La vida es tan buena maestra que te repite las lecciones hasta que las aprendes
T31-VIII.3 T31.8 [87] 14 Las pruebas por las que pasas no son otra cosa que las lecciones que no lograste aprender, que se te presentan nuevamente a fin de que donde antes tomaste una decisión equivocada, ahora puedas hacer una mejor y, así, escapar del dolor que te ocasionó lo que habías decidido previamente.
El ladrón piensa que todo el mundo es de su misma condición
T14-IV.10 T14.2 [4] 1 Los que están libres de culpa y los que sienten culpa son totalmente incapaces de comprenderse unos a otros. 2 Cada uno percibe al otro como se percibe a sí mismo, y esto impide que se comuniquen entre sí porque cada uno ve al otro de modo distinto a cómo éste se ve a sí mismo.
El que elige consejero, ya ha elegido el consejo
T8-VIII.4 T8.8 [74] 33 Una afirmación más sincera sería como sigue: 34 Los que quieren al ego están predispuestos a defenderlo. 35 Por consiguiente, se debería desconfiar desde un principio de los testigos que escojan. 36 El ego no convoca testigos que disientan de su caso, como tampoco lo hace el Espíritu Santo. 37 Hemos dicho que juzgar es la función del Espíritu Santo, función para cuyo cumplimiento está perfectamente capacitado. 38 Pero cuando el ego actúa como juez, hace de todo menos juzgar imparcialmente. 39 Cuando el ego convoca un testigo es porque ya lo ha convertido previamente en un aliado.
Al que tiene más se le dará más, y al que tiene menos, se le quitará lo poco que tiene
Al que tiene más, se le dará más, y al que tiene menos, se le quitará lo poco que tiene. Dicho 41 Evangelio de Tomás.
Todo depende de los pensamientos. Por eso, el dinero llama al dinero (quien tiene en su mano, a él se dará más), y a perro flaco todo son pulgas (quien no tiene, se le quitará aún lo poco que tiene).
Los milagros curan porque suplen una falta; los obran aquellos que temporalmente tienen más para aquellos que temporalmente tienen menos. T1-I.8
Ésta es la ley de la creación: cada idea que la mente concibe sólo sirve para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con respecto a lo que se desea verdaderamente. T26-VII.13
Sin proyección no puede haber ira, pero también es verdad que sin extensión no puede haber amor. Todo ello refleja una ley fundamental de la mente que siempre está en vigor. Es la ley mediante la cual creas. Es la ley de la extensión o de la privación. Produce, por lo tanto, abundancia o escasez, dependiendo de cómo eliges aplicarla. T7-VIII.1
Se ha dicho correctamente que a aquel que tiene se le dará. Porque tiene, puede dar. Y porque da, se le dará. P3-III.5
Cuando la Biblia dice “No juzguéis y no seréis juzgados” lo que quiere decir es que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia. T3-VI.1
Los panes y los peces
Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Mateo 14:13-21
M6.4 M6.4 34 La cesta de Dios nunca puede estar vacía. 35 Y si falta un presente, no estaría llena. 36 No obstante, es Dios Quien garantiza que esté llena. 37 Por consiguiente, ¿por qué habría de preocuparse un Maestro de Dios por lo que suceda con sus presentes? 38 Al ser Dios Quien se los da a Sí Mismo, ¿quién, en este intercambio santo, va a recibir menos que todo?
L105.1 L105.1 1 Los dones se multiplicarán a medida que los recibamos. 4 No son como los regalos que el mundo da, en los que el que da pierde al dar el regalo y el que lo recibe se enriquece a costa de la pérdida sufrida por el que dio.
L105. L105.2 6 Los presentes que verdaderamente se dan no entrañan pérdida alguna. 7 Es imposible que uno pueda ganar a costa de la pérdida de otro.
L105.3 L105.416 Los dones de Dios nunca disminuyen cuando se dan. 17 Por el contrario, se incrementan.
El hijo pródigo
T8.6 [44] 18 Escucha la parábola del hijo pródigo, y aprende cuál es el Tesoro de Dios y cuál el tuyo: Este hijo de un padre amoroso abandonó su hogar y pensó que había derrochado todo a cambio de nada de valor, si bien, en su momento, no sabía que no valían nada. 19 Le daba vergüenza volver a su padre, porque pensaba que lo había herido. 20 Pero cuando regresó a casa, su padre lo recibió con alegría porque su hijo era su único tesoro. 21 El padre no quería nada más.
Este hijo (nosotros, espíritus Hijos de Dios) de un padre amoroso (Dios) abandonó su hogar (la Eternidad) y pensó (soñó que creaba el mundo y lo que hay en él) que había derrochado todo a cambio de nada de valor (pues las cosas materiales que creó en este mundo no le dan sentido a su vida), si bien, en su momento, no sabía que no valían nada (pues creyó durante demasiado tiempo que las posesiones materiales calmarían su vacío interior). Le daba vergüenza volver a su padre (despertar a nuestra verdadera Realidad en espíritu puro e infinito), porque pensaba que lo había herido (y que iba a ser castigado por ello). Pero cuando regresó a casa (despertó), su padre lo recibió con alegría porque su hijo era su único tesoro. El padre no quería nada más. (No vamos a ser castigados por soñar con el miedo, la culpa y el pecado: sólo era un sueño.)
T10.V.7:1-2 T9.11 [99] 39-40 Tu Padre no te ha negado. Él no toma represalias pero sí te pide que regreses.
Jeremías 10:5-4
Jeremías 10:5-4 Los ídolos de las naciones son plata y oro, hecha de manos de hombres. Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, orejas tienen y no oyen; tienen narices y no huelen; manos tienen mas no palpan; tienen pies y no andan. Semejante a ellos son los que lo hacen.
T29-VII.5 T29.8 [47] 29 Los ídolos tienen que desmoronarse porque no tienen Vida, y lo que no tiene vida es signo de muerte. 30 Viniste a morir, por consiguiente, ¿qué otra cosa puedes esperar que no sea percibir los signos de la muerte que buscas? 31 Ni la tristeza ni el sufrimiento proclaman otro mensaje que el de haber hallado un ídolo que representa una parodia de la Vida: este ídolo carente de Vida es realmente la muerte, pero tú lo consideras real y le has dado una forma viviente. 32 No obstante, cada ídolo ha de fracasar, derrumbarse y declinar, porque ninguna forma de muerte puede ser la Vida, y lo que se sacrifica no puede ser completo.
Evangelion de Felipe
Felipe 90 Los que dicen que primero morirán y luego resucitarán están en un error. Si no reciben primero la resurrección estando vivos, al morir no recibirán nada.
Tratado de la Resurrección La existencia humana ordinaria es la muerte espiritual. La resurrección es el momento de la iluminación. Es la revelación de lo que existe realmente.
T6-V.A.1 T6.6.1 [61] 1 Cuando tu cuerpo, tu ego y tus sueños hayan desaparecido sabrás que eres eterno. 2 Tal vez pienses que esto se logra con la muerte, pero con la muerte no se logra nada porque la muerte no es nada. 3 Todo se logra con la vida, y la vida es de la mente y se encuentra en la Mente. 4 El cuerpo realmente ni vive ni muere, porque no te puede contener a ti, que realmente eres Vida. 5 Si compartimos la misma mente, puedes superar la muerte, puesto que yo lo hice. 6 La muerte es un intento de resolver conflictos sin querer tomar ninguna decisión. 7 Al igual que todas las demás soluciones imposibles que el ego propugna, ésta tampoco resultará.
Daniel en el foso de los leones
Daniel 6:1-28 El rey Darío decidió nombrar ciento veinte gobernadores regionales para que se encargaran de las distintas partes del reino. Al frente de ellos puso tres supervisores, para que vigilaran la administración de los gobernadores, con el fin de que el rey no saliera perjudicado en nada. Uno de los supervisores era Daniel, quien pronto se distinguió de los otros supervisores y jefes regionales por su gran capacidad; por eso el rey pensó en ponerlo al frente del gobierno de la nación. Los supervisores y gobernadores buscaron entonces un motivo para acusarlo de mala administración del reino, pero como Daniel era un hombre honrado, no le encontraron ninguna falta; por lo tanto no pudieron presentar ningún cargo contra él. Sin embargo, siguieron pensando en el asunto, y dijeron: «No encontraremos ningún motivo para acusar a Daniel, a no ser algo que tenga que ver con su religión.»
Así pues, los supervisores y gobernadores se pusieron de acuerdo para ir a hablar con el rey Darío, y cuando estuvieron en su presencia le dijeron:
—¡Que viva Su Majestad para siempre! Todas las autoridades que gobiernan la nación han tenido una junta, en la que acordaron la publicación de un decreto real ordenando que, durante treinta días, nadie dirija una súplica a ningún dios ni hombre, sino sólo a Su Majestad. El que no obedezca, deberá ser arrojado al foso de los leones. Por lo tanto, confirme Su Majestad el decreto, y fírmelo para que no pueda ser modificado, conforme a la ley de los medos y los persas, que no puede ser anulada.
Ante esto, el rey Darío firmó el decreto. Y cuando Daniel supo que el decreto había sido firmado, se fue a su casa, abrió las ventanas de su dormitorio, el cual estaba orientado hacia Jerusalén, y se arrodilló para orar y alabar a Dios. Esto lo hacía tres veces al día, tal como siempre lo había hecho. Entonces aquellos hombres entraron juntos en la casa de Daniel, y lo encontraron orando y alabando a su Dios. En seguida fueron a ver al rey para hablarle del decreto, y le dijeron:
—Su Majestad ha publicado un decreto, según el cual, aquel que durante estos treinta días dirija una súplica a cualquier dios o a cualquier hombre que no sea Su Majestad, será arrojado al foso de los leones, ¿no es verdad?
—Así es —respondió el rey—. Y el decreto debe cumplirse conforme a la ley de los medos y los persas, que no puede ser anulada.
Entonces ellos siguieron diciendo:
—Pues Daniel, uno de esos judíos desterrados, no muestra ningún respeto por Su Majestad ni por el decreto publicado, ya que lo hemos visto hacer su oración tres veces al día.
Al oír esto, el rey quedó muy triste, y buscó la manera de salvar a Daniel. Hasta la hora de ponerse el sol hizo todo lo posible para salvarlo, pero aquellos hombres se presentaron otra vez al rey y le dijeron:
—Su Majestad sabe bien que, según la ley de los medos y los persas, ninguna prohibición o decreto firmado por el rey puede ser anulado.
Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo echaran al foso de los leones. Pero antes que se cumpliera la sentencia, el rey le dijo a Daniel:
—¡Que tu Dios, a quien sirves con tanta fidelidad, te salve!
En cuanto Daniel estuvo en el foso, trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso, y el rey la selló con su sello real y con el sello de las altas personalidades de su gobierno, para que también en el caso de Daniel se cumpliera estrictamente lo establecido por la ley. Después el rey se fue a su palacio y se acostó sin cenar y sin entregarse a sus distracciones habituales; además, no pudo dormir en toda la noche. Tan pronto como amaneció, se levantó y fue a toda prisa al foso de los leones. Cuando el rey estuvo cerca, llamó con voz triste a Daniel, diciendo:
—Daniel, siervo del Dios viviente, ¿pudo tu Dios, a quien sirves con tanta fidelidad, librarte de los leones?
Y Daniel le respondió:
—¡Que viva Su Majestad para siempre! Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hicieran ningún daño, pues Dios sabe que soy inocente y que no he hecho nada malo contra Su Majestad.
Entonces el rey se alegró mucho y ordenó que sacaran del foso a Daniel. Cuando lo sacaron, no le encontraron ninguna herida, porque tuvo confianza en su Dios. Después, por orden del rey, fueron traídos los hombres que habían acusado a Daniel, y junto con sus mujeres y sus hijos fueron echados al foso de los leones; y aún no habían llegado al fondo cuando ya los leones se habían lanzado sobre ellos y los habían despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a la gente de todas las naciones y lenguas de la tierra, diciéndoles: «Deseo a ustedes paz y prosperidad, y ordeno y mando que en todo mi imperio se respete y reverencie al Dios de Daniel.
»Porque él es el Dios viviente,
y permanece para siempre.
Su reino no será jamás destruido
ni su poder tendrá fin.
Él es el salvador y el libertador;
el que hace señales maravillosas
en el cielo y en la tierra.
Él ha salvado a Daniel
de las garras de los leones.»
Y Daniel siguió siendo una alta personalidad del gobierno en el reinado de Darío, y también en el reinado de Ciro, rey de Persia.
Daniel sabía que L16 no existen los pensamientos neutros. Ese fue el motivo por el que los leones no se lo comieron. La mente de Daniel no albergó ni un solo pensamiento de miedo por temor a ser devorado. Daniel comprendía perfectamente que LpI-23.1 cada pensamiento que albergas da lugar a algún segmento del mundo que ves. Sabía a ciencia cierta que cada pensamiento T14-III.9 afecta a una constelación mucho mayor que nada que jamás hayas podido concebir, y si un solo pensamiento de miedo por temor a ser devorado fuese pasado por su mente, ese pensamiento hubiese creado “esa” realidad y los leones se lo hubiesen comido. Daniel era consciente de que T2-VII.3 tanto el milagro como el miedo proceden de pensamientos, y fue precisamente el trabajo interno e íntimo que realizó durante años con sus propios pensamientos los que lo salvaron de morir devorado, pues T7-VI.7 cuando crees en algo, haces que sea real para ti.
T20-IV.8 T20.5 [35] 59 Una vez que aceptes Su plan como la única función que quieres desempeñar, no habrá nada que el Espíritu Santo no resuelva para ti, sin necesidad de esfuerzo alguno por tu parte. Él irá delante de ti despejando el camino, y no dejará piedras sobre las que puedas tropezar ni obstáculos que obstruyan tu paso. 61 Nada de lo que necesites te será negado. 62 No habrá ninguna aparente dificultad que no se desvanezca antes de que llegues a ella. 63 No tendrás que reflexionar sobre nada, ni preocuparte por nada, excepto del único propósito que quieres alcanzar.
UCDM, prefacio, pág.XV “El cuerpo (…) sólo responde a las intenciones de la mente. Si la mente lo utiliza para atacar, sea de la forma que sea, el cuerpo se convierte en la víctima de la enfermedad, la vejez y la decrepitud. Si la mente, en cambio, acepta el propósito del Espíritu Santo, el cuerpo se convierte en un medio eficaz de comunicación con otros -invulnerable mientras se le necesite-.”