de Dios. T15-V.11:5

 

En la eternidad, ni el tiempo ni las estaciones del año tienen significado alguno. T15-X.1:3

 

El puente a través del cual Él quiere llevarte en Sus brazos, te lleva del tiempo a la eternidad. 5Despierta del tiempo, y sin miedo alguno contesta la llamada de Aquel que te hizo eterno cuando te creó. T16-IV.13:4-5

 

El instante santo es una miniatura de la eternidad. T17-IV.11:4

 

El tiempo no puede contener a la eternidad. T17-IV.14:1

 

Cuando la corrección se com­pleta, el tiempo se convierte en eternidad. T19-III.5:4

 

No hay más que uno. El pequeño aliento de eternidad que atraviesa el tiempo como una luz dorada es sólo uno: no ha habido nada antes ni nada después. T20-V.5:7-8

 

Lo que Dios crea está a salvo de toda corrupción y permanece inmutable y perfecto en la eternidad. T25-II.6:8

 

Lo único que se puede perder es el tiempo, el cual, en última instancia, no tiene ningún sentido. Pues sólo supone un pequeño obstáculo para la eternidad. T26-V.2:1-2

 

El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. Y así es con todo el tiempo que ha pasado; y todo per­manece exactamente como era antes de que se construyese el camino que no lleva a ninguna parte. T26-V.3:3-4

 

Una diminuta y alocada idea, de la que el Hijo de Dios olvidó reírse, se adentró en la eternidad, donde todo es uno. T27-VIII.6:2

 

El tiempo no puede afectar a la eternidad. T27-VIII.6:4

 

Es motivo de risa pensar que el tiempo pudiese llegar a circuns­cribir a la eternidad, cuando lo que ésta significa es que el tiempo no existe. T27-VIII.6:5

 

Hay un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de la eternidad. T29-V.1:2

 

¿Podría haber un lugar en el que el tiempo pudiese interrumpir la eternidad? T29-VII.7:3a

 

Puedes alterar el tiempo lo suficiente como para poder superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. L-157.3:2

 

Tanto la eternidad como la vida eterna refulgen en tu mente porque el Pensamiento de Dios no te ha abandonado y todavía se encuentra en ti. L-165.2:7

 

La eternidad permanece como un estado constante. L-169.6:7

 

En el dolor el miedo parece triunfar sobre el amor, y el tiempo reemplazar a la eternidad y al Cielo. L-190.8:4

 

El tiempo se detiene a medida que la eternidad se aproxima. M-15.1:10

 

Dios responde únicamente por la eternidad. O1-I.4:7

La Expiación es una forma refinada de perdón. De hecho, es la manera más efectiva de perdonar este mundo de ilusiones. En el sueño en el que andamos atrapados, el perdón por sí solo no es suficiente, ya que sólo se puede perdonar el pecado, y el pecado no tiene razón de ser en el sueño puesto que es un sueño y nada dentro del sueño es real. ¿Qué pecados puedes cometer en un sueño? ¡Ninguno! ¿Se te puede condenar por tus sueños? ¡No! Por lo tanto, perdonar no tiene mucha lógica. Es más efectivo Expiar… 

 

T1-1.26 “Expiar” significa “deshacer”.

 

Deshacer no es tu función, pero sí depende de ti el que le des o no la bienvenida. T21-II.8:5

 

La Expiación deshace todos los erro­res, y de esta forma extirpa las raíces del temor. T1-III.5:7

 

La Expia­ción resulta ser la única defensa que no es una espada de dos filos. Tan sólo puede sanar. T2-II.4:8-9

 

La Expiación es el medio a través del cual puedes liberarte del pasado a medida que avanzas. T2-II.6:4

 

La Expiación desvanece los erro­res que cometiste en el pasado, haciendo de este modo innecesario el que sigas volviendo sobre tus pasos sin avanzar hacia tu retorno. T2-II.6:5

 

Sólo puedes aceptar la Expiación dentro de ti liberando la luz interior. T2-III.1:1

 

Es irrelevante a qué clase de error se aplique la Expiación. T2-IV.1:6

 

El milagro es el medio, la Expiación el principio y la curación el resultado. T-2.IV.1:2

 

Un paso importante en el plan de la Expiación es deshacer el error en todos los niveles. T-2.IV.2:1

 

A veces la enfermedad tiene tan aprisionada a la mente que temporalmente le impide a la persona tener acceso a la Expiación. T-2.IV.4:5

 

Toda forma de mentalidad-no-recta es el resul­tado de negarte a aceptar la Expiación para ti mismo. T-2.V.4:4

 

La única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expia­ción para sí mismo. Esto significa que reconoces que la mente es el único nivel creativo, y que la Expiación puede sanar sus errores. T2-V.5:1-2

 

Cuando tienes miedo, te has colocado a ti mismo en una posición en la que necesitas la Expiación. Has actuado sin amor, al haber elegido sin amor. Ésta es precisamente la situación para la que se insti­tuyó la Expiación. T2-VI.8:3-5

 

El procedimiento correctivo inicial consiste en reco­nocer temporalmente que hay un problema, mas sólo como señal de que tiene que ser corregido de inmediato. Esto da lugar a un estado mental en el que la Expiación puede ser aceptada sin demora. T-2.VII.5:8-9

 

Cuando todo lo que retengas en la memo­ria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación. T-2.VIII.5:10-11

 

El Espíritu Santo expía en todos nosotros deshaciendo y de esta manera te libera de la carga que le has impuesto a tu mente. T5-IV.6:1

 

Si la única respon­sabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo, y te aseguro yo que así es, la responsabilidad por lo que debe ser expiado no puede entonces recaer sobre ti. Este dilema no puede ser resuelto, excepto aceptando la solución del deshaci­miento. T-5.V.7:8-9

 

En el tiempo, el futuro siempre se asocia con expiar, y sólo la culpabilidad podría producir la sensación de que expiar es necesario. T-13.I.9:2

 

No puedes desvanecer la culpabilidad otorgándole primero realidad, y luego expiando por ella. T-13.I.10:1

 

Hay, no obs­tante, un obstáculo adicional que has interpuesto entre la Expia­ción y tú. Hemos dicho que nadie toleraría el miedo si lo reconociese. Pero en tu trastornado estado mental no le tienes miedo al miedo. T-13.III.1:3-5

 

La Expiación no te hace santo. Fuiste creado santo. La Expia­ción lleva simplemente lo que no es santo ante la santidad, o, en otras palabras, lo que inventaste ante lo que eres. Llevar ilusiones ante la verdad, o el ego ante Dios, es la única función del Espíritu Santo. T-14.IX.1:1-4

 

La Expiación no puede llegarles a los que piensan que primero tienen que expiar, sino sólo a aquellos que simplemente le ofrecen su buena volun­tad para de este modo hacer posible su llegada. T-18.IV.5:6

 

A tu lado se encuentra uno que te ofrece el cáliz de la Expia­ción, pues el Espíritu Santo está en él. ¿Preferirías guardarle ren­cor por sus pecados o aceptar el regalo que te hace? ¿Es este portador de salvación tu amigo o tu enemigo? Decide cuál de esas dos cosas es, sin olvidar que lo que has de recibir de él depen­derá de lo que elijas. T19-IV-D.13:1-4

 

La Expiación corrige las ilusiones, no lo que es verdad. Corrige, por lo tanto, lo que nunca existió. M-2.2:2-3

 

El maestro de Dios ha visto la corrección de sus propios errores en la mente del paciente, al reconocerla como lo que es. Al haber aceptado la Expiación para sí mismo, también la ha aceptado para el paciente. M-6.1:4-5

 

Recuerda solamente lo que quieres aprender, pues eso es lo único que debe importarte. La Expiación es para ti. M-13.8:5-7

 

La única respon­sabilidad del maestro de Dios es aceptar la Expiación para sí mismo. La Expiación es sencillamente la corrección o anulación de los errores. M-18.4:5-6

 

La curación y la Expiación no están relacionadas: son lo mismo. M-22.1:1

 

La idea de una Expiación parcial no tiene sentido. M-22.1:4

 

Acepta la Expiación y te curarás. La Expiación es la Palabra de Dios. M-22.1:5-6

 

El maestro de Dios ha decidido que aceptar la Expiación para sí mismo es su única función. M-22.1:10

 

La ofrenda de la Expiación es universal. M-22.6:1

Prefacio xiv Sólo las mentes pueden unirse realmente y lo que Dios ha unido, ningún hombre lo puede desunir (Texto, T17-III). No obstante, la verdadera unión, que nunca se perdió, sólo es posible en el nivel de la Mente de Cristo. El “pequeño yo” procura engrandecerse obteniendo del mundo externo aceptación, posesiones y “amor”. El Ser que Dios creó no necesita nada. Está eternamente a salvo y es eternamente íntegro, amado y amoroso. Busca compartir en vez de obtener; extender en vez de proyectar. No tiene necesidades de ninguna clase y sólo busca unirse a otros que, como él, son conscientes de su propia abundancia.

 

T1.I.principio7 T1.1.7 [7] 1 Todo el mundo tiene derecho a extender milagros, pero antes es necesario purificarse.

 

T1-III.1 T1.1.26 [32] 10 El poder de extender milagros te pertenece. 11 Yo proveeré las oportunidades para que los extiendas, pero tienes que estar listo y dispuesto a hacerlo, puesto que ya eres capaz de extenderlos. 12 Extender los milagros te convencerá de tu facultad de extenderlos. Urtext.p23 Repito que verás Milagros con tus manos a través de las MÍAS.

 

T1-II.1 T1.1.28 [38] 19 El hombre es libre de creer lo que quiera, y sus actos dan testimonio de lo que cree. 20 Urtext.p25 Los niveles más profundos de su subconsciente siempre contienen el impulso de extender milagros, pero él es libre de llenar los niveles más superficiales de su subconsciente –que se encuentran más cercanos al consciente– con los impulsos de este mundo, y de identificarse con ellos. 21 Si lo hace, esto dará como resultado que se estará negando a sí mismo el acceso al mencionado nivel más profundo de donde emanan los milagros. 22 Y así, en sus actos conscientes, sus relaciones también se volverán superficiales, haciendo imposible que se relacione inspirado por milagros.

 

T1-II.2 T1.1.29 [40] 11 Extender milagros es más importante porque no se les puede forzar a que se liberen del miedo.

 

T1-III.1 T1.1.47 [75] 1 Una mente dispuesta a extender milagros es una mente que está preparada para extenderlos.

 

T1-III.4 2 Soy el único que puede extender milagros sin discriminar, porque soy la Expiación. 3 Tú tienes un papel en la Expiación, el cual te dictaré. 4 Pregúntame cuáles milagros deberías extender. 5 Eso te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa.

 

T1-III.8 T1.1.46 [74] 5 Los milagros que no se te ha pedido que extiendas no han perdido su valor. 6 Siguen siendo expresiones de tu propio estado de gracia, pero el acto relacionado con el milagro debería ser controlado por Cristo, dada Su completa conciencia del plan en su totalidad. 7 La naturaleza impersonal de la mente dispuesta a extender milagros asegura tu gracia, pero únicamente Cristo está en posición de conocer dónde puede dotarse la gracia.

 

Urtext.p47 Estar preparado significa que todo el tiempo deberías mantener tus percepciones en forma acertada, de manera de estar todo el tiempo preparado, deseoso y capaz de extender milagros. 3 Lo esencial en cuanto a “escucha, aprende y actúa” es lo siguiente: 4 debes estar preparado para escuchar, dispuesto a aprender y ser capaz de hacerlo. 5 Sólo el último paso es involuntario, porque se trata de la extensión de milagros que debe ser controlada por Cristo. 6 Los otros dos pasos —que son los aspectos voluntarios de la mente que piensa en milagros— son responsabilidad tuya.

 

T2.1 [2] 5 Proyectar (verbo): extender hacia delante o hacia fuera.

6 Proyecto (nombre): un plan en la mente.

7 Mundo: una gran división natural.

 

T2-I.2 T2.1 [11] 33 Es importante observar que el término “extender hacia afuera” implica necesariamente que la verdadera fuente de la proyección es interna. 34 Esto es verdadero tanto con el Padre como con el Hijo.

 

T2-I.5 T2.1 [17] 69 La paz te permite mantenerte ecuánime ante cualquier falta de Amor proveniente de afuera, y por medio de la extensión de tus milagros te capacita para corregir las condiciones que resultan de la falta de Amor en los demás.

 

T2-II.2 T2.2 [19] 16 Eres capaz de hacer cualquier cosa que yo te pida. 17 Te he pedido que extiendas milagros, y he dejado claro que los milagros son naturales, corrigen, curan y son universales. 18 No hay nada bueno que éstos no puedan lograr, pero no se pueden extender con un espíritu de duda o de miedo. Urtext.p75 ¡Hay vosotros de poca fe! ¿Por qué dudáis? Mis apóstoles dudaron de caminar sobre el agua.

 

T7-II.5 T7.3 [16] 46 La extensión de la Verdad (…) es la Ley del Reino. Y la Verdad es que T12-I.9 el miedo y el amor son las únicas emociones que eres capaz de experimentar. Una es falsa. Por lo tanto sólo puedes extender el Amor.

 

T7-II.7 T7.3 [18] 58 En el Reino no hay confusión, porque hay sólo un Significado, 59 proviene de Dios, y es Dios. 60 Puesto que ustedes también son realmente ese Significado, lo comparten y extienden tal como lo hizo su Creador. 61 Esto no requiere traducción porque se entiende perfectamente, pero sí necesita que se extienda, porque quiere decir extensión.

 

T7-VI.12 T7.7 [67] 97 Lo único que se puede extender es paz. 98 Sus mentes divididas obstruirán la extensión del Reino, y es en la extensión de Éste donde reside la alegría de ustedes. 99 Si no extienden el Reino, es porque no están pensando con su Creador ni creando como Él creó.

 

T7-VIII.2 T7.9 [83] 7 La proyección, para el Espíritu Santo, es la ley de la extensión. 8 Para el ego, es la de la privación. 9 Por consiguiente, la proyección produce plenitud o escasez, dependiendo de cómo decidas aplicarla. 10 Esta decisión depende de ti, pero lo que no depende de ti es decidir si vas a utilizar o no la proyección. 11 Cada mente tiene necesariamente que proyectar, porque así es como vive, y cada mente es vida.

 

T7-VIII.3 T7.9 [85] 23 Una falacia es la idea de que puedes deshacerte de algo que no quieres, dándoselo a otro. 24 Pero darlo es justamente la forma de conservarlo. 25 La creencia de que si lo ves fuera de ti lo has excluido de tu fuero interno es una distorsión total del poder de la extensión.

 

T7-IX.3 T7.10 [93] 20 La plenitud es extensión. 21 Todo el sistema de pensamiento del ego bloquea toda extensión, y así bloquea la única función de ustedes. 22 Por consiguiente, bloquea tu alegría, y por eso te percibes a ti mismo como no realizado. 23 Si no creas, no te realizarás; pero como Dios no sabe de irrealizaciones, vas a tener necesariamente que crear.

 

T7-IX.4 T7.10 [94] 30 Cuando uno aprecia por completo la autorealización de su mente, hace que el egoísmo se vuelva imposible y la extensión inevitable. 31 Por eso, hay perfecta Paz en el Reino: 32 cada Alma está cumpliendo su función y sólo cumpliéndola plenamente se obtiene la paz.

 

T7-IX.7 T7.10 [97] 47 Ten la seguridad de que nunca perdiste tu verdadera identidad, ni tampoco las extensiones que la mantienen en la completitud y en paz. 48 Los milagros son expresiones de esta confianza. 49 Son reflejos a la vez de tu acertada identificación con tus hermanos y de tu propia conciencia de que tu identificación se mantiene por medio de la extensión.

 

T8-II.7 T8.3 [14] 44 La Voluntad de Dios no tiene límites y, por eso, todo poder y gloria residen en Ella. 45 Es ilimitada en fuerza, Amor y paz. 46 Carece de límites, porque Su extensión es ilimitada y abarca todas las Cosas porque Las creó realmente, 47 y al haberlas creado, Las hizo parte de Sí Mismo. 48 eres la Voluntad de Dios porque así fue como fuiste creado. 49 Debido a que tu Creador crea únicamente a Su Semejanza, tú eres realmente como Él. 50 Eres parte de Él, Quien es todo poder y gloria y, por consiguiente, eres realmente tan ilimitado como Él.

 

T8-II.8 T8.3 [15] 51 ¿A qué otra cosa sino a todo poder y gloria puede apelar el Espíritu Santo para restaurar el Reino de Dios? 52 Por lo tanto, Él simplemente apela a Lo que el Reino realmente es y a Su propio reconocimiento de lo que Éste es. 53 Cuando reconozcas eso, llevarás automáticamente ese reconocimiento a todos, porque, de hecho, los habrás reconocido a todos. 54 Al reconocerlos así, despiertas en ellos su propio reconocimiento y, por medio del de ellos, se extiende el tuyo. 55 De esta manera, el despertar se propaga fácil y agradablemente por todo el Reino, en respuesta al Llamamiento a Dios. 56 Ésta es la respuesta natural de todo Hijo de Dios a la Voz Que habla por su Creador, ya que es la Voz Que habla por Sus creaciones y Su propia extensión.

 

T8-III.3 T8.4 [18] 15 La Voluntad del Padre y La del Hijo son Una porque La extienden conjuntamente. 16 Su Extensión es el resultado de Su Unicidad Que Los mantiene unidos, al extender Su Voluntad unida. 17 Esto es el perfecto Crear por Los que han sido perfectamente creados, unidos al perfecto Creador Que Los creó. 18 El Padre tiene necesariamente que dar la facultad de la paternidad a Su Hijo porque Su Propia Paternidad tiene que seguir extendiéndose hacia afuera. 19 Tú, que realmente estás en Dios, tienes la santa función de extender Su Paternidad sin imponerle ningún límite. 20 Permite al Espíritu Santo enseñarte cómo hacerlo, pues así aprenderás de Dios Mismo lo que eso quiere decir.

 

T8.VII.10 T8.7 [62] 66 La curación es el resultado de usar el cuerpo exclusivamente para comunicarse. 67 Puesto que eso es realmente lo natural, cura uniendo las partes en un todo, lo que también es natural. 68 Toda mente es un todo, y la creencia de que parte de ella es física, es decir, no mental, es una interpretación fragmentada o enferma. 69 La mente no puede convertirse en algo físico, pero es posible hacer que se manifieste a través de lo físico si usa el cuerpo para ir más allá de sí misma. 70 Al buscar fuera, la mente se extiende a sí misma. 71 No se detiene en el cuerpo porque, si lo hace, su propósito quedaría bloqueado. 72 Una mente que haya sido bloqueada se ha permitido a sí misma ser vulnerable al ataque porque se ha vuelto contra sí misma.

 

T8.VII.11 T8.7 [63] 73 Por consiguiente, remover los bloqueos es la única manera de garantizar ayuda y curación. 74 Ayudar y curar son las expresiones naturales de la mente que está operando a través del cuerpo, pero no en él. 75 Si la mente cree que su meta es el cuerpo, distorsionará la percepción que tiene de éste y, al bloquear su propia extensión más allá del mismo, inducirá enfermedades por estar fomentando la separación. 76 Percibir el cuerpo como una entidad separada tiene que fomentar enfermedades, puesto que eso realmente no es verdad. 77 Un instrumento de comunicación deja de ser útil si se emplea para cualquier otra cosa. 78 Usarlo como instrumento para atacar es estar confundido con respecto a su propósito.

 

T8.VII.12 T8.7 [64] 85 El aprendizaje tiene que conducir más allá del cuerpo, al restablecimiento del poder de la mente sobre el cuerpo. 86 Esto sólo se puede lograr si la mente se extiende a otras mentes y no se detiene en su extensión.

 

T8.VII.13 T8.7 [65] 87 Detener la extensión de la mente es la causa de todas las enfermedades, porque extenderse es realmente la única función de la mente. 88 Bloquea esto y habrás bloqueado la salud porque habrás bloqueado la alegría de la mente. 89 Lo opuesto a la alegría es la depresión. 90 Cuando tu aprendizaje fomenta la depresión en lugar de la alegría, no puedes escuchar al alegre Maestro de Dios y tienes necesariamente que estar aprendiendo de manera equivocada. 91 Ver un cuerpo de cualquier otra forma que no sea un medio de pura extensión, es limitar tu mente y hacerte daño a ti mismo. 92 Por consiguiente, la salud no es otra cosa que tener un propósito unificado. 93 Si se armoniza el cuerpo con el propósito de la mente, éste se volverá unido en un todo porque la mente tiene ahora un sólo propósito. 94 Atacar no puede ser sino una meta supuesta del cuerpo porque, separado de la mente, el cuerpo no tiene realmente ningún propósito en absoluto.

 

T8.VII.16 T8.7 [68] 115 El poder de la completitud estriba en su extensión. 116 No detengas tu pensar sobre este mundo y abrirás tu mente a crear en Dios.

 

T11-I.3 T10.2 [7] 35 La Extensión de Dios no puede ser bloqueada y, además, no contiene vacíos. 36 Ella continuará eternamente, por mucho que se La niegue. 37 El que tú niegues Su Realidad puede retrasarla en el tiempo, pero no en la Eternidad. 38 Por eso, tus creaciones no han cesado de extenderse, y por eso hay tantas que esperan tu regreso.

 

T11-I.7 T10.2 [11] 66 Tu facultad para aceptar a Dios depende de que estés dispuesto a dar como Él da. 67 Tu paternidad y tu Padre son Uno. 68 Dios quiere crear, y tu voluntad es realmente La Suya. 69 De ello se deduce que quieres crear, puesto que tu voluntad emana de La Suya. 70 Y al ser una extensión de Su Voluntad, la tuya tiene necesariamente que ser igual a La de Él.

 

T11-II.6 T10.3 [21] 38 El Invitado Que Dios te envió te enseñará cómo hacerlo sólo con que reconozcas a la pequeña chispa y estés dispuesto a dejar que crezca. 39 No es necesario que tu disposición sea perfecta, porque La Suya lo es. 40 Solo tienes que ofrecerle un pequeño lugar y Él lo iluminará tanto que lo extenderás con agrado. 41 Y, mediante esta extensión, comenzarás a recordar a la Creación.

 

T11-IV.7 T10.5 [37] 45 Cristo es la Extensión del Amor y de la Belleza de Dios, tan perfecto como su Creador y en paz con Él.

 

T11-V.2 T10.6 [40] 12 Las leyes no operan en el vacío, y lo que lleva a la nada no puede haber ocurrido. 13 Si se reconoce la realidad por su extensión, lo que se extiende a la nada no puede ser real.

 

T11-V.5 T10.6 [44] 29 Cada idea tiene un propósito, y su propósito es siempre la extensión natural de lo que ella es. 30 Todo lo que viene del ego es el resultado natural de su credo básico, y la manera de deshacer sus resultados es simplemente reconocer que la fuente de éstos no es natural, ya que está en desacuerdo con tu verdadera Naturaleza. 31 Hemos dicho anteriormente que ejercer la voluntad en oposición a Dios es hacerse ilusiones y no ejercer la verdadera voluntad. 32 La Voluntad de Dios es Una, porque la Extensión de Su Voluntad no puede ser diferente de Sí Misma. 33 Por consiguiente, el verdadero conflicto que experimentas es entre los deseos inútiles del ego y la Voluntad de Dios, la Cual compartes realmente con Él. 34 ¿Puede ser esto un verdadero conflicto?

 

T11-VI.6 T11.7 [59] 43 Cuando finalmente el Espíritu Santo te haya conducido hasta Cristo en el altar a Su Padre, la percepción se fundirá en conocimiento, porque la percepción se habrá vuelto tan santa que su transferencia a la santidad será sencillamente su extensión natural.

 

T11-VI.7 T11.7 [60] 51 Con gran ternura, Dios brilla sobre Sí Mismo al amar la extensión de Sí Mismo Que es Su Hijo.

 

T13-XI.8 T13.5 [42] 43 El Nexo de comunicación que Dios Mismo colocó dentro de ustedes para unir sus mentes con la Suya no puede ser destruido. 44 Tal vez crean que lo quieren destruir, y esta creencia ciertamente impediría que se estableciera la profunda paz en la que se conoce la comunicación afable y constante que Dios quiere compartir con ustedes. 45 No obstante, Sus canales de extensión no pueden cerrarse completamente ni separarse de Él. 46 La paz será de ustedes porque la paz del Espíritu Santo que les sigue fluyendo viene de Aquel Cuya Voluntad es que haya paz. 47 La poseen ahora. 48 El Espíritu Santo les enseñará a usarla, y cuando la extiendan aprenderán que se encuentra en ustedes.

 

T14-V.3 T14.2 [7] 31 La Creación es la extensión natural de la perfecta Pureza. 32 Tu única misión aquí es dedicarte —con disposición activa— a negar la culpa en todas sus formas. 33 Acusar es no comprender. 34 Los aprendices felices de la Expiación se convierten en maestros de la inocencia, a la que tiene derecho Todo Lo creado por Dios. 35 No les niegues lo que les corresponde, pues no se lo estarías negando sólo a ellos.

 

T16-II.1 T16.3 [10] 1 Aún piensas que la santidad es difícil, porque no puedes ver cómo se puede extender para que incluya a todos. 2 Y has aprendido que, para que sea santa, tiene necesariamente que incluir a todos. 3 Tú y los demás, no se preocupen por cómo extender la santidad, pues ni siquiera comprenden la naturaleza de los milagros, 4 ni tampoco los hacen. 5 Es la extensión de los milagros —mucho más allá de los límites que ustedes perciben— lo que demuestra que ustedes no los hicieron. 6 ¿Por qué deberían preocuparse de cómo se extiende el milagro a toda la Filiación, cuando no entienden lo que es el propio milagro en sí?

 

T16-V.5 T16.6 [47] 22 Para todo el mundo, el Cielo es la Compleción. 23 En esto no puede haber desacuerdo, porque tanto el ego como el Espíritu Santo lo aceptan. 24 No obstante, éstos están en completo desacuerdo sobre lo que es la compleción, y sobre cómo alcanzarla. 25 El Espíritu Santo sabe que la compleción reside, en primer lugar, en la unión, y luego, en la extensión de ésta. 26 Para el ego, la compleción reside en el triunfo.

 

T16-V.7 T16.6 [49] 35 Lo más curioso de todo es el concepto del yo que el ego fomenta en las relaciones especiales. 36 Este “yo” busca relaciones para completarse a sí mismo. 37 Pero cuando encuentra la relación especial en la que piensa que puede lograrlo, se entrega a sí mismo a la otra parte, tratando de “intercambiar” su yo por el yo del otro. 38 Eso no es unión, pues aquí no hay aumento ni extensión. 39 Cada miembro de la pareja trata de sacrificar el yo que no quiere por uno que cree preferir. 40 Y se siente culpable por el “pecado” de apropiarse de algo sin dar a cambio nada valioso. 41 ¿Qué valor le puede adjudicar a un yo que quiere entregar para obtener otro “mejor“?

 

T19-III.6 T19.4 [31] 50 Cuando te sientas tentado de pensar que el pecado es real, recuerda esto: si el pecado es real, ni tú ni Dios lo son. 51 Si la Creación es Extensión, el Creador tiene que haberse extendido a Sí Mismo, y es imposible que Lo que forma parte de Él sea completamente diferente del resto. 52 Si el pecado es real, Dios tiene que estar en guerra Consigo Mismo. 53 Tiene que estar escindido y debatiéndose entre el bien y el mal; ser en parte cuerdo y en parte demente. 54 Pues tiene que haber creado aquello que quiere destruirlo, y que tiene el poder de hacerlo. 55 ¿No sería más fácil creer que has estado equivocado que creer esto?

 

T19-IV.1 T19.5.in [37] 89 A medida que esta paz se expanda desde lo más profundo de ustedes para abrazar a toda la Filiación y ofrecerle descanso, se topará con muchos obstáculos. 90 Algunos tratarán de imponerlos ustedes. 91 Otros parecerán provenir de otras partes: de sus hermanos y de diversos aspectos del mundo externo. 92 No obstante, la paz los cubrirá afablemente, extendiéndose más allá de ellos completamente libre. 93 La extensión del propósito del Espíritu Santo desde la relación de ustedes a otros, para incluirlos amablemente en ella, ya ha comenzado.

 

T19-IV.B.9 T19.5.2.1 [68] 1 Tu pequeño papel consiste únicamente en entregarle al Espíritu Santo la idea del sacrificio en su totalidad, 2 y aceptar a cambio la paz que Él te dio sin imponer los límites que impedirían su extensión, lo cual limitaría tu conciencia de ella. 3 Pues lo que Él da tienes que extenderlo si quieres disponer de Su poder ilimitado y utilizarlo para liberar al Hijo de Dios.

 

T25-I.6 T25.6 [42] 41 La Voluntad de Dios quiere decir que por medio del perdón y de la extensión de milagros nos volvamos el reflejo de la eterna Unicidad en la Que, en paz y con alegría, nos amamos unos a otros como uno en Cristo, el Hijo único de Dios, Quien es Uno con Él. 43 En cada uno de ustedes, ves la imagen de tu propia creencia de lo que para ti tiene que ser la Voluntad de Dios. 44 Al perdonar comprenderás Su Amor por ti; pero cuando atacas, creerás que te odia, al pensar que el Cielo tiene necesariamente que ser el infierno. 45 Vuelve a mirar una vez más a tu hermano, pero no sin saber que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. 46 Y no olvides esto: el papel que le adjudiques te será adjudicado a ti y caminarás por el camino que le señalaste porque ése es tu juicio sobre ti mismo.

 

T28-I.11 T28.2 [11] 57 El milagro llega silenciosamente a la mente que se detiene por un instante y se aquieta. 58 Durante ese aquietamiento, y desde la mente a la que curó en la quietud, el milagro alcanza tranquilamente otras mentes para que compartan su quietud. 59 Y éstas se unirán para no hacer nada que impida que la radiante extensión del milagro regrese a la Mente Que causó que todas las mentes realmente existieran.

 

T29-VI.4 T29.7 [41] 35 La función de la Vida no puede ser morir. 36 Tiene que ser la extensión de la Vida, para que sea Una de toda y para toda Eternidad, sin final.

 

L159.4 L159.4 19 La visión de Cristo es el milagro en el que nacen todos los demás milagros. 20 Es su fuente, que permanece con cada milagro que das y, no obstante, sigue siendo tuya. 21 Es el lazo por el cual el que da y el que recibe quedan unidos en la extensión aquí en la tierra, tal como son Uno en el Cielo. 22 Cristo no ve pecados en nadie, por consiguiente, en Su mirada los que están libres de pecado son como si fueran uno. 23 Su santidad les fue realmente dada por Su Padre y por Él Mismo.

 

LR5-In.10 LR5-in.12 53 Santificado sea tu nombre; inmaculada sea por siempre tu gloria; y que tu completitud haya sido completada ahora, tal como Dios La estableció. 54 Tú eres Su Hijo y completas Su Extensión en la tuya. 55 No practicamos más que una Verdad de antaño, que conocíamos mucho antes que la ilusión pareciese apoderarse del mundo. 56 Recordamos al mundo que está libre de toda ilusión cada vez que decimos: LR5-in.13 57 Dios sólo es Amor, y por lo tanto yo también Lo soy.

 

L314.1 L314.1 1 De una nueva percepción del mundo nace un futuro muy diferente del pasado. 2 Reconozco ahora el futuro sólo como una extensión del presente. 3 Los errores del pasado no pueden ensombrecerlo, de manera que el miedo ha perdido sus ídolos e imágenes y, al no tener forma, deja de tener efectos. 4 Ahora, la muerte no podrá reclamar el futuro, pues la Vida se ha convertido en mi meta y todos los medios necesarios para su logro son provistos felizmente. 5 ¿Quién podría lamentarse o sufrir cuando el presente ha sido liberado, y extiende su seguridad y paz a un futuro tranquilo y lleno de esperanza?

 

O1-In.1 La oración es el mayor regalo con el que Dios bendijo a Su Hijo cuando lo creó. 2 Ya era entonces aquello que habría de llegar a ser: la única voz que el Creador y la Creación comparten; el canto que el Hijo le entona al Padre, Quien le devuelve las gracias que el canto Le brinda. 3 La armonía es perpetua, y perpetua es también la gozosa concordia del amor que eternamente se profesan el Uno al Otro. 4 Y de este modo se extiende la Creación. 5 Dios da gracias a Su extensión en Su Hijo. 6 El Hijo da gracias por su creación en el canto que entona mientras crea en Nombre de Su Padre. 7 El amor que comparten es lo que toda oración habrá de ser por toda la eternidad, cuando al tiempo le llegue su fin, 8 porque así era antes de que el tiempo pareciera existir.

Nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz. LpI-70.2:1

 

Nada externo a ti te puede hacer daño, perturbar tu paz o disgustarte en modo alguno. LpI-70.2:2

 

No hay nada externo a mí que me pueda detener. LpI-70.10:7

Creer en algo produce la aceptación de su existencia. Por eso puedes creer lo que nadie más piensa que es verdad. Para ti es verdad porque tú lo fabricaste. T1-VI.4:4-6

 

Es esencial hacer una clara distinción entre lo que se crea y lo que se fabrica. T2-V.12:1

 

Crees en lo que has fabricado. T2-VII.3:6

 

El ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue fabricado en vez de creado. T3-IV.3:1

 

La mente elige dividirse a sí misma cuando elige inven­tar sus propios niveles. Pero no puede separarse completamente del espíritu, ya que de éste es de donde deriva todo su poder para fabricar o para crear. T3-IV.5:8-9

 

Desde que se produjo la separación ha habido una gran confu­sión entre las palabras “crear” y “fabricar”. Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. T3-V.2:1-2

 

Todo sistema de pensamiento tiene que tener un punto de par­tida. Empieza ya sea creando o fabricando, diferencia ésta a la que ya hemos hecho referencia. La semejanza entre ambas cosas reside en el poder que tienen como cimientos. Su diferencia, en lo que descansa sobre ellas. Ambas son piedras angulares de sistemas de creencias por las que uno rige su vida. Creer que un sis­tema de pensamiento basado en mentiras es débil es un error. Nada que un Hijo de Dios haya hecho carece de poder. Es esen­cial que te des cuenta de esto, pues, de lo contrario, no podrás escapar de la prisión que tú mismo has construido. T3-VII.1

 

(Tienes) miedo de todo lo que fabricas. T3-VII.4:12

 

Dios es tan incapaz de crear lo perecedero como el ego de fabricar lo eterno. T4-I.11:7

 

Las crea­ciones de Dios no crean mitos, si bien el esfuerzo creativo se puede trocar en mitología. Esto puede suceder, sin embargo, sólo bajo una condición: lo que fabrica deja de ser creativo. T4-II.8:10-11

 

Todo lo que aceptas en tu mente se vuelve real para ti. Es tu aceptación lo que le confiere realidad. El permitirle la entrada al ego en tu mente y entronarlo allí, es lo que lo convierte en tu realidad. Eso se debe a que la mente es capaz de crear realidad o de fabricar ilusiones. T5-V.4:1-4

 

El Espíritu Santo, al igual que el ego, es una elección que uno hace. Ambos constituyen las únicas alternativas que la mente puede aceptar y obedecer. El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones que tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y, por lo tanto, sí puedes. Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmuta­ble. Lo que tú has fabricado siempre se puede cambiar porque cuando no piensas como Dios, en realidad no estás pensando en absoluto. T5-V.6:6-12

 

¿Crees realmente que puedes fabricar una voz que pueda aho­gar a la de Dios? T5VII.1:1

 

¿Iba acaso Dios a ense­ñarte que habías fabricado una mente dividida, cuando Él sabe que tu mente es íntegra? T6-V.1:4

 

El Espíritu Santo te enseña a usar lo que el ego ha fabricado a fin de enseñarte lo opuesto a lo que el ego ha “apren­dido”. T7-IV.3:3

 

El ego es absolutamente incapaz de entender esto porque no entiende lo que fabrica, ni lo aprecia, ni lo ama. T7-V.9:6

 

El miedo y el amor fabrican o crean, dependiendo de si es el ego o el Espíritu Santo el que los engendra o inspira, pero en cualquier caso retor­nan a la mente del pensador y afectan la totalidad de su percep­ción. T7-VI.1:5

 

Examina el reino que fabricaste y juzga su valor imparcialmente. ¿Es acaso digno de ser la morada de una criatura de Dios? ¿Protege tal mundo su paz e irradia amor sobre ella? ¿Evita acaso que su corazón se vea afectado por el miedo, y le permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida? ¿Le enseña que esa forma de dar es su dicha, y que Dios Mismo le agradece lo que da? Ése es el único ambiente en el que puedes ser feliz. Tú no lo puedes “crear”, como tampoco puedes “crearte” a ti mismo. Fue creado para ti, tal como tú fuiste creado para él. Dios vela por Sus Hijos y no les niega nada. Mas cuando ellos lo niegan a Él, dejan de ser conscientes de eso porque se niegan todo a sí mismos. Tú, que podrías estar dando el Amor de Dios a todo lo que ves, a todo lo que tocas y a todo lo que recuerdas, estás literalmente negándote el Cielo a ti mismo. T7-XI.3

 

Crees que las cosas enfermizas que has fabricado son tus verdaderas creaciones porque crees que las imágenes enfermizas que percibes son los Hijos de Dios. T10-V.13:6

 

Tú fabricas mediante la proyección, más Dios crea mediante la extensión. T11-In.3:1

 

No sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que Dios creó, y de este modo no sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que tú has crea­do. T11-VII.4:6

 

De todo lo que has fabricado, el mundo real es lo único que el Espíritu Santo ha conservado para ti, y la salva­ción consiste en percibir únicamente eso, ya que es el reconoci­miento de que la realidad es únicamente lo que es verdad. T11-VII.4:9

 

Cuando te perci­bas a ti mismo sin engaño alguno, aceptarás el mundo real en lugar del mundo falso que fabricaste. T11-VIII.15:4

 

He dicho antes que Dios amó tanto al mundo, que se lo dio a Su Hijo unigénito. Dios ama ciertamente el mundo real y aque­llos que perciben la realidad de éste no pueden ver el mundo de la muerte, pues la muerte no forma parte del mundo real, en el que todo es un reflejo de lo eterno. Dios te dio el mundo real a cambio del mundo que tú fabricaste como resultado de la divi­sión de tu mente, el cual es el símbolo de la muerte. T12-III.8:1-4

 

No (tienes) ningún con­trol sobre el mundo que fabricaste. (…) El mundo que has fabricado es, por lo tanto, completamente caótico, y está regido por “leyes” arbitrarias que no tienen sen­tido ni significado alguno. Se compone de lo que tú no deseas, lo cual has proyectado desde tu mente porque tienes miedo de ello.T12-III.9:4,6-7

 

En el extraño mundo que has fabricado el Hijo de Dios ha pecado. T13-I.2:1

 

Puedes aceptar la demencia porque es obra tuya, pero no pue­des aceptar el amor porque no fuiste tú quien lo creó. Prefieres ser un esclavo de la crucifixión que un Hijo de Dios redimido. Tu muerte individual, parece más valiosa qué tu unicidad viviente, pues lo que se te ha dado no te parece tan valioso como lo que tú has fabricado. T13-III.5:1-3

 

Lo único que necesitas hacer para abandonarlo y reemplazarlo gustosamente por el mundo que tú no creaste, es estar dispuesto a reconocer que el que tú fabricaste es falso. T13-VII.4:4

 

Fuiste creado sólo para crear, no para ver ni para fabricar nada.  T14-I.4:4

 

El contraste entre lo que es verdad y lo que no lo es, es perfectamente evidente, sin embargo, tú no lo ves. Lo que es simple y obvio no es evidente para los que desean fabricar palacios y ropajes regios de la nada, creyendo que éstos les convierten en reyes de áurea. T14-II.2:6-7

 

Si recuerdas lo que has fabricado estarás recordando lo que no es nada. T14-IV.9:7

 

Él puede valerse de todo lo que has fabricado para Su santísimo propósito. T14-VI.5:3

 

Si el pecado es real, tiene que estar permanentemente excluido de cualquier esperanza de curación. Pues en ese caso habría un poder que transcendería al de Dios, un poder capaz de fabricar otra voluntad que puede atacar y derrotar Su Voluntad, así como conferirle a Su Hijo otra voluntad distinta de la Suya y más fuerte. T19-III.8:1-2

 

Tú fabricas el mundo, y luego te adaptas a él y haces que él se adapte a ti. T20-III.3:6

 

Todavía queda una pregunta por contestar, la cual es muy sim­ple. ¿Te gusta lo que has fabricado? Un mundo de asesinatos y de ataque por el que te abres paso tímidamente en medio de cons­tantes peligros, solo y temeroso, esperando a lo sumo a que la muerte se demore un poco antes de que se abalance sobre ti y desaparezcas. Todo eso son fabricaciones tuyas. Es un cuadro de lo que tú crees ser: de cómo te ves a ti mismo. Los asesinos están aterrorizados y los que matan tienen miedo de la muerte. Todas estas cosas no son sino los temibles pensamientos de aquellos que se amoldan a un mundo que se ha vuelto temible debido a los ajustes que ellos mismos hicieron. Y lo contemplan, con pesar desde su propia tristeza interior, y ven la tristeza en él. T20-III.4

 

El mundo cree en el pecado, pero la creencia que lo fabricó tal como tú lo ves no se encuentra fuera de ti. T20-III.6:8

 

Es tan esencial que reconozcas que tú has fabricado el mundo que ves, como que reconozcas que tú no te creaste a ti mismo. Pues se trata del mismo error. T21-II.11:1-2

 

Tu hermano cree que él fabricó el mundo junto contigo. De este modo, niega la creación, y cree, al igual que tú, que el mundo que fabricó lo engendró a él. De éste modo, niega haberlo fabricado. T21-II.12:6-9

 

Reco­noce en cambio que fuiste tú quien fabricó todo lo que aparente­mente se interpone entre tú y tu hermano y os mantiene separados al uno del otro, y a los dos de vuestro Padre, y tu instante de liberación habrá llegado. T21-II.13:3

 

No es posible que al Hijo de Dios le falte fe, pero sí puede elegir dónde desea depositarla. La falta de fe no es realmente falta de fe, sino fe que se ha depositado en lo que no es nada. La fe que se deposita en las ilusiones no carece de poder, pues debido a ello el Hijo de Dios cree ser impotente. De ese modo, no se es fiel a sí mismo, pero sí tiene gran fe en las ilusiones que abriga acerca de sí mismo. Pues tú inventaste la fe, la percepción y la creencia a fin de perder la certeza y encontrar el pecado. Este rumbo demente fue tu propia elección, y al depositar tu fe en lo que habías elegido, fabricaste lo que deseabas. T21-III.5

 

(El miedo es) la única emoción que te man­tiene en  las tinieblas, dependiente de ese otro ser que tú crees haber inventado para que te guíe por el mundo que él fabricó para ti. T22-I.4:10

 

El tiempo es una invención tuya y, por lo tanto, lo puedes gobernar. No eres esclavo de él ni del mundo que fabricaste. T22-II.8:7-8

 

La ilusión de que lo que tú fabricaste tiene el poder de esclavizar a su hacedor. T22-II.9:1

 

Nada que hayas fabricado tiene poder alguno sobre ti. T22-II.10:2

 

El ego quiere conservar todos los errores y convertirlos en pecados. Pues en eso se basa su propia estabili­dad, la pesada ancla que ha echado sobre el mundo cambiante que él fabricó; la roca sobre la que se edificó su iglesia y donde sus seguidores están condenados a sus cuerpos, al creer que la libertad del cuerpo es la suya propia. T22-III.4:6-7

 

Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. No pueden ver más allá de aque­llo para cuya contemplación fueron fabricados. Y fueron fabrica­dos para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. T22-III.5:3-5

 

Éstas son las leyes que rigen el mundo que tú fabricaste. T23-II.1:6

1ª- La primera ley caótica es que la verdad es diferente para cada persona. T.23:II:2:1

2ª- La segunda ley del caos, muy querida por todo aquel que venera el pecado, es que no hay nadie que no peque, y, por  lo tanto, todo el mundo merece ataque y muerte. T.23:II:4:1

3ª- La tercera creencia descabellada (argumenta que) lo que la Voluntad de Dios dispone es la venganza, no el perdón. T.23:II:6:5,8:2

4ª- La cuarta ley del caos, es la creencia de que posees aquello de lo que te apropias. De acuerdo con esa ley, la pérdida de otro es tu ganancia y, por consiguiente, no reconoce el hecho de que nunca puedes quitarle nada a nadie, excepto a ti mismo. T.23:II:9:2-4

 

Los milagros reflejan esta simple afirmación: “Yo mismo fabriqué esto, y es esto lo que quiero des­hacer”. T27-VIII.11:6

 

El propósito de las enseñanzas del mundo es que cada individuo forje un concepto de sí mismo. Éste es su propósito: que vengas sin un yo, y que fabriques uno a medida que creces. Y cuando hayas alcanzado la “madurez”, lo habrás perfeccionado, para así poderte enfrentar al mundo en igualdad de condiciones y perfectamente adaptado a sus exigencias. T31-V.1:5-7

 

Las imágenes que fabricas no pueden prevalecer contra lo que Dios Mismo quiere que seas. T31-VIII.4:1

 

Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado. LpI-15

 

No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. Así es como se forjó tu “manera de ver”. Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. Eso no es ver. Eso es fabricar imágenes, lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones. LpI-15.1

 

Los pensamientos no son ni grandes ni pequeños, ni poderosos ni débiles. Son simplemente verdaderos o falsos. Aquellos que son verdaderos crean a su semejanza. Aquellos que son falsos fabrican a la suya. LpI-16.1:4-7

 

Tú has fabricado lo que deseas destruir; lo que odias y lo que quieres atacar y matar. Nada de lo que temes existe. LpI-22.2:4-5

 

Ves el mundo que has fabricado, pero no te ves a ti mismo como el que fabrica las imágenes. LpI-23.4:1

 

No puedes ver en la oscuridad, y no puedes fabricar luz. Puedes fabricar oscuridad y luego pensar que ves en ella, pero la luz refleja vida, y es, por lo tanto, un aspecto de la creación. LpI-44.1:2-3

 

Cuando estoy disgustado es porque he reemplazado la realidad con ilusiones que yo mismo he fabricado. LpI-52.1:5

 

El camino de Dios es seguro. Las imágenes que he fabricado no pue­den prevalecer contra Él porque no es mi voluntad que lo hagan. Mi voluntad es la Suya, y no antepondré otros dioses a Él. LpI-53.5:5-7

 

Los vanos deseos y los resentimientos son socios o co-fabrican­tes del mundo tal como lo ves. Los deseos del ego dieron lugar al mundo, y la necesidad del ego de abrigar resentimientos -los cuales son indispensables para sustentar este mundo- lo pue­blan de figuras que parecen atacarte y hacer que tus juicios estén “justificados”. Estas figuras se convierten en los intermediarios que el ego emplea en el tráfico de resentimientos. Se interponen entre tu conciencia y la realidad de tus hermanos. Al contemplar dichas figuras, no puedes conocer a tus hermanos ni a tu Ser. LpI-73.2

 

El ser que tú fabricaste no es el Hijo de Dios. Por lo tanto, no existe en absoluto. Y todo lo que aparentemente hace o piensa carece de significado. No es bueno ni malo. 5Es simplemente irreal; nada más. No batalla con el Hijo de Dios. No le hace daño ni ataca su paz. No ha alterado la creación en absoluto, ni ha convertido la eterna impecabilidad en pecado, o el amor en odio. ¿Qué poder puede poseer ese ser que tú fabricaste, cuando lo que hace es contradecir la Voluntad de Dios?LpI-93.5

 

El ser que tú fabricaste jamás podrá ser tu Ser. LpI-96.3:3

 

Elegimos, por lo tanto, tenerlos ahora, sabiendo que al elegirlos en lugar de lo que nosotros mismos hemos fabricado, no estamos sino uniendo nuestra voluntad a la de Dios y reconociendo que ambas disponen lo mismo. LpI-104.3:1

 

Eres tal como Dios te creó. Honra hoy a tu Ser, y no rindas culto a las imágenes que fabricaste para que fuesen el Hijo de Dios en lugar de lo que él es. LpI-110.9:1-3

 

Si tú eres tal como Dios te creó no puedes pensar estando separado de Él, ni fabricar lo que no comparte Su intemporalidad y Su Amor. LpI-132.11:1

 

Así como el perdón desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con las que nublas la simple verdad. LpI-137.7:1

 

¿No es acaso extraño que consideres arrogante pensar que fuiste tú quien fabricó el mundo que ves? Dios no lo creó. De eso puedes estar seguro. ¿Qué puede saber Él de lo efímero, del pecado o de la culpabilidad? ¿Qué puede saber de los temero­sos, de los que sufren y de los solitarios; o de la mente que vive dentro de un cuerpo condenado a morir? Pensar que Él ha crea­do un mundo en el que tales cosas parecen ser reales es acusarlo de demente. Él no está loco. Sin embargo, sólo la locura da lugar a semejante mundo. LpI-152.6

 

Decide únicamente aceptar el papel que te corresponde como co-creador del universo, y todo eso que crees haber fabricado desaparecerá. LpI-152.8:3

 

Tú fabricas aquello de lo que te defiendes. Y al defenderte contra ello haces que sea real e ineludible. Depón tus armas, y sólo entonces percibirás su falsedad. LpI-170.2:6-7

 

Tú no has perdido tu inocencia. Y eso es lo que anhelas, lo que tu corazón desea. Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar. Ese santo Niño todavía sigue a tu lado. Su hogar es el tuyo. Hoy Él te da Su indefensión, y tú la aceptas a cambio de todos los juguetes bélicos que has fabricado. LpI-182.12:1-7

 

Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas con­flictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. ¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora. ¿Qué se puede esperar de metas como éstas? LpI-186.10:2-5

 

Deja entonces que el Hijo de Dios despierte de su sueño, y que al abrir sus ojos santos, regrese para bendecir el mundo que él fabricó. Éste nació de un error, pero acabará en el reflejo de la santidad del Hijo de Dios. LpI-191.10:1-2

 

Quiero ser el salvador del mundo que fabriqué. LpI-296.1:3

 

Le doy la bienvenida a tu Hijo, Padre. Él ha venido a salvarme del malvado ser que fabriqué. LpI-303.2:1-2

 

Hoy puedo olvidarme del mundo que fabriqué. LpI-306.1:2

 

Vine a este mundo sólo para llegar a tener este día, así como la alegría y libertad que encierra para Tu santo Hijo y para el mundo que él fabricó, el cual hoy se libera junto con él. LpI-340.1:6

 

Te doy gracias, Padre, por el plan que ideaste para salvarme del infierno que yo mismo fabriqué. No es real. LpI-342.1:1-2

 

Quiero encontrar la paz que Tú creaste para Tu Hijo, y olvidarme, conforme contemplo Tu gloria y la mía, de todos los absurdos juguetes que fabriqué. LpI-346.1:7

 

¿Estás listo ya para ayudarme a salvar el mundo?” Pregunta esto en vez de preguntar qué es el ego, y verás un súbito resplandor envolver al mundo que el ego fabricó. C-2.9:1-2

    Las fantasías son un intento de controlar la realidad de acuerdo con necesida­des falsas. Si deformas la realidad de cualquier forma que sea, estarás percibiendo destructivamente. Las fantasías son un medio para hacer asociaciones falsas y tratar de derivar placer de ellas. T.1:VII:3:4-6

 

    ¿Qué podría ser temible sino las fantasías? ¿Y quién recurre a fantasías a menos que haya perdido toda esperanza de poder encontrar satisfacción en la realidad? Es indudable, no obstante, que jamás encontrarás satisfacción en fantasías, de manera que tu única esperanza es cambiar de parecer con respecto a la realidad. T.9:IV:10:1-2

 

    Lo imposible sólo puede tener lugar en fantasías. T.9:IV:11:1

 

    Cada fantasía, ya sea de amor o de odio, te priva del conocimiento, pues las fantasías son el velo tras el cual la verdad yace oculta. T.16:IV:10:3

 

    Las fantasías cambian la realidad. T.17:I:1:8

 

    Tal vez tengas fantasías de poder alcanzar cierta paz y satisfacción en el mundo tal como lo percibes. Mas ya tiene que ser evidente para ti que el desenlace es siempre el mismo. A pesar de tus esperanzas y fantasías, el resultado final es siempre la desesperación. T.25:II:1:3-5

   

   

La percepción errónea es el deseo de que las cosas sean diferen­tes de como son. La realidad de todas las cosas es totalmente inocua porque la condición de su realidad es la inocuidad total. Ésa es también la condición de la conciencia que tienes de su realidad. Tú no tienes que buscar la realidad. La realidad te buscará y te encontrará cuando satisfagas sus condiciones. Sus con­diciones son parte de lo que ella es. Y esa parte es lo único que depende de ti. El resto tiene lugar por su cuenta. Necesitas hacer tan poco, porque tu parte, aunque pequeña, es tan poderosa que te brindará la totalidad. Acepta, por lo tanto, la pequeña parte que te corresponde y deja que la totalidad sea tuya. T8-IX.2

 

No puedes distorsionar la reali­dad y al mismo tiempo saber lo que es. Y si la distorsionas expe­rimentarás ansiedad, depresión y finalmente pánico, pues estarás tratando de convertirte a ti mismo en algo irreal. T9-I.14:3-4

 

Por algún tiempo parece como si se te hubiese dado el mundo para que hicieses de él lo que se te antojase. No te das cuenta de que lo estás atacando y tratando de subyugarlo para que se avenga a tus deseos. T18-II.3:7-8

 

 

Su función especial consiste en ofrecerte los regalos que los inocentes merecen. T25-VIII.9:6

 

No te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. L-186.1:2

 

No nos opongamos a nuestra función. No fuimos nosotros quienes la establecimos. No fue idea nuestra. Se nos han propor­cionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. Nuestras mentes están perfecta­mente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien. L-186.2:1-7

 

No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. L-186.4:2

 

Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros. L-186.8:2

 

Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas con­flictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. Estas imágenes insustanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha enco­mendado. L-186.10:2,1

 

Oye la Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te acuerdes de Él ahora. L-186.12:6

 

 

Tu función especial es aquella forma en particular que a ti te parece más significativa y sensata para demostrar el hecho de que Dios no es demente. El contenido es el mismo. La forma se adapta a tus necesidades particulares, y al tiempo y lugar concre­tos en los que crees encontrarte, y donde puedes ser liberado de dichos conceptos, así como de todo lo que crees que te limita. El Hijo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, por el espa­cio ni por ninguna cosa que la Voluntad de Dios no haya dis­puesto. T25.VII.7:1-4

 

La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demues­tra que es una alternativa que realmente desea. Desde esta pers­pectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. Y por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se inter­pone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una fun­ción especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento. T25-VII.9:2-6

 

Acepta la función que se te ha asignado en el plan de Dios para mostrarle a Su Hijo que el infierno y el Cielo son diferentes, no lo mismo. Pero en el Cielo son lo mismo, pues carecen de las diferencias que habrían hecho del Cielo un infierno y del infierno un cielo, si tal demencia hubiese sido posible. T25-VII.10:5-6

 

La salvación es el renacimiento de la idea de que nadie tiene que perder para que otro gane. Y todo el mundo tiene que ganar, si es que uno solo ha de ganar. Con esto queda restaurada la cordura. Y sobre esta única roca de verdad la fe puede descansar con perfecta confianza y en perfecta paz en la eterna cordura de Dios. La razón queda satisfecha, pues con esto todas las creen­cias dementes pueden ser corregidas. Y si esto es verdad, el pecado no puede sino ser imposible. Ésta es la roca sobre la que descansa la salvación, el punto estratégico desde el que el Espí­ritu Santo le confiere significado y dirección al plan en el que tu función especial tiene un papel que jugar. Pues aquí tu función especial se vuelve íntegra porque comparte la función de la tota­lidad. T25-VII.12:1-8

 

 

No hay grados de dificultad en los milagros. 2No hay ninguno que sea más “difícil” o más “grande” que otro. 3Todos son iguales. T1-I.1:1-3

 

El milagro no distingue entre diferentes grados de percepción errónea. 2Es un recurso para sanar la percepción que es eficaz inde­pendientemente del grado o dirección del error. 3En eso radica su verdadera imparcialidad. T1-I.49:1-3

 

Algunos milagros pueden parecer más difíciles de obrar que otros, 5pero no te olvides del primer principio de este curso: no hay grados de dificultad en los milagros. T2-I.5:4-5

 

¿Por qué crees que habría de ser más difícil para mí inspirar a los desanimados o estabilizar lo inestable? 9Yo no creo que haya grados de dificultad en los mila­gros; tú sí. 10Te he llamado y tú responderás. 11Yo comprendo que los milagros son acontecimientos naturales porque son expresio­nes de amor. 12El que yo te llame es tan natural como el que tú me respondas, e igualmente inevitable. T4-IV.11:8-12

 

A menos que el sanador se cure a sí mismo, no podrá creer que no hay grados de dificultad en los milagros. T5-VII.2:4

 

Para el Espíritu Santo no hay grados de dificultad en los mila­gros. 2A estas alturas, esto debería resultarte ya bastante familiar, aunque no es algo que todavía estés dispuesto a creer. T6-V.A.4:1-2

 

No puedes obrar milagros sin creer en él, ya que es una creencia en la perfecta igualdad. 7El único regalo idéntico que se les puede ofrecer a los Hijos idénticos de Dios, es apreciarlos completamente. 8Ni más ni menos. 9Sin una gama variable, la idea de grados de dificultad carece de sentido, y no debe haber gama alguna en lo que le ofreces a tu hermano. T6-V.A.4:6-9

 

La expresión “más deseable” aún implica que lo deseable tiene diferentes grados. 6Por lo tanto, aunque este paso es esen­cial para poder tomar la decisión fundamental, no es obviamente el último. 7No se ha aceptado todavía la falta de grados de difi­cultad en los milagros porque nada que se desee completamente puede ser difícil. 8Desear completamente es crear, y crear no puede ser difícil si se tiene en cuenta que Dios Mismo té creó para que fueses un creador. T6-V.B.8:5-8

 

Los milagros que el Espíritu Santo inspira no pueden entrañar grados de dificultad porque todas las partes de la creación son de un mismo orden. T7-IV.2:3

 

A medida que curas, eres curado, ya que el Espíritu Santo no ve grados de dificultad en la curación. T7-IV.5:4

 

El mundo percibe grados de dificultad en todo. 7Eso se debe a que el ego no percibe nada como completamente deseable. 8Al demostrarte a ti mismo que no hay grados de dificultad en los milagros, te con­vencerás de que, en tu estado natural, no hay grados de dificul­tad en absoluto porque tu estado natural es un estado de gracia. T7-XI.1:6-8

 

Los distintos órdenes de realidad, al igual que los distintos grados de dificultad de los milagros, tan sólo dan la impresión de existir. T8-VII.7:3

 

El Espíritu Santo no puede distinguir entre distintos grados de error, pues si ense­ñase que una forma de enfermedad es más grave que otra, estaría enseñando que un error puede ser más real que otro. 4Su función es distinguir únicamente entre lo falso y lo verdadero, y reempla­zar lo falso por lo verdadero. T8-IX.5:3-4

 

No hay grados de dificultad en los milagros porque todos los Hijos de Dios tienen el mismo valor, y su igualdad es su unicidad. T11-VI.10:5

 

Los milagros demuestran que el aprendizaje ha tenido lugar bajo la debida dirección, pues el aprendizaje es invisible y lo que se ha aprendido sólo se puede reconocer por sus resultados. 2Su generalización se demuestra a medida que lo pones en práctica en más y más situaciones. 3Reconocerás que has aprendido que no hay grados de dificultad en los milagros cuando los apliques a todas las situaciones. 4No hay situación a la que los milagros no sean aplicables, y al aplicarlos a todas las situaciones el mundo real será tuyo. T12-VII.1:1-4

 

Obrar milagros es lo único que puedes hacer que transciende la idea de grados de dificultad, pues los milagros no están basados en diferencias sino en la igualdad. T14-X.2:7

 

Lo que más cuesta entender es que la falta de grados de dificultad que caracteriza al milagro es algo que tiene que proce­der de otra parte y no de aquí. T14-X.3:4

 

El poder de todo Su Amor estará presente en todos los milagros que le ofrezcas a Su Hijo. 10¿Cómo podría ser, entonces, que hubiese grados de dificultad en los milagros? T14-X.12:9-10

 

Cuando sostienes que es imposible que no haya grados de difi­cultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. T17-I.3:1

 

Mientras desees que esto siga siendo así, seguirás albergando la ilusión de que hay grados de dificultad en los milagros. 2Pues habrás sembrado la idea de grados de realidad al darle una parte de ésta a un maestro, y la otra al otro. 3De este modo, aprendes a tratar con una parte de la verdad de una manera, y con la otra de otra. 4Fragmentar la verdad es destruirla, pues ello la desprovee de todo significado. 5El concepto de grados de realidad es un enfoque que denota falta de entendimiento, un marco de referen­cia para la realidad con el que realmente no se la puede comparar en absoluto. T17-I.4:1-5

 

No mantengas ni una sola idea excluida de la verdad, pues si lo haces, estarás estableciendo diferentes grados de realidad que no podrán sino aprisionarte. 7No hay grados de realidad por­que en ella todo es verdad. T17-I.5:6-7

 

No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. 2Si crees que el instante santo es algo difícil, es porque te has erigido en árbitro de lo que es posible, y aún no estás dispuesto a cederle el lugar a Uno que sabe. 3La creencia según la cual hay grados de dificultad en los milagros se basa en eso. 4Todo lo que Dios dispone no sólo es posible, sino que ya ha tenido lugar. T18-IV.8:1-4

 

 

    Juzgarás tu grandeza tal como juzgues la de tu hermano, y la aceptarás al aceptar la suya. T.9:VI:4:9

 

    Desde tu grandeza tan sólo puedes bendecir porque tu gran­deza es tu abundancia. T.9:VIII:5:1

 

    A este lado del puente ves un mundo de cuerpos separados que buscan unirse unos con otros en uniones exclusivas y convertirse en uno solo a costa de la pérdida que ambos sufren. Cuando dos individuos intentan con­vertirse en uno solo están tratando de reducir su grandeza. Cada uno quiere negar su poder, pues una unión exclusiva excluye al universo. Se deja afuera mucho más de lo que se admite adentro, pues se deja a Dios afuera y no se admite nada adentro. T.16:VI:5:2-5

Urtext.p32Os estaré muy agradecido si bendecís con un milagro en lugar de maldecir con una proyección.

 

Los milagros deben inspirar gratitud, no reverencia. 2Debes dar gracias a Dios por lo que realmente eres. T1-I.31

 

Tu gratitud hacia tu hermano es la única ofrenda que quiero. 3Yo se la llevaré a Dios por ti, sabiendo que conocer a tu hermano es conocer a Dios. 4Si le estás agradecido a tu hermano, Le estarás agradecido a Dios por lo que creó. T4-VI.7

 

Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre. T4-VI.7

 

Yo no necesito gratitud Urtext.p247tal como no necesité protección, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. 2Él no necesita que lo aprecies, pero sí. 3No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. 4Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias y, por lo tanto, lo rechazas. 5Como resultado de ello, enseñas rechazo. T6-I.17

 

El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus herma­nos, pero él no les está agradecido. 2Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. T7-V.7

 

Únete, pues, a mí en alabanza de Él y de ti que fuiste creado por Él. 9Éste es nuestro regalo de gratitud hacia Él, que Él a Su vez compartirá con todas Sus creaciones, a las que da por igual todo lo que es aceptable para Él. T8-IV.7

 

Todos aquellos que trajiste contigo resplandecerán sobre ti, y tú resplandecerás sobre ellos con gratitud porque te trajeron hasta aquí. 10Tu luz se unirá a la suya dando lugar a un poder tan irresistible que liberará de las tinieblas a los demás según tu mirada se pose sobre ellos. T13-VI.11

 

Tus creaciones son muy reales, pues forman parte del Ser que desco­noces. 8Se comunican contigo a través del Espíritu Santo, y, para que aprendas a enseñar lo que eres, te ofrecen gustosamente su poder y gratitud por su creación a ti que eres su hogar. 9Tú que eres anfitrión de Dios lo eres también de ellas. 10Pues nada real ha abandonado jamás la mente de su creador. 11Y lo que no es real nunca estuvo en ella. T16.III.5

 

Los testigos de tu enseñanza se han congregado para ayudarte a aprender. 5Su gratitud se ha unido a la tuya y a la de Dios para fortalecer tu fe en lo que enseñaste. 6Pues lo que enseñaste es verdad. 7Si eliges estar solo, te excluyes a ti mismo de tu enseñanza y te mantienes separado de ella. 8Pero unido a ellos no puedes sino aprender que sola­mente te enseñaste a ti mismo, y que aprendiste de la convicción que compartiste con ellos. T16-III.6

 

Este año comenzarás a aprender y a hacer que lo que aprendas sea comparable a lo que enseñas. 2Has elegido esto al estar dis­puesto a enseñar. 3Aunque enseñar parecía ocasionarte dolor, dis­pondrás del gozo que se deriva de ello. 4Pues dicho gozo reside en el alumno, que se lo ofrece al maestro con gratitud y lo comparte con él. 5A medida que sigas aprendiendo, tu gratitud hacia tu Ser, que te enseña lo que Él es, aumentará y te ayudará a honrarlo. 6Y te darás cuenta de Su poder, de Su fuerza y de Su pureza, y lo amarás como Su Padre lo ama. 7Su Reino no tiene límites ni fin, ni hay nada en Él que no sea perfecto y eterno. 8 eres todo esto, y no hay nada aparte de esto que pueda ser lo que tú eres. T16-III.7

 

La relación que tienes con tus creaciones está libre de culpa, y esto te permite contem­plar a todos tus hermanos con gratitud, pues tus creaciones fue­ron creadas en unión con ellos. T16-IV.8

 

Debido a la falta de aprecio y gratitud te incapacitas a ti mismo para expresar el instante santo, y, de ese modo, lo pierdes de vista. T17-V.11

 

A medida que empieces a reconocer y a aceptar los regalos (gratitud en lugar de condenas) que tan desprendidamente has dado a tu hermano, empezarás a acep­tar asimismo los efectos del instante santo y a usarlos para corre­gir todos tus errores y liberarte de sus resultados. 2Y al aprender esto, habrás aprendido también cómo liberar a toda la Filiación, y cómo ofrecérsela con alegría y gratitud a Aquel que te dio tu liberación y que desea extenderla a través de ti. T17-V.15

 

En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. 2Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. 3Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. 4Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. 5Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. 6Y tal como Él os ama, así sois. 7Nosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. 8Dios está contigo, hermano mío. 9Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él. T18-I.10

 

Él se vale de todo aquel que lo invoca como medio para la salvación de todos. 7Y Él los despertará a través de ti que le ofreciste tu relación a Él. 8¡Si tan sólo reconocieses Su gratitud! 9¡O la mía a través de la Suya! 10Pues estamos unidos en un solo propósito, al ser de un mismo sentir con Él. T18-II.7

 

Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuán profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos. T18-V.7

 

Él sólo te pide que aceptes por Él la gratitud que le debes. 2Y cuando contemplas a tu hermano con infinita benevolencia, lo estás contemplando a Él. 3Pues estás mirando allí donde Él está, y no donde no está. 4No puedes ver al Espíritu Santo, pero puedes ver a tus hermanos correctamente. 5Y la luz en ellos te mostrará todo lo que necesites ver. 6Cuando la paz que mora en ti se haya extendido hasta abarcar a todo el mundo, la función del Espíritu Santo aquí se habrá consumado. 7¿Qué necesidad habrá de ver entonces? 8Cuando Dios Mismo haya dado el paso final, el Espí­ritu Santo reunirá todas las gracias que le hayas dado y toda la gratitud que le hayas ofrecido, y las depositará dulcemente ante Su Creador en el nombre de Su santísimo Hijo. 9Y el Padre las aceptará en Su Nombre. 10¿Qué necesidad hay de ver, en presen­cia de Su gratitud? T19-IV.3

 

El Cielo es el regalo que le debes a tu hermano, la deuda de gratitud que le ofreces al Hijo de Dios como muestra de agradeci­miento por lo que él es y por aquello para lo que su Padre lo creó. T19-IV.D.19

 

Al Hijo de Dios se le bendice siempre cual uno solo. 2Y a medida que su gratitud llega hasta ti que le bendijiste, la razón te dirá que es imposible que tú estés excluido de la bendición. 3La gratitud que él te ofrece te recuerda las gracias que tu Padre te da por haberlo completado a Él. 4Y la razón te dice que sólo así pue­des entender lo que tú debes ser. 5Tu Padre está tan cerca de ti como tu hermano. 6Sin embargo, ¿qué podría estar más cerca de ti que tu propio Ser? T21-VI.10

 

¿No querrías contem­plar al salvador que se te ha dado? 8¿Y no intercambiarías con gratitud la función de verdugo que le adjudicaste por la que en verdad tiene? 9Recibe de él lo que Dios le dio para ti, no lo que trataste de darte a ti mismo. T22-II.11

 

No te intranquilices pensando cómo puede el Espíritu Santo intercambiar tan fácilmente los medios y el fin en aquellos que Dios ama y quiere que sean libres para siempre. 2En lugar de ello, siéntete agradecido de poder ser el medio para lograr Su fin. 3Éste es el único servicio que conduce a la libertad. 4Para lograr este fin hay que percibir al cuerpo libre de pecado porque lo que se busca es la impecabilidad. 5La falta de contradicción permite que la transición de medios a fin sea tan fácil como lo es el inter­cambio del odio por la gratitud ante los ojos que perdonan. 6Os santificaréis el uno al otro al usar el cuerpo sólo en beneficio de la impecabilidad. 7Y os será imposible odiar aquello que sirve a quien queréis sanar. T22-VI.3

 

Dios Mismo ofrece Su gratitud libre­mente a todo aquel que comparte Su propósito. 12Su Voluntad no es estar solo. 13Ni la tuya tampoco. T25-II.9

 

Dar a regañadientes es no recibir el regalo, pues no estás dis­puesto a aceptarlo. 2Se te guarda hasta que tu renuencia a recibirlo desaparezca y estés dispuesto a que te sea dado. 3La justicia de Dios merece gratitud, no temor.  T25-IX.2

 

¿Qué es el Cielo, sino un himno de gratitud, de amor y de alabanza que todo lo creado le canta a la Fuente de su creación? 6El más santo de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. T26-IV.3

 

Donde antes se percibía el pecado se alzará un mundo que se convertirá en el altar de la verdad, y allí tú te unirás a las luces del Cielo y entonarás con ellas su himno de gratitud y alabanza. T26-IV.5

 

Lo que el odio le ha entregado al amor, se convierte en la luz más brillante de todo el resplandor del Cielo. 6Y el fulgor de todas las luces celestiales cobra mayor intensidad, como muestra de gratitud por lo que se les ha restituido. T26-IX.6

 

Donde antes se alzaba una cruz, se alza ahora el Cristo resucitado, y en Su visión las viejas cicatrices desaparecen. 5Un milagro inmemorial ha venido a bendecir y a reemplazar una vieja enemistad, cuyo fin era la destrucción. 6Con dulce gratitud Dios el Padre y el Hijo regresan a lo que es Suyo, y a lo que siempre lo será. T26-IX.8

 

Hermano, lo único que Él da es vida. 2Sin embargo, los regalos que crees que tu hermano te ofrece representan los regalos que sueñas que tu Padre te hace a ti. 3Ve todos los regalos que tu hermano te hace a la luz de la caridad y bondad que se te ofrece. 4Y no dejes que ningún dolor perturbe tu sueño de profunda gratitud por los regalos que te hace. T27-VII.16

 

¡Cuán santo debes ser tú para que el Hijo de Dios pueda ser tu salvador en medio de sueños de desolación y de desastres! 2Observa cuán deseoso llega, apartando las densas sombras que lo mantenían oculto, para poder brillar sobre ti lleno de gratitud y amor. 3Él es él mismo, pero no él mismo solo. T29-III.5

 

¡Cuán fácil y ligero es el paso que te saca de los estrechos confi­nes del mundo del miedo una vez que has reconocido de Quién es la mano de la que vas asido! 2Tienes a mano todo lo necesario para poder alejarte del miedo para siempre con perfecta certeza, y para seguir adelante y llegar cuanto antes a las puertas del Cielo. 3Pues Aquel de Cuya mano vas asido sólo estaba espe­rando a que te unieses a Él. 4Y ahora que has venido, ¿se demora­ría Él en mostrarte el camino que debe recorrer contigo? 5Su bendición descansa sobre ti tan indudablemente como el Amor de Dios descansa sobre Él. 6Su gratitud hacia ti sobrepasa tu entendimiento, pues tú le has permitido liberarse de sus cadenas para que juntos os dirijáis a la morada de Su Padre. T30-V.8

 

Los inocentes otorgan libertad como muestra de gratitud por su liberación. 2Y lo que ven apoya su liberación del encarcela­miento y de la muerte. 3Haz que tu mente sea receptiva al cam­bio, y ni a tu hermano ni a ti se os podrá imponer ninguna pena ancestral. 4Pues Dios ha decretado que no se pueda pedir ni hacer ningún sacrificio. T31-III.7

 

Mi mano se extiende en gozosa bienvenida a todo hermano que quiera unirse a mí para ir más allá de la tentación y mirar con firme determinación hacia la luz que brilla con perfecta cons­tancia tras ella. 2Dame los míos, pues Te pertenecen. 3¿Y podrías dejar de hacer lo que es Tu Voluntad? 4Te doy las gracias por lo que mis hermanos son. 5Y según cada uno de ellos elija unirse a mí, el himno de gratitud que se eleva desde la tierra hasta el Cielo se convertirá, de unas cuantas notas sueltas, en un coro todo-abarcador, que brota de un mundo redimido del infierno y que te da las gracias a Ti. T31-VIII.11

 

¡Tu único problema ya se ha resuelto! 2Repite esto hoy para tus adentros una y otra vez a lo largo del día, con gratitud y convic­ción. 3Has reconocido tu único problema, dándole así paso al Espíritu Santo para que te dé la respuesta de Dios. L80-2

 

Practica con gratitud. Ésta es la verdad que te hará libre. Ésta es la verdad que Dios te ha prometido. Ésta es la Palabra con la que a todo sufrimiento le llega su fin. L110-5

 

Lo recordaremos a lo largo del día con nuestros corazones rebosantes de gratitud y albergando solamente pensamientos amorosos hacia todos aquellos que hoy se crucen en nuestro camino. Pues así es como lo recordaremos. Y para poder recor­dar a Su Hijo, nuestro santo Ser, el Cristo en cada uno de nosotros diremos: Soy tal como Dios me creó. L110-11

 

L123 Gracias Padre por los regalos que me has concedido

 

Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza, y alzaremos nuestros ojos agra­decidos, que ya no mirarán al suelo. 2Hoy entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea nues­tra verdadera Identidad en Él. 3Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y marcharemos con paso ligero según seguimos ade­lante a llevar a cabo nuestro cometido. L123-4

 

Él quiere ofrecerte las gracias que tú le das, puesto que acepta tus regalos lleno de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. 4Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. 5Y así, el poder y fortaleza de éstos crecerán hasta llenar el mundo de gozo y gratitud. L123-6

 

Acepta las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. 2Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que Él le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo, y recordar a su Padre y a su Ser. L123-8

 

Dios estará allí, 2pues habrás invocado el formidable e infalible Poder que, lleno de gratitud, dará este gigantesco paso contigo.  L130-9

 

Sin defensas, te conviertes en una luz que el Cielo mismo, lleno de gratitud, reconoce como propia. 2Y te conducirá por los cami­nos que se diseñaron para tu felicidad, de acuerdo con el plan ancestral que comenzó al nacer el tiempo. L135-20

 

 Como muestra de gratitud por toda la creación, y en el Nombre de su Creador y de Su Unidad con todos los aspectos de la crea­ción, reiteramos hoy nuestra dedicación a nuestra causa cada hora, dejando a un lado todos los pensamientos que nos pudiesen desviar de nuestro santo propósito. L139-12

 

Dios te da las gracias a ti que prácticas de esta manera el cum­plimiento de Su Palabra. 2Y cuando expongas tu mente de nuevo a las ideas del día antes de irte a dormir, Su gratitud te envolverá en la paz en la que Su Voluntad dispone que estés para siempre, y que ahora estás aprendiendo a reivindicar como tu herencia. L4ºR-10

 

Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. 2Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. 3El aroma de las flores es su regalo para ti. 4Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza. L156-4

 

Hoy no juzgaremos. 2No recibiremos sino aquello que nos llega procedente de un juicio que se emitió desde más allá del mundo. 3Nuestras prácticas de hoy se convierten en un regalo de gratitud por nuestra liberación de la ceguera y de la aflicción. 4Todo cuanto veamos no hará sino aumentar nuestra dicha, pues su santidad refleja la muestra.  L164-7

 

Hoy es un día nuevo y santo, pues recibimos lo que se nos ha dado. 2Nuestra fe radica en el Dador, no en nuestra aceptación. 3Reconocemos nuestros errores, pero Aquel que no sabe de erro­res es Quien ha de responder a ellos, proporcionándonos los medios con los que podemos dejarlos atrás y elevarnos hasta Él con gratitud y amor. L168-5

 

Volvemos nuevamente a optar por la única alter­nativa que jamás se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el Cielo y el infierno. 2Que la gratitud hacia nuestro Maestro invada nuestros corazones, pues somos libres de elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas del mundo. L190-11

 

Aquel que puede aceptar su verdadera Identidad realmente se salva. 4Y su salvación es el regalo que les hace a todos, como muestra de gratitud hacia Aquel que le mostró el camino a la felicidad que cambió toda su perspec­tiva acerca del mundo. L191-5

 

Una vez que la ira haya desaparecido, podrás percibir que a cambio de la visión de Cristo y del don de la vista no se te pidió sacrificio alguno, y que lo único que ocurrió fue que una mente enferma y atormentada se liberó de su dolor. 2¿Es esto indesea­ble? 3¿Es algo de lo que hay que tener miedo? 4¿O bien es algo que se debe anhelar, recibir con gratitud y aceptar jubilosamente? 5Somos uno, por lo tanto, no renunciamos a nada. 6Y Dios cierta­mente nos ha dado todo. L192-6

 

Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en vez de en la ira, la malicia y la venganza. L195-9

 

La gratitud se convierte en el único pensamiento conque sustituimos estas percepciones descabelladas. L195-9

 

Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que jamás podrías haber soñado. 2La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos se encuentra, el otro no puede sino estar. 3Pues la gratitud no es sino un aspecto del Amor, que es la Fuente de toda la creación. L195-10

 

No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano. L197

 

Tratas de ser amable y de perdonar. 3Pero si no recibes muestras de gratitud procedentes del exterior y las debidas gra­cias, tus intenciones se convierten de nuevo en ataques. L197-1

 

El mundo no puede sino darte las gracias cuando lo liberas de tus ilusiones. 2Mas tú debes darte las gracias a ti mismo también, pues la liberación del mundo es sólo el reflejo de la tuya propia. 3Tu gratitud es todo lo que requieren tus regalos para que se conviertan en la ofrenda duradera de un corazón agradecido, liberado del infierno para siempre. L197-3

 

¿Qué importa si tus regalos parecen haber sido un desperdicio y no haber servido de nada? 4Se reciben allí donde se dan. 5Mediante tu agradecimiento se aceptan universalmente, y el Propio Corazón de Dios los reconoce con gratitud. L197-4

 

La gratitud que Ambos sienten por todo lo que han creado es infinita, pues la gratitud sigue siendo parte del amor. L197-7

 

Eres digno de toda gratitud por razón de lo que eres. L197-9

 

¿No sería más sabio alegrarte de tener en tus manos la res­puesta a tus problemas? 2¿No sería más inteligente darle gracias a Aquel que te ofrece la salvación y aceptar Su regalo con gratitud? 3¿Y no sería muestra de bondad para contigo mismo oír Su Voz y aprender las sencillas lecciones que Él desea enseñarte en lugar de tratar de ignorar Sus palabras y sustituirlas por las tuyas? L198-5

 

No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano. L217-1

 

Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. L298-1

 

En cada momento de cada día se me conceden miles de teso­ros. 2Soy bendecido durante todo el día con regalos cuyo valor excede con mucho el de cualquier cosa que yo pudiera concebir. 3Un hermano le sonríe a otro y mi corazón se regocija. 4Alguien expresa su gratitud o su compasión, y mi mente recibe ese regalo y lo acepta como propio. 5Y todo el que encuentra el camino a Dios se convierte en mi salvador, me señala el camino y me ase­gura que lo que él ha aprendido sin duda me pertenece a mí también. L315-1

 

Gracias, Padre, por los muchos regalos que me llegan hoy y todos los días, de cada Hijo de Dios. 2Los regalos que mis hermanos me pueden hacer son ilimitados. 3Ahora les mostraré mi agradecimiento, de manera que mi gratitud hacia ellos pueda conducirme a mi Creador y a Su recuerdo. L315-2

 

Abandona, por lo tanto, todo juicio, no con pesar sino con un suspiro de gratitud. M10-5

 

Recordar el Nombre de Jesucristo es dar gracias por todos los dones que Dios te ha dado. 6Y la gratitud hacia Dios se convierte en la manera en que Él es recordado, pues el amor no puede estar muy lejos de una mente y un corazón agradecidos. 7Dios puede entonces entrar fácilmente porque éstas son las verdaderas condiciones que hacen posible tu retorno al hogar. M23-4

 

Aquellos que han desa­rrollado poderes “psíquicos” no han hecho sino permitir que se erradiquen de sus mentes algunas de las limitaciones que ellos mismos les habían impuesto. 8Si utilizan esta mayor libertad para aprisionarse aún más, no hacen sino imponerse mayores limita­ciones. 9El Espíritu Santo tiene necesidad de esos dones, y quie­nes se los ofrecen a Él y sólo a Él caminan con la gratitud de Cristo en sus corazones y con Su santa visión siguiéndoles muy de cerca. M25-6

 

Un terapeuta santo, un maestro de Dios avanzado, jamás olvida una cosa: no fue él quien elaboró el programa de estudios de la salvación ni el que estableció su papel dentro del mismo. 2 Se da cuenta de que su parte es necesaria para el todo y que a través de ella reconocerá el todo cuando la haya cumplido. 3 Entre tanto, debe aprender, y sus pacientes son el medio que se le ha provisto para ello. 4 ¿Qué otra cosa sino gratitud podría sentir por ellos y hacia ellos? 5 Traen a Dios consigo. 6 ¿Rechazaría este regalo por una minucia o le cerraría la puerta al Salvador del mundo para dejar entrar un fantasma? P3-I.4

 

El derecho a vivir es algo por lo que nadie necesita luchar. 2 Se le ha prometido, y está garantizado por Dios. 3 Por consiguiente, es un derecho que tanto terapeuta como paciente comparten por igual. 4 Si su relación ha de ser santa, lo que uno de ellos necesite el otro se lo dará; lo que a uno le haga falta el otro lo proveerá. 5 Así es como la relación se vuelve santa, pues así es como ambos son sanados. 6 El terapeuta compensa al paciente con su gratitud, lo mismo que el paciente lo compensa a él con la suya. 7 No hay coste para ninguno de los dos. 8 Pero ambos se deben gratitud por su liberación del largo aprisionamiento y de la duda. 9 ¿Quién no estaría agradecido por semejante regalo? 10 ¿Y quién podría ni siquiera imaginar que este regalo se puede comprar? P3-III.4

 

¿Qué necesidad tienes tú de sueños cambiantes en un mundo triste? 7No olvides la gratitud de Dios. 8No olvides la santa gracia de la oración. 9No olvides el perdón del Hijo de Dios. O3-IV.3

 

Y con Mi gratitud vendrá primero el regalo del perdón, y luego el de la paz eterna. O3-IV.9

No puedes ver lo invisible. Mas si ves sus efec­tos sabes que tiene que estar ahí. Al percibir sus obras, reconoces su existencia. Y por lo que hace, te das cuenta de lo que es. Tú no puedes ver tus propios puntos fuertes, pero puedes tener cada vez mayor confianza en su existencia a medida que te capacitan para actuar. Y los resultados de tus acciones tú los puedes ver. T12-VII.2

 

El aprendizaje es invisible y lo que se ha aprendido sólo se puede reconocer por sus resultados. T12-VII.1

 

El Espíritu Santo es invisible, pero puedes ver los resultados de Su Presencia, y por ellos te darás cuenta de que Él está ahí. T12-VII.3

 

No puedes ver al Espíritu Santo, pero puedes ver Sus manifestaciones. Y a menos que las veas no te darás cuenta de que Él está ahí. Los milagros son Sus testigos, y hablan de Su Presencia. Lo que tú no puedes ver, únicamente cobra realidad para ti a través de los testigos que hablan en su favor. Puedes cobrar con­ciencia de lo que no ves, y Ello puede volverse increíblemente real para ti a medida que Su Presencia se ponga de manifiesto a través de ti. T12-VII.4

No deseo seguir siendo mi propio guía. L321-1

 

Es posible alcanzar un estado en el que dejas que yo guíe tu mente sin ningún esfuerzo consciente por tu parte. T2-VI.6:1

 

El que necesites mi ayuda se debe a que has negado a tu propio Guía, y, por consiguiente, necesitas ser guiado. T4-III.2:4

 

Has urdido esta extraña situación de forma tal que te resulta imposible escapar de ella sin un Guía que sepa cuál es tu realidad. El propósito de este Guía no es otro que el de recordarte lo que deseas. Él no está tratando de imponerte una voluntad ajena. Está simplemente haciendo todo lo posible, dentro de los límites que tú le impones, por reestablecer tu propia voluntad en tu conciencia. T9-I.3:5-8

 

 

El que necesites mi ayuda se debe a que has negado a tu propio Guía, y, por consiguiente, necesitas ser guiado. T4-III.2:4

 

La oración es el vehículo de los milagros. Es el medio de comu­nicación entre lo creado y el Creador. Por medio de la oración se recibe amor, y por medio de los milagros se expresa amor. T1-I.11:1-3

 

A medida que compartas conmigo mi renuencia a aceptar error alguno en ti o en los demás, te unirás a la gran cruzada para corregirlos. Escu­cha mi voz, aprende a deshacerlos y haz todo lo necesario por corregirlos. Tienes el poder de obrar milagros. Yo proveeré las oportunidades para obrarlos, pero tú debes estar listo y dispuesto. T1-III.1:6-8

 

Tú tienes un papel en la Expiación que yo te dictaré. Pregúntame qué milagros debes llevar a cabo. Ello te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa. T1-III.4:2-4

 

Reconoce tus errores y elige abandonarlos siguiendo mi dirección. T1-III.4:7

 

Cambiar de mentalidad significa poner tu mente a disposición de la verdadera Autoridad. T1-V.5:7

 

Los medios están a tu disposición siempre que los pidas. T2-II.3:7

 

Mi control puede hacerse cargo de todo lo que no es importante, mientras que, si así lo decides, mi asesoramiento puede dirigir todo lo que lo es. T2-VI.1:3

 

Tu miedo me impide darte mi control. T2-VI.1:5

 

No puedes separarte de la verdad “otorgándole” autonomía al comporta­miento. Éste lo controlo yo automáticamente tan pronto como pongas tu pensamiento bajo mi dirección. Siempre que tienes miedo es señal inequívoca de que le has permitido a tu mente crear falsamente y de que no me has permitido guiarla. T2-VI.2:8-10

 

Antes de decidir hacer algo, pregúntame si tu elección está de acuerdo con la mía. Si estás seguro de que lo está, no tendrás miedo. T2-VI.4:9-10

 

Es posible alcanzar un estado en el que dejas que yo guíe tu mente sin ningún esfuerzo consciente por tu parte. T2-VI.6:1

 

Es esencial que te des cuenta de que tu pensamiento seguirá siendo errático hasta que te comprometas firmemente con la luz. T3-II.1:5

 

Nada puede prevalecer contra un Hijo de Dios que encomienda su Espíritu en las Manos de su Padre. Al hacer esto, la mente despierta de su sueño y recuerda a su Creador. Toda sensación de separación desaparece. T3-II.5:1-3

 

Yo no puedo unir tu voluntad a la de Dios por ti, pero puedo borrar todas las percepciones falsas de tu mente si la pones bajo mi tutela. T3-IV.7:7

 

No puedo elegir por ti, pero puedo ayudarte a que elijas correctamente. T3-IV.7:11

 

Si estás dispuesto a renunciar al papel de guar­dián de tu sistema de pensamiento y ofrecérmelo a mí, yo lo corregiré con gran delicadeza y te conduciré de regreso a Dios. T4-I.4:7

 

Enseñaré contigo y viviré contigo si estás dispuesto a pensar conmigo. T4-I.6:3

 

Yo seré un substituto de tu ego si así lo deseas. T4-I.13:1

 

Me puedes confiar tu cuerpo y tu ego debido únicamente a que eso te permite desentenderte de ellos y me deja mostrarte que no son importantes. T4-I.13:4

 

Aprendamos juntos esta lección para que juntos podamos liberarnos de tu cuerpo y de tu ego. T4-I.13:6

 

La Biblia hace referencia frecuentemente a los inconmensurables dones que te aguardan, pero que tienes que pedir. Ésta no es una condición como las que el ego establece, sino que es la gloriosa condición de lo que tú eres. T4-III.5:3-5

 

Quienes piden sinceramente siempre reciben respuesta. T4-III.6:5

 

Mantente alerta contra los retazos de miedo que aún conservas en tu mente o, de lo contrario, no podrás pedirme que lo transponga. Sólo puedo ayudarte tal como nues­tro Padre nos creó. Te amaré, te honraré y respetaré absoluta­mente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad. Nunca te abandonaré tal como Dios tampoco te abando­nará, pero tengo que esperar mientras tú continúes eligiendo abandonarte a ti mismo. Debido a que espero con amor y no con impaciencia, es indudable que me pedirás con sinceridad que lo transponga. Vendré en respuesta a toda llamada inequívoca. T4-III.7:5-10

 

Examina detenidamente qué es lo que estás realmente pidiendo. T4-III.8:1

 

Todavía tienes muy poca confianza en mí, pero ésta aumentará a medida que recurras más y más a mí -en vez de a tu ego- en busca de consejo. Los resultados te irán convenciendo cada vez más de que ésta es la única elección cuerda que puedes hacer. T4-VI.3:1,2

 

De momento, la confianza que yo tengo en ti es mayor que la que tú tienes en mí, pero no siempre será así. T4-VI.6:1

 

Los canales que he elegido no pueden fallar porque les prestaré mi fortaleza mientras la suya sea insuficiente. T4-VI.6:7

 

No pregunto porque tengo miedo de las respuestas.

 

No pregunto porque tengo miedo de que las cosas no sean como yo quiero.

 

Puedo ascender hasta lo alto y hacer que el Espíritu Santo descienda hasta ti, mas sólo puedo hacer eso a instancia tuya. T5-I.3:2

 

Tienes que elegir escuchar una de las dos voces que hay dentro de ti. Una la inventaste tú, y no forma parte de Dios. La otra te la dio Dios, Quien sólo te pide que la escuches. T5-II.3:4

 

Lo único que tienes que hacer es esforzarte por aprender, pues el Espíritu Santo tiene un objetivo unificado para tus esfuerzos. T7-IV.3:5

 

Todas las capacidades deben entregársele, por lo tanto, al Espí­ritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. T7-IV.4:1

 

Pide y se te dará, pues ya se te ha dado. Pide luz y aprende que eres Luz. Si quieres tener entendimiento e iluminación aprenderás que eres Luz, ya que tu decisión de apren­der esto es la decisión de querer escuchar al Maestro que sabe de luz y que, por lo tanto, puede enseñarte lo que es. T8-III.1:2-4

 

Acor­darte de mí es acordarte de ti mismo, así como de Aquel que me envió a ti. T8-IV.2:13

 

Tu decisión de escucharme es la decisión de escuchar Su Voz y de hacer Su Voluntad. De la misma manera en que Dios me envió a ti, yo te enviaré a otros. E iré a ellos contigo, para que podamos enseñar­les paz y unión. T8-IV.3:9-11

 

 ¿No crees que el mundo tiene tanta necesidad de paz como tú? ¿No te gustaría dársela en la misma medida en que tú deseas recibirla? Pues a menos que se la des, no la recibirás. Si quieres recibirla de mí, tienes que darla. La curación no procede de nadie más. Tienes que aceptar dirección interna. La dirección que recibas no puede sino ser lo que quieres, pues, de lo contra­rio, no tendría sentido para ti. Por eso es por lo que la curación es una empresa de colaboración. Yo puedo decirte lo que tienes que hacer, pero tú tienes que colaborar teniendo fe en que yo sé lo que debes hacer. Sólo entonces decidirá tu mente seguirme. Sin esta decisión no podrías curar porque ello supondría que habrías decidido en contra de la curación, y este rechazo de lo que yo he decidido para ti impediría la curación. T8-IV.4

 

Me da miedo preguntarle a Jesús si entrar en los camiones es lo que debo hacer, por si no coincide con lo que yo quiero, lo cual me demuestra que aún sigo queriendo que el mundo sea como yo quiero y no como es…

Mis resistencias a recibir dirección interna son fuertes, más ahora empiezo a verlas y es cuestión de tiempo que caigan y se desvanezcan en la nada de la que proceden.

(9/9/2020)

 

Si quieres ser como yo, te ayudaré, pues sé que somos iguales. Si quieres ser dife­rente, aguardaré hasta que cambies de parecer. T8-IV.6:3-4

 

Yo puedo ense­ñarte, pero tú tienes que elegir seguir mis enseñanzas. T8-IV.6:5

 

Cuando te unes a mí lo haces sin el ego porque yo he renun­ciado al ego en mí y, por lo tanto, no puedo unirme al tuyo. T8-V.4:1

 

 ¿Quieres saber lo que la Voluntad de Dios dispone para ti? Pregúntamelo a mí que lo sé por ti y lo sabrás. No te negaré nada, tal como Dios no me niega nada a mí. T8-V.5:1-3

 

Yo voy delante de ti porque he transcendido el ego. Dame, por lo tanto, la mano, puesto que tu deseo es transcenderlo también. Mi fortaleza estará siempre disponible, y si eliges compartirla dispondrás de ella. Te la doy gustosamente y de todo corazón porque te necesito tanto como tú me necesitas a mí. T8-V.6:7-10

 

Tal vez insistas en que el Espíritu Santo no te contesta, pero quizá sería más prudente examinar qué clase de peticionario eres. No pides únicamente lo que deseas. Ello se debe a que temes recibirlo, y ciertamente lo recibirías. Por eso es por lo que se lo sigues pidiendo al maestro que no puede dártelo. T9-I.7:1-4

 

Debes pre­guntar cuál es la Voluntad de Dios con respecto a todo porque Su Voluntad es también tu voluntad. Tú no sabes lo que es, pero el Espíritu Santo lo recuerda por ti. Pregúntale, por lo tanto, cuál es la Voluntad de Dios para ti, y Él te dirá cuál es la tuya. T11-I.8:5-7

 

El Espíritu Santo se encuentra ahí, pero no puede ayudarte a menos que tú se lo pidas. T11-II.7:5

 

Sólo aquellos que reconocen que no pueden saber nada a menos que los efectos del entendimiento estén con ellos, pueden realmente aprender. Para lograrlo tienen que desear la paz, y nada más. Siempre que crees que sabes, la paz se aleja de ti porque has abandonado al Maestro de la paz. Siempre que reconoces que no sabes, la paz retorna a ti, pues has invitado al Espí­ritu Santo a que retorne, al haber abandonado al ego por Él. No acudas al ego para nada. Eso es lo único que necesitas hacer. T14-XI.13:1-5a

T30-VII.1:7 Tú añades nuevos elementos al guion que escribes para cada minuto del día.

 

T30-VII.2:1 ¿Qué reflejan tus guiones, sino tus planes acerca de cómo debe­ría transcurrir el día? Y así, determinas lo que es un desastre o un triunfo, un avance o un retroceso, una ganancia o una pér­dida. Estos juicios se hacen en conformidad con los papeles que el guion asigna.

 

T30-VII.6:15 Tus sombríos sue­ños no son más que los absurdos guiones que escribes por tu cuenta mientras duermes.

Dios Mismo, que sabe que la muerte no es tu volun­tad, no lo queda otro remedio que decir: “Hágase tu voluntad” porque tú crees que lo es. T24-III.5:8

Todas tus dificultades proceden del hecho de que no te recono­ces a ti mismo. T.3:III:2:1

 

Permíteme conocer a este hermano como me conozco a mí mismo. T.5:In:3:8

 

El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. T.9:II:5:1

 

Acepta como verdadero sólo lo que tu hermano es, si quieres conocerte a ti mismo. T.9:IV:1:4

 

Si tus hermanos forman parte de ti, ¿por qué no los ibas a acep­tar? Sólo ellos pueden enseñarte lo que eres. T9:VI:3:1-2

 

Todos tus hermanos viven en ti, tal como tú vives en cada uno de ellos. ¿Cómo ibas a poder, entonces, percibir indignidad en un hermano sin percibirla en ti mismo? T.11:VI:4:3-4

 

Verás todo lo que negaste en tus hermanos al haberlo negado en ti mismo. T.13:V:7:8

 

En el hecho de que tú y tu hermano estáis unidos reside vues­tra salvación. T.21:VI:8:1

 

Tú eres el salvador de tu hermano. Él es el tuyo. T.21:VI:9:1-2

 

Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. T.24:I:7:3

 

Sólo puedes hacerte daño a ti mismo. T24-IV.3:1

 

Ve todos los regalos que tu hermano te hace a la luz de la caridad y bondad que se te ofrece. Y no dejes que ningún dolor perturbe tu sueño de profunda gratitud por los regalos que te hace. T.27:VII:16:3-4

 

Si puedes darte cuenta de que tu hermano es digno de perdón, es que has aprendido que tú tienes el mismo derecho a ser perdonado que él. T.30:VI:4:7

La salvación no es más que un recordatorio de que este mundo no es tu hogar. No se te imponen sus leyes, ni sus valores son los tuyos. Y nada de lo que crees ver en él se encuentra realmente ahí. Esto se ve y se entiende a medida que cada cual desempeña su papel en el des-hacimiento del mundo, tal como desempeñó un papel en su fabricación. Cada cual dispone de los medios para ambas posibilidades, tal como siempre dispuso de ellos. T25-VI.6:1-5

Tal vez te sorprenda oír cuán diferente es la realidad de lo que ves. No te das cuenta de la magnitud de ese único error. Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino sur­gir un mundo totalmente irreal. ¿Qué otra cosa, si no, podía haber surgido de él? A medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento al convertirlo en inútiles añi­cos de percepciones desunidas y forzarte a llevar a cabo más sus­tituciones. T18-I.5:1-6

 

¿Cómo podrías tú, que te ves a ti mismo dentro de un cuerpo, saber que eres una idea? T18-VIII.1:5

 

El cuerpo es una diminuta cerca que rodea a una pequeña parte de una idea que es completa y gloriosa. El cuerpo traza un círculo, infinitamente pequeño, alrededor de un minúsculo segmento del Cielo, lo separa del resto, y proclama que tu reino se encuentra dentro de él, donde Dios no puede hacer acto de pre­sencia. T18-VIII.2:5-6

 

Una diminuta y alocada idea, de la que el Hijo de Dios olvidó reírse, se adentró en la eternidad, donde todo es uno. A causa de su olvido ese pensamiento se convirtió en una idea seria, capaz de lograr algo, así como de tener efectos reales. T27-VIII.6:2-3

 

Ninguna relación de la que el cuerpo forma parte está basada en el amor, sino en la idolatría. T20-VI.2:4

 

Los ídolos no comparten. Aceptan, pero lo que aceptan no es correspondido. Se les puede amar, pero ellos no pueden amar. No entienden lo que se les ofrece, y cualquier relación en la que entran a formar deja de tener significado. El amor que se les tiene ha hecho que el amor no tenga significado. Viven en secreto, detestando la luz del sol, felices, no obstante, en la penumbra del cuerpo, donde pueden ocultarse y mantener sus secretos ocultos junto con ellos mismos. Y no tienen relaciones, pues allí no se le da la bienvenida a nadie. No le sonríen a nadie, ni ven a los que les sonríen a ellos. T20-VI.3

 

Salmo 115 Los ídolos de las naciones son plata y oro, hecha de manos de hombres. Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, orejas tienen y no oyen; tienen narices y no huelen; manos tienen mas no palpan; tienen pies y no andan. Semejante a ellos son los que lo hacen.

 

Jeremías 10:3-5 Un leño del bosque es cortado, lo trabajan las manos de un artífice con la azuela; con plata y oro lo adornan, con clavos y martillos lo aseguran para que no se mueva. Como los espantapájaros de un pepinar, sus ídolos no hablan; tienen que ser transportados, porque no andan. No les tengáis miedo, porque no pueden hacer ningún mal, ni tampoco hacer bien alguno.

 

Derechos están como una palmera y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal ni tienen poder para hacer bien.

Todos son iguales. T1-I.1

 

Los que son iguales no deben sentir reverencia los unos por los otros, pues la reverencia implica desigualdad. T1-II.3

 

Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él, así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás. T1-III.6

 

Mi mente será siempre como la tuya porque fuimos creados iguales. T5-II.9

 

Tú, que no estás en guerra, debes ir en busca de hermanos y reconocer en todo aquel que veas a tu hermano, ya que únicamente los que son iguales están en paz. T7-III.3

 

Siempre que estás con un hermano, estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres. Tu hermano reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo. Será aprisionado o liberado de acuerdo con tu decisión, al igual que tú. Nunca olvides la res­ponsabilidad que tienes hacia él, ya que es la misma responsabili­dad que tienes hacia ti mismo. Concédele el lugar que le corresponde en el Reino y tú ocuparás el tuyo. T8-III.5

 

Si quieres ser como yo, te ayudaré, pues sé que somos iguales. Si quieres ser dife­rente, aguardaré hasta que cambies de parecer. T8-IV.6

 

Nuestra Identidad es una identi­dad compartida. T8-IX.7

 

Recuerda siempre que tu Identidad es una Identidad compartida, y que en eso reside Su realidad. T9-IV.1:6

 

Sólo te puedes condenar a ti mismo. T13-I.6

 

Todos ellos son iguales: bellos e igualmente santos. T13-VIII.6:1

 

¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? T24-I.6:1

 

Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. T24-I.3:5

 

Y lo que ves es igual a ti. T24-V.6:5

 

Para eso fuiste creado, al igual que tu hermano, quien es uno contigo. T25-II.10:8

 

Quitar a uno para dar a otro es una injusticia contra ambos, pues los dos son iguales ante los ojos del Espíritu Santo. T25-VIII.13:5

 

Cada aspecto del Hijo de Dios es exacta­mente igual a todos los demás. T28-IV.9:7

 

Cada fragmento separado que piensa en sí es una imagen completa. T28-IV.8:2

 

Dios os ama a los dos por igual. T31-II.7:1

 

Tú eres tal como Dios te creó, al igual como también lo es toda cosa viviente que contemplas. T31-VIII.6:1

Dios no juzga a Su inocente Hijo. Habiéndose dado a Sí Mismo a él, ¿cómo iba a poder juzgarlo? T11-VI.7:6-7

 

El Hijo de Dios es inocente ahora. T13-I.5:6

 

Dios nunca ha condenado a Su Hijo, que al ser inocente es también eterno. T13-I.9:4

 

Tú estás, por lo tanto, a salvo, ya que el Hijo de Dios es inocente. T13-I.11:7

 

Más allá de tus sueños más tenebrosos Él ve en ti al inocente Hijo de Dios, res­plandeciendo con un fulgor perfecto que tus sueños no pueden atenuar. T13-V.10:6

 

El inocente Hijo de Dios es únicamente luz.  T13-VI.8:4

 

La idea de que el inocente Hijo de Dios puede atacarse a sí mismo y decla­rarse culpable es una locura. T13-IX.5:3

 

Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente. T13-X.11:7

 

Si perdonas completamente es porque has abandonado la culpa­bilidad, al haber aceptado la Expiación y haberte dado cuenta de que eres inocente. T14-I.1:7

 

Tú que perteneces a la Primera Causa, que fuiste creado por Él a Su Semejanza y como parte de Él, eres mucho más que simple­mente inocente. T14-IV.2:1

 

Por lo tanto, tienes que ser inocente. T14-IV.7:2

 

Todo el mundo tiene un papel especial en la Expiación, pero el mensaje que se le da a cada uno de ellos es siempre el mismo: El Hijo de Dios es inocente. T14-V.2:1

 

Tú crucificarías a todo aquel a quien percibes como culpable. Mas le devuelves la inocencia a todo aquel a quien consideras inocente. T14-V.10

 

Tú eres, sin embargo, tan inocente de ello como lo es él. Lo que nunca existió no tiene causa. T17-VII.8:5-6

 

¿Qué peligro puede asaltar al que es completamente inocente? T19-IV.C.i.10:1

 

Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. T20-I.2:1

 

Mas la razón te dice que no puedes considerar a tu hermano o a ti mismo como un pecador y seguir percibiéndolo a él o percibiéndote a ti mismo como inocente. T21-VI.2:3

 

La justicia, no obstante, no puede castigar a aquellos que, aun­que claman por castigo, tienen un Juez que sabe que en realidad son completamente inocentes. T25-VIII.8:1

 

¿No te hace sentir más seguro creer que eres inocente con res­pecto a eso, y que has sido una víctima a pesar de tu inocencia? T26-X.4:6

 

Él debe ser inocente porque no sabe lo que hace, sino sólo lo que le hacen a él. T27-VII.1:5

 

Ahora sólo necesitas reconocer que los dos sois o inocentes o culpables. Lo que es imposible es que seáis diferentes el uno del otro; o que seáis ambas cosas. Este es el único secreto que aún te queda por aprender. T27-VIII.13:6-8

 

No es el autor de su propio ata­que, y es inocente de lo que ha causado. T28-II.7:9

 

El Hijo de Dios es inocente. T30-I.7:11

 

En el mundo que resulta de la lección que afirma que el Hijo de Dios es inocente no hay miedo, la esperanza lo ilumina todo. T31-I.8:1

 

La verdad en ti permanece tan radiante como una estrella, tan pura como la luz, tan inocente como el amor mismo. Y tú eres digno de que se haga tu voluntad. T31-VI.7:4-5

 

Este es el juicio Final de Dios: “Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. Despierta, pues, y regresa a Mí. Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”. L-10.¿Qué es el juicio final?.5:1-3

 

Su tema central es siempre: “El Hijo de Dios es inocente, y en su inocencia radica su salvación”. M-1.3:5

 

El Hijo de Dios es inocente ahora y siempre. M-27.7:8

 

 

    El verda­dero aprendizaje es constante, y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. T-7.V:7:5

   

    La visión de Cristo se otorga en el mismo instante en que se percibe. T-14.II:8:3

 

    Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la oscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha. T-15.I:8:4-7

 

    Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder cambiar de parecer tan radicalmente, pregún­tate a ti mismo: “¿Es mucho un instante?” ¿No le ofrecerías al Espíritu Santo un intervalo de tiempo tan corto para tu propia salvación? T-15.I:11:1-2

 

    Y cada instante que pases sin ser consciente de tu cuerpo te pro­porcionará una perspectiva diferente de él cuando regreses. T-18.VII:2:5

 

    El cuerpo es el ídolo del ego, la creencia en el pecado hecha carne y luego proyectada afuera. Esto produce lo que parece ser una muralla de carne alrededor de la mente, que la mantiene prisionera en un diminuto confín de espacio y tiempo hasta que llegue la muerte, y disponiendo de un solo instante en el que suspirar, sufrir y morir en honor de su amo. Y este instante no santo es lo que parece ser la vida: un instante de desesperación, un pequeño islote de arena seca, desprovisto de agua y sepultado en el olvido. Aquí se detiene brevemente el Hijo de Dios para hacer su ofrenda a los ídolos de la muerte y luego fallecer. Sin embargo, aquí está más muerto que vivo. No obstante, es aquí también donde vuelve a elegir entre la idolatría y el amor. Aquí se le da a escoger entre pasar dicho instante rindiéndole culto al cuerpo, o permitir que se le libere de él. Aquí puede aceptar el instante santo que se le ofrece como sustituto del instante no santo que antes había elegido. Y aquí puede finalmente darse cuenta de que las relaciones son su salvación y no su ruina. T-20.VI:11:1-9

 

    El Hijo de Dios no puede pecar, pero puede desear lo que le haría daño. Y tiene el poder de creer que puede ser herido. ¿Qué podría ser todo esto, sino una percepción falsa de sí mismo? ¿Y es esto acaso un pecado o simplemente un error? ¿Es perdonable? ¿Necesita él ayuda o condenación? ¿Es tu propósito que él se salve o que sea condenado? No olvides que lo que decidas que él es para ti, determinará tu futuro. Pues estás construyendo tu futuro ahora: el instante en el que todo el tiempo se convierte en un medio para alcanzar cualquier objetivo. Elige, pues, pero reconoce que mediante esa elección se elige el propósito del mundo que ves, el cual se justificará. T-25.III:9:1-10

 

    No hay ni un solo instante en el que la santidad de tu hermano no se pueda ver y con ello añadir abun­dante riqueza a cada diminuto fragmento y a cada pequeña migaja de felicidad que te concedes a ti mismo. T-26.I:5:4

 

    Puedes renacer en cualquier instante y recibir vida nuevamente. T-26.I:7:1

 

    El tiempo tan solo duró un instante en tu mente, y no afectó a la eternidad en absoluto. T-26.V:3:3

   

    Cada cosa que ves la viste sólo por un instante, hace mucho, antes de que su irrealidad sucumbiese ante la verdad. T-26.V:4:3

 

    Cada día, y cada minuto de cada día, y en cada instante de cada minuto, no haces sino revivir ese instante en el que la hora del terror ocupó el lugar del amor. Y así mueres cada día para vivir otra vez, hasta que cruces la brecha entre el pasado y el presente, la cual en realidad no existe. Esto es lo que es toda vida: un apa­rente intervalo entre nacimiento y muerte y de nuevo a la vida; la repetición de un instante que hace mucho que desapareció y que no puede ser revivido. Y el tiempo no es otra cosa que la creencia demente de que lo que ya pasó todavía está aquí y ahora. T-26.V:13:1-4

 

    ¡Cuán hermoso se vuelve el mundo en ese instante en el que ves la verdad acerca de ti mismo reflejada en él! C-3.8:1

Dile únicamente al Espíritu Santo: “Decide por mí”, y está hecho. T14-III.16:1

 

Deja que el Espíritu Santo sea tu Guía en todo, y no te vuelvas atrás. Confía en que Él responderá de inmediato y amorosamente a todos los que de algún modo se vean afectados por tus decisiones. Y todo el mundo se ve afectado. ¿Te echarías al hombro la responsabilidad de tener que decidir qué es lo único que redundaría en beneficio de todos? ¿Cómo ibas a saberlo? T14-III.17:4-8

 

Nunca le podrás dar al Espíritu Santo ese instante santo en favor de tu liberación mientras no estés dispuesto a dárselo a tus hermanos en favor de la suya. Pues el instante de la santidad es un instante que se comparte, y no puede ser sólo para ti. T15-I.12:1-2

 

Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos. T15-I.13:3

 

Ofrece el milagro del instante santo por medio del Espíritu Santo, y deja que sea Él Quien se encargue de dártelo a ti. T15-I.15:11

 

En este instante santo liberarás a todos tus hermanos de las cadenas que los man­tienen prisioneros y te negarás a apoyar su debilidad o la tuya. T15-II.3:6

 

Puedes practicar el mecanismo del instante santo y aprender mucho de ello. Mas no puedes suplir su deslumbrante y reluciente fulgor, que literalmente te cegará sólo con que lo veas, impidiéndote ver este mundo. T15-II.5:4-5

 

Empieza ahora a desempeñar el pequeño papel que te corres­ponde en el proceso de aislar el instante santo. T15-II.6:1

 

El instante santo es este mismo instante y cada instante. El que deseas que sea santo, lo es. El que no deseas que lo sea, lo desperdicias. En tus manos está decidir qué instante ha de ser santo. No demores esta decisión, pues más allá del pasado y del futuro, donde no podrías encontrar el instante santo, éste espera ansiosamente tu aceptación. Sin embargo, no puedes tener una conciencia feliz de él mientras no lo desees, y sólo si lo pides demuestras que lo deseas. T15-IV.1:3-9

 

En la medida en que la desees, en esa misma medida harás que se aproxime a ti. No pienses que puedes ir en busca de la salvación a tu manera y alcanzarla. Abandona cualquier plan que hayas elaborado para tu salvación y substitúyelo por el de Dios, el cual se te concederá en el momento en que pidas el instante santo. T15-IV.2:4-6

 

En el instante santo se encuentra la paz. T15-IV.4:3

 

Puedes reclamar el instante santo en cualquier momento y lugar en que lo desees. En tu práctica, procura abandonar cualquier plan que hayas (urdido). T15-IV.4:4-5

 

Utiliza el instante santo sólo para reconocer que por tu cuenta no puedes decidir (…), y que lo único que harías, sería engañarte a ti mismo. T15-IV.4:7

 

Yo me encuentro dentro del instante santo tan claramente como tú quieres que lo esté. Y el tiempo que tardes en aprender a acep­tarme, será el mismo tiempo que tardarás en hacer tuyo el instante santo. Te exhorto a que hagas que el instante santo pase a ser tuyo de inmediato, pues liberar la mente del anfitrión de Dios de la pequeñez no depende del tiempo, sino de la buena voluntad que se tenga para ello. T15-IV.5

 

El instante santo es un momento en el que se recibe y se da perfecta comuni­cación. Esto quiere decir que es un momento en el que tu mente es receptiva, tanto para recibir como para dar. El instante santo es el reconocimiento de que todas las mentes están en comunicación. Por lo tanto, tu mente no trata de cambiar nada, sino simple­mente de aceptarlo todo. T15-IV.6:5-8

 

La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. La ino­cencia no es obra tuya. Se te da en el momento en que la desees. T15-IV.9:1,3-4

 

El instante santo es el recurso de aprendizaje más útil de que dispone el Espíritu Santo para enseñarte el significado del amor. Pues su propósito es la suspensión total de todo juicio. T15-V.1:1-2

 

En el instante santo nadie es especial, pues no le impones a nadie tus necesidades personales. T15-V.8:2

 

En el instante santo la Filiación se beneficia cual una sola, y al quedar unida en tu bendición, se vuelve una para ti. T15-V.10:2

 

En el instante santo no hay conflicto de necesidades, ya que sólo hay una necesidad. T15-V.11:4

 

El instante santo se extiende hasta la eternidad. T15-V.11:5

 

En el instante santo prevalecen las leyes de Dios, que son las únicas que tienen sentido. T15-VI.5:8

 

No permitas que ninguna necesidad que percibas nuble la necesidad que tienes del instante santo. T15-VI.6:9

 

En el instante santo se recuerda a Dios, y con Él se recuerda el lenguaje con el que te comunicas con todos tus hermanos. T15-VI.8:1

 

A través del instante santo es como se logra lo que parece ser imposible, (…) pues no hay ningún deseo de excluir a nadie de tu compleción, al reconocer de súbito cuán importante es el papel que todos juegan en ella. T15-VII.14:1,6

 

El instante santo no es un sustitutivo de tu necesidad de aprender, pues el Espíritu Santo no puede dejar de ser tu Maestro hasta que el instante santo se haya extendido mucho más allá del tiempo. T15-VIII.1:1

 

Unámonos para hacer que el instante santo sea lo único que hay, al desear que sea lo único que hay. T15-VIII.2:4

 

En el instante santo no hay cuerpos, y lo único que se experimenta es la atracción de Dios. T15-IX.7:3

 

El instante santo es verdaderamente la hora de Cristo. Pues en ese instante liberador, no se culpa al Hijo de Dios por nada y, de esta manera, se le restituye su poder ilimitado. T15-X.2:1-2

 

En el instante santo se satisface la condición del amor, pues las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, y allí donde hay comunicación hay paz. T15-XI.7:1

 

Hay una manera en que el Espíritu Santo te pide que le prestes tu ayuda si quieres disponer de la Suya. El instante santo es el recurso más útil de que Él dispone para protegerte. T16-VI.3:1-2

 

¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! ¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti! T16-VI.11:6-7

 

El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le per­mitas liberarte. (…) Invócale, pues el Cielo responde a Su llamada. Y permítele que Él invoque al Cielo por ti. T16-VI.12:1,6-7

 

Hemos dicho antes que el Espíritu Santo tiene que enseñar mediante com­paraciones, y que se vale de opuestos para apuntar hacia la ver­dad. El instante santo es lo opuesto a la creencia fija del ego de que la salvación se logra vengando el pasado. En el instante santo se comprende que el pasado ya pasó, y que, con su pasar, el impulso de venganza se arrancó de raíz y desapareció. T16-VII.6:2-4

 

Puede que por algún tiempo todavía trates de llevar ilusiones al instante santo, obstaculizando así el que seas plenamente cons­ciente de la absoluta diferencia que existe con respecto a todo ­entre tu experiencia de la verdad y tu experiencia de la ilusión. T16-VII.7:1

 

En el instante santo el poder del Espíritu Santo prevalecerá por­que te habrás unido a Él. T16-VII.7:3

 

Él dio el instante santo para que te fuese dado. T16-VII.8:5

 

En el instante santo se encuentra Su recor­datorio de que Su Hijo será siempre exactamente como fue crea­do. T16-VII.8:7

 

Busca y encuentra Su mensaje en el instante santo, en el que se perdonan todas las ilusiones. Desde ahí el milagro se extiende para bendecir a todo el mundo y resolver todo problema, percí­base como grande o pequeño, como que puede ser resuelto o como que no. T16-VII.11:1-2

 

El instante santo es una miniatura del Cielo, que se te envía desde el Cielo. T17-IV.11:1

 

El instante santo es una miniatura de la eternidad. T17-IV.11:4

 

En el instante santo sólo hay curación, ya completa y perfecta. T17-IV.16:9

 

La relación santa es la expresión del instante santo mientras uno viva en este mundo. T17-V.1:1

 

El instante santo es un dispositivo práctico, del que dan fe sus resul­tados. T17-V.1:2

 

El instante santo nunca falla. La experiencia que suscita siempre se deja sentir. T17-V.1:3-4

 

Has recibido el instante santo, pero tal vez has dado lugar a una condición que te impide utilizarlo. T17-V.13:1

 

A medida que empieces a reconocer y a aceptar los regalos que tan desprendidamente has dado a tu hermano, empezarás a acep­tar asimismo los efectos del instante santo y a usarlos para corre­gir todos tus errores y liberarte de sus resultados. Y al aprender esto, habrás aprendido también cómo liberar a toda la Filiación, y cómo ofrecérsela con alegría y gratitud a Aquel que te dio tu liberación y que desea extenderla a través de ti. T17-V.15

 

El instante santo no es más que un caso especial, un ejemplo extremo, de lo que toda situación debería ser. T17-VIII.1:1

 

El instante santo es el ejemplo supremo, la demostración clara e inequívoca del significado de toda relación y de toda situación cuando se ven como un todo. T17-VIII.1:4

 

¿No desearías hacer de toda situación un instante santo? T17-VIII.3:1

 

Tú que eres ahora el portador de la salvación, tienes la función de llevar la luz a la oscuridad. La oscuridad en ti se llevó ante la luz. Lleva esa luz ahora a la oscuridad, desde el instante santo a donde llevaste tu oscuridad. Nos completamos cuando desea­mos completar. T18-III.7:1-4

 

El instante santo es el resultado de tu decisión de ser santo. T18-IV.1:1

 

El Espíritu Santo pide muy poco. Él es Quien aporta la grandeza y el poder. Él se une a ti para hacer que el instante santo sobrepase con mucho tu entendimiento. Darte cuenta de lo poco que tienes que hacer es lo que le permite a Él dar tanto. T18-IV.1:7-10

 

El milagro del instante santo reside en que estés dispuesto a dejarlo ser lo que es. T18-IV.2:8

 

La dificultad que tienes con el instante santo procede de tu arraigada convicción de que no eres digno de él. ¿Y qué es eso, sino la decisión de ser lo que tú quisie­ras hacer de ti mismo? T18-IV.3:3-4

 

El instante santo no procede únicamente de tu pequeña dosis de buena voluntad. Es siempre el resultado de combinar tu buena voluntad con el poder ilimitado de la Voluntad de Dios. T18-IV.4:1-2

 

Al prepararte para el instante santo, no intentes hacerte santo de antemano a fin de estar listo para él. Eso sería confundir tu papel con el de Dios. T18-IV.5:4-5

 

La preparación para el instante santo le corresponde a Aquel que lo da. Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas apren­der cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo. T18-IV.6:5-8

 

haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. Y te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. T18-IV.7:2-4

 

No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. Si crees que el instante santo es algo difícil, es porque te has erigido en árbitro de lo que es posible, y aún no estás dispuesto a cederle el lugar a Uno que sabe. T18-IV.8:1-2

 

Nunca solicites el instante santo después de haber tratado de eliminar por tu cuenta todo odio y temor de tu mente. Ésa es Su función. T18-V.2:1-2

 

A través de tu santa relación, renacida y bendecida en cada instante santo que tú no planees, miles de seres ascenderán hasta el Cielo junto contigo. ¿Puedes acaso planear tú eso? ¿O puedes prepararte a ti mismo para tal función? T18-V.3:1-3

 

Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. Él jamás dejará de complacer tu ruego. Pero no te olvides de que tu relación es una unidad, y, por lo tanto, es inevitable que cualquier cosa que suponga una amenaza para la paz de uno sea asimismo una amenaza para la paz del otro. El poder de haberos unido a su bendición reside en el hecho de que ahora es imposible que tú o tu hermano podáis experimentar miedo por separado, o inten­tar lidiar con él por vuestra cuenta. Jamás pienses que eso es necesario o incluso posible. Pero de la misma manera en que es imposible, es imposible también que el instante santo le llegue a uno de vosotros y no al otro. Y os llegará a ambos a petición de cualquiera de los dos. T18-V.6

 

Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuán profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos. Que recuerde esto y diga: Deseo que éste sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo. Es imposible que se me pueda conceder a mí sin él o a él sin mí. Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora. Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo, para que Su bendición pueda descender sobre nosotros, y mantenernos a los dos en paz. T18-V.7

 

En la súbita expansión de con­ciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresisti­ble atractivo del instante santo. T18-VI.14:2

 

Es imposible aceptar el instante santo sin reservas a no ser que estés dispuesto, aunque sólo sea por un instante, a no ver el pasado ni el futuro. No te puedes preparar para él sin ubicarlo en el futuro. La liberación se te concede en el instante en que la desees. T18-VII.4:1-3

 

El instante santo es la invitación que le haces al amor para que entre en tu desolado y pesaroso reino y lo transforme en un jar­dín de paz y de bienvenida. T18-VIII.11:1

 

En el instante santo, le pides al amor únicamente lo que él ofrece a todos, ni más ni menos. Y al pedirlo todo, recibirás todo. T18-VIII.11:4-5

 

El instante santo en el que tú y tu hermano os unisteis no es más que el mensajero del amor, el cual se envió desde más allá del perdón para recordarte lo que se encuentra allende el perdón. T18-IX.13:3

 

Ves cada instante santo como un punto diferente en el tiempo. Mas es siempre el mismo instante. Todo lo que jamás hubo o habrá en él se encuentra aquí ahora mismo. El pasado no le resta nada, y el futuro no le añadirá nada más. En el instante santo, entonces, se encuentra todo. T20-V.6:1-5

 

El instante santo no es un instante de creación, sino de reconocimiento. T21-II.8:2

 

El instante santo. Ahí es donde debes llevar y dejar todos tus problemas. Ahí es donde les corresponde estar, pues ahí se encuentra su solución. T27-IV.2:4-6

 

No intentes resolver ningún problema excepto desde de la seguridad del instante santo. Pues ahí el problema tiene solu­ción y queda resuelto. Fuera de él no habrá solución. T27-IV.3:1-3

 

El ins­tante santo es aquel en el que la mente está lo suficientemente serena como para poder escuchar una respuesta que no está implícita en la pregunta, que ofrece algo nuevo y distinto. T27-IV.6:9

 

Lleva más bien el problema al único lugar en el que se halla la respuesta y en el que se te ofrece amorosamente. T27-IV.7:2

 

En el ins­tante santo puedes llevar la pregunta a la respuesta y recibir la respuesta que fue formulada expresamente para ti. T27-IV.7:5

 

El instante santo es la morada de los milagros. T27-V.3:1

 

El instante santo lleva el consuelo de la paz al campo de batalla, demostrando así que la guerra no tiene efectos. T27-V.3:3

 

El instante santo sustituirá todo pecado sólo con que lleves sus efectos contigo. T27-VI.8:2

 

El Espíritu Santo, sonriendo dulcemente, percibe la causa y no presta atención a los efectos. Él te exhorta a que lleves todo efecto temible ante Él para que juntos miréis su descabellada causa y os riais juntos por un rato. Tú juzgas los efectos, pero Él ha juzgado su causa. Y mediante Su juicio se eliminan los efectos. Tal vez vengas con los ojos arrasa­dos en lágrimas, mas óyele decir: “Hermano mío, santo Hijo de Dios, contempla tu sueño fútil en el que sólo algo así podría ocu­rrir”. Y saldrás del instante santo riendo, con tu risa y la de tu hermano unida a la de Él. T27-VIII.9

 

Lleva toda forma de sufrimiento ante Aquel que sabe que cada una de ellas es como las demás. T27-VIII.12:1

 

Es imposible que alguien pueda ganar a costa de la pérdida de otro. LpI-105.1:7

 

Cada instante que antes era esclavo del tiempo se transforma ahora en un instante santo, cuando la luz que se mantenía oculta en el Hijo de Dios se libera para bendecir al mundo. LpI-194.5:3

 

Éste es el instante santo de mi liberación. LpII-227

Dile únicamente al Espíritu Santo: “Decide por mí”, y está hecho. T14-III.16:1

 

Deja que el Espíritu Santo sea tu Guía en todo, y no te vuelvas atrás. Confía en que Él responderá de inmediato y amorosamente a todos los que de algún modo se vean afectados por tus decisiones. Y todo el mundo se ve afectado. ¿Te echarías al hombro la responsabilidad de tener que decidir qué es lo único que redundaría en beneficio de todos? ¿Cómo ibas a saberlo? T14-III.17:4-8

 

Nunca le podrás dar al Espíritu Santo ese instante santo en favor de tu liberación mientras no estés dispuesto a dárselo a tus hermanos en favor de la suya. Pues el instante de la santidad es un instante que se comparte, y no puede ser sólo para ti. T15-I.12:1-2

 

Es imposible que alguien pueda ganar a costa de la pérdida de otro. LpI-105.1:7

 

Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos. T15-I.13:3

 

Ofrece el milagro del instante santo por medio del Espíritu Santo, y deja que sea Él Quien se encargue de dártelo a ti. T15-I.15:11

 

El instante santo es este mismo instante y cada instante. El que deseas que sea santo, lo es. El que no deseas que lo sea, lo desperdicias. En tus manos está decidir qué instante ha de ser santo. No demores esta decisión, pues más allá del pasado y del futuro, donde no podrías encontrar el instante santo, éste espera ansiosamente tu aceptación. Sin embargo, no puedes tener una conciencia feliz de él mientras no lo desees, y sólo si lo pides demuestras que lo deseas. T15-IV.1:3-9

 

En la medida en que la desees, en esa misma medida harás que se aproxime a ti. No pienses que puedes ir en busca de la salvación a tu manera y alcanzarla. Abandona cualquier plan que hayas elaborado para tu salvación y substitúyelo por el de Dios, el cual se te concederá en el momento en que pidas el instante santo. T15-IV.2:4-6

 

Puedes reclamar el instante santo en cualquier momento y lugar en que lo desees. En tu práctica, procura abandonar cualquier plan que hayas (urdido). T15-IV.4:4-5

 

¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! ¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti! T16-VI.11:6-7

 

El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le per­mitas liberarte. (…) Invócale, pues el Cielo responde a Su llamada. Y permítele que Él invoque al Cielo por ti. T16-VI.12:1,6-7

 

Cuando sientas que la santidad de tu relación se ve amenazada por algo, detente de inmediato y, a pesar del temor que puedas sentir, ofrécele al Espíritu Santo tu consentimiento para que Él cambie ese instante por el instante santo que preferirías tener. Él jamás dejará de complacer tu ruego. Pero no te olvides de que tu relación es una unidad, y, por lo tanto, es inevitable que cualquier cosa que suponga una amenaza para la paz de uno sea asimismo una amenaza para la paz del otro. El poder de haberos unido a su bendición reside en el hecho de que ahora es imposible que tú o tu hermano podáis experimentar miedo por separado, o inten­tar lidiar con él por vuestra cuenta. Jamás pienses que eso es necesario o incluso posible. Pero de la misma manera en que es imposible, es imposible también que el instante santo le llegue a uno de vosotros y no al otro. Y os llegará a ambos a petición de cualquiera de los dos. T18-V.6

 

Él que esté más cuerdo de los dos en el momento en que se perciba la amenaza, debe recordar cuán profundo es su endeuda­miento con el otro y cuánta gratitud le debe, y alegrarse de poder pagar esa deuda brindando felicidad a ambos. Que recuerde esto y diga:

 

Deseo que éste sea un instante santo para mí, a fin de compartirlo con mi hermano, a quien amo. Es imposible que se me pueda conceder a mí sin él o a él sin mí. Pero nos es totalmente posible compartirlo ahora. Elijo, por lo tanto, ofrecerle este instante al Espíritu Santo, para que Su bendición pueda descender sobre nosotros, y mantenernos a los dos en paz. T18-V.7

 

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz. LpI-361-365

El instante santo es un acuerdo que realizamos con el Espíritu para que el pasado no contamine el presente.

 

La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar. La ino­cencia no es obra tuya. Se te da en el momento en que la desees. T15-IV.9

 

El instante santo es el recurso de aprendizaje más útil de que dispone el Espíritu Santo para enseñarte el significado del amor. Pues su propósito es la suspensión total de todo juicio. T15-V.1:1-2

 

Hay una manera en que el Espíritu Santo te pide que le prestes tu ayuda si quieres disponer de la Suya. El instante santo es el recurso más útil de que Él dispone para protegerte. T16-VI.3:1-2

 

Busca y encuentra Su mensaje en el instante santo, en el que se perdonan todas las ilusiones. Desde ahí el milagro se extiende para bendecir a todo el mundo y resolver todo problema, percí­base como grande o pequeño, como que puede ser resuelto o como que no. T16-VII.11:1-2

 

La relación santa es la expresión del instante santo mientras uno viva en este mundo. T17-V.1:1

 

El instante santo es un dispositivo práctico, del que dan fe sus resul­tados. T17-V.1:2

 

El instante santo nunca falla. La experiencia que suscita siempre se deja sentir. T17-V.1:3-4

 

El instante santo no es más que un caso especial, un ejemplo extremo, de lo que toda situación debería ser. T17-VIII.1:1

 

El instante santo es el ejemplo supremo, la demostración clara e inequívoca del significado de toda relación y de toda situación cuando se ven como un todo. T17-VIII.1:4

 

¿No desearías hacer de toda situación un instante santo? T17-VIII.3:1

 

Tú que eres ahora el portador de la salvación, tienes la función de llevar la luz a la oscuridad. La oscuridad en ti se llevó ante la luz. Lleva esa luz ahora a la oscuridad, desde el instante santo a donde llevaste tu oscuridad. Nos completamos cuando desea­mos completar. T18-III.7:1-4

 

El instante santo es el resultado de tu decisión de ser santo. T18-IV.1:1

 

En la súbita expansión de con­ciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresisti­ble atractivo del instante santo. T18-VI.14:2

 

El instante santo es la invitación que le haces al amor para que entre en tu desolado y pesaroso reino y lo transforme en un jar­dín de paz y de bienvenida. T18-VIII.11:1

 

Ves cada instante santo como un punto diferente en el tiempo. Mas es siempre el mismo instante. Todo lo que jamás hubo o habrá en él se encuentra aquí ahora mismo. El pasado no le resta nada, y el futuro no le añadirá nada más. En el instante santo, entonces, se encuentra todo. T20-V.6:1-5

 

El instante santo no es un instante de creación, sino de reconocimiento. T21-II.8:2

 

El instante santo. Ahí es donde debes llevar y dejar todos tus problemas. Ahí es donde les corresponde estar, pues ahí se encuentra su solución. T27-IV.2:4-6

 

No intentes resolver ningún problema excepto desde de la seguridad del instante santo. Pues ahí el problema tiene solu­ción y queda resuelto. Fuera de él no habrá solución. T27-IV.3:1-3

 

El ins­tante santo es aquel en el que la mente está lo suficientemente serena como para poder escuchar una respuesta que no está implícita en la pregunta, que ofrece algo nuevo y distinto. T27-IV.6:9

 

El instante santo es la morada de los milagros. T27-V.3:1

 

El instante santo lleva el consuelo de la paz al campo de batalla, demostrando así que la guerra no tiene efectos. T27-V.3:3

 

 

Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar (…), pregún­tate a ti mismo: “¿Es mucho un instante?” ¿No le ofrecerías al Espíritu Santo tan poco de tu tiempo para tu salvación? Él no te pide nada más, pues no tiene necesidad de nada más. Requiere mucho más tiempo enseñarte a que estés dis­puesto a darle a Él esto que lo que Él tarda en valerse de ese ínfimo instante para ofrecerte el Cielo en su totalidad. T15-I.11:1-4

 

¿Cuánto dura un instante? Dura tan poco para tu hermano como para ti. Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos aquellos que están esclavizados por el tiempo, haciendo así que para ellos éste se convierta en su amigo. Mediante tu dación, el Espíritu Santo te da a ti el bendito instante que tú les das a tus hermanos. Al tú ofrecerlo, Él te lo ofrece a ti. No seas reacio a dar lo que quieres recibir de Él, pues al dar te unes a Él. En la crista­lina pureza de la liberación que otorgas radica tu inmediata libe­ración de la culpabilidad. Si ofreces santidad no puedes sino ser santo. T15-I.13

 

¿Cuánto dura un instante? Dura el tiempo que sea necesario para restablecer la perfecta cordura, la perfecta paz y el per­fecto amor por todo el mundo, por Dios y por ti; el tiempo que sea necesario para recordar la inmortalidad y a tus creaciones inmortales que la comparten contigo; el tiempo que sea necesa­rio para intercambiar el infierno por el Cielo. Dura el tiempo suficiente para que puedas trascender todo lo que el ego ha hecho y ascender hasta tu Padre. T15-I.14

 

Yo me encuentro dentro del instante santo tan claramente como tú quieres que lo esté. Y el tiempo que tardes en aprender a acep­tarme, será el mismo tiempo que tardarás en hacer tuyo el instante santo. T15-IV.5:1-2

 

 

haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. Y te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. T18-IV.7

 

No te olvides de que fue tu propia decisión hacer que todo lo que es natural y fácil, para ti fuese imposible. Si crees que el instante santo es algo difícil, es porque te has erigido en árbitro de lo que es posible, y aún no estás dispuesto a cederle el lugar a Uno que sabe. T18-IV.8:1-2

 

El Espíritu Santo pide muy poco. Él es Quien aporta la grandeza y el poder. Él se une a ti para hacer que el instante santo sobrepase con mucho tu entendimiento. Darte cuenta de lo poco que tienes que hacer es lo que le permite a Él dar tanto. T18-IV.1:7-10

 

El instante santo no procede únicamente de tu pequeña dosis de buena voluntad. Es siempre el resultado de combinar tu buena voluntad con el poder ilimitado de la Voluntad de Dios. T18-IV.4:1-2

 

La preparación para el instante santo le corresponde a Aquel que lo da. Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas apren­der cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo. T18-IV.6:5-8

 

 

Otra forma de describir los objetivos que ahora percibes es decir que sólo tienen que ver con tus intereses “personales”. LpI-25.3

 

Esto quiere decir que los egos se unen en alianzas temporales, pero siempre para ver qué es lo que cada uno puede obtener para sí mismo. T6-V.A.5

 

Desde este punto de vista, buscamos en otros lo que consideramos que nos falta a nosotros. “Amamos” a otro con el objeto de ver que podemos sacar de él. De hecho, a esto es a lo que en el mundo de los sueños se le llama amor. No puede haber mayor error que ése, pues el amor es incapaz de exigir nada. Prefacio-¿Qué postula?.xiv

 

Pero puesto que no tienes intereses personales, tus objetivos en reali­dad no guardan ninguna relación con nada. LpI-25.3

 

Por lo tanto, para poder tener, da todo a todos. T6-V.A

Sólo hay una forma sensata de interpretar motivos. Y por tra­tarse del juicio del Espíritu Santo, no requiere esfuerzo alguno por tu parte. Todo pensamiento amoroso es verdadero. Todo lo demás es una petición de ayuda y de curación, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un hermano? Ninguna reacción podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo. T12-I.3

 

Si crees que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionarás ante esa otra cosa. Tu reacción, por lo tanto, será inadecuada a la realidad tal como ésta es, pero no a la percepción que tú tienes de ella. T12-I.3

 

La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia. T12-I.6

 

Al aplicar cada vez más la interpretación del Espíritu Santo a las reacciones de otros, irás cobrando mayor conciencia de que Su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. T12-I.8

 

En esto radica el valor prin­cipal de Aprender a percibir el ataque como una petición de amor. T12-I.8

    La relación que existe entre la ira y el ataque es obvia, pero la relación que existe entre la ira y el miedo no es siempre tan evi­dente. La ira siempre entraña la proyección de la separación, lo cual tenemos que aceptar, en última instancia, como nuestra pro­pia responsabilidad, en vez de culpar a otros por ello. No te puedes enfadar a no ser que creas que has sido atacado, que está justificado contraatacar y que no eres responsable de ello en absoluto. T.6:In:1:1-3

 

    La proyección implica ira, la ira alienta la agresión y la agresión fomenta el miedo. T.6:I:3:3

 

    La proyección y el ataque están inevitablemente relacionados, ya que la proyección es siempre un medio para justificar el ataque. Sin proyección no puede haber ira. T.6:II:3:5-6

 

    Sólo hay una forma sensata de interpretar motivos. Y por tra­tarse del juicio del Espíritu Santo, no requiere esfuerzo alguno por tu parte. Todo pensamiento amoroso es verdadero. Todo lo demás es una petición de ayuda y de curación, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un hermano? T.12:I:3:1-5

 

    Identificarte con el ego es atacarte a ti mismo y empobrecerte. Por eso es por lo que todo aquel que se identifica con el ego se siente desposeído. Lo que experimenta entonces es depresión o ira, ya que lo que hizo fue intercambiar su amor hacia Sí Mismo por odio hacia sí mismo, y, como consecuencia de ello, tiene miedo de sí mismo. T.12:III:6:1-3

 

    Tu pasado fue engendrado con ira, y si te vales de él para atacar el presente, serás incapaz de ver la liberación que éste te ofrece. T.13:VI:5:7

 

    Al ego le es imposible entablar ninguna relación sin ira, pues cree que la ira le gana amigos. T.15:VII:2:3

 

    El ego no le desea el bien a nadie. No obstante, su supervivencia depende de que tú creas que estás exento de sus malas intencio­nes. Te dice, por lo tanto, que si accedes a ser su anfitrión, te permitirá proyectar su ira afuera y, de este modo, te protegerá. Y así se embarca en una interminable e insatisfactoria cadena de relaciones especiales, forjadas con ira y dedicadas exclusiva­mente a fomentar tan sólo la creencia descabellada de que cuanta más ira descargues fuera de ti mismo, más a salvo te encontrarás. T.15:VII:4:3-6

 

    Cada vez que te enfadas, puedes estar seguro de que has enta­blado una relación especial que el ego ha “bendecido”, pues la ira es su bendición. La ira se manifiesta de muchas formas, pero no puede seguir engañando por mucho tiempo a los que se han dado cuenta de que el amor no produce culpabilidad en absoluto, y de que lo que produce culpabilidad no puede ser amor, sino ira. La ira no es más que un intento de hacer que otro se sienta culpable, y este intento constituye la única base que el ego acepta para las relaciones especiales. La culpabilidad es la única necesidad del ego, y mientras te sigas identificando con él, la culpabilidad te seguirá atrayendo. T.15:VII:10:1-4

 

    ¿Qué es, entonces, lo que aún hay que deshacer para que pue­das darte cuenta de Su Presencia? Solamente esto: la distinción que todavía haces con respecto a cuando está justificado atacar y cuando es injusto y no se debe permitir. Cuando percibes un ataque como injusto, crees que reaccionar con ira está justificado. T.26:X:1:1-3

 

    El “razonamiento” que da lugar al mundo, sobre el que des­cansa y mediante el cual se mantiene vigente, es simplemente éste: “Tú eres la causa de lo que yo hago. Tu sola presencia justifica mi ira, y existes y piensas aparte de mí. Yo debo ser el inocente, ya que eres tú el que ataca. Y lo que me hace sufrir son tus ataques”. T.27:VII:3:1-4

 

    La enfermedad no es sino la ira que se ha descargado contra el cuerpo para que sufra. Es la consecuencia natural de lo que se hizo en secreto. T.28:VI:5:1-2

 

    Cuando te invade la ira, ¿no es acaso porque alguien no llevó a cabo la función que tú le habías asignado? ¿Y no se convierte esto en la “razón” que justifica tu ataque? Los sueños que crees que te gustan son aquellos en los que las funciones que asignaste se cum­plieron, y las necesidades que te adscribiste, fueron satisfechas. T.29:IV:4:1-3

 

    La ira nunca está justificada. El ataque no tiene fundamento. Con esto comienza uno a escapar del miedo, y con esto también es como lo logrará. T.30:VI:1:1-3

 

    No le des la mano con ira, sino con amor, pues su progreso es el tuyo propio. T.31:II:6:8

 

    La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia. L.pI:22:2:3-5

 

    Habiendo proyectado su ira sobre el mundo, lo que ve es la venganza a punto de devolverle el golpe. De esta manera, percibe su propio ataque como un acto en defensa propia. L.pI:22:1:2-3

 

    El mundo no puede sino ponerte a la defensiva. Pues la ame­naza produce ira, y la ira hace que el ataque parezca razonable, que ha sido honestamente provocado y que está justificado por haber sido en defensa propia. L.pI:153:2:1-2

 

    La ira procede de los juicios. Y los juicios son el arma que utilizo contra mí mismo a fin de mantener el milagro alejado de mí. L.pII:347

 

    Dado que la ira procede de una interpretación y no de un hecho, nunca está justificada. Una vez que esto se entiende, aunque sólo sea en parte, el camino queda despejado. M.17:8:6-7

 

    La ira no hace más que proferir a gritos: “¡La culpabilidad es real!” M.18:3:1

 

    La mentalidad errada escucha al ego y teje ilusiones; percibe el pecado, justifica la ira, y considera que la culpabilidad, la enfer­medad y la muerte son reales. C.1:6:1

 

Error fundamental: la creencia de que la ira le ofrece algo que en realidad desea, y de que al justificar el ataque se está protegiendo a sí mismo. P2-In.1:5

Las necesidades de nuestros hermanos se vuelven las nuestras, porque son nuestros compañeros en la jornada de regreso a Dios. Prefacio xvi

 

La crucifixión fue la última jornada inútil que la Filiación tuvo que emprender. T6-I.2:6

 

Nuestra jornada es simplemente la de regreso a Dios que es nuestro hogar. T8-V.5:4

 

En esta jornada me has elegido a mí de compañero en vez de al ego. No trates de aferrarte a ambos, pues si lo haces estarás tratando de ir en direccio­nes contrarias y te perderás. T8-V.5:8-9

 

La jornada es el camino que conduce a lo que es verdad. T8-V.6:5

 

Comenzamos nuestra jornada de regreso juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. T8-VI.1:2

 

Sea cual sea la jornada que decidas emprender, Él irá contigo y esperará. Puedes confiar plenamente en Su paciencia, pues Él no puede abandonar a ninguna parte de Dios. Mas tú necesitas mucho más que paciencia. T11-II.5:7-9

 

La jornada tenebrosa no es el camino que el Hijo de Dios desea recorrer. T11-III.4:5

 

Cuando vagas sin rumbo no haces sino emprender una jornada que no es real. T11-III.5:4

 

Aprende a mantenerte sereno en medio de la agitación, pues la quietud supone el final de la lucha y en esto consiste la jornada a la paz. T12-II.5:5

 

¿No te das cuenta de que el ego sólo puede embarcarte en una jornada que únicamente puede conducirte a una sensación de futilidad y depresión? T12-IV.4:1

 

La jornada en la que el Espíritu Santo es tu Guía es la jornada que te conduce al triunfo. T12-IV.4:6

 

La jornada que juntos emprendemos es el intercambio de la oscuridad por la luz, y el de la ignorancia por el entendimiento. T14-VI.1:1

 

La jornada que se hace en solitario está destinada al fracaso porque ha excluido lo que quiere encontrar. T14-X.10:7

 

Tal fue la jornada; tal su final. T19-IV.A.6:9

 

Una jornada desprovista de propósito sigue siendo algo absurdo. T19-IV.D.10:5

 

No hay momento de la jornada más frus­trante y desalentador, que aquel en el que te detienes ahí donde el camino se bifurca, indeciso con respecto a qué rumbo seguir. T22-IV.1:8

 

¡Cuán felices os sentiréis de estar juntos después de una jornada tan larga y solita­ria en la que caminabais por separado! T22-IV.4:3

 

El final de la jornada se encuentra en el lugar de la paz. T23-I.4:2

 

La mano de Cristo es lo único que se puede asir. No hay otra jornada, salvo caminar con Él. T24-V.7:9-10

 

Nada se opone a la Voluntad de Dios ni hay necesidad de que repitas una jornada que hace mucho que con­cluyó. T26-V.14:4

 

La jornada llega a su fin, y acaba donde comenzó. T31-VIII.12:3

 

El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos. T2-VIII.3

 

El ego vive literalmente de tiempo prestado, y sus días están contados. No tengas miedo del Juicio Final, sino que, por el con­trario, dale la bienvenida sin más demora, pues el tiempo de que el ego dispone lo “toma prestado” de tu eternidad. Éste es el Segundo Advenimiento, el cual se concibió para ti de la misma manera en que el Primero fue creado. El Segundo Advenimiento es simplemente el retorno de la cordura. 5¿Cómo iba a ser esto temible? T9-IV.9

Con la vara que midas, serás medido. Mateo 7:2

 

Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Esto no puede ser verdad a menos que también creas que aquello contra lo que has juzgado no existe. Obvia­mente no crees esto, pues, de lo contrario, no lo habrías juzgado. En última instancia, no importa si tus juicios son acertados o no, pues, en cualquier caso, estás depositando tu fe en lo irreal. Esto es inevitable, independientemente del tipo de juicio de que se trate, ya que juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca. T3-VI.2:7-12

 

Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. T.3:VI:2:7

 

Juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca. T.3:VI:2:12

 

Tal vez creas que juzgas a tus hermanos por los mensajes que ellos te envían a ti, pero por lo que los juzgas es por los mensajes que tú les envías a ellos. T.10:V:2:3

 

Te juzgas a ti mismo de acuerdo con lo que enseñas. T.16:III:2:3

   

¿Cómo puede despertar el Hijo de Dios de este sueño? Es un sueño de juicios. Para despertar, por lo tanto, tiene que dejar de juzgar. T29-IX.2

La ley más básica de Dios: que el amor crea amor y nada más que amor. T25-III.1:6

T11-V.7 T11.6 [49] 38 Hemos dicho que la regla del ego es “Busca, pero no halles”.

 

M13.5 M13.5 41 “Busca, pero no halles” sigue siendo el decreto implacable de este mundo, y nadie que persiga las metas del mundo puede eludirlo.

 

Ésta es la ley que el milagro obedece: la curación no ve diferencias en absoluto. T27-II.7

Sin proyección no puede haber ira, pero también es verdad que sin extensión no puede haber amor. Todo ello refleja una ley fundamental de la mente que siempre está en vigor. Es la ley mediante la cual creas. Es la ley de la extensión o de la privación. Produce, por lo tanto, abundancia o esca­sez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. T7-VIII.1

 

Es la única ley que siempre está en vigor. Produce, por lo tanto, abundancia o esca­sez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. Ésta es la ley de la creación: que cada idea que la mente conciba sólo sirva para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que la voluntad dispone verdaderamente. T26-VII.13

    Eres libre de elegir. Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. Más si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor. L.pI:189:5:2-5

 

    La mente no puede atacar, pero puede forjar fantasías y ordenarle al cuerpo que las exteriorice. T.18:VI:3:5

En la medida en que atribuyas valor a la culpabilidad, en esa misma medida percibirás un mundo en el que el ataque está justi­ficado. 2En la medida en que reconozcas que la culpabilidad no tiene sentido, en esa misma medida percibirás que el ataque no puede estar justificado. 3Esto concuerda con la ley fundamental de la percepción: ves lo que crees que está ahí, y crees que está ahí porque quieres que lo esté. 4La percepción no está regida por ninguna otra ley que ésa. 5Todo lo demás se deriva de ella, para sustentarla y darle apoyo. T25-III.1

 

La ley básica de la percep­ción es: “Te regocijarás con lo que veas, pues lo ves para regoci­jarte”. T25-IV.2:1

 

Las leyes de la percepción tie­nen que ser invertidas, pues son una inversión de las leyes de la verdad. Las leyes de la verdad son eternamente ciertas y no se pueden invertir. No obstante, se pueden percibir al revés. Y esto debe corregirse allí donde se encuentra la ilusión de que han sido invertidas. T.26:VII:5:2-4

T23-II.2 T23.3 [20] 8 Primera ley del caos: la primera ley caótica es que la verdad es diferente para cada persona.

 

T23-II.4 T23.3 [22] 19 Segunda ley del caos: la segunda ley del caos, ciertamente muy apreciada por todos los que veneran el pecado, es que cada uno tiene necesariamente que pecar y, por consiguiente, merece que se le ataque y se le mate.

 

T23-II.6 T23.3 [24] 32 Tercera ley del caos: he aquí un principio que pretende definir cómo debe ser el Creador de la Realidad; lo que debe pensar y lo que debe creer; y, creyéndolo, cómo debe responder.

 

T23-II.9 T23.3 [27] 50 Cuarta ley del caos: el ego valora únicamente lo que toma para sí. 51 Esto conduce a la cuarta ley del caos, que, de aceptarse las anteriores, tiene que ser verdadera. 52 Esta apariencia de ley es la creencia de que lo que te has apropiado es tuyo. 53 Según esto, la pérdida de otro se convierte en tu ganancia y, por consiguiente, no reconoce que tú nunca puedes quitar nada a otro que no seas Tú Mismo.

Los reflejos se ven en la luz. 2 En las tinieblas es difícil verlos, y su significado parece encontrarse únicamente en interpretaciones cambiantes en lugar de en sí mismos. 3 El reflejo de Dios no necesita interpretación. 4 Es claro. 5 Limpia el espejo, y no habrá nadie que no pueda entender el mensaje que refulge desde él para que todos lo vean. 6 Ese mensaje es el que el Espíritu Santo pone frente al espejo que se encuentra en todos. 7 Todos lo reconocen porque se les ha enseñado que tienen necesidad de él, pero no saben dónde buscar para encontrarlo. 8 Deja, por lo tanto, que lo vean en ti y que lo compartan contigo. T14-IX.6

 

T14.5 [43] 48 Limítense a limpiar el espejo, y nadie dejará de comprender el mensaje que irradia.

 

Si pudieras darte cuenta, aunque sólo fuese por un instante, del poder curativo que el reflejo de Dios que brilla en ti puede brindar a todo el mundo, apenas podrías esperar a limpiar el espejo de tu mente a fin de que pudiese recibir la imagen de santidad que sana al mundo. 2 La imagen de santidad que refulge en tu mente no se encuentra oculta ni jamás podrá cambiar. 3 Su significado le resulta evidente a todo aquel que la contempla, pues todos la perciben de la misma manera. 4 Todos llevan sus diferentes problemas ante su luz sanadora y allí todos quedan resueltos. T14-IX.7

 

T14.5 [44] 52 Si tan solo pudiesen darse cuenta, aunque sólo fuese por un instante, del poder curativo que el reflejo de Dios —que brilla en ustedes— puede aportar al mundo entero, difícilmente podrían esperar a limpiar el espejo de su mente, a fin de recibir la imagen de la santidad que cura al mundo.

 

Y cuando el recuerdo de Dios haya llegado a ti en el santo lugar del perdón, no recordarás nada más y la memoria será tan inútil como el aprendizaje, pues tu único propósito será crear. 2 Mas no podrás saber esto hasta que toda percepción haya sido limpiada y purificada y finalmente eliminada para siempre. 3 El perdón deshace únicamente lo que no es verdad, despejando las sombras del mundo y conduciéndolo—sano y salvo dentro de su dulzura—al mundo luminoso de la nueva y diáfana percepción. 4 Allí se encuentra tu propósito ahora. 5 Y es allí donde te aguarda la paz. T18-IX.14

 

T28-IV.8 T28.5 [44] 52 La función del Espíritu Santo es tomar la imagen hecha pedazos del Hijo de Dios, y volver a poner cada uno en su lugar. 53 Esta santa imagen —completamente curada– es la que el Espíritu Santo muestra a cada fragmento separado que cree ser una imagen en sí mismo. 54 A cada uno, le ofrece su verdadera identidad —representada por la imagen completada— en vez del pedacito roto, que antes insistía en ser él. 55 Y, cuando vea esta imagen, se reconocerá a Sí Mismo. 56 Si no compartes el sueño de maldad de tu hermano, ésta será la imagen que el milagro colocará en la pequeña brecha, ahora limpia de todas las semillas de enfermedad y pecado. 57 Y ahí el Padre recibirá a Su Hijo, porque Su Hijo fue bondadoso consigo mismo.

 

L192.4 L192.4 16 El que perdona observa tranquilamente todas las cosas que son desconocidas en el Cielo, las ve desaparecer y deja al mundo como una pizarra limpia y sin trazos, en la que la Palabra de Dios puede reemplazar ahora a los absurdos símbolos antes escritos allí. 17 Perdonar es el medio por el que se supera el miedo a la muerte, pues ésta deja de ejercer su poderosa atracción y desaparece la culpa.

 

 

¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio. Mateo 23:26

 

¿Por qué laváis el exterior del cáliz? ¿No notáis que quien crea el interior, también es quien crea el exterior? Tomás 89